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martes, 14 de junio de 2016

Cambio de armario

No me gusta el cambio de armario. Así, a bocajarro. Y todavía mucho menos el cambio de ropa de verano hacia el otoño e invierno. Y aunque ahora he hecho el cambio al revés y me resulta un poco mejor porque vamos hacia el buen tiempo y la ropa más ligera, me sigue sin gustar.

Quizás es porque me lleva tiempo, porque hay que ordenar a fondo el armario o porque veo delante de mí la cantidad de ropa que tengo, la que no me he puesto y la que no me vale. Creo que no sólo me pasa a mí, lo de tener mucha ropa digo...ni lo de que me quede pequeña de una estación a otra....Consuelo de muchos...

Así que aprovecho para probármelo todo, deprimirme porque he engordado, hacer firme propósito de adelgazar y otra cosa muy importante: hacer una buena limpieza. Preparo bolsas grandes para quitar todo aquello que ya no me he puesto porque no me vale o porque ya es de hace varios años y estoy un poco cansada de ponérmela. Aunque suene fuerte decirlo así, hay ropa que dono que está perfecta.

En estos tiempos en que todo se vende, yo sigo apostando por regalar, dárselo a algún familiar o amigo o, la mayoría de las veces, se lo doy a un señor que recoge ropa y comida para familias desfavorecidas. Lo que antes hacía con mi madre y con los juguetes que llevábamos a la parroquia, lo sigo haciendo con la ropa. Puede que esto calme mi conciencia sí, pero me siento bien sabiendo que esa prendas que están bien van a servir a más gente, así que animo a todos a que hagan lo mismo. Porque no nos engañemos que volveré a comprar más ropa...ahora que he hecho hueco en el armario.

martes, 3 de mayo de 2016

Comprar la conciencia

Leo el otro día a un chico, supongo que desesperado, que ha perdido mil euros en un sobre en un centro comercial porque acababa de cobrar un trabajo y pidiendo que si alguien lo encuentra, por favor lo devuelva. Pero lo que más me llamó la atención fueron los cientos de comentarios restantes.

En vez de animarle y confiar en la buena gente que pueda encontrarlo y devolverlo, no, le macharcaron acusándole de torpe por perderlo, de llevarlo en un sobre en vez de en la cartera "porque el dinero no tiene dueño", incluso llegaron a insinuar que a ver qué trapicheaba para llevar ese dinero en metálico. ¿Hemos perdido el juicio? Yo estaba atónita, aunque algunos se retratraban con sus propias palabras.

¿La gente no tiene conciencia? ¿De verdad puedes dormir cuando has robado mil euros? ¿Puedes agacharte al ver un sobre en el suelo, mirar los billetes que hay dentro y metértelo al bolsillo sin más? ¿Puedes comprarte unos zapatos o un móvil con ese dinero y cada vez que te los pongas o lo uses recordar de dónde lo sacaste y quedarte tan a gusto?

El pobre chico tuvo que dar toda clase de explicaciones como justificándose: qué trabajo había realizado y cobrado, dónde lo llevaba, cómo se había caído... No sé, dudar así de alguien que no conoces me demuestra que nos hemos vuelto muy desconfiados y no me gusta. Y por otra parte, que la reacción sea esa de la gente tampoco me gusta. Me entristece. El dinero es muy goloso sí, pero dormir con la conciencia tranquila es la gloria.