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domingo, 18 de septiembre de 2016

El tren de la amistad

Bajó del tren y mientras buscaba a su amiga entre rostros desconocidos en la estación, que miraban anhelantes a sus familiares -¡cuántas historias guardan las estaciones y aeropuertos!- pensó en cuánto tiempo había pasado, en cómo se encontrarían, en cuánto habían cambiado sus vidas. Y allí la vio, de pie, con su barriga prominente y otro crío de la mano. Pues sí habían cambiado, sí...

Comieron poniéndose al día de empleos, familias y amigos comunes. Tan pronto hablaban de nombres para el nuevo bebé como de una anécdota de trabajo. Pero por la tarde, recostadas en el sofá de su casa, en aquella calurosa tarde de verano, mientras hablaban de cosas cotidianas, los recuerdos se agolpaban en su mente. Sintió que volvían a ser aquellas jóvenes estudiantes, en esas escaleras donde se labró su amistad entre apuntes y nervios de exámenes, en aquellos cafés interminables y noches de fiesta. Mucho antes de licenciarse, de que los maridos llegaran a sus vidas, y los trabajos, y los hijos, y los jefes...mucho antes de mudarse de ciudad y no verse tanto, mucho antes de la boda y del pequeño, mucho antes... Cuando sólo eran dos alumnas con todos los sueños por cumplir.

Y al volver  a subir al tren pensó que quizás ésa era la esencia de la amistad. La confianza, las confidencias que puedes hacer a una persona aunque haga tanto que no la ves, lo cómodo que te sientes a pesar de la distancia y del tiempo, y de los cambios de la vida. Como si no pasaran los años pero habían  pasado veinte.



domingo, 11 de octubre de 2015

Pilar

Día del Pilar. Desde siempre la única Pilar que existía en mi vida era mi tía y madrina, a la que adoro. Pero hace ya unos años apareció en el trabajo una nueva compañera con este nombre, que poco a poco, nos fuimos convirtiendo en amigas. Aquellos cafés en los descansos nos unieron más de lo que pensábamos, hasta que ese rato era el mejor de la jornada laboral. Confidencias, cotilleos, risas pero también muchas decepciones que compartimos juntas, día tras día.

Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.

Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.

Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!