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sábado, 13 de febrero de 2021

Amigos

Crecí rodeada de amor, entre algodones de besos y atenciones de mis padres y el resto de mi familia que me sujetaba de la mano para no caer. Gracias. 

Cuando te haces mayor ya no es tan fácil, hay amistades que se diluyen sin más motivo que el paso del tiempo, hay compañeros de trabajo pero no amigos, hay personas interesadas que creías amigos, hay simples conocidos y compromisos, y hay colegas que se convierten en decepciones. 

Pero también hay nuevas amistades que aparecen en el camino, reencuentros de viejos amigos, parejas de amigos y amigos de tu pareja, familiares que son amigos y amigos que son familia. Gracias. 

Hay brindis verdaderos, cafés que reconfortan, tartas hechas con amor y regalos envueltos en afecto. Gracias.  

Hay mensajes que llegan al alma, te quieros sinceros, llamadas interminables y fotos enviadas como caricias. Gracias.

Hay personas con las que ríes hasta llorar y sabes que puedes llorar sobre su hombro. Gracias.

Hay días brillantes con bailes de fiesta y hay días oscuros con preocupaciones por doquier. Hay momentos de angustia en los que solo quieres llorar y hay instantes de felicidad que se hacen grandes si los compartes. 

Al final, se trata de quien está contigo en las dos caras, no de quien apareció antes o después, sino de quien nunca se fue. Gracias.



martes, 1 de enero de 2019

Feliz 365 nuevos días

Quiero empezar el año con buen pie y pasarme por mi rincón con los mejores deseos. Quiero soñar 365 días de buenos momentos, de esos que recordarás el 31 de diciembre cuando hagas balance, con los que esbozarás una sonrisa al ver las fotos.

12 meses en blanco, para comenzar un nuevo libro. Ojalá se escriba con buena letra y no con renglones torcidos, donde empieces a apuntar los propósitos de año nuevo, pero no puedas cumplirlos porque estás entretenido en aprovechar cada minuto de esos 525.600 que hoy estrenamos.

Seguro que cada uno ha hecho su particular ritual de Nochevieja para atraer fortuna y éxito, todos nos hemos comido las uvas de la buena suerte, apartar los malos augurios y soñar despiertos. Oportunidades, logros, sueños, aventuras, emociones...

Pediría 52 lunes llenos de trabajo y que nos acompañe el amor cada una de esas 8.760 horas que pasaremos con la familia, la pareja, los amigos, los compañeros y tu mascota. Pero sobre todo, un tópico del día de la lotería: salud. Y tiempo para disfrutarlo. ¡Por un 2019 con 31.536.000 segundos de felicidad!


domingo, 12 de agosto de 2018

Vacaciones

Maletas con anhelos, con recuerdos, de vuelta al hogar, a la infancia, al amor.
Besos de despedida, llegadas al descanso, abrazos de encuentros.
Estaciones con ambiente sincero, se respira el cariño, la tristeza, la alegría en estado puro.
Ir y venir de gente.
¿Has probado a observar a esa gente en una estación o en un aeropuerto? ¿Vienen o se van? ¿A dónde? Imaginar sus historias personales. ¿Están con su pareja? ¿Van a descansar o en busca de aventura? ¿Son más de calor o de fresco? ¿Del Norte o del sur? ¿Qué llevan en la maleta?
Mira...se reencuentran. ¿Ves la emoción en sus ojos, los abrazos efusivos, las caricias de sus besos?
Ssshhh se están despidiendo...¿por mucho tiempo? ¿Tardarán en volver a verse?
Qué relativo es el tiempo.
Tiempo de maletas, de viajes, de coches, de aviones.
Tiempo de besos, de despedidas, de reencuentros.
Tiempo de promesas, de ilusión.
Tiempo de vacaciones, de descanso, de relax.
Tiempo de pueblo, de playa, de fotos, de turismo.
Tiempo de familia, de amigos, de amores de verano.
Tiempo de piscina, de montaña, de paseos.
Tiempo de billetes, de reservas, de retrasos.
Tiempo de terrazas, de charlas relajadas, bebidas refrescantes.
Tiempo de amar, soñar, sonreír.
Tiempo de disfrutar.
Tiempo sin reloj.
El tiempo, que pasa rápido, que pasa lento.


sábado, 16 de diciembre de 2017

Cuento de Navidad

Hacía tiempo que no escribía pero tengo una buena razón. He estado en un cuento y no podía ni quería salir de sus páginas. Un viaje de ensueño, un cuento...de Navidad.

He visto tantas casas bonitas, de colores, con sus vigas de madera en las fachadas, que no sabía con cuál quedarme, así que me hacía fotos con todas. He visto la casa de Hansel y Gretel... ¿os acordáis de este cuento de los hermanos Grimm? Con sus ventanas de dulces y gominolas y su chocolate...¡cómo me gustaba! La verdad es que ahora lo miro con otros ojos y era terrorífico, la bruja, los niños que se perdían en el bosque, el hambre...pero creo que yo sólo me fijaba en las golosinas -mi perdición- cuando se lo oía contar a mi abuela.

He visto pueblos medievales, con suelos empedrados, con torres y campanarios, con puentes de piedra, con ríos y canales, poblados de una sola calle y otros como un laberinto circular que le añadían una página más al cuento. 

He visto la ilusión en los escaparates de las tiendas, cuidados con esmero, hasta el mínimo detalle, con ositos de peluche blancos en las ventanas, con marionetas en movimiento y con un teatrillo de la Bella y la Bestia. Gnomos y enanitos con grandes gorros rojos que te daban la bienvenida al comercio. Luces de ángeles y coronas de Adviento en cada iglesia y catedral.

He visto atracciones de feria en forma de árbol de Navidad, con niños subidos a las bolas a modo de asientos. He visto jabones en forma de cupcakes que te daban ganas de hincarles el diente, estrellas que eran lámparas, campanas que se iluminaban con velas, nacimientos hechos con cera, tallados en madera y belenes con estructura de pirámides. Y toooodos los adornos que puedas imaginar para el árbol.

Olor a canela, a castañas y chocolate en cada rincón. Y bastones de caramelo, tiendas enteras de frutas escarchadas y galletas de jengibre en cada mercadillo, hasta comprobar que el muñeco del hombre de jengibre era el protagonista.

Puentes adornados con abetos, piñas y árboles blancos con bolas rojas. Y cabras de verdad en pesebres para deleite de los niños y cisnes en los canales para ponerle el toque de glamour a la foto.

Y luces, muchas luces, que encendían la magia. Luces de colores, luces en cada rincón, luces abundantes, excesivas, un cúmulo de brillos que reflejaban la magia. Derroche de luz y color. Y estrellas y corazones en cada ventana porque si hay que buscar un símbolo para la Navidad quizás sean estos: luz, paz y amor. Comprenderéis que con todo eso en la retina y una sonrisa perenne pegada al rostro, no quisiera regresar de la fábula.


lunes, 22 de mayo de 2017

Lazos de amor


"Los primos son nuestros hermanos lejanos y los primeros amigos en nuestras vidas".

Este fin de semana ha sido el cumpleaños de dos personas muy especiales, siempre estarán unidas por la fecha aunque no tienen relación entre ellas, pero son dos fechas marcadas en rojo en mi calendario.

Dicen que el lazo de amor que une a los primos es realmente increíble y hasta raro porque tiene lazos de sangre como una familia, su conexión es tan fuerte y misteriosa como la de hermanos, y se crea una amistad tan grande como si se tratara de los mejores amigos. Cuando lo leí no pude estar más de acuerdo.

Todos tenemos ese primo con el que te une un vínculo extraordinario, uno que aparece en tus recuerdos de tu infancia una y otra vez, en las vacaciones, en todos los momentos especiales, en tus anécdotas, en las confidencias, en los juegos en el pueblo o en la playa, con el que has reído, te has pegado, has llorado y te has enfadado. Ese que aunque no forma parte de tu vida diaria, nunca está lejos de tus pensamientos. Una llamada y la conexión vuelve a hacer efecto.

Yo también la tengo y fue su cumpleaños el sábado.

"Un sobrino es el mejor regalo que te puede dar un hermano".

Dicen que entre tíos y sobrinos se establece una sintonía especial porque el amor no se somete a la presión ni la responsabilidad de críar a un niño, puedes ser su cómplice, su amigo, su confidente. Puedes abrazarle como los padres, guardar secretos como un hermano, compartir alegrías como un amigo y consentirle como los abuelos.

Yo tuve esa conexión, ese lazo mágico que me gustaría repetir. Yo soy esa tía pesada que hace cientos de fotos, que presume de niños, que se ríe con sus anécdotas infantiles y se los comería a besos.

Cuando no se tienen hermanos, es un cuñado/a el que te hace ese regalo de amor. Y cuando ese cuñado/a te nombra madrina, ése ya es el lazo que corona el regalo.

Yo tengo una ahijada y fue su cumpleaños el domingo. 

martes, 2 de mayo de 2017

El puzzle

Nunca me había parado a pensar si creía en el destino, no pienso que tengamos toda nuestra vida marcada al nacer y no podamos modificar nada. Hay un millón de decisiones en muchos momentos que nos pueden llevar por un camino u otro. Pero sí creo que las cosas suceden por algo, aunque en ese instante no sepamos para qué. Sí creo en eso de "estar en el momento adecuado, en el sitio adecuado", en las casualidades, en que de repente los astros se alinean y las piezas del puzzle encajan como decía en mi rincón. Puede que en el fondo eso sea lo que llaman destino.

Cuando hay un accidente o una catástrofe, alrededor siempre hay muchas historias personales. Ese atasco que le impidió a una persona subir al avión que se estrelló, esa mañana que se durmió para ir al instituto y el tren descarriló, esos amigos que iban a salir de fin de semana pero en el último momento uno se rajó y los demás tuvieron un accidente. Esas tristes casualidades.

Pero también alegres. Ese día que cambias tu elección de las prácticas y conoces a la persona más importante en otro sitio al que en principio no ibas a ir. Ese taller al que llega una chica a mitad de curso y se convierte en tu amiga. Esa persona que te dice que necesitan gente y te abre las puertas de un grupo en el momento que tú más lo necesitas. Ese curriculum que mandas cuando una empresa justo necesita alguien de tu perfil. Ese café que te tomas con un compañero de trabajo con el que de pronto tienes más cosas en común de las que creías. Esos amigos que te presentan un día en un cumpleaños y acaban siendo parte de tu círculo. Ese viaje que decides en el último momento y te reencuentras con una vieja amistad. Esa piscina a la que vas un día y acabas enamorada del socorrista o del camarero que te pone el café todos los días o del vecino del quinto que un buen día ves con otros ojos. No sé, creo que hay un millón de casualidades, coincidencias, azar, destino, suerte, magia, chispa...llámalo como quieras.

Y cuando acabas el puzzle, te quedas mirándolo, apreciando cómo las piezas han encajado en el momento que menos los esperabas, aunque habías intentado muchas veces colocar ese trozo. A veces se tarda mucho en completarlo, hay que empezarlo muchas veces, deshacerlo y comenzar de nuevo, buscar la pieza perdida o comprar otro puzzle. Al contemplarlo terminado, suspiras de satisfacción y de miedo. Sientes temor de que venga tu hijo y te descoloque el rompecabezas, o el perro se coma una porción o el viento se lo lleve lejos. ¿No os pasa? ¿Por qué esa desconfianza? ¿Ese miedo a ser felices? ¿No somos capaces de disfrutar? Simplemente gozar, apreciar las pequeñas cosas, divertirse, alegrarse, sentir y vivir el momento. Como he leído en un libro, "a veces la vida brilla más si la adornamos menos".



lunes, 14 de diciembre de 2015

Pro Navidad

Sé que a mucha gente no le gusta la Navidad, como a otros no les gusta la Semana Santa ni a otros el calor del verano. Sé que muchos es porque han perdido a alguien muy cercano y lo echan de menos, más si cabe, en estas fechas y contra eso no tengo argumentos.

Pero a los demás no entiendo que no pueda gustarte ese espíritu navideño que nos invade cuando llega diciembre. Las ciudades iluminadas de colores, la gente comprando con ilusión pequeños detalles -aviso, esto será otro post-, los dulces de Navidad y el champán, las familias reunidas, los amigos brindando, la esperanza de que el próximo año sea mejor, los escaparates adornados con esmero, esa solidaridad que hace que por unos días seamos más buenos, los villancicos y la cena de Nochebuena, esos buenos deseos de paz y amor, la ilusión en los ojos de los niños, abrir los regalos, ver la Cabalgata, bailar en Nochevieja, llamar a amigos que hace tiempo que no hablas o mandar una felicitación, jugar un décimo de lotería y ver el sorteo esperando la suerte, volver a picar y comprar algún adorno más para la casa ...
Uf no sé, ¡se me ocurren tantas cosas!

Pero parece que está moda decir que no te gusta, otra vez los "quejosos", es como luchar contra corriente, que te miren raro por cruzar España para abrazar a tu abuela o por romperte la cabeza pensando un regalo en lugar de hacerlo por compromiso, por poner ilusión en cada paquete, por adornar la mesa con mantel navideño, por dar un beso al de al lado cuando suenan las campanadas, por dar comida a quien no la tiene estos días, por poner el árbol y el Belén en casa, y por qué no, también por la nostalgia de acordarte de los que no están y de otras Navidades pasadas, cuando éramos niños, cuando creíamos en los Reyes, cuando creíamos en la magia de la Navidad. Creo que esto es muy importante para no olvidarnos de esa inocencia ni esa ilusión. Ésa es mi palabra para la Navidad: ilusión.

Así que voy a poner muchas luces y adornos e invitar a mis amigos y poner el árbol y el Belén y estar con la familia y brindar para que sepan que en esta casa nos gusta la Navidad.


lunes, 16 de noviembre de 2015

París

Siempre nos quedará París.

Reconozco que tenía otro post pensado pero no me parece que se pueda escribir de otro tema. No voy  a hablar de terrorismo, ni del miedo ni el dolor que sentimos todos a partes iguales, ni de política ni de religión. Ni siquiera de lo cerca que está, de que todos hemos pensado que podríamos haber sido nosotros, cualquiera que hubiera estado pasando el fin de semana de turismo, de Erasmus, trabajando, en un concierto, en un partido...en un tren de Madrid.

Alguien me dijo que todos deberíamos visitar una vez en la vida estas ciudades: Nueva York, Londres, Roma y París. Tengo la suerte de haberlas visto todas, tan distintas entre ellas, ¡todas me gustaron tanto! Pero si hay una que me fascina, casi hasta diría que es mi favorita, es París.

París es la única por la que al viajar me salto mi personal teoría de que "hay tanto mundo por ver, que por qué repetir"...Pues, no sólo he repetido, sino que he estado varias veces e iría una y otra vez. París siempre es una buena opción.

París es encanto, es glamour, es moda, es majestuosidad, es imperial, es esplendor.
París es bohemia, es arte, es cultura, es baile, es un traje de can can, es ópera, es un musical.
París es perfume, es dulce, es un croissant, es crepes de chocolate, es un café en una terraza.
París es la Torre Eiffel, un paseo por los Campos Elíseos, es Notre Dame, un crucero por el Sena, el barrio latino, es el Sacre Couer, el Arco del Triunfo, la Ópera, los Inválidos, el Louvre, Versalles, Montmatre, Disneyland.
París es la Marsellesa. Es libertad, igualdad y fraternidad.
París es la ciudad de la luz.
París es la ciudad del amor.



domingo, 11 de octubre de 2015

Pilar

Día del Pilar. Desde siempre la única Pilar que existía en mi vida era mi tía y madrina, a la que adoro. Pero hace ya unos años apareció en el trabajo una nueva compañera con este nombre, que poco a poco, nos fuimos convirtiendo en amigas. Aquellos cafés en los descansos nos unieron más de lo que pensábamos, hasta que ese rato era el mejor de la jornada laboral. Confidencias, cotilleos, risas pero también muchas decepciones que compartimos juntas, día tras día.

Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.

Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.

Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!



domingo, 27 de septiembre de 2015

Carta a los Reyes Magos

Érase una vez una niña que cada diciembre escribía así su carta:
"Queridos Reyes Magos, como me he portado bien me gustaría que me trajeséis un perro..." 
Así unos cuantos años hasta que la pequeña Sara pensó que los Reyes no leían nunca la primera línea de su carta porque el cachorro nunca apareció. Cuando se hizo un poco más mayor, se lo pidió a sus padres, cuya respuesta siempre era la misma: "en un piso no se puede tener un perro", "la comunidad no permite perros", lo que tampoco le convencía . "Cuando tengas tu casa, tienes los perros que quieras. Te los llevo con un lazo a la boda".
No fue en la boda, pero un mes y medio después, el día de su cumpleaños, la Sara mayor, ya casada y ya en su casa, abrió la puerta y entró una perrita husky dando brincos. Jamás lo olvidaré. Mi cuñado cámara en mano para inmortalizar esa cara de sorpresa que no pude disimular. En el collar llevaba una carta que todavía conservo:
"Si me aceptas en tu vida prometo compartir contigo todos los momentos, los buenos y los malos...Se me pueden ocurrir ideas peregrinas como tomar los sofás como dormitorio ...Sólo me queda desearte feliz cumpleaños y prometerte que haré todo lo posible para que no te arrepientas de acogerme en tu casa y en tu vida. Tuya para siempre, Yuma".
Y así fue. La acogí en mi casa y en mi vida. Es nuestra casa y en nuestra vida. Para siempre. Yuma fue mi mejor regalo. Siempre lo he dicho. Aunque hoy es un buen día para confesar que aquella primera noche apenas pegué ojo, en parte porque lloró todo el tiempo, pero se mezclaba con ese peso de la responsabilidad de "madre primeriza". Nunca había tenido perro, ¿y si ahora que mi deseo de niña estaba ahí no sabía cómo cuidarle?
Jamás me arrepentí, la prueba está en Tango. 15 días después de llorar amargamente la pérdida de Yuma, otro peludito entraba en mi casa, por la misma puerta, y volví a tener la misma sensación. De nuevo habían ido por mí a rescatar otro perro abandonado -no compres, adopta- para volver a llenar la casa de vida...¡ y de pelos! Dicen que la vida es un Tango y él llegó para ponerle música a nuestra vida.
Y así la Sara adulta comprendió que es cierto eso de que no sabes lo que los quieres hasta que no tienes uno, y yo diría hasta que no pierdes uno. No olvidaré los mensajes "de pésame" que recibí. No se puede explicar porque te toman por loca, pero te devuelven con creces ese primer gesto que tú haces acogiéndoles y se transforma en un amor puro y fiel. Para siempre. "Los animales nos enseñan a ser humanos".