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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Humildad

Trabajé en un sitio donde comprendí la grandeza de la palabra humildad. Aprendí muchas más cosas que no vienen al caso y también otras que ahora se han puesto muy de moda, como la titulitis, la importancia extrema a tener tesis doctorales y ese tratamiento arcaico de la palabra doctor, a  presumir de cargos en la firma del correo electrónico, a mirar por encima del hombro y creer que sabes de todo...

Eso me enseñó a valorar que todo lo que sube baja, y que hay tener cuidado a quien pisas para subir porque quizás te lo encuentras al bajar -esto lo leí por internet y viene al pelo-. Vamos, lo típico de "la vida da muchas vueltas", pero dicho de una manera más trepa.

Estos días me acordé de una frase que solíamos comentar en broma: "Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito". No sé si la habéis oído, pero es la pura realidad. Hay personas que se transforman cuando tienen un puesto por pequeño que sea...O no, quizás no cambian, quizás sólo revelan su verdadera personalidad cuando ejercen un poco de poder. ¡Es tan fácil caer en la soberbia y la vanidad...!

Si bien es cierto que siempre he creído que las personas más grandes son siempre las más humildes, los que no creen que brillan por ellas mismas, sino que siempre quieren aprender más, crecer en grupo, no hacer pequeño al de al lado. Esto se ve en muchos ámbitos, en el deportivo -piénsalo- los más grandes son siempre los más sencillos y modestos; los que no se creen importantes a pesar de todos los títulos que llevan a las espaldas, los que no han olvidado de dónde vienen, el esfuerzo que les ha costado conseguirlo y, lo más importante, los que siguen tratando a todos con respeto. Los no necesitan apagar la luz de los demás para brillar.




martes, 10 de abril de 2018

Títulos

Confieso que tenía este post en borrador desde hace bastante tiempo, pero no sabía cómo rematarlo, y mira tú por dónde que la actualidad me lo ha puesto en bandeja en estos días que tanto se habla de títulos universitarios, másteres y TFM.

Sí, yo también tengo un máster que acompaña mi curriculum cuando opto a un puesto de trabajo. Nada más. No creo que sea más que quien no lo tiene, ni menos que quien tiene un doctorado. Eso se lo dejo a la gente enferma de 'titulitis', un mal muy común en ciertos ámbitos laborales que lleva a preguntar con sorpresa "¿cómo no eres doctora?" o a ejercer cierto poder porque ponga ese cargo en tu larguísima firma de correo electrónico. No lo saco a relucir cuando me tomo una coca cola con mis amigos, como yo tampoco sé qué posgrado tienen ellos, si es que lo poseen, porque no creo que sean mejores personas por ello.

También es verdad que creo que te da una serie de habilidades o aptitudes -que ahora se lleva mucho esta palabra- para destacarlas en LinkedIn, pero pienso que puedes saber hacer otras cosas sin que hayas estudiado un máster. Puedes ser muy creativo, tener un don para los trabajos manuales o talento para hablar en público o para vender unos zapatos o maña para el bricolaje y no lo has aprendido en la Universidad.

Dicho esto, también me daré coba y diré que me costó mucho esfuerzo sacarlo mientras trabajaba de lunes a viernes, quedarme en casa muchos fines de semana estudiando y haciendo trabajos en el ordenador y exámenes on line, además de dinero, organización de horarios, renunciar a tiempo libre...eso durante dos cursos y una veintena de asignaturas. Este es el punto que me indigna cuando hay una noticia más en el tema de actualidad, que se lo hayan regalado, que le hayan modificado las notas, que se haya matriculado después de acabar el plazo, que no haya pasado los nervios de una defensa pública en un tribunal, que haya profesores fantasmas estampando firmas falsas, que no haya intercambiado un millón de emails con su tutor antes de entregar su trabajo fin de máster y que haya aprobado por su cara bonita. Y todo ¿para qué? Si acabo de decir que no te hace más que nadie, pero, sin duda, la honestidad sí te hace mejor.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Sentimientos

Quizás porque la comunicación esté poco valorada -ya lo dije aquí- o porque los que trabajamos en este mundo valemos un poco para todo, hay mucha gente que se olvida del trabajo que hay detrás cuando las cosas salen bien. Quizás es porque tan pronto escribimos, que hablamos en público, que hacemos unas fotos, porque sabemos un poco de protocolo, otro de marketing, otro de relaciones públicas... No estamos ajustados a un departamento concreto, sino que abarcamos todos en el organigrama de una empresa.

Pero eso no quiere decir que no tengamos sentimientos.

Por eso hace unos días participé en un evento en el que hubo dos detalles que me gustaron especialmente. El primero fue que toda una consejera se acordó precisamente de esto, del esfuerzo y el trabajo que hay detrás para que una gala resulte perfecta. Dijo exactamente que parece que cuando las cosas salen bien es porque tienen que salir así, y no nos acordamos de lo mucho que habrá trabajado alguien estos últimos días. Así que, antes de comenzar su discurso de clausura, pidió un aplauso para todo ese trabajo que no se ve pero está ahí. Así que por la parte que me toca, gracias.

Se puede decir que esto es sentirse valorado, pero yo lo tenía un poco olvidado, por desgracia.

Y el otro detalle está muy relacionado con otro post en el que hablé de la importancia del equipo, en todos los aspectos de la vida, incluido el ámbito laboral. Cuando mis compañeros fueron hacerse una foto todos juntos del grupo de trabajadores, me vinieron a buscar porque yo en ese momento estaba trabajando en otro lugar apartado. Puede que ahora estés pensando que es una bobada, pero me hizo especial ilusión, porque os aseguro que en otras ocasiones esto no ha sido lo normal.

En otro sitio donde trabajé también organizábamos una jornada en la que se exponían trabajos por departamentos y nadie, en el momento de agradecer a quienes les habían ayudado a realizar su ponencia, absolutamente nadie se acordaba de "la chica de comunicación", de quien les había facilitado algún dato, de quien había encendido el ordenador y el proyector para su exposición, ni de quien le estaba haciendo las fotos con la cámara delante de ellos en ese mismo momento.

Y eso cuando llevas unos días con mucho estrés, te hace ir a casa completamente decepcionado. Porque como dije al principio, no perteneceremos a ningún grupo en particular y quizás pienses que sólo se trata de trabajo, pero tenemos sentimientos...aunque sean laborales.




domingo, 8 de octubre de 2017

Retos

"Creer en los sueños", puede parecer una frase optimista de estas que están tan de moda ahora, pero es una de las conclusiones más poderosas que he sacado de dos eventos que he vivido esta semana.

El miércoles moderé por primera vez una mesa redonda en un proyecto muy interesante titulado ¿Y si te dijeran que puedes?, un documental en el que cinco jóvenes con esquizofrenia escalan el Naranjo de Bulnes, en los Picos de Europa. Previo a la mesa, Sebastián Álvaro, creador de Al filo de lo imposible, fue explicando cómo se había desarrollado este plan en una motivadora charla con muchas frases para apuntar.

"De lo que nos arrepentimos es de lo que no intentamos" fue una de ellas. Estos jóvenes, después de años oyendo "tú no eres capaz", han demostrado, no sólo que se puede abrir la puerta a intentarlo, sino también conseguirlo. Y me encantó oírles hablar de muchas de las cosas que ya he dicho en este blog: esfuerzo, equipo, compañerismo, confianza, superación, ilusión, satisfacción y por supuesto, emoción al llegar a la cima.

Otra de esas frases que se pronunciaron ese día cobró más sentido el domingo: "Cualquiera de nosotros puede hacer cosas excepcionales". Sergio Monge es un joven ciclista y empresario de Valladolid, comprometido con la Asociación Asdent para ayudar a Nacho, un niño con la enfermedad de Dent, por el que ha realizado ya varios retos increíbles. Esta vez ha pedaleado en una bicicleta estática durante una semana entera -durmiendo cuatro horas diarias- para recaudar fondos por esta buena causa. Casi 3.400 kilómetros que le han servido para batir un récord Guinness y conseguir dinero para que se investigue esta enfermedad rara.

Impresionante fue también verle acabar su objetivo, entre aplausos y lágrimas de emoción, agarrado de la pequeña mano de Nacho que pedaleaba a su lado, bajarse de la bicicleta y casi sin poder hablar, dar las gracias a los presentes por haberse acercado a darle aliento y solidaridad: "Todavía queda gente buena", fueron sus primeras palabras. Poco después confesaba que tuvo un día malo, que pensó en tirar la toalla, pero sacó fuerza de voluntad de dentro por tanta gente y por Nacho, la fuerza del corazón.

Así que sí, me voy a la cama con un buen sabor de boca, sabiendo que estos sueños son excepcionales y son, sin duda, de admirar, pero sabiendo también que cada uno tiene sus propios desafíos en la vida cotidiana y se pueden superar. Me quedo con la frase final de la mesa redonda: "Cada uno tiene su propio Naranjo de Bulnes".



viernes, 17 de marzo de 2017

Orgullo

Que tu ciudad sea noticia siempre es una buena noticia, valga la redundancia. Sobre todo cuando es por una cosa buena claro. Cuando los ojos de España se posan por un día en una ciudad como Valladolid -que no es Madrid ni Barcelona- te sientes importante. Ver pisar la alfombra roja a personas conocidas de la talla de Mireia Belmonte, Roberto Carlos, Vicente del Bosque, Saúl Cravioto, Lydia Valentín o Alhambra Nievas no deja de sorprenderte.

Por formación profesional, cuando veo un gran evento, con tantas personalidades invitadas y tanta organización, no puedo dejar de sentir admiración por ese trabajo. Me pasa con grandes acontecimientos, pienso en la cantidad de gente que estará en ese momento en la ciudad, o con su pensamiento en ella, y siento una punzada de orgullo.

Eso me pasó la semana pasada con la Gala Nacional del Deporte que se celebró en el Teatro Calderón. Pero cuando además, sabes el trabajo que hay detrás para organizar un acto de esa magnitud, conoces a la gente con nombre y apellido, ves que sale muy bien, la gente está contenta, la ciudad está volcada, todo son enhorabuenas... la satisfacción es doble.

Y entonces te reafirmas en que el esfuerzo tiene su recompensa y que los acontecimientos importantes son los que sitúan a Valladolid en el mapa. 12 horas siendo tendencia nacional, con 21,6 millones de impactos en Twitter y 15 millones de personas alcanzadas puede ser una de las gratificaciones medibles. Pensar que tu ciudad se convierte en un día en el centro del mundo del deporte y es capital del reino como hace 500 años en la época de Carlos V, es otro premio. Sentir que has formado parte de eso, que esas personas han sido capaces de arreglar ese tinglado ... como dice el anuncio, "no tiene precio".

Ya lo dije en este post, que me viene como anillo al dedo y me voy a plagiar a mí misma el final. "Hagas lo que hagas, hazlo con pasión. Pero en cualquier meta, en todas las metas de la vida. Llega a tu objetivo. Disfruta el camino. Y cuando cruces la línea, compártelo. Tu familia, tus amigos, quienes están ahí al final del camino, se lo merecen también. Recuerda que estuvieron animándote cuando creías que no podías más, confiaron en ti, todos son parte de ese éxito.Celébralo, abrázales, emociónate, cree en ti y disfrútalo. Te lo mereces, campeón".

miércoles, 16 de marzo de 2016

Esfuerzo

"No he estudiado nada pero he sacado un 10", "¡qué suerte ha tenido esa que ha conseguido el trabajo!", "yo es que como de todo y no hago ejercicio y así estoy". Seguro que más de una vez hemos oído estas frases a alguien y yo, personalmente, no me las creo. Salvo excepciones lógicas de que alguien tenga una inteligencia superior o una constitución de cuerpo muy benévola, estoy segura de que todo premio tiene detrás mucho esfuerzo y sacrificio.

Cuando estudias, apruebas. Cuando estudias más, llegas al notable. Si sales a correr, quemas el plato de pasta que te has comido. Si te sacrificas y comes menos dulce, no engordas tanto. Así en todo, o en muchas cosas, porque sé que por ejemplo, en el tema del trabajo "no siempre ganan los buenos", no los mejores consiguen siempre los mejores puestos de trabajo. Hay gente buena en el paro, pero creo que ahí influyen otras muchas cosas que todos tenemos en el pensamiento.

Esta semana he tenido varios ejemplos y varias conversaciones en las que, al final, mi conclusión era que es cierto que el esfuerzo tiene su recompensa. Cuando algo sale bien, pocas veces pensamos en las horas de trabajo que hay detrás, reuniones, visitas, viajes, horas extra, llamadas de teléfono, días enteros delante del ordenador...Cuando veo lo bien que sale un ejercicio de natación sincronizada pienso en la de veces que lo habrán repetido, en tantas horas y días entrenando para conseguirlo. Hablo con una amiga que me dice que adelgazó 15 kilos y me cuenta cómo buscaba tiempo de debajo de las piedras para salir a correr para acompañar el régimen que seguía. Y confiesa que pasaba hambre. ¡Pues claro! Me sienta mal cuando alguien quita mérito a los sacrificios. Otra amiga me cuenta las horas de pilates que le iban bien para su dolor de espalda. Otra me dice que tiene una entrevista de trabajo, y me cuenta la de curriculum que ha echado antes que fueron rechazados.

Somos muy dados a juzgar a la ligera, y sé que a veces entra en juego el factor suerte tan necesario en la vida para tener una ecuación perfecta, pero no menosprecio el valor del trabajo y del esfuerzo. Me enseñaron eso de pequeña, que había que esforzarse, no para aprobar, sino para sacar sobresaliente. Y ahora admiro a quien se levanta pronto para trabajar, a quien madruga para correr, a quien no come chocolate porque esta a dieta...porque ya se sabe que el que algo quiere, algo le cuesta.