Mira por la ventana. Las gotas de agua resbalan por el cristal cual lágrimas. Cierra los ojos triste. Un día tras otro un cielo gris plomizo que amenaza malos augurios. Y de repente, un estruendo y la descarga, como enfurecido. La mansa lluvia se transforma en tormenta y poco a poco en pequeños pedruscos, obligándole a permanecer en casa un día más. Oye el ruido del viento ensordecedor.
Apatía, melancolía, falta de energía como si estuviera enchufada a una bombilla y se hubiera fundido. Como los días sin luz. Lástima de ventanal en el salón por donde tendrían que filtrarse los rayos de sol e iluminar la casa. Y su cara.
Mira a su perro, dormido. Desidia. No hay paseo. Limpia las botas de agua de barro porque ayer le pilló la tormenta en la calle. Cambio climático lo llaman. O quizás sólo primavera. En la tele dicen que ha llovido 21 días de marzo. Días cortos, fríos y húmedos. ¿Cómo sobrevivirán en algunas ciudades grises? Cierra los ojos y piensa en la playa. Casi puede oír el mar. Recuerda su escapada al pueblo de montaña donde les recibió un sol primaveral.
En el telediario preguntan si el tiempo afecta a los estados de ánimo. Aunque no hay estudios que lo corroboren bromean con que el "trastorno afectivo estacional" se traduce en inglés como Seasonal Affective Disorder, cuyas siglas forman la palabra SAD, que significa triste. Ella lo tiene claro. No necesita investigaciones científicas ni refranes de "al mal tiempo buena cara". Sólo repica en su mente "abril, aguas mil". Como las gotas de lluvia en sus cristales. Cierra los ojos.
Pero la primavera tiene estas contradicciones y un día el sol se hace fuerte y entra por ese ventanal, como una explosión de luz iluminando la vida. Los parques se llenan de niños y risas. Vuelven los paseos largos al atardecer. Anochece más tarde y los días se hacen más largos para poder exprimirlos mejor. Las flores se abren paso en su cerezo. Su perro se tumba en el césped, se revuelca, juega. Vuelve el pantalón corto y el ejercicio al aire libre. Abre el balcón, se oyen las voces de la gente en las terrazas. Coge un libro y sale al jardín. Su pequeño remanso de paz. El sol le da en la cara y enciende su sonrisa. Cierra los ojos y disfruta.
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miércoles, 25 de abril de 2018
domingo, 8 de noviembre de 2015
Placeres de otoño
Otoño es sinónimo de paisajes con hojas secas. No hay más que escribir otoño en internet y sale miles de fotos de maravillosos bosques naranjas. Y aunque no es cierto que solamos ir todos los fines de semana a esos parajes preciosos, no es menos cierto que es lo que más me gusta de esta época del año: ese tono naranja del paisaje y las hojas caídas de los árboles, pisarlas, recogerlas, mirar los colores....Pasear también me gusta, ¡pero no bajo la lluvia!
Ademas, mis placeres de otoño son:
-Los platos de cuchara, sobre todo el cocido
-Andar por casa en calcetines
-Los jerseys.
-Las botas. Me gustan las botas altas y las de lluvia.
-Las pasminas, fulares y cuando hace más frío, las bufandas. Ya lo he dicho en otro post y para acompañar, bonitos sombreros y gorros de lana.
-Un café calentito
-Las castañas
-Dormir con pijama
-Una tarde de manualidades
-Escapadas otoñales a una casa rural
-Un domingo de sofá, manta, peli y/o libro. Quien tenga chimenea, perfecto, sino enciende unas velas.
-Se aproximan las Navidades con todo lo que eso conlleva, que también me gusta: las luces de las calles, salir de compras, los adornos, los catálogos, los dulces...
Dicho esto, vuelvo de un paseo con Tango por el monte, admirando las hojas después de haber comido un cocido. Hace 20 grados y brilla un sol que me da la vida después de unos días de lluvias. Dicen que es el veranillo de San Martín, así que bienvenido, porque si algo me gusta de verdad del otoño son esos días frescos pero soleados de cielo azul...primaveral.
Ademas, mis placeres de otoño son:
-Los platos de cuchara, sobre todo el cocido
-Andar por casa en calcetines
-Los jerseys.
-Las botas. Me gustan las botas altas y las de lluvia.
-Las pasminas, fulares y cuando hace más frío, las bufandas. Ya lo he dicho en otro post y para acompañar, bonitos sombreros y gorros de lana.
-Un café calentito
-Las castañas
-Dormir con pijama
-Una tarde de manualidades
-Escapadas otoñales a una casa rural
-Un domingo de sofá, manta, peli y/o libro. Quien tenga chimenea, perfecto, sino enciende unas velas.
-Se aproximan las Navidades con todo lo que eso conlleva, que también me gusta: las luces de las calles, salir de compras, los adornos, los catálogos, los dulces...
Dicho esto, vuelvo de un paseo con Tango por el monte, admirando las hojas después de haber comido un cocido. Hace 20 grados y brilla un sol que me da la vida después de unos días de lluvias. Dicen que es el veranillo de San Martín, así que bienvenido, porque si algo me gusta de verdad del otoño son esos días frescos pero soleados de cielo azul...primaveral.
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