Mostrando entradas con la etiqueta hostelería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hostelería. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2020

Día de la solidaridad

Dice mi agenda del community manager que hoy es el día de la solidaridad y me parece que no puede llegar en mejor momento. Falta mucha en estos momentos de rebrotes e incumplimiento de las normas. Mi primer pensamiento es "¡ponte la mascarilla!" Por solidaridad, precisamente. Antes decíamos por nuestros mayores, pero es que ahora ya no es cuestión de edad, póntela por el que está a tu lado porque no sabes si eres asintomático. Y el otro se la pondrá por ti, y entonces empezará a rodar esa cadena de solidaridad tan necesaria.

Otra de las palabras que se me vienen a la mente es la empatía. Tenemos muy poquita y se ve reflejada en multitud de ejemplos. ¿Has pensado en el pobre camarero que lleva no sé cuantas horas trabajando sudando -con-la-mas-ca-ri-lla- puesta mientras tú protestas porque no puedes quitártela al sentarte a la mesa? Ya dije en tiempos del confinamiento que era buen momento para ponerse en los zapatos de otro y entender muchas de sus razones. Si no lo hemos hecho, lamento que hayamos perdido una oportunidad de oro para comprobarlo. 

Hay muchos trabajos que merecen nuestra comprensión en estos tiempos: el hotel que ha estado cerrado y ahora abre con todas las precauciones y preocupaciones pero tú sólo piensas en que te haga una oferta para ir de vacaciones, o el pobre empleado de la agencia de viajes que ha descendido su facturación y tú le gritas tu reclamación como si él tuviera la culpa de la pandemia, el centro de belleza que ha tenido unos gastos añadidos en desechables pero te quejas por la subida de un euro... 

Y no sólo en este verano "especial", siempre creemos que lo nuestro vale más o menospreciamos el trabajo del otro. No me quiero ir por las ramas, quiero pensar en positivo y en la gente que sí ayuda a que la rueda de la solidaridad siga girando, que afortunadamente, no son pocos. A todos ellos, ¡feliz día!

spreadshirt


lunes, 1 de agosto de 2016

Lo malo del verano

Después de que el año pasado publique mis placeres de verano (aqui y aqui) y necesité dos post que demuestran lo mucho que me gusta, he pensado que como todo, también tiene su cara B. Y aunque conste que prefiero el calor al frío, el verano al invierno, también soy objetiva y me doy cuenta de las cosas que no me gustan... o digamos que me gustan menos.

La primera está clara: el calor. Con todo lo que eso conlleva. No me suelo quejar del calor pero sí en noches en las que no puedes dormir. Además, para intentar llevarlo mejor, abres las ventanas, con lo que eso trae otras cosas malas. El ruido de los trasnochadores -en nuestra calle hay unos niños que juegan y gritan hasta altas horas- y los mosquitos. Aunque para mí son peor las moscas. No hago vida de ellas. ¡Qué molestas son!

Hablo mal del calor cuando tienes que ir a trabajar, claro está. El calor se ve diferente si puedes refrescarte en el mar o en la piscina, si puedes ir ligera de ropa o quedarte en casa al fresco. Aunque otra cosa mala de cuando te quedas en casa es la televisión. No hay nada bueno en la tele.


Aunque no es mi caso, entiendo que si no te gusta la playa o el agua o tienes alergia, odies el verano. Tambien porque la playa saca a la luz nuestros peores complejos y nos han bombardeado con falsos estereotipos de cuerpos diez.

También lo comprendo si no tienes vacaciones, pero sobre todo si ves marchar a los demás. Si tienes que trabajar en verano mal, pero siempre pienso que es peor trabajar cuando los demás están de vacaciones. Es decir, sector hostelería, por ejemplo. Trabajar en un hotel cuando los huéspedes llegan para descansar o ser camarero sirviendo refrescos a los que disfrutan del tiempo de ocio en la terraza, cocinar en un sitio de playa sudando, preparar el viaje de los demás en una agencia y estar pendiente del móvil por si tienen algún imprevisto, ser animador o monitor infantil y que tengas un mal día...


Añado otra cosa más, el sudor. Desde niña me han sudado mucho las manos y los pies. He probado mil productos y ya he desistido, así que para mí este sería el mayor perjuicio. Aun así, como he dicho que lo prefiero: ¡bienvenido agosto, encantada de verte!