"Éramos felices y no lo sabíamos". Esta frase la he visto en varias redes sociales, siempre acompañada de bonitas imágenes de vacaciones, de risas entre amigos y de besos familiares.
Y sí, las fotos son preciosas y reflejan bienestar, pero a mí al leerlo me da pena por esa gente que no supo disfrutar de esos momentos y ahora los echa de menos. ¿De verdad estuviste el verano pasado con tu familia de viaje y no te diste cuenta de la fortuna de tener esas pequeñas cosas? ¿No apreciaste la velada que pasaste con tus amigos el fin de semana anterior al confinamiento? ¿Ha tenido que pasar esto para que te des cuenta de la delicia de un beso de tu sobrino lleno de babas, de todo el apoyo que envuelve un abrazo o de lo contenta que se pone tu abuela cuando la vas a visitar?
Dicen que la naturaleza nos ha mandado parar porque la vida va muy deprisa y no sabemos apreciar esos instantes. No debería ocurrir una desgracia para saber que el tiempo se escurre entre las manos, que la vida cambia en un momento. Como las lecciones se aprenden a golpes y esta vez el impacto es muy grande, la enseñanza también lo será.
Lo bueno de todo esto es que la situación es temporal y reversible y, salvo en la desgracia de los fallecimientos, volveremos a nuestra vida de antes...o no, espero que regresemos siendo mejores. Así que guarda eso que estás aprendiendo ahora, todo lo que añoras y de lo que te estás dando cuenta y acuérdate cuando salgamos. Queda más con esos amigos con los que estás haciendo tantas videollamadas, ofrece tu mano a quien la necesite, siente las caricias, saborea ese café en la terraza, apura el helado en la playa, ríete a carcajadas, canta a voz en grito en el concierto y reparte besos por doquier.
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jueves, 16 de abril de 2020
domingo, 21 de julio de 2019
Fotos
¿Te acuerdas cuando con un solo carrete de 24 fotos tenías para todo el verano? ¿Y para todo un viaje? Sí, lo recuerdo. Y también la cara de decepción cuando al revelarlas veías que esos ojos cerrados te estropeaban la foto perfecta, o aquella persona que justo pasó y tapa media Torre Eiffel. Recuerdo también a mi padre tardar un montón en sacar el encuadre adecuado y en apartar cosas de la mesa para llevarnos las menos sorpresas posibles en el momento del revelado.
Así que estoy un poco cansada de todos esos consejos pre-vacaciones que hace la gente de que para desconectar hay que olvidarse del móvil en verano. Está bien relajarse, descansar y leer, conectar con la familia y con la naturaleza, incluso con uno mismo, pero esto no significa dejar el teléfono en un cajón hasta la vuelta porque, por lo menos en mi caso, significaría no hacer fotos de esos viajes que luego me gusta volver a mirar y sonreír. Porque no sé tú, pero yo cuando muevo arriba y abajo la pantalla de mi teléfono y me salen todas esas imágenes, esbozo una sonrisa. Ya hablé aquí del poder de los recuerdos de las fotos.
Y después hago álbumes de cada viaje que me encanta maquetar, poner bonitos y recordar. Por eso soy muy pesada haciendo fotos con el móvil porque también hago un álbum cotidiano cada año que se llama “project life” de scrapbooking -puedes buscarme en instagram-. La gente lo suele hacer a la semana con fotos que rescatas de las miles que hacemos con el móvil. Yo no soy tan estricta y no lo llevo al día, pero cuando lo hago con retraso me parece una terapia brutal de recuerdos, repasar las fotos, ordenarlas, escribir lo que pasó ese día, tanto que incluso llamo a la gente con la que compartí ese momento, concierto, cumpleaños, comida...
Así que una vez más, voy a ir contracorriente, y aunque todo el mundo dé el consejo contrario yo diría: captura los momentos del verano, esos detalles que tiene la vida diaria que en vacaciones parece que son más.
Así que estoy un poco cansada de todos esos consejos pre-vacaciones que hace la gente de que para desconectar hay que olvidarse del móvil en verano. Está bien relajarse, descansar y leer, conectar con la familia y con la naturaleza, incluso con uno mismo, pero esto no significa dejar el teléfono en un cajón hasta la vuelta porque, por lo menos en mi caso, significaría no hacer fotos de esos viajes que luego me gusta volver a mirar y sonreír. Porque no sé tú, pero yo cuando muevo arriba y abajo la pantalla de mi teléfono y me salen todas esas imágenes, esbozo una sonrisa. Ya hablé aquí del poder de los recuerdos de las fotos.
Y después hago álbumes de cada viaje que me encanta maquetar, poner bonitos y recordar. Por eso soy muy pesada haciendo fotos con el móvil porque también hago un álbum cotidiano cada año que se llama “project life” de scrapbooking -puedes buscarme en instagram-. La gente lo suele hacer a la semana con fotos que rescatas de las miles que hacemos con el móvil. Yo no soy tan estricta y no lo llevo al día, pero cuando lo hago con retraso me parece una terapia brutal de recuerdos, repasar las fotos, ordenarlas, escribir lo que pasó ese día, tanto que incluso llamo a la gente con la que compartí ese momento, concierto, cumpleaños, comida...
Así que una vez más, voy a ir contracorriente, y aunque todo el mundo dé el consejo contrario yo diría: captura los momentos del verano, esos detalles que tiene la vida diaria que en vacaciones parece que son más.
viernes, 27 de octubre de 2017
Colores
Me acuesto con la imagen de Baiona ardiendo, la misma ciudad que nos encantó este año en vacaciones, pero con un aspecto muy distinto. Triste. Color naranja donde debía haber verde. Me duermo pero sé que los gallegos de las zonas afectadas no tendrán una noche tranquila.
Me levanto, abro el grifo y no hay agua en mi casa por una avería. Me lavo la cara con un cazo de agua reposada y vienen a mi mente las imágenes de las cadenas humanas y solidarias de los vecinos también con cubos y calderos de agua. Otra vez las grandes tragedias sacan lo mejor de nosotros. Al darme cuenta de la cantidad de cosas que no puedo hacer, me acuerdo también de mi abuela, que sin agua corriente en su casa, la sacaba también del pozo con calderos.
Veo en la televisión terribles imágenes de incendios, provocados, y el parte metereólógico que no pronostica lluvia y sin embargo sí hay viento. Lo peor. Naranja y negro. Quien me conoce sabe que no me gusta nada llover, pero es obvio que tampoco me gusta ver el campo así de seco cuando salgo de paseo. Amarillo. Me acuerdo entonces de cómo llovía los días que estuvimos de vacaciones en verano y mi malestar por ello, ¡qué paradoja! Días grises, mar azul, campos verdes. Y ahora, como las conversaciones de ascensor, no paramos de hablar del buen tiempo que todavía tenemos, soleado y sin rastro de otoño. Y sabemos que no es normal ni bueno.
Soy consciente de que este post llega tarde, una semana tarde, en la que nosotros ya estamos pensando en otras cosas, menos los afectados de Galicia que siguen con este inmenso problema. El resto de España ya ha vuelto a otra actualidad, como a Cataluña por ejemplo. Me doy cuenta de nuevo de lo efímeras que son las noticias, de que en cuanto llega otro tema, nos distraemos, se solapan y nos olvidamos de lo anterior. Así de frágiles de mente somos. Lo vi claro en su día cuando trabajaba en un periódico, que cuando llegaba una noticia de última hora, lo que tuvieras entre manos ya no importaba nada. Nadie recuerda los nombres propios de casos sociales que fueron muy sonados en su momento y que nos supimos de memoria durante días.
Es verdadero el popular refrán periodístico de "el periódico de hoy envolverá el pescado de mañana". Triste pero real.
Me levanto, abro el grifo y no hay agua en mi casa por una avería. Me lavo la cara con un cazo de agua reposada y vienen a mi mente las imágenes de las cadenas humanas y solidarias de los vecinos también con cubos y calderos de agua. Otra vez las grandes tragedias sacan lo mejor de nosotros. Al darme cuenta de la cantidad de cosas que no puedo hacer, me acuerdo también de mi abuela, que sin agua corriente en su casa, la sacaba también del pozo con calderos.
Veo en la televisión terribles imágenes de incendios, provocados, y el parte metereólógico que no pronostica lluvia y sin embargo sí hay viento. Lo peor. Naranja y negro. Quien me conoce sabe que no me gusta nada llover, pero es obvio que tampoco me gusta ver el campo así de seco cuando salgo de paseo. Amarillo. Me acuerdo entonces de cómo llovía los días que estuvimos de vacaciones en verano y mi malestar por ello, ¡qué paradoja! Días grises, mar azul, campos verdes. Y ahora, como las conversaciones de ascensor, no paramos de hablar del buen tiempo que todavía tenemos, soleado y sin rastro de otoño. Y sabemos que no es normal ni bueno.
Soy consciente de que este post llega tarde, una semana tarde, en la que nosotros ya estamos pensando en otras cosas, menos los afectados de Galicia que siguen con este inmenso problema. El resto de España ya ha vuelto a otra actualidad, como a Cataluña por ejemplo. Me doy cuenta de nuevo de lo efímeras que son las noticias, de que en cuanto llega otro tema, nos distraemos, se solapan y nos olvidamos de lo anterior. Así de frágiles de mente somos. Lo vi claro en su día cuando trabajaba en un periódico, que cuando llegaba una noticia de última hora, lo que tuvieras entre manos ya no importaba nada. Nadie recuerda los nombres propios de casos sociales que fueron muy sonados en su momento y que nos supimos de memoria durante días.
Es verdadero el popular refrán periodístico de "el periódico de hoy envolverá el pescado de mañana". Triste pero real.
miércoles, 30 de agosto de 2017
De vuelta
Estoy de vuelta de vacaciones, de vuelta al trabajo, de vuelta a la rutina, al blog, a mi ciudad, a casa. Y todo con un año más. Por eso quizás afronto el siguiente curso escolar como las promesas de año nuevo, donde todo empieza, todo se estrena, hasta la edad.
De vuelta quiere decir que la rueda sigue girando y eso siempre es bueno. Que para volver hay que ir, que para estar de vacaciones hay que haber trabajado, que para descansar hay que haberse cansado...y eso sin duda, es una satisfacción. Aunque ya hemos dicho que la vida es cíclica, también hay que intentar que cada día no sea igual.
Así que este año era diferente para mí, después del año pasado que como estaba en paro no eran unas "vacaciones al uso" y el año anterior - cuando empecé este blog- estaba recién despedida. Pero sobre todo ha sido distinto porque no he llegado a la playa estresada ni con necesidad de perder de vista a jefes ni compañeros de trabajo. Esto me ha permitido disfrutar desde el primer momento, sin preocupaciones ni temor a la vuelta.
Y lo más importante, ha sido distinto por no tener angustia al volver, por aprovechar hasta el último día y hacer el viaje de regreso tranquila. Como decía aquel anuncio de tráfico, lo importante es volver. Sin duda.
Y levantarse al día siguiente sin ansiedad, con la típica morriña del olor a mar, pero sabiendo que tienes un trabajo al que acudir con una sonrisa, con ganas de ver a tus compañeros y compartir las vacaciones, incluso agradecer a los jefes que han tenido el detalle de felicitarme por mi cumpleaños. Hacía mucho que no tenía una 'vuelta al cole' tan despreocupada. Y solo por eso hay que celebrarlo.
Aunque el calendario ya marca casi septiembre y con él, el inicio de curso, en Valladolid empiezan las fiestas de la ciudad, así que todavía nos quedan unos días para volver propiamente a la rutina. Una vuelta más a la rueda. Además, nos hemos mudado a una oficina nueva por lo que todo será nuevo y a estrenar. Todo por escribir.
En esos giros de la rueda dicen que en la vida todo regresa. No tengo muy claro si es verdad, pero quiero creer que sí, que todos giramos en esta rueda.
De vuelta quiere decir que la rueda sigue girando y eso siempre es bueno. Que para volver hay que ir, que para estar de vacaciones hay que haber trabajado, que para descansar hay que haberse cansado...y eso sin duda, es una satisfacción. Aunque ya hemos dicho que la vida es cíclica, también hay que intentar que cada día no sea igual.
Así que este año era diferente para mí, después del año pasado que como estaba en paro no eran unas "vacaciones al uso" y el año anterior - cuando empecé este blog- estaba recién despedida. Pero sobre todo ha sido distinto porque no he llegado a la playa estresada ni con necesidad de perder de vista a jefes ni compañeros de trabajo. Esto me ha permitido disfrutar desde el primer momento, sin preocupaciones ni temor a la vuelta.
Y lo más importante, ha sido distinto por no tener angustia al volver, por aprovechar hasta el último día y hacer el viaje de regreso tranquila. Como decía aquel anuncio de tráfico, lo importante es volver. Sin duda.
Y levantarse al día siguiente sin ansiedad, con la típica morriña del olor a mar, pero sabiendo que tienes un trabajo al que acudir con una sonrisa, con ganas de ver a tus compañeros y compartir las vacaciones, incluso agradecer a los jefes que han tenido el detalle de felicitarme por mi cumpleaños. Hacía mucho que no tenía una 'vuelta al cole' tan despreocupada. Y solo por eso hay que celebrarlo.
Aunque el calendario ya marca casi septiembre y con él, el inicio de curso, en Valladolid empiezan las fiestas de la ciudad, así que todavía nos quedan unos días para volver propiamente a la rutina. Una vuelta más a la rueda. Además, nos hemos mudado a una oficina nueva por lo que todo será nuevo y a estrenar. Todo por escribir.
En esos giros de la rueda dicen que en la vida todo regresa. No tengo muy claro si es verdad, pero quiero creer que sí, que todos giramos en esta rueda.
viernes, 2 de junio de 2017
Junio
Junio suena a casi verano, a vacaciones, a fin de curso. Junio sabe bien, siempre ha sonado bien. Quizás no tanto cuando tenías exámenes, pero luego junio sonaba al final de las clases, a las notas, a la celebración, a excursiones, la noche de San Juan, a maletas, a calor, a principio de verano... Junio suena a final...y a principio.
Junio sabe a cenas de fin de clases, acampadas, graduaciones, cervezas en terraza, helados, días más largos, juegos en el parque, a bicicleta, a pueblo, a sandalias, a abandonar el despertador y los horarios... Sabe a comidas ligeras, ensaladas, zumos de frutas, ropa colorida, luz.
Desde que mi vida personal está unida al calendario deportivo, junio suena al término de los partidos, de las ligas, a bajar la adrenalina de los ascensos y descensos, del play off, a acabar agotado esperando el pitido final. Junio suena a cansancio y a descansar.
Junio suena a aniversario, a equipaje, a vacaciones, al cumpleaños de mi sobrino, a comuniones y este año, sin ninguna duda, a conciertos. Mis cantantes favoritos se han puesto de acuerdo y tengo un junio musical. El primero hoy mismo, nunca pensé que un artista internacional como Ricky Martin tocara en Valladolid, así que allá que voy a ver el show y a él mover las caderas. Después un concierto más de David Bisbal en su nueva gira y por último, el concierto único del aniversario de Más de Alejandro Sanz. Aunque haya ido a mil actuaciones de él, ésta será sin duda especial.
Así que sí, junio suena bien.
Junio sabe a cenas de fin de clases, acampadas, graduaciones, cervezas en terraza, helados, días más largos, juegos en el parque, a bicicleta, a pueblo, a sandalias, a abandonar el despertador y los horarios... Sabe a comidas ligeras, ensaladas, zumos de frutas, ropa colorida, luz.
Desde que mi vida personal está unida al calendario deportivo, junio suena al término de los partidos, de las ligas, a bajar la adrenalina de los ascensos y descensos, del play off, a acabar agotado esperando el pitido final. Junio suena a cansancio y a descansar.
Junio suena a aniversario, a equipaje, a vacaciones, al cumpleaños de mi sobrino, a comuniones y este año, sin ninguna duda, a conciertos. Mis cantantes favoritos se han puesto de acuerdo y tengo un junio musical. El primero hoy mismo, nunca pensé que un artista internacional como Ricky Martin tocara en Valladolid, así que allá que voy a ver el show y a él mover las caderas. Después un concierto más de David Bisbal en su nueva gira y por último, el concierto único del aniversario de Más de Alejandro Sanz. Aunque haya ido a mil actuaciones de él, ésta será sin duda especial.
Así que sí, junio suena bien.
jueves, 2 de febrero de 2017
El placer de leer
No voy a descubrir a estas alturas el placer de la lectura para quienes tengan esta afición, sino que voy a contar cómo yo lo he redescubierto. Y me encanta haber retomado este pasatiempo.
Siempre me ha gustado leer, siempre me ha producido una sensación especial entrar a una librería, rodeada de tantos libros, ese olor, esa sensación de "los quiero leer todos"...Lo mismo me ocurre en una biblioteca. Pero quizás la obligación de tener que leer otras cosas -siempre hay algo más urgente, repasar textos de trabajo-, o quizás las pantallas, que te absorven y hacen que los minutos vuelen, o que simplemente no acertaba con el libro correcto, había hecho que leyese mucho menos.
No me seducían los títulos que tenía en casa, me apetecían esos 'best seller' de los que todo el mundo habla pero nadie me podía dejar porque ahora todo el mundo tiene un ebook. No digo que al final no caiga, pero a mí me sigue gustando mucho esa sensación del papel, de dar la vuelta a la página, de ver cuánto te queda, cómo vas avanzando, de poner un marcapáginas...¡Y también es muy entretenido intercambiar libros! Porque seamos sinceros, puedes comprar alguno, pero son caros.
El día del libro, que en Castilla y León coincide con la fiesta de la comunidad, me gusta dar un paseo por los puestos, rebuscar, y casi siempre cae un ejemplar. Este año, además, un cuento para mi sobrino para que vaya descubriendo esta distracción. También miro con envidia los telediarios y veo cómo los escritores famosos van a firmar a Las Ramblas en ese día tan especial en Cataluña. Tras leer aquel libro que compré y pensar para mis adentros que por qué no leía más con lo que me gustaba, llegó el verano. La conjunción vacaciones-playa-piscina-novelas correctas hicieron el resto. Una amiga me prestó uno de esos 'best seller' que yo iba buscando, después me recomendaron otro que me regalaron por mi cumpleaños y seguidamente cayó en mis manos uno de esos tochos grandes que yo solía quemar y fue como un reto. Volví a caer rendida, atrapada entre las páginas, aunque fuese una novela conocida hace años que ya se había leído mucha gente en su día. ¡Y lo divertido que es comentar! Al cerrar la última página, volvió esa sensación que tienes cuando acabas una obra. Esa admiración por la historia, que los personajes se han quedado en tu cabeza, esa pizca de orgullo por haber terminado un libro tan gordo, esas ganas de empezar de nuevo otro...
Así que mi convencimiento me llevó a esos "propósitos de año nuevo" que yo hice en septiembre. Me apunté a la biblioteca de donde vivo. Y así, con mi carné nuevo, más contenta que una niña, he recuperado este hobby, esa "presión" de entregar el libro prestado en la fecha señalada, esa satisfacción de devolverlo antes, ese rebuscar entre los títulos aquel que te llamé la atención, ver las novedades, esas tardes de sofá y lectura...Y en medio de todo este proceso llevé a mi sobrino de 4 años un día a la biblioteca y pasamos la tarde leyendo. Indescriptible la cara de emoción al ver tantos libros juntos y esa pregunta que yo también me hacía antes: "¿los podemos leer todos?".
Siempre me ha gustado leer, siempre me ha producido una sensación especial entrar a una librería, rodeada de tantos libros, ese olor, esa sensación de "los quiero leer todos"...Lo mismo me ocurre en una biblioteca. Pero quizás la obligación de tener que leer otras cosas -siempre hay algo más urgente, repasar textos de trabajo-, o quizás las pantallas, que te absorven y hacen que los minutos vuelen, o que simplemente no acertaba con el libro correcto, había hecho que leyese mucho menos.
No me seducían los títulos que tenía en casa, me apetecían esos 'best seller' de los que todo el mundo habla pero nadie me podía dejar porque ahora todo el mundo tiene un ebook. No digo que al final no caiga, pero a mí me sigue gustando mucho esa sensación del papel, de dar la vuelta a la página, de ver cuánto te queda, cómo vas avanzando, de poner un marcapáginas...¡Y también es muy entretenido intercambiar libros! Porque seamos sinceros, puedes comprar alguno, pero son caros.
El día del libro, que en Castilla y León coincide con la fiesta de la comunidad, me gusta dar un paseo por los puestos, rebuscar, y casi siempre cae un ejemplar. Este año, además, un cuento para mi sobrino para que vaya descubriendo esta distracción. También miro con envidia los telediarios y veo cómo los escritores famosos van a firmar a Las Ramblas en ese día tan especial en Cataluña. Tras leer aquel libro que compré y pensar para mis adentros que por qué no leía más con lo que me gustaba, llegó el verano. La conjunción vacaciones-playa-piscina-novelas correctas hicieron el resto. Una amiga me prestó uno de esos 'best seller' que yo iba buscando, después me recomendaron otro que me regalaron por mi cumpleaños y seguidamente cayó en mis manos uno de esos tochos grandes que yo solía quemar y fue como un reto. Volví a caer rendida, atrapada entre las páginas, aunque fuese una novela conocida hace años que ya se había leído mucha gente en su día. ¡Y lo divertido que es comentar! Al cerrar la última página, volvió esa sensación que tienes cuando acabas una obra. Esa admiración por la historia, que los personajes se han quedado en tu cabeza, esa pizca de orgullo por haber terminado un libro tan gordo, esas ganas de empezar de nuevo otro...
Así que mi convencimiento me llevó a esos "propósitos de año nuevo" que yo hice en septiembre. Me apunté a la biblioteca de donde vivo. Y así, con mi carné nuevo, más contenta que una niña, he recuperado este hobby, esa "presión" de entregar el libro prestado en la fecha señalada, esa satisfacción de devolverlo antes, ese rebuscar entre los títulos aquel que te llamé la atención, ver las novedades, esas tardes de sofá y lectura...Y en medio de todo este proceso llevé a mi sobrino de 4 años un día a la biblioteca y pasamos la tarde leyendo. Indescriptible la cara de emoción al ver tantos libros juntos y esa pregunta que yo también me hacía antes: "¿los podemos leer todos?".
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lunes, 29 de agosto de 2016
Postureo
Sé que en verano somos muy pesados con las fotos -o por lo menos, yo-. "Postureo" dicen ahora que se llama. He encontrado hasta la definición: "es un neologismo acuñado recientemente y
usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas
tecnologías, para expresar formas de comportamiento y de pose, más por
imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación".
Incluso ya existe derivaciones como "piestureo" por la cantidad de pies en la playa que inundan las redes sociales. O postureo gastronómico: "instagramea" tus platos, ensaladas coloridas, desayunos preciosos, batidos 'smoothies' por doquier. Uno de cada tres comensales hacen fotos de su comida y la comparten.
Despectivamente dicen que es el afán de exhibicionismo, de mostrar a los demás lo feliz que eres aunque no lo seas. No es mi caso, no finjo una foto para tener más seguidores porque no soy una famosa ni pretendo estar siempre guapa. Cada foto que subo es real, es mía, estoy en la playa, me tomo un mojito, ¡hasta mi perro posa! De lo único que se me puede acusar es de ser una pesada con el móvil en la mano fotografiando todo o aburrir a mis seguidores con demasiadas publicaciones. En eso tienen razón.
A mí me gusta ver lo que publican los demás en playas paradisiacas o atardeceres preciosos simplemente porque hay cosas que son bonitas, dignas de fotografiar...y también de compartir. Y el que lo esté viendo en ese momento o viviéndolo, que lo disfrute, lo mire bien y lo retenga en la retina y en sus recuerdos. Mirar al mar relaja, un atardecer, un paisaje desde lo alto de la montaña o la luna llena en una noche de verano, será postureo pero a mí me gusta ver esas fotos preciosas.
Incluso ya existe derivaciones como "piestureo" por la cantidad de pies en la playa que inundan las redes sociales. O postureo gastronómico: "instagramea" tus platos, ensaladas coloridas, desayunos preciosos, batidos 'smoothies' por doquier. Uno de cada tres comensales hacen fotos de su comida y la comparten.
Despectivamente dicen que es el afán de exhibicionismo, de mostrar a los demás lo feliz que eres aunque no lo seas. No es mi caso, no finjo una foto para tener más seguidores porque no soy una famosa ni pretendo estar siempre guapa. Cada foto que subo es real, es mía, estoy en la playa, me tomo un mojito, ¡hasta mi perro posa! De lo único que se me puede acusar es de ser una pesada con el móvil en la mano fotografiando todo o aburrir a mis seguidores con demasiadas publicaciones. En eso tienen razón.
A mí me gusta ver lo que publican los demás en playas paradisiacas o atardeceres preciosos simplemente porque hay cosas que son bonitas, dignas de fotografiar...y también de compartir. Y el que lo esté viendo en ese momento o viviéndolo, que lo disfrute, lo mire bien y lo retenga en la retina y en sus recuerdos. Mirar al mar relaja, un atardecer, un paisaje desde lo alto de la montaña o la luna llena en una noche de verano, será postureo pero a mí me gusta ver esas fotos preciosas.
lunes, 1 de agosto de 2016
Lo malo del verano
Después de que el año pasado publique mis placeres de verano (aqui y aqui) y necesité dos post que demuestran lo mucho que me gusta, he pensado que como todo, también tiene su cara B. Y aunque conste que prefiero el calor al frío, el verano al invierno, también soy objetiva y me doy cuenta de las cosas que no me gustan... o digamos que me gustan menos.
La primera está clara: el calor. Con todo lo que eso conlleva. No me suelo quejar del calor pero sí en noches en las que no puedes dormir. Además, para intentar llevarlo mejor, abres las ventanas, con lo que eso trae otras cosas malas. El ruido de los trasnochadores -en nuestra calle hay unos niños que juegan y gritan hasta altas horas- y los mosquitos. Aunque para mí son peor las moscas. No hago vida de ellas. ¡Qué molestas son!
Hablo mal del calor cuando tienes que ir a trabajar, claro está. El calor se ve diferente si puedes refrescarte en el mar o en la piscina, si puedes ir ligera de ropa o quedarte en casa al fresco. Aunque otra cosa mala de cuando te quedas en casa es la televisión. No hay nada bueno en la tele.
Aunque no es mi caso, entiendo que si no te gusta la playa o el agua o tienes alergia, odies el verano. Tambien porque la playa saca a la luz nuestros peores complejos y nos han bombardeado con falsos estereotipos de cuerpos diez.
También lo comprendo si no tienes vacaciones, pero sobre todo si ves marchar a los demás. Si tienes que trabajar en verano mal, pero siempre pienso que es peor trabajar cuando los demás están de vacaciones. Es decir, sector hostelería, por ejemplo. Trabajar en un hotel cuando los huéspedes llegan para descansar o ser camarero sirviendo refrescos a los que disfrutan del tiempo de ocio en la terraza, cocinar en un sitio de playa sudando, preparar el viaje de los demás en una agencia y estar pendiente del móvil por si tienen algún imprevisto, ser animador o monitor infantil y que tengas un mal día...
Añado otra cosa más, el sudor. Desde niña me han sudado mucho las manos y los pies. He probado mil productos y ya he desistido, así que para mí este sería el mayor perjuicio. Aun así, como he dicho que lo prefiero: ¡bienvenido agosto, encantada de verte!
La primera está clara: el calor. Con todo lo que eso conlleva. No me suelo quejar del calor pero sí en noches en las que no puedes dormir. Además, para intentar llevarlo mejor, abres las ventanas, con lo que eso trae otras cosas malas. El ruido de los trasnochadores -en nuestra calle hay unos niños que juegan y gritan hasta altas horas- y los mosquitos. Aunque para mí son peor las moscas. No hago vida de ellas. ¡Qué molestas son!
Hablo mal del calor cuando tienes que ir a trabajar, claro está. El calor se ve diferente si puedes refrescarte en el mar o en la piscina, si puedes ir ligera de ropa o quedarte en casa al fresco. Aunque otra cosa mala de cuando te quedas en casa es la televisión. No hay nada bueno en la tele.
Aunque no es mi caso, entiendo que si no te gusta la playa o el agua o tienes alergia, odies el verano. Tambien porque la playa saca a la luz nuestros peores complejos y nos han bombardeado con falsos estereotipos de cuerpos diez.
También lo comprendo si no tienes vacaciones, pero sobre todo si ves marchar a los demás. Si tienes que trabajar en verano mal, pero siempre pienso que es peor trabajar cuando los demás están de vacaciones. Es decir, sector hostelería, por ejemplo. Trabajar en un hotel cuando los huéspedes llegan para descansar o ser camarero sirviendo refrescos a los que disfrutan del tiempo de ocio en la terraza, cocinar en un sitio de playa sudando, preparar el viaje de los demás en una agencia y estar pendiente del móvil por si tienen algún imprevisto, ser animador o monitor infantil y que tengas un mal día...
Añado otra cosa más, el sudor. Desde niña me han sudado mucho las manos y los pies. He probado mil productos y ya he desistido, así que para mí este sería el mayor perjuicio. Aun así, como he dicho que lo prefiero: ¡bienvenido agosto, encantada de verte!
martes, 26 de julio de 2016
Otros veranos
Hubo un tiempo en que en verano no pasaba nada... Te sobresaltaban los incendios y los accidentes de tráfico en medio de la agenda de fiestas de pueblos. Pero el resto, era morralla con la que tenías que rellenar, rebajas, una ola de calor, cuánta gente hay en la playa, la venta de helados...
Esos veranos que hacíamos prácticas mientras se iban de vacaciones los profesionales y aprendíamos tanto como nos divertíamos. Pocas veces creo que se disfruta tanto del trabajo como cuando estás de prácticas que te comes el mundo.
Y ahora resulta que hay veranos como éste que te vas a la cama todos los días atemorizado: 84 personas mueren atropelladas por un camión en Niza, intento de golpe de estado en Turquía, un refugiado afgano con un hacha siembra el pánico en un tren alemán, un chico suicida en Munich mata a 9 personas, a los pocos días un atentado bomba con 15 heridos en un festival de música de Baviera, otro tiroteo en una discoteca en Florida, 19 personas acuchilladas en Japón, 13 muertos en un doble atentado en el aeropuerto de Mogadiscio (Somalia)... -cada día que retraso este post tengo que añadir algún triste suceso más-. Y me horroriza. El mundo se ha vuelto loco.
Y lo que más asusta es que da igual las víctimas, incluso no hacen falta armas. Puedes estar viendo unos fuegos artificiales, que viajando en tren, en un concierto, en una discoteca, en una hamburguesería o en un centro de discapacitados. Eso es lo que da miedo de verdad. Darse cuenta de lo efímero que es todo, que la vida se escapa entre las manos, se escurre como si fuera agua.
Pero la vez, no debemos ceder al miedo, ése es su objetivo. Tenemos que aprender la lección, lo único bueno que se me ocurre entre tanta muerte: aprovechar el momento. Disfrutar, como lo hacíamos en aquellos veranos en los que lo único que nos preocupaba era saber a qué pueblo íbamos a grabar las fiestas.
Esos veranos que hacíamos prácticas mientras se iban de vacaciones los profesionales y aprendíamos tanto como nos divertíamos. Pocas veces creo que se disfruta tanto del trabajo como cuando estás de prácticas que te comes el mundo.
Y ahora resulta que hay veranos como éste que te vas a la cama todos los días atemorizado: 84 personas mueren atropelladas por un camión en Niza, intento de golpe de estado en Turquía, un refugiado afgano con un hacha siembra el pánico en un tren alemán, un chico suicida en Munich mata a 9 personas, a los pocos días un atentado bomba con 15 heridos en un festival de música de Baviera, otro tiroteo en una discoteca en Florida, 19 personas acuchilladas en Japón, 13 muertos en un doble atentado en el aeropuerto de Mogadiscio (Somalia)... -cada día que retraso este post tengo que añadir algún triste suceso más-. Y me horroriza. El mundo se ha vuelto loco.
Y lo que más asusta es que da igual las víctimas, incluso no hacen falta armas. Puedes estar viendo unos fuegos artificiales, que viajando en tren, en un concierto, en una discoteca, en una hamburguesería o en un centro de discapacitados. Eso es lo que da miedo de verdad. Darse cuenta de lo efímero que es todo, que la vida se escapa entre las manos, se escurre como si fuera agua.
Pero la vez, no debemos ceder al miedo, ése es su objetivo. Tenemos que aprender la lección, lo único bueno que se me ocurre entre tanta muerte: aprovechar el momento. Disfrutar, como lo hacíamos en aquellos veranos en los que lo único que nos preocupaba era saber a qué pueblo íbamos a grabar las fiestas.
lunes, 18 de julio de 2016
No lo abandones
Hoy toca post moral, lo advierto, pero no puedo por menos de intentar poner mi pequeñísimo grano de arena a una lacra que sitúa a España como el país con más abandonos de animales. He encontrado datos por internet que hablan de 150.000-200.000 abandonos de mascotas, 400 al día, lo que supone uno casi cada cinco minutos.
Seguro que recuerdan aquel anuncio de la Fundación Affinity en 1988 cuyo lema "No lo abandones. Él nunca lo haría" se me quedó grabado a fuego en el recuerdo... y en el corazón. Aquella mirada del perro, solo, en medio de la carretera. Era más pequeña y se me encogía el alma cada vez que lo veía en la tele, pero pensaba, -inocente de mí- que era un anuncio, una campaña publicitaria, con un perro escogido para tal efecto. No pensaba que podría haber alguien tan cruel cómo para parar en una gasolinera y dejarlo allí. Y subirse al coche y seguir viaje como si nada. La vida da tantas vueltas que no pensaba entonces que muchos años después, adoptaría no uno, sino dos, de estos animales abandonados.
Me encanta esa frase que circula por la red de que cuando abandonas a un animal porque ya no te sirve, tus hijos están aprendiendo la lección. Quizás hagan eso contigo cuando seas anciano...
Una de las cosas que más me llaman la atención de tener perro es cuando llegas a casa cómo te reciben. Da igual que hayas estado toda la mañana trabajando o te hayas ido sólo cinco minutos a comprar el pan, te reciben como si no te hubieran visto en días. Y cuando de verdad no te han visto en días, sólo les falta hablar. A mí me emociona ese recibimiento. Es lo mejor de volver.
No puedo entender que alguien, porque para mí es "alguien", a quien has querido durante días, alimentado, paseado, incluso besado, lleguen los calores del verano y te deshagas de él. ¡Qué no saben qué hacer con ellos en vacaciones dicen! ¿Llevártelo, quizás? Pedir el favor a algún familiar o amigo, llevarlo a una guardería canina o de viaje contigo, o si me apuras, no ir de vacaciones a ese sitio donde no aceptan animales, pero nunca, jamás, abandonarlo. Porque ahora sé que la gran verdad de aquella campaña publicitaria es que él nunca lo haría.
Seguro que recuerdan aquel anuncio de la Fundación Affinity en 1988 cuyo lema "No lo abandones. Él nunca lo haría" se me quedó grabado a fuego en el recuerdo... y en el corazón. Aquella mirada del perro, solo, en medio de la carretera. Era más pequeña y se me encogía el alma cada vez que lo veía en la tele, pero pensaba, -inocente de mí- que era un anuncio, una campaña publicitaria, con un perro escogido para tal efecto. No pensaba que podría haber alguien tan cruel cómo para parar en una gasolinera y dejarlo allí. Y subirse al coche y seguir viaje como si nada. La vida da tantas vueltas que no pensaba entonces que muchos años después, adoptaría no uno, sino dos, de estos animales abandonados.
Me encanta esa frase que circula por la red de que cuando abandonas a un animal porque ya no te sirve, tus hijos están aprendiendo la lección. Quizás hagan eso contigo cuando seas anciano...
Una de las cosas que más me llaman la atención de tener perro es cuando llegas a casa cómo te reciben. Da igual que hayas estado toda la mañana trabajando o te hayas ido sólo cinco minutos a comprar el pan, te reciben como si no te hubieran visto en días. Y cuando de verdad no te han visto en días, sólo les falta hablar. A mí me emociona ese recibimiento. Es lo mejor de volver.
No puedo entender que alguien, porque para mí es "alguien", a quien has querido durante días, alimentado, paseado, incluso besado, lleguen los calores del verano y te deshagas de él. ¡Qué no saben qué hacer con ellos en vacaciones dicen! ¿Llevártelo, quizás? Pedir el favor a algún familiar o amigo, llevarlo a una guardería canina o de viaje contigo, o si me apuras, no ir de vacaciones a ese sitio donde no aceptan animales, pero nunca, jamás, abandonarlo. Porque ahora sé que la gran verdad de aquella campaña publicitaria es que él nunca lo haría.
lunes, 25 de abril de 2016
Placeres de primavera
Aunque ya hace un mes que llegó la primavera como suele pasar hasta que no llegan los días soleados y se va un poco el frío no parece que estemos estrenando estación. Y como he hecho otras veces, esta también tiene sus placeres.
Para mí el primero, lo que comentaba al principio, más días de sol y mejor tiempo, que a mí me da la vida. Esa luz y calor me transmiten alegría. El segundo, los días son más largos. Aunque nunca he entendido el ahorro ese de las mañanas con el cambio de hora, por la tardes es una gozada tener más horas de luz, ver a la gente paseando, los parques llenos de gente y de vida.
Otro de mis placeres de primavera es obvio por el calendario: se acerca el verano y con él sus placeres. Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo porque prefiere el invierno, pero como yo soy de los meses cálidos, pues para mí estos tres placeres van unidos: el buen tiempo, los días largos y la proximidad del verano. Con más tiempo al aire libre, comienzan los picnics y barbacoas, ir al pinar o al parque o a la piscina. Y comenzar a programar las vacaciones, reservarlas, soñar con ellas que cada vez están más cerca, incluso hacer una escapadita del fin de semana. Otro de mis placeres al aire libre es salir al jardín a leer o a hacer manualidades.
Las flores. Me encantan los árboles en flor, los colores, parece que todo tiene más luz. (Lo siento mucho por los alérgicos). Aquí incluyo una recomendación para quien no haya visitado el Valle del Jerte, con sus cerezos en flor en todo su esplendor.
Las comidas más ligeras.Y la ropa también más ligera. Vuelvo otra vez a que todo es más colorido, la ropa incluida. Esos colores brillantes, amarillos, fucsia, ácidos...Sacar las bailarinas y las sandalias del armario y desterrar las botas. Comer ensalada y zumos de fruta que me encantan y ese primer helado me sabe a gloria.
Tomar el sol. Aunque todavía no se puede tumbar uno en bikini al sol, ya se puede ir cogiendo color con los paseos matutinos con el perro y sentarse en una terraza y sentir los rayos de sol en la cara. Poco a poco, ir quitándose ese blanco nuclear de la piel.
Es la época de las celebraciones: bodas y comuniones, sobre todo. A ponerse guapa y pasarlo bien con la familia y los amigos. Yo, desde luego lo hago, aprovecho para estar más al aire libre, me encanta salir a dar paseos más largos con el perro, leer en el jardín, tomar algo en una terraza, planeo las vacaciones, siento el sol y su energía, y disfruto del buen tiempo. ¡A disfrutar!
Para mí el primero, lo que comentaba al principio, más días de sol y mejor tiempo, que a mí me da la vida. Esa luz y calor me transmiten alegría. El segundo, los días son más largos. Aunque nunca he entendido el ahorro ese de las mañanas con el cambio de hora, por la tardes es una gozada tener más horas de luz, ver a la gente paseando, los parques llenos de gente y de vida.
Otro de mis placeres de primavera es obvio por el calendario: se acerca el verano y con él sus placeres. Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo porque prefiere el invierno, pero como yo soy de los meses cálidos, pues para mí estos tres placeres van unidos: el buen tiempo, los días largos y la proximidad del verano. Con más tiempo al aire libre, comienzan los picnics y barbacoas, ir al pinar o al parque o a la piscina. Y comenzar a programar las vacaciones, reservarlas, soñar con ellas que cada vez están más cerca, incluso hacer una escapadita del fin de semana. Otro de mis placeres al aire libre es salir al jardín a leer o a hacer manualidades.
Las flores. Me encantan los árboles en flor, los colores, parece que todo tiene más luz. (Lo siento mucho por los alérgicos). Aquí incluyo una recomendación para quien no haya visitado el Valle del Jerte, con sus cerezos en flor en todo su esplendor.
Las comidas más ligeras.Y la ropa también más ligera. Vuelvo otra vez a que todo es más colorido, la ropa incluida. Esos colores brillantes, amarillos, fucsia, ácidos...Sacar las bailarinas y las sandalias del armario y desterrar las botas. Comer ensalada y zumos de fruta que me encantan y ese primer helado me sabe a gloria.
Tomar el sol. Aunque todavía no se puede tumbar uno en bikini al sol, ya se puede ir cogiendo color con los paseos matutinos con el perro y sentarse en una terraza y sentir los rayos de sol en la cara. Poco a poco, ir quitándose ese blanco nuclear de la piel.
Es la época de las celebraciones: bodas y comuniones, sobre todo. A ponerse guapa y pasarlo bien con la familia y los amigos. Yo, desde luego lo hago, aprovecho para estar más al aire libre, me encanta salir a dar paseos más largos con el perro, leer en el jardín, tomar algo en una terraza, planeo las vacaciones, siento el sol y su energía, y disfruto del buen tiempo. ¡A disfrutar!
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miércoles, 30 de marzo de 2016
La vida rosa
Ya estoy aquí, un poco más tarde de lo habitual pero necesitaba desconectar estas vacaciones. Salir de la rutina, y eso que dicen que ésta es buena porque da orden y estabilidad a tu vida. Pero no siempre es cierto. A veces hay que salir de esa zona de confort para ver que hay más mundo fuera... y si te gusta, luchar por conseguirlo. No hace falta irse al Caribe a pensar, sólo basta con romper con eso que haces todos los días igual, dejar de ver las mismas caras, pasear por las mismas calles, ir a los mismos sitios... ¿No os parece que el coche va solo al trabajo o a casa porque se sabe el camino de memoria?
Lo que bien se dice "cambiar de aires". Otras veces hay que salir y ver otras cosas...para apreciar las tuyas. Es curiosa esta paradoja. Nos pasamos la vida comparándonos con otros, y por qué no decirlo, también envidiándoles, y pocas veces pensamos que alguien pueda estar comparándose con nosotros. Pensamos en otro coche, otro trabajo, vemos su familia, su casa bonita, sus viajes, su vida...y no nos paramos a compararla con nuestra fortuna. Hay que apreciar lo que tenemos antes de que sea tarde y disfrutarlo.
Para eso está muy bien hablar con otra gente, no sólo ver su vida desde fuera. Porque igual que hay que alejarse de los amargados que nos agobian con sus quejas, tampoco son buenos los "super-happy-de-la-vida" que nos cansan con su vida de cuento. Esa gente que no tiene problemas, todo está bien, no se queja de nada, su familia parece de revista y tiene una vida de color de rosa. Ese extremo no es real, parecen un anuncio. La vida es menos rosa por eso hay que disfrutar intensamente los momentos en que es fucsia.
Lo que bien se dice "cambiar de aires". Otras veces hay que salir y ver otras cosas...para apreciar las tuyas. Es curiosa esta paradoja. Nos pasamos la vida comparándonos con otros, y por qué no decirlo, también envidiándoles, y pocas veces pensamos que alguien pueda estar comparándose con nosotros. Pensamos en otro coche, otro trabajo, vemos su familia, su casa bonita, sus viajes, su vida...y no nos paramos a compararla con nuestra fortuna. Hay que apreciar lo que tenemos antes de que sea tarde y disfrutarlo.
Para eso está muy bien hablar con otra gente, no sólo ver su vida desde fuera. Porque igual que hay que alejarse de los amargados que nos agobian con sus quejas, tampoco son buenos los "super-happy-de-la-vida" que nos cansan con su vida de cuento. Esa gente que no tiene problemas, todo está bien, no se queja de nada, su familia parece de revista y tiene una vida de color de rosa. Ese extremo no es real, parecen un anuncio. La vida es menos rosa por eso hay que disfrutar intensamente los momentos en que es fucsia.
lunes, 22 de febrero de 2016
Respeto
Dicen que donde fueres haz lo que vieres, y esto sirve para muchas ocasiones en la vida, sobre todo para viajar. Ahí sí que ves las costumbres de otras ciudades, otras culturas, otras comidas, otras religiones. Entonces, puedes ser mero observador o participar, puedes ver la Mezquita azul de Estambul por fuera o entrar, y para ello tendrás que cubrirte con un velo. Puedes admirar la catedral de Milán o verla por dentro, y para ello, no podrás hacerlo en pantalón corto ni tirantes.
Ahora que llega Semana Santa, igual. Puedes planear tus vacaciones en la playa o descansar en casa. Puedes escaparte a esquiar o salir en una procesión. Pero si viajas a un sitio con mucha tradición de Semana Santa, deberás hacerlo con respeto. No reirse de sus trajes ni tradiciones, si es costumbre verlas en silencio, cállate, y si se cantan saetas, escúchalas. Admira los pasos, aunque no los veas con los ojos de la fe, las esculturas, el arte. Huele el incienso, oye los tambores, sorpréndete con los pies descalzos. Pero no cuestiones por qué llevan una cruz a hombros ni por qué visitan siete iglesias en Jueves Santo o no comen carne los viernes de Cuaresma.
Y sobre todo, cuando viajes a una ciudad, ve con la lección aprendida. Quiero decir, viaja sabiendo a lo que vas, a dónde vas. Quizás te encuentres con calles cortadas, o pase una procesión justo por la esquina donde ibas a acortar tu paseo, o toquen una campana a las dos de la mañana o una trompeta se pare a tocar el himno a tu lado. Asómbrate, quizás te desconcierte, pero no protestes. Te aseguro que si te metes en ese ambiente, puede llegar a sobrecogerte. Contémplalo desde el respeto y la tradición.
Ahora que llega Semana Santa, igual. Puedes planear tus vacaciones en la playa o descansar en casa. Puedes escaparte a esquiar o salir en una procesión. Pero si viajas a un sitio con mucha tradición de Semana Santa, deberás hacerlo con respeto. No reirse de sus trajes ni tradiciones, si es costumbre verlas en silencio, cállate, y si se cantan saetas, escúchalas. Admira los pasos, aunque no los veas con los ojos de la fe, las esculturas, el arte. Huele el incienso, oye los tambores, sorpréndete con los pies descalzos. Pero no cuestiones por qué llevan una cruz a hombros ni por qué visitan siete iglesias en Jueves Santo o no comen carne los viernes de Cuaresma.
Y sobre todo, cuando viajes a una ciudad, ve con la lección aprendida. Quiero decir, viaja sabiendo a lo que vas, a dónde vas. Quizás te encuentres con calles cortadas, o pase una procesión justo por la esquina donde ibas a acortar tu paseo, o toquen una campana a las dos de la mañana o una trompeta se pare a tocar el himno a tu lado. Asómbrate, quizás te desconcierte, pero no protestes. Te aseguro que si te metes en ese ambiente, puede llegar a sobrecogerte. Contémplalo desde el respeto y la tradición.
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domingo, 17 de enero de 2016
De viaje con mi perro
Para quienes tenemos animales y nos gusta viajar, el hecho de ir con ellos de vacaciones cierra un círculo perfecto. Casi perfecto, si tenemos en cuenta los pocos medios de transporte donde pueden viajar o que algunos hoteles y bares no tienen permitida la entrada.
La primera vez que hicimos un viaje fue con nuestra anterior perrita, cuando descubrimos lo que le gustaba ir en coche. Iba tan feliz en el maletero, mirando por la ventana de atrás. Fuimos a Asturias, había reservado un hotel que admitía perros pero cuando llegamos allí, nos cambiaron a otro que acababan de abrir nuevo. No una casa rural, ni un apartamento, una habitación de hotel nueva. Digo esto porque en viajes posteriores, curiosamente, he tenido más problemas en otros tipos de alojamientos más que en hoteles de tres y cuatro estrellas. Yuma, como ahora Tango, se porta fenomenal en los viajes. Sale a ver la ciudad con nosotros, pateamos, buscamos un sitio con terraza para comer, nos intercambiamos al perro para entrar a ver las iglesias y vuelve a la habitación igual de cansado que nosotros. E igual de feliz. Para mí es un placer estar con él todo el tiempo y compartir un fin de semana de ocio y turismo.
Después de ese viaje, hemos visitado juntos muchos más. Obviamente hay sitios donde no puede entrar o donde no se nos ocurre llevarlo, pero incluso en algunas tiendas en algunas ciudades me han dicho que pasara con él. Por supuesto, agradezco también a todos aquellos familiares de fuera que también han admitido a mis perros cuando he ido a visitarlos a casa.
Una vez leí un cartel que se admitían perros en el hotel porque ellos nunca llegaban borrachos, ni habían tenido broncas ni juergas, ni habían robado toallas como hacen otros huéspedes. Lo mismo ocurre en las playas. En la mayoría de ellas no están admitidos los animales, ni siquiera pueden correr por la arena por la mañana cuando no hay gente. Es una suerte que muy cerca de donde veraneo haya una playa can donde pueda juntar dos placeres: estar con mi perro y tomar el sol en la playa. Y cumpliendo unas normas básicas de comportamiento y limpieza, se portan mejor que muchos humanos.
Por el tamaño de ambos perros no puedo viajar con ellos en autobús ni en tren - Sandra Barneda comenzó una campaña recogiendo firmas para pedírselo a Renfe- , por lo que el coche es el único medio de transporte que hemos utilizado, a pesar de que a Tango le da miedo. Dice mi veterinaria que quizás en su día lo abandonaron en el campo en coche y ahora le genera estrés. Aunque con todos los sitios donde lo he llevado ya, y lo bien que lo pasa cuando llegamos a destino, debería haber aprendido que no lo voy a dejar, que me encanta que venga con nosotros y que vayamos de vacaciones. Juntos. ¡Feliz San Antón!
La primera vez que hicimos un viaje fue con nuestra anterior perrita, cuando descubrimos lo que le gustaba ir en coche. Iba tan feliz en el maletero, mirando por la ventana de atrás. Fuimos a Asturias, había reservado un hotel que admitía perros pero cuando llegamos allí, nos cambiaron a otro que acababan de abrir nuevo. No una casa rural, ni un apartamento, una habitación de hotel nueva. Digo esto porque en viajes posteriores, curiosamente, he tenido más problemas en otros tipos de alojamientos más que en hoteles de tres y cuatro estrellas. Yuma, como ahora Tango, se porta fenomenal en los viajes. Sale a ver la ciudad con nosotros, pateamos, buscamos un sitio con terraza para comer, nos intercambiamos al perro para entrar a ver las iglesias y vuelve a la habitación igual de cansado que nosotros. E igual de feliz. Para mí es un placer estar con él todo el tiempo y compartir un fin de semana de ocio y turismo.
Después de ese viaje, hemos visitado juntos muchos más. Obviamente hay sitios donde no puede entrar o donde no se nos ocurre llevarlo, pero incluso en algunas tiendas en algunas ciudades me han dicho que pasara con él. Por supuesto, agradezco también a todos aquellos familiares de fuera que también han admitido a mis perros cuando he ido a visitarlos a casa.
Una vez leí un cartel que se admitían perros en el hotel porque ellos nunca llegaban borrachos, ni habían tenido broncas ni juergas, ni habían robado toallas como hacen otros huéspedes. Lo mismo ocurre en las playas. En la mayoría de ellas no están admitidos los animales, ni siquiera pueden correr por la arena por la mañana cuando no hay gente. Es una suerte que muy cerca de donde veraneo haya una playa can donde pueda juntar dos placeres: estar con mi perro y tomar el sol en la playa. Y cumpliendo unas normas básicas de comportamiento y limpieza, se portan mejor que muchos humanos.
Por el tamaño de ambos perros no puedo viajar con ellos en autobús ni en tren - Sandra Barneda comenzó una campaña recogiendo firmas para pedírselo a Renfe- , por lo que el coche es el único medio de transporte que hemos utilizado, a pesar de que a Tango le da miedo. Dice mi veterinaria que quizás en su día lo abandonaron en el campo en coche y ahora le genera estrés. Aunque con todos los sitios donde lo he llevado ya, y lo bien que lo pasa cuando llegamos a destino, debería haber aprendido que no lo voy a dejar, que me encanta que venga con nosotros y que vayamos de vacaciones. Juntos. ¡Feliz San Antón!
lunes, 7 de diciembre de 2015
Maleta
La maleta se llena de "por si acasos". Siempre, da igual que sea verano que invierno, que vayas de viaje de trabajo o de ocio. Por si llueve, por si hace frío, por si el hotel tiene piscina, por si hay una cena más arreglada...La maleta es eso que llenas de ilusión antes de irte y que cuando vuelves te da pereza deshacer porque la lavadora con la ropa sucia te devuelve a la cruda realidad: has vuelto.
Hay gente muy ordenada haciendo maletas, que lo apunta todo, que la prepara días antes, en cambio otros improvisan, otros apenas necesitan media hora, otros llenan la cama de ropa antes de meterla en la maleta...Hay maletas de vacaciones, que llenas con ganas de descansar, otras son viajes de negocios, con ropa más elegante de trabajo, otras maletas llevan vestidos de boda y tacones, otras sólo bikinis para tirarse en la playa, maletas de mano, maletas para cruzar el océano... Todas ellas siempre llevarán más de lo que te pondrás, incluso a veces más de lo que cabe. No será la primera vez que ves a alguien tirado en el suelo del aeropuerto jugando al tetris con la maleta.
En casa he visto mucho hacer maletas -por trabajo y por vacaciones-, me sé los consejos de memoria y también he leído varios trucos y, aunque algunos los pongo en práctica y otros ya los sabía, el "por si acaso" y la ropa que vuelve intacta no falla nunca. Depende del destino, del clima y de la duración, pero ahí van unos consejos: lo que pesa más se pone abajo junto con el neceser, también abajo para que si se sale algún líquido no manche toda la ropa, aprovechar lo huecos de los zapatos (que siempre irán en bolsas independientes para no ensuciar) para meter otras cosas y que vaya quedando compacta, ropa enrollada que ocupa menos, blusas y vestidos lo último para que no se arrugue, los cinturones estirados al borde de la maleta, colores neutros que combinan con todo, ropa cómoda y versátil y llevar puesto lo que ocupe más.
Los accesorios también es otra cosa que metes por si acaso y muchas veces no te pones, bolsos, collares, pulseras, bufandas...luego vamos con lo mismo todos los días. Yo ya tengo adjudicados bolsos de viajes, que como digo yo, conocen mundo. ¿Qué decís de lo que ocupan los zapatos? ¿y las botas? Por eso siempre llevo sólo un par de repuesto, que suele ser zapato bajo o calzado deportivo. No entiendo la gente que va a patear una ciudad con tacones.
Un conjunto básico y ropa interior en la bolsa de mano si facturas no vayas a tener la mala suerte de que te lo pierdan. Un fular que siempre te saca de un aprieto si tienes frío en el avión o tren. A todo esto, hay que dejar hueco por si vuelves con algo de más... ¡ay esos caprichitos! No olvidar una bolsa vacía para la ropa sucia, el cargador del móvil y la cámara de fotos.
Y lo más importante, llenarla con ganas de hacer turismo, de desconectar y de disfrutar. ¡Os dejo que yo estoy llenando la maleta de ilusión!
Hay gente muy ordenada haciendo maletas, que lo apunta todo, que la prepara días antes, en cambio otros improvisan, otros apenas necesitan media hora, otros llenan la cama de ropa antes de meterla en la maleta...Hay maletas de vacaciones, que llenas con ganas de descansar, otras son viajes de negocios, con ropa más elegante de trabajo, otras maletas llevan vestidos de boda y tacones, otras sólo bikinis para tirarse en la playa, maletas de mano, maletas para cruzar el océano... Todas ellas siempre llevarán más de lo que te pondrás, incluso a veces más de lo que cabe. No será la primera vez que ves a alguien tirado en el suelo del aeropuerto jugando al tetris con la maleta.
En casa he visto mucho hacer maletas -por trabajo y por vacaciones-, me sé los consejos de memoria y también he leído varios trucos y, aunque algunos los pongo en práctica y otros ya los sabía, el "por si acaso" y la ropa que vuelve intacta no falla nunca. Depende del destino, del clima y de la duración, pero ahí van unos consejos: lo que pesa más se pone abajo junto con el neceser, también abajo para que si se sale algún líquido no manche toda la ropa, aprovechar lo huecos de los zapatos (que siempre irán en bolsas independientes para no ensuciar) para meter otras cosas y que vaya quedando compacta, ropa enrollada que ocupa menos, blusas y vestidos lo último para que no se arrugue, los cinturones estirados al borde de la maleta, colores neutros que combinan con todo, ropa cómoda y versátil y llevar puesto lo que ocupe más.
Los accesorios también es otra cosa que metes por si acaso y muchas veces no te pones, bolsos, collares, pulseras, bufandas...luego vamos con lo mismo todos los días. Yo ya tengo adjudicados bolsos de viajes, que como digo yo, conocen mundo. ¿Qué decís de lo que ocupan los zapatos? ¿y las botas? Por eso siempre llevo sólo un par de repuesto, que suele ser zapato bajo o calzado deportivo. No entiendo la gente que va a patear una ciudad con tacones.
Un conjunto básico y ropa interior en la bolsa de mano si facturas no vayas a tener la mala suerte de que te lo pierdan. Un fular que siempre te saca de un aprieto si tienes frío en el avión o tren. A todo esto, hay que dejar hueco por si vuelves con algo de más... ¡ay esos caprichitos! No olvidar una bolsa vacía para la ropa sucia, el cargador del móvil y la cámara de fotos.
Y lo más importante, llenarla con ganas de hacer turismo, de desconectar y de disfrutar. ¡Os dejo que yo estoy llenando la maleta de ilusión!
lunes, 21 de septiembre de 2015
El final del verano
Ahora que se acaba el verano ya sólo queda recordar esos pequeños placeres de esta estación. Mis placeres. Mi estación. Aunque cada una tiene sus características, esos pequeños detalles que te alegran el día, cada uno tiene sus gustos personales. Algunos no soportan el calor, otros prefieren andar sobre las hojas caídas de los árboles, otros están a gusto con botas de lluvia y otros con la bufanda y los guantes.
A mí por ejemplo, aunque el otoño no me gusta especialmente porque me pone melancólica, me gustan estos días de cielo azul y ambiente preotoñal, ese colorido naranja y ese olor a nuevo que tiene septiembre. Parece que estrenamos todo, libros y cuadernos, curso y ¡vida nueva!
Pero no cabe duda de que prefiero el verano y así, como homenaje, tras mis primeros placeres de verano ahí van diez más como despedida:
12: Leer en la playa. Es cuando más disfruto de esta afición.
13: Los bikinis. Ya he dicho lo que me gusta comprarlos nuevos, a pesar de que se vean nuestros complejos.
14: Celebrar mi cumpleaños con los que más quiero y recibir tantas llamadas y mensajes.
15: Las sandalias versus andar descalzo. Me gustan mucho las dos cosas, una para la calle, la otra para casa.
16: Que anochezca tarde. Me encantan los días largos, disfrutar de tantas horas de luz.
17: Secarse el pelo al aire libre.
18: Bonitos atardeceres que suele fotografiar. No me resisto cuando veo ese color en el cielo, aunque sí debo destacar uno que vi "en primera fila" en Ibiza, con el sol escondiéndose en el mar como una pelota naranja
19: Las fiestas, las de los pueblos y las de Valladolid, aunque éstas anuncian que ya se acaba el verano. La vida de los pueblos me recuerda siempre al verano.
20: Las largas sobremesas, acabar casi cenando cuando quedaste a comer
Y uno de regalo, un placer sólo de MIS veranos en Gandía, que sólo entenderán algunos: compartir un Agua de Valencia (normalmente, con mis primos). ¡Brindemos por el final de verano y el inicio de un nuevo curso!
A mí por ejemplo, aunque el otoño no me gusta especialmente porque me pone melancólica, me gustan estos días de cielo azul y ambiente preotoñal, ese colorido naranja y ese olor a nuevo que tiene septiembre. Parece que estrenamos todo, libros y cuadernos, curso y ¡vida nueva!
Pero no cabe duda de que prefiero el verano y así, como homenaje, tras mis primeros placeres de verano ahí van diez más como despedida:
12: Leer en la playa. Es cuando más disfruto de esta afición.
13: Los bikinis. Ya he dicho lo que me gusta comprarlos nuevos, a pesar de que se vean nuestros complejos.
14: Celebrar mi cumpleaños con los que más quiero y recibir tantas llamadas y mensajes.
15: Las sandalias versus andar descalzo. Me gustan mucho las dos cosas, una para la calle, la otra para casa.
16: Que anochezca tarde. Me encantan los días largos, disfrutar de tantas horas de luz.
17: Secarse el pelo al aire libre.
18: Bonitos atardeceres que suele fotografiar. No me resisto cuando veo ese color en el cielo, aunque sí debo destacar uno que vi "en primera fila" en Ibiza, con el sol escondiéndose en el mar como una pelota naranja
19: Las fiestas, las de los pueblos y las de Valladolid, aunque éstas anuncian que ya se acaba el verano. La vida de los pueblos me recuerda siempre al verano.
20: Las largas sobremesas, acabar casi cenando cuando quedaste a comer
Y uno de regalo, un placer sólo de MIS veranos en Gandía, que sólo entenderán algunos: compartir un Agua de Valencia (normalmente, con mis primos). ¡Brindemos por el final de verano y el inicio de un nuevo curso!
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lunes, 14 de septiembre de 2015
Viajar
Si hay algo que me gusta mucho es viajar. Viajar a la vuelta de la esquina o lejos, hacer excursiones al pueblo de al lado o escapadas un poco más largas o unas vacaciones en toda regla. Me encanta y tengo la suerte de poder hacerlo. Aunque todo con sus condiciones. He tenido la suerte de viajar mucho con mis padres de pequeña y ahora de tener una persona a mi lado que comparte esta misma filosofía.
Tenemos poco tiempo y poco dinero, así que esos son los condicionantes a los viajes. Descartamos destinos por tiempo o por dinero. Normalmente no podemos disponer de 2 semanas seguidas para cruzar el charco -aunque sí lo hemos hecho en un par de ocasiones- ni mucho dinero para dar la vuelta al mundo como me gustaría. ¡Hay tantos sitios por ver!
Estos condicionantes hacen que nuestro momento "planear viaje" sea más largo. Entro mucho en internet para buscar vuelos baratos, hace tiempo que no voy a un buen hotel, sino que nos quedamos en otro tipo de alojamientos -si es en territorio nacional suelo buscar que acepten animales para poder viajar con nuestro perro- y a veces tenemos que cambiar de opción porque sale más barato, o de día o incluso de destino. Pero me da igual, lo importante para mí es disfrutarlo, saborearlo, preparar la maleta, visitar sitios, hacer muchas fotos, aprender y conocer mundo.
Y si hay algo que no me gusta es la típica coletilla de "¡cómo vives!". Como si el que lo está diciendo no hubiera pisado jamás una playa o no hubiera ido en coche a otra ciudad. O a lo mejor es verdad que no pero porque no quiere o porque no le gusta, o porque prefiere el remanso de paz de su casa, o quedarse leyendo en el sofá o bañarse en la piscina o ir a las fiestas de su pueblo. Y me parece fantástico porque todo es lícito, cada uno escoge lo que más le gusta. Eso es para mí lo importante: ¡disfrútalo! Si te gusta más comer y tienes el frigorífico lleno de cosas ricas, o prefieres un bolso caro, o vestir a tu hijo con mucha ropa, o gastarte un bono de la piscina, o salir de copas o comprar el último modelo de teléfono o eliges hacer deporte o vivir en una casa más grande...cada uno disfruta con lo que más le gusta. ¡Vive!
Me gusta ir a sitios que no conozco o si ya he estado ver y hacer cosas que no hice la anterior vez, descubrir momentos. Me gusta hacer turismo, visitar los monumentos, comer lo típico, comprar souvenirs... Dicho esto os escribo desde las fiestas del pueblo de mi suegro, así que a seguir disfrutando!!
Tenemos poco tiempo y poco dinero, así que esos son los condicionantes a los viajes. Descartamos destinos por tiempo o por dinero. Normalmente no podemos disponer de 2 semanas seguidas para cruzar el charco -aunque sí lo hemos hecho en un par de ocasiones- ni mucho dinero para dar la vuelta al mundo como me gustaría. ¡Hay tantos sitios por ver!
Estos condicionantes hacen que nuestro momento "planear viaje" sea más largo. Entro mucho en internet para buscar vuelos baratos, hace tiempo que no voy a un buen hotel, sino que nos quedamos en otro tipo de alojamientos -si es en territorio nacional suelo buscar que acepten animales para poder viajar con nuestro perro- y a veces tenemos que cambiar de opción porque sale más barato, o de día o incluso de destino. Pero me da igual, lo importante para mí es disfrutarlo, saborearlo, preparar la maleta, visitar sitios, hacer muchas fotos, aprender y conocer mundo.
Y si hay algo que no me gusta es la típica coletilla de "¡cómo vives!". Como si el que lo está diciendo no hubiera pisado jamás una playa o no hubiera ido en coche a otra ciudad. O a lo mejor es verdad que no pero porque no quiere o porque no le gusta, o porque prefiere el remanso de paz de su casa, o quedarse leyendo en el sofá o bañarse en la piscina o ir a las fiestas de su pueblo. Y me parece fantástico porque todo es lícito, cada uno escoge lo que más le gusta. Eso es para mí lo importante: ¡disfrútalo! Si te gusta más comer y tienes el frigorífico lleno de cosas ricas, o prefieres un bolso caro, o vestir a tu hijo con mucha ropa, o gastarte un bono de la piscina, o salir de copas o comprar el último modelo de teléfono o eliges hacer deporte o vivir en una casa más grande...cada uno disfruta con lo que más le gusta. ¡Vive!
Me gusta ir a sitios que no conozco o si ya he estado ver y hacer cosas que no hice la anterior vez, descubrir momentos. Me gusta hacer turismo, visitar los monumentos, comer lo típico, comprar souvenirs... Dicho esto os escribo desde las fiestas del pueblo de mi suegro, así que a seguir disfrutando!!
domingo, 9 de agosto de 2015
Placeres de verano
Verano. No me gusta la gente que en verano se queja del calor y en invierno del frío, en diciembre de las Navidades y en Semana Santa de las procesiones...¡qué cansinos! Esto daría para un blog entero pero he comenzado a enumerar mis placeres de verano.
Reconozco que juego con ventaja porque a mí me gusta mucho el verano y lo que representa -ya veremos si me salen tantos "placeres de invierno"...- pero sobre todo me gusta esas cosas que sólo se permiten en está epoca, esa sensación de descanso y de libertad.
- Compartir con tu perro un café/helado en una terraza a la sombra. Sé que este sólo lo entenderán los dueños de perros, pero para mí es un placer compartir un ratito de ocio con él.
- Compartir un buen mojito con una buena amiga y buena conversación en una terraza por la noche. Ya me conoceréis, pero me gusta mucho hablar, los mojitos, las amigas y las terrazas. Combinación perfecta.
- Compartir cena y copita con otra pareja de amigos. Este se puede hacer en invierno perfectamente pero parece que el verano invita más a salir.
- Barbacoa con amigos. Esto se ha convertido ya en una tradición en el grupo de amigos, que sumado al siguiente punto, resulta también una jornada espléndida.
- Sol y piscina. Me gusta tomar el sol y refrescarme en la piscina cuando ya tengo mucho calor.
- Helados. Sin explicación, me pirran...preferiblemente artesanos y de cucurucho.
- El "gran placer": el mar y la playa. Aquí no tengo nada más que añadir, simplemente me encanta.
- Levantarse sin despertador, incluso estar sin reloj todo el día. Libertad.
- Desayunar en la terraza tranquilamente leyendo el periódico. Tranquilidad.
- La siesta. La de verano sabe mejor...
- Andar todo el día por ahí sin maquillar, morenita y relajada.
A la hora de escribir este post llevo enumerados estos placeres de verano, que seguro me saldrán más antes de acabar esta estación. Mientras tanto, a seguir disfrutando, quedan muchos días, muchos placeres, mucho verano...
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