Igual que critiqué al comercio en este post, hoy voy a romper una lanza a favor de las tiendas de proximidad. Son días de mucho trajín, hay mil opciones para comprar, y entiendo que estarán ávidos por que abras la puerta de su local y hagas el gasto en él. Apuesta por el comercio local y los pequeños establecimientos de siempre. Y respeta unos códigos de urbanidad, como por ejemplo no llegar casi a la hora del cierre, sobre todo si eres indecisa.
He tenido la suerte de que la amabilidad ha sido la protagonista de los dueños en las compras que he realizado. Y lo agradezco de verdad, porque no siempre es así. Ya se sabe que el castellano recio no es muy simpático algunas veces. O igual me estoy haciendo mayor y me parezco ya a mi abuela que siempre se quedaba a charlar con los tenderos.
El caso es que entiendo que en estas fechas hay profesiones que conllevan más faena e igual que los clientes debemos comprender que no pueden tener un buen día todas las jornadas -¡ay, la difícil tarea del trabajo de cara al público!- también pido esa afabilidad.
No como me ha pasado estos días con los mensajeros de las empresas de paquetería. Varias discusiones he tenido sobre la hora de estar en casa para recibir los bultos. Bastantes bordes y exigentes con el horario en el que yo no me encontraba en mi hogar, pero basta que te quedes todo la mañana esperándoles para que ese día no vayan. O que les digas que has salido un momento a comprar el pan y vuelves en cinco minutos -la ley de Murphy dice que ése será el momento en el que estará llamando al timbre- para que contesten que tienen más sitios donde ir. ¡5 minutos! Eso ya sin nombrar cuando te dicen que estuvieron en tu casa pero no es cierto o que es usted difícil de encontrar...
Recuerden por favor todos -trabajadores y clientes- cortesía, educación, cordialidad y ya, si me apuras, una vuelta de tuerca más, una sonrisa.
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viernes, 20 de diciembre de 2019
martes, 29 de diciembre de 2015
Magia
Cuando dejas de creer, dejan de existir. Eso es lo que creo que ocurre estos días navideños, si le quitas la magia a los Reyes Magos dejan de venir. ¿Para qué, si no crees en ellos? La magia es ilusión, pero no sólo la de los niños. Es cierto que con pequeños en casa todo se vive más intensamente, pero yo no tengo hijos (y hasta hace bien poco, tampoco sobrinos) y para mí el día de Reyes siempre ha sido especial. Lo hacemos especial. No entiendo ni comparto esa idea de sólo regalos para los pequeños ¡a mí también me gustan los regalos! y como dije otra vez, me gusta regalar y que me regalen. No podría entender levantarme el día 6 de enero y tener el árbol vacío. Me deprimiría ya para el resto del año.
Esto también significa que si vas de compras por obligación, sin ilusión, dejas de creer y entonces, dejan de existir. Y eso es una pena. O yo lo veo así. Cuando no piensas lo que le gustaría al otro que le trajeran los Reyes, sino que vas a "quitarte el marrón", sólo ves un centro comercial a rebosar, un montón de gente, prisas, un dineral, se te echa el tiempo encima y no encuentras nada.
Por eso no me gusta nada el típico comentario de "no necesito nada" o "no sé qué cogerle porque tiene de todo". Pues sí, gracias a Dios tenemos de todo. Todos tenemos de todo. Por eso cuentan más los detalles, las sorpresas. Porque los Reyes para mí traen caprichos, no cosas que necesites. Y lo que peor me sienta del mundo es que me quiten la ilusión a mí. Esta mañana he ido a hacer de paje real y he escuchado frases como "la verdad que yo porque tengo un sobrino pequeño, que sino..." o "ale, otro listo, qué bien que ya solo me queda uno" o "yo ya vengo a las rebajas y cojo más cosas". Y el último que me han dicho: "vaya líos te buscas". Pues sí, me busco y me encuentro o no lo encuentro, pero lo he buscado con ilusión, con interés, con magia.
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