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domingo, 20 de octubre de 2019

Trabajar en festivo

El pasado 12 de octubre, fiesta, cayó en sábado y como tal, todos aquellos que normalmente trabajan ese día lo tuvieron libre. Lo malo fue que muchos centros comerciales abrieron el domingo, con lo que cual entiendo el enfado de quienes libraron el 12 pero trabajaron el 13.

Se lió una buena en un foro de internet donde contestaron muy enfadados a una pregunta que habían hecho sobre si se abría el sábado festivo. Respondieron que era fiesta y que ya trabajaban el domingo y esa gente tenía derecho a estar con su familia. Estoy un poco harta de esa explicación de que no es una urgencia ir a comprar al centro comercial en domingo y puedes esperar al lunes. Pues seguramente sí, o igual no, pero no voy a entrar a valorar los horarios de cada uno. Voy a reivindicar la cantidad de trabajos de los que parece se olvida el sector comercio.

Estoy segura que como todos ellos reivindican que el domingo es para estar con la familia, no comprarán el pan reciente en la panadería, ni tomarán el vermú en el bar porque el camarero también tiene parientes. Por supuesto entiendo que se quedan en casa y no van al cine, ni a ningún restaurante, no se acercan al mercadillo ni llevan a sus hijos al grupo correspondiente con su monitor de ocio y tiempo libre. Como están en contra de comprar los domingos, supongo que no se acercarán al quiosco a por el periódico o unas gominolas, ni van a un estadio de fútbol ni a un concierto o teatro, ni cogen un avión o un autobús, ni toman una copa, ni contratan una niñera, ni se alojan en un hotel...¿sigo? Por descontado que no van a un centro comercial y si me apuras, tampoco entran en internet, donde con un sólo clic compras al otro lado del mundo y está abierto las 24 horas del día.

Deseo que no tengan que llamar a bomberos, policía, médico, veterinario, pediatra o farmacia de urgencias, personal de seguridad o un cerrajero, por ejemplo. No quiero seguir porque seguro que caigo en el mismo error de olvidarme de alguna profesión, porque desde la experiencia de haber trabajado en fin de semana digo que te das cuenta de la cantidad de ocupaciones que lo hace también.

Así que sí, entiendo que sería una guarrada, pero sólo oigo quejas del mismo sector como si los demás no tuvieran familias.


martes, 3 de mayo de 2016

Comprar la conciencia

Leo el otro día a un chico, supongo que desesperado, que ha perdido mil euros en un sobre en un centro comercial porque acababa de cobrar un trabajo y pidiendo que si alguien lo encuentra, por favor lo devuelva. Pero lo que más me llamó la atención fueron los cientos de comentarios restantes.

En vez de animarle y confiar en la buena gente que pueda encontrarlo y devolverlo, no, le macharcaron acusándole de torpe por perderlo, de llevarlo en un sobre en vez de en la cartera "porque el dinero no tiene dueño", incluso llegaron a insinuar que a ver qué trapicheaba para llevar ese dinero en metálico. ¿Hemos perdido el juicio? Yo estaba atónita, aunque algunos se retratraban con sus propias palabras.

¿La gente no tiene conciencia? ¿De verdad puedes dormir cuando has robado mil euros? ¿Puedes agacharte al ver un sobre en el suelo, mirar los billetes que hay dentro y metértelo al bolsillo sin más? ¿Puedes comprarte unos zapatos o un móvil con ese dinero y cada vez que te los pongas o lo uses recordar de dónde lo sacaste y quedarte tan a gusto?

El pobre chico tuvo que dar toda clase de explicaciones como justificándose: qué trabajo había realizado y cobrado, dónde lo llevaba, cómo se había caído... No sé, dudar así de alguien que no conoces me demuestra que nos hemos vuelto muy desconfiados y no me gusta. Y por otra parte, que la reacción sea esa de la gente tampoco me gusta. Me entristece. El dinero es muy goloso sí, pero dormir con la conciencia tranquila es la gloria.


lunes, 7 de marzo de 2016

Complementos

Aviso a navegantes antes de seguir leyendo, éste es un post frívolo. Porque sí. Porque me apetecía escribir unas bobadas femeninas sobre mí sin romperme mucho el seso. Así que allá vamos. Adoro los complementos: zapatos, bolsos, fulares, sombreros, gafas de sol, collares... Esto último abarca toda variedad de colgantes, pendientes, pulseras y anillos.

Me vuelvo loca en las tiendas de accesorios, todo me gusta, me encanta, me lo compraría todo, pero en mi defensa diré que la mayoría de las veces salgo con las manos vacías porque pienso que tengo de todo. Y es verdad. Tengo muchas cosas pero la mayoría de las veces -creo que todas- han sido regalos. ¿Me regalan estas cosas porque me gustan o me gustan cuando me las regalan?

El caso es que el otro día hice limpieza de mis collares, los ordené, los limpié, tiré los pendientes desparejados, los colgantes del año la tos y redescubrí algunos que ni me acordaba o que no había estrenado, aunque me dé vergüenza decirlo... Los puse bien visibles para ponerme cada día uno, aunque la gente suele decirme que siempre voy conjuntada. Recordaba de dónde eran cada uno -cuando los compro suele ser en algún mercadillo artesanal de algún viaje- o quién me lo ha regalado y cuándo. Estoy segura que esto forma parte del hecho de que me gusten tanto.

Los bolsos es otro complemento que me encanta y que tampoco suelo comprar yo, aunque los mire y remire siempre en la tienda. Y aunque me gustan de todo tipo, en invierno para el día a día me gustan grandes y ya dije en este otro post, que para los viajes prefiero bandoleras. Mi problema -sé que el de muchas- es que meto bastantes chorradas en los bolsos grandes y luego nunca encuentro nada. Hasta que el otro día me compré un organizador de bolsos con el que estoy encantada porque tengo dentro mis "imprescindibles" que muevo de un bolso a otro en un momento.

Además de la cartera, el móvil y las llaves, siempre llevo crema hidrante para las manos y bálsamo labial (a veces más de uno), pañuelos de papel, una batería externa del móvil, el cable para cargar y los cascos, una horquilla/goma del pelo, varios bolígrafos, un par de pastillas de aspirina/ibuprofeno, algo para picar, un espejo, un cepillo de dientes pequeño y una bolsa plegable.

Si voy a estar fuera de casa mucho tiempo y sé que me voy a tener que retocar el maquillaje, llevo también un estuche con mis "imprescindibles" de este apartado, que incluye la cajita de las lentillas y un frasco pequeño de colonia. Antes llevaba una agenda, pero ahora uso mucho la del teléfono y tengo una preciosa en casa en la que pongo fotos que casi es más un diario, así que sólo llevo un pequeño cuaderno para apuntar, y los bolígrafos que no falten, de formación profesional. A esto a veces añado una botella pequeña de agua o un paragüas plegable y alguna cosa más. Es entonces cuando me digo en voz alta: ¡cómo no me va a doler el hombro!

martes, 29 de diciembre de 2015

Magia


Cuando dejas de creer, dejan de existir. Eso es lo que creo que ocurre estos días navideños, si le quitas la magia a los Reyes Magos dejan de venir. ¿Para qué, si no crees en ellos? La magia es ilusión, pero no sólo la de los niños. Es cierto que con pequeños en casa todo se vive más intensamente, pero yo no tengo hijos (y hasta hace bien poco, tampoco sobrinos) y para mí el día de Reyes siempre ha sido especial. Lo hacemos especial. No entiendo ni comparto esa idea de sólo regalos para los pequeños ¡a mí también me gustan los regalos! y como dije otra vez, me gusta regalar y que me regalen. No podría entender levantarme el día 6 de enero y tener el árbol vacío. Me deprimiría ya para el resto del año.

Esto también significa que si vas de compras por obligación, sin ilusión, dejas de creer y entonces, dejan de existir. Y eso es una pena. O yo lo veo así. Cuando no piensas lo que le gustaría al otro que le trajeran los Reyes, sino que vas a "quitarte el marrón", sólo ves un centro comercial a rebosar, un montón de gente, prisas, un dineral, se te echa el tiempo encima y no encuentras nada.

Luego la gente es muy libre de comprar la tienda entera o una cosa pequeña. Una sorpresita, como digo yo. Que no hace falta llegar con el paquete más grande, a veces -muchas veces, casi siempre- cuentan más los pequeños detalles. Algo que una vez dijiste, que ni siquiera está apuntado en tu carta a los Reyes, pero que ya sabes que va a gustar.

Por eso no me gusta nada el típico comentario de "no necesito nada" o "no sé qué cogerle porque tiene de todo". Pues sí, gracias a Dios tenemos de todo. Todos tenemos de todo. Por eso cuentan más los detalles, las sorpresas. Porque los Reyes para mí traen caprichos, no cosas que necesites. Y lo que peor me sienta del mundo es que me quiten la ilusión a mí. Esta mañana he ido a hacer de paje real y he escuchado frases como "la verdad que yo porque tengo un sobrino pequeño, que sino..." o "ale, otro listo, qué bien que ya solo me queda uno" o "yo ya vengo a las rebajas y cojo más cosas". Y el último que me han dicho: "vaya líos te buscas". Pues sí, me busco y me encuentro o no lo encuentro, pero lo he buscado con ilusión, con interés, con magia.



domingo, 20 de diciembre de 2015

Estilo

¿El estilo nace o se hace? Yo creo que se nace con él, aunque todo se puede mejorar. Se puede aprender moda, pero hay que tener personalidad para llevar la ropa. Y hacerlo tuyo, imprimir carácter. La clase, la elegancia es innata. La prueba es el dinero, todos conocemos a famosos ricos que son horteras por mucho que su ropa cueste un dineral. Y, al contrario, gente normal, con poco presupuesto, que encuentra auténticas gangas en mercadillos y lo luce como si fueran de marca.

Y además del dinero y del estilo, hay que saber estar. Quiero decir, no se puede ir al fútbol con tacones ni pisar una alfombra roja en playeros, por la misma razón que no sales a la calle en pijama y zapatillas. Eso es algo que no me gusta de la gente: al estadio se va en chándal, vaqueros, playeros, sudarera y si puede ser con la camiseta del equipo, mejor. Y a una gala se saca del armario tu mejor vestido o traje y te subes a un taconazo, que un día es un día.

No hay que aprender protocolo, simplemente hay que saber unas normas básicas, que son más bien de sentido común. Soy de las que sigo respetando ese código de que a una boda no se va de blanco ni de negro, los tiros largos se dejan para las ceremonias de noche y los tocados para las de mediodía. Es lógico, porque ¿de qué sol te protege una pamela en una boda de tarde? Los hombres de traje o si me apuras, pantalón de vestir y camisa, nada de camisetas en una ceremonia. Tampoco se va con colores estridentes a un funeral, no digo que se tenga que ir de negro riguroso como antaño, pero no me parece dar el pésame a un familiar que está triste vestido con jersey rojo.

E igual que nuestra forma de hablar o de escribir, la de vestir dice mucho de nuestra personalidad. Cada uno con la suya, todas igual de válidas, no voy a entrar en tópicos. Al final, es otra característica más de nosotros que nos distingue y que marca la diferencia. Y el estilo, sin duda, nos define.