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jueves, 5 de noviembre de 2020

Otra perspectiva

Juan esperaba en casa a que su madre volviera del hospital, no era de esos héroes sanitarios que se dejan la piel con los enfermos del Covid. Pero para él sí era una heroína que desinfecta los suelos intentado matar el bicho. Y la esperaba, aburrido y ansioso, para que le dejara el único teléfono móvil que tenían y poder hacer los deberes del "telecolegio". Pero antes, siempre le preguntaba cómo había ido el día. Juan sabía que en el hospital habría alguien que se encontraba peor que ellos. Ella le enseñó que todo es cuestión de perspectiva.


#HistoriasCOVID para Tú, también yo, dentro del proyecto Bio-Tech Soy+

lunes, 25 de noviembre de 2019

Conciliación

Conciliar es una palabra que está de moda y no parece que sea pasajera, teniendo en cuenta los tiempos actuales en los que las madres se piden bajas maternales, los abuelos cuidan de los niños, van a clases extraescolares hasta la hora de salida del trabajo de los padres...

Sin querer entrar en este delicado asunto familiar porque me parece que es un gran problema de la sociedad actual, no tengo hijos pero sí ojos, y visto desde fuera veo muy buenos padres implicados en la educación de sus hijos, papás (no muchos) en la puerta del colegio o médico etc, pero la buena noticia es que vamos mejorando.

Aunque también veo mucha desigualdad entre madres y padres, por lo que me gustaría contar una anécdota de una experiencia personal, que puede quedarse sólo en eso o dar qué pensar.

En un grupo de 27 chicos y chicas de 10 años, a los que le pedí el número de teléfono de su padre o madre -algunos no se los sabían, lo que me sorprendió porque me habían dicho que se les enseña desde temprana edad por si se pierden- sólo 4, repito de 27, me dieron el número de sus padres (en masculino).

Puede que sólo sea un chascarrillo pero a mí me pareció significativo si los niños se aprenden el contacto de las madres para llamarles desde el colegio en caso de una emergencia, ¿a quién van a avisar? ¿quién va a salir del trabajo para ir a buscarle? ¿quién se quedará con él porque estaba malo?

Sigo con mi historieta: de esos 4, cuando les mandé un mensaje presentándome y diciéndoles que les iba a incluir en un grupo, dos me dieron el contacto de sus parejas para que las metiera a ellas.

No hay más preguntas, señoría.

domingo, 21 de julio de 2019

Fotos

¿Te acuerdas cuando con un solo carrete de 24 fotos tenías para todo el verano? ¿Y para todo un viaje? Sí, lo recuerdo. Y también la cara de decepción cuando al revelarlas veías que esos ojos cerrados te estropeaban la foto perfecta, o aquella persona que justo pasó y tapa media Torre Eiffel. Recuerdo también a mi padre tardar un montón en sacar el encuadre adecuado y en apartar cosas de la mesa para llevarnos las menos sorpresas posibles en el momento del revelado.

Así que estoy un poco cansada de todos esos consejos pre-vacaciones que hace la gente de que para desconectar hay que olvidarse del móvil en verano. Está bien relajarse, descansar y leer, conectar con la familia y con la naturaleza, incluso con uno mismo, pero esto no significa dejar el teléfono en un cajón hasta la vuelta porque, por lo menos en mi caso, significaría no hacer fotos de esos viajes que luego me gusta volver a mirar y sonreír. Porque no sé tú, pero yo cuando muevo arriba y abajo la pantalla de mi teléfono y me salen todas esas imágenes, esbozo una sonrisa. Ya hablé aquí del poder de los recuerdos de las fotos.

Y después hago álbumes de cada viaje que me encanta maquetar, poner bonitos y recordar. Por eso soy muy pesada haciendo fotos con el móvil porque también hago un álbum cotidiano cada año que se llama “project life” de scrapbooking -puedes buscarme en instagram-. La gente lo suele hacer a la semana con fotos que rescatas de las miles que hacemos con el móvil. Yo no soy tan estricta y no lo llevo al día, pero cuando lo hago con retraso me parece una terapia brutal de recuerdos, repasar las fotos, ordenarlas, escribir lo que pasó ese día, tanto que incluso llamo a la gente con la que compartí ese momento, concierto, cumpleaños, comida...

Así que una vez más, voy a ir contracorriente, y aunque todo el mundo dé el consejo contrario yo diría: captura los momentos del verano, esos detalles que tiene la vida diaria que en vacaciones parece que son más.


miércoles, 31 de octubre de 2018

Desconexión

Todo el mundo debería sacar tiempo para sí mismo, para su propia desconexión y calificarlo como "su momento". Un ratito, pueden ser diez minutos o una hora.

¿Cuál es el tuyo?

Puede ser la hora después de la cena cuando te tumbas en el sofá, o el momento ducha cuando te relajas debajo del agua, cuando acuestas a los niños, o un cafecito leyendo el periódico, un ratito con un libro, el desayuno mientras planificas el día, una clase de manualidades donde desconectas, el gimnasio cuando te concentras en la música y te olvidas de todo, salir a correr, ir en autobús, ver una peli 'moña' o ponerte una mascarilla y relajar la mente.

¿Y si esa hora dejaras el móvil? El otro día me comentaron que en una clase de baile, había gente mirando el teléfono ¿En serio? ¿no somos capaces de pasar una hora divertida sin contestar un mensaje? ¿Y si lo dejamos en casa?

¿Y si hacemos un apagón eléctrico? Como ese día concreto cuando se pide que hogares y empresas apaguen las luces durante una hora para concienciar sobre el cambio climático, para ahorrar energía y tomar conciencia de la necesidad de adoptar medidas. ¿Y si este fuera nuestro particular apagón voluntario?
Pensaréis que estoy tirando piedras contra mi propio tejado porque soy periodista, adoro la comunicación de las redes sociales y sí, paso mucho tiempo mirando el móvil, pero me encanta disfrutar de "mi momento". Apago el móvil, lo dejo en casa cargando, cojo mi esterilla y me voy a mi clase de pilates, por ejemplo. O cuando salgo de paseo al atardecer con mi perro o cuando despliego mis papeles de scrapbooking y me pongo a hacer algún trabajo y me acuerdo del teléfono cuando quiero hacer una foto del resultado.

Además me dijo un amigo que es bueno para el teléfono apagarlo un rato cada día, como los ordenadores. Es beneficioso para la tecnología y para nuestra mente. Así que déjalo (un rato) a un lado y vive tu momento. Disfruta.

lunes, 29 de agosto de 2016

Postureo

Sé que en verano somos muy pesados con las fotos -o por lo menos, yo-. "Postureo" dicen ahora que se llama. He encontrado hasta la definición: "es un neologismo acuñado recientemente y usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas tecnologías, para expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación".

Incluso ya existe derivaciones como "piestureo" por la cantidad de pies en la playa que inundan las redes sociales. O postureo gastronómico: "instagramea" tus platos, ensaladas coloridas, desayunos preciosos, batidos 'smoothies' por doquier. Uno de cada tres comensales hacen fotos de su comida y la comparten.

Despectivamente dicen que es el afán de exhibicionismo, de mostrar a los demás lo feliz que eres aunque no lo seas. No es mi caso, no finjo una foto para tener más seguidores porque no soy una famosa ni pretendo estar siempre guapa. Cada foto que subo es real, es mía, estoy en la playa, me tomo un mojito, ¡hasta mi perro posa! De lo único que se me puede acusar es de ser una pesada con el móvil en la mano fotografiando todo o aburrir a mis seguidores con demasiadas publicaciones. En eso tienen razón.

A mí me gusta ver lo que publican los demás en playas paradisiacas o atardeceres preciosos simplemente porque hay cosas que son bonitas, dignas de fotografiar...y también de compartir. Y el que lo esté viendo en ese momento o viviéndolo, que lo disfrute, lo mire bien y lo retenga en la retina y en sus recuerdos. Mirar al mar relaja, un atardecer, un paisaje desde lo alto de la montaña o la luna llena en una noche de verano, será postureo pero a mí me gusta ver esas fotos preciosas.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Sin luz

El otro día se fue la luz en mi zona por una avería general. y es entonces cuando descubres el mundo actual en el que vivimos que esas horas parecían la hecatombe. Además de la luz, que de momento no importaba porque era de día, fue el wifi y todos los aparatos electrónicos de la casa. Sin internet, sin ordenador, sin televisión, sin microondas... De hecho, me di cuenta de que no había luz en casa porque no tenía conexión wifi en el teléfono.

Será hora de reconocer que estoy enganchada...Confirmé mi adicción hace un par de años con un problema que tuve con un teléfono y cada dos por tres perdía los datos, las fotos, no podía llamar a nadie...en una palabra: estaba desconectada del mundo. Pero también me di cuenta de que no sólo yo estaba enganchada. Como no tenía teléfono, la gente no se comunicaba conmigo de otra forma. Fue como sentirse abandonada.

Lo malo para mí es la gente que piensa que ellos no están enganchados pero en realidad sí. ¿No os ha pasado llamar a una persona, y que no conteste o que comunique en ese momento, e insistir cada dos minutos? O peor aún, cuando consiguen contactar contigo y te preguntan: ¿dónde estabas? ¿Qué hacías que no contestabas? Y además del teléfono, todo lo demás, que a mi alrededor no conozco a nadie que sólo tenga el móvil para uso exclusivo de hablar por teléfono, sin usar la cámara de fotos o las redes sociales. Dicen que consultamos el móvil 150 veces al día, que creo que lo dice todo.

Ahora me pongo en plan "abuela cebolleta" y digo que se ha perdido la educación, ya no respetamos ni los horarios, da igual llamar a la hora de comer que por la noche, cuando antes esto era impensable. O el control. Algo que era muy bueno poder estar siempre localizado y resulta que sirve para ejercer autoridad. Recurren a esto en el control machista que ejercen los jóvenes con sus novias pero no sólo eso, que a mí me han preguntado por cosas que he publicado en las redes sociales con las que me he sentido observada. Pero esto ya sería otro tema...

lunes, 7 de marzo de 2016

Complementos

Aviso a navegantes antes de seguir leyendo, éste es un post frívolo. Porque sí. Porque me apetecía escribir unas bobadas femeninas sobre mí sin romperme mucho el seso. Así que allá vamos. Adoro los complementos: zapatos, bolsos, fulares, sombreros, gafas de sol, collares... Esto último abarca toda variedad de colgantes, pendientes, pulseras y anillos.

Me vuelvo loca en las tiendas de accesorios, todo me gusta, me encanta, me lo compraría todo, pero en mi defensa diré que la mayoría de las veces salgo con las manos vacías porque pienso que tengo de todo. Y es verdad. Tengo muchas cosas pero la mayoría de las veces -creo que todas- han sido regalos. ¿Me regalan estas cosas porque me gustan o me gustan cuando me las regalan?

El caso es que el otro día hice limpieza de mis collares, los ordené, los limpié, tiré los pendientes desparejados, los colgantes del año la tos y redescubrí algunos que ni me acordaba o que no había estrenado, aunque me dé vergüenza decirlo... Los puse bien visibles para ponerme cada día uno, aunque la gente suele decirme que siempre voy conjuntada. Recordaba de dónde eran cada uno -cuando los compro suele ser en algún mercadillo artesanal de algún viaje- o quién me lo ha regalado y cuándo. Estoy segura que esto forma parte del hecho de que me gusten tanto.

Los bolsos es otro complemento que me encanta y que tampoco suelo comprar yo, aunque los mire y remire siempre en la tienda. Y aunque me gustan de todo tipo, en invierno para el día a día me gustan grandes y ya dije en este otro post, que para los viajes prefiero bandoleras. Mi problema -sé que el de muchas- es que meto bastantes chorradas en los bolsos grandes y luego nunca encuentro nada. Hasta que el otro día me compré un organizador de bolsos con el que estoy encantada porque tengo dentro mis "imprescindibles" que muevo de un bolso a otro en un momento.

Además de la cartera, el móvil y las llaves, siempre llevo crema hidrante para las manos y bálsamo labial (a veces más de uno), pañuelos de papel, una batería externa del móvil, el cable para cargar y los cascos, una horquilla/goma del pelo, varios bolígrafos, un par de pastillas de aspirina/ibuprofeno, algo para picar, un espejo, un cepillo de dientes pequeño y una bolsa plegable.

Si voy a estar fuera de casa mucho tiempo y sé que me voy a tener que retocar el maquillaje, llevo también un estuche con mis "imprescindibles" de este apartado, que incluye la cajita de las lentillas y un frasco pequeño de colonia. Antes llevaba una agenda, pero ahora uso mucho la del teléfono y tengo una preciosa en casa en la que pongo fotos que casi es más un diario, así que sólo llevo un pequeño cuaderno para apuntar, y los bolígrafos que no falten, de formación profesional. A esto a veces añado una botella pequeña de agua o un paragüas plegable y alguna cosa más. Es entonces cuando me digo en voz alta: ¡cómo no me va a doler el hombro!

martes, 27 de octubre de 2015

Amargaos

Hay una sección en el programa de radio "Lo mejor que te puede pasar" que se llama "El amargao de Twitter" que me gusta mucho porque la gente no deja nunca de sorprenderte. Leen unos cuantos tuits ácidos que han recibido ellos u otra gente famosa, normalmente críticas, algunas veces cercanas al insulto, otras sin ton ni son. En el programa se ríen porque la mayoría de las respuestas no tienen nada que ver con el tuit que han escrito, es sólo hablar por hablar, más bien, criticar por criticar. La verdad es que lo tienes que tomar así, riéndote, porque son eso: amargaos.

Cuando trabajas en comunicación, y más ahora con el boom de las redes sociales, esto es muy habitual. Es la misma crítica que harían en la vida real, pero elevada gracias a estar detrás de una pantalla de móvil y tener acceso a esa gente que antes sólo veías en la tele sin posibilidad de "hablar" con ella. En un curso me explicaron que los 'community manager' suelen contestar en las redes sociales como lo harían en la realidad, y es cierto, si eres amable o borde, se reflejará en tu respuesta. Lo mismo pasa con los amargaos.

Algunos no merecen respuesta, como no lo harías cara a cara. Incluso de algunos, si puedes, te alejarías en la vida real. Es más, aléjate de esos amargaos que te van minando poco a poco tus ganas de vivir, de disfrutar. Esa gente que está observándote para decirte lo que haces mal, esa crítica mordiente, esa gente "descalificadora". Los agresivos verbales que te hacen daño con sus palabras, los envidiosos, los chismosos, los falsos, pero sobre todo los "quejosos". Esos que no disfrutan con nada, que no saborean los pequeños momentos de la vida, que siempre están dando vueltas al mismo tema, que te anulan, te quitan tus sueños sólo porque ellos no luchan por el suyo.

Esa gente es tóxica, perjudica seriamente la salud. Lo malo es que algunos están bien disfrazados y sólo te das cuenta cuando te alejas de ellos.