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martes, 17 de enero de 2017

San Antón

No sé en qué momento se creó esta rivalidad niños y perros que existe, o por lo menos que yo aprecio intensamente donde vivo. No sé por qué si se hace un comentario sobre qué sucio está un parque (donde lo que abundan son bolsas de gusanitos y papeles de caramelos que obviamente no ha tirado un perro), la gente tiene que decir rápidamente que también hay cacas de animales. Sé que esto es muy escatológico, pero a lo que voy con este tema es a mezclar churras con merinas, a la intolerancia de la gente, a que me parece que ya no podemos ni convivir.

No sé por qué si alguien dice que un perro no para de ladrar, alguien contesta que su hijo grita mucho, si otro protesta porque los columpios nuevos ya están rotos, se replica que los perros no pueden entrar al parque, que tu perro no puede ir suelto sin correa, ni tus hijos jugar al balón en medio de la carretera. ¿No podemos vivir juntos? ¿No pueden crecer los niños rodeados de animales y aprender unos de otros? ¿No estaría bien que se tirara el resto del bocadillo de la merienda a la misma papelera que los excrementos del perro? Quizás así enseñamos a los niños el significado de la palabra responsabilidad, educar a un animal y respeto por las cosas públicas.

No sé en qué momento nos volvimos tan intolerantes, tan criticones, tan poco cívicos como para no educar a perros -más bien a dueños- ni a niños, con sus diferencias, pero a vivir juntos. Obviamente no tienen la culpa los animales, sino las personas encargadas de ellos. Es un tema de educación y respeto en todos los sentidos.

Sí, yo debo educar a mi perro para que se comporte cívicamente en la calle, no ladre ni moleste a la gente que está a mi lado porque probablemente no le guste mi mascota, exactamente igual que tú debes educar a tu hijo a que se comporte cívicamente en la calle, no chille ni moleste a la gente que está al lado porque a lo mejor no le gustan los niños -que también puede ser, aunque parezca más extraño-. Y así, los parques estarán limpios, que cuando nos interesa es lo único que preocupa a los vecinos, y se podrá convivir en paz. Y entonces descubriremos el vínculo especial de niños y perros, un lenguaje en el que los perros reclaman cariño y los niños encontrarán en ellos el amigo más fiel. Por cierto, feliz San Antón a todos.




lunes, 25 de abril de 2016

Placeres de primavera

Aunque ya hace un mes que llegó la primavera como suele pasar hasta que no llegan los días soleados y se va un poco el frío no parece que estemos estrenando estación. Y como he hecho otras veces, esta también tiene sus placeres.

Para mí el primero, lo que comentaba al principio, más días de sol y mejor tiempo, que a mí me da la vida. Esa luz y calor me transmiten alegría. El segundo, los días son más largos. Aunque nunca he entendido el ahorro ese de las mañanas con el cambio de hora, por la tardes es una gozada tener más horas de luz, ver a la gente paseando, los parques llenos de gente y de vida.

Otro de mis placeres de primavera es obvio por el calendario: se acerca el verano y con él sus placeres. Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo porque prefiere el invierno, pero como yo soy de los meses cálidos, pues para mí estos tres placeres van unidos: el buen tiempo, los días largos y la proximidad del verano. Con más tiempo al aire libre, comienzan los picnics y barbacoas, ir al pinar o al parque o a la piscina. Y comenzar a programar las vacaciones, reservarlas, soñar con ellas que cada vez están más cerca, incluso hacer una escapadita del fin de semana. Otro de mis placeres al aire libre es salir al jardín a leer o a hacer manualidades.


Las flores. Me encantan los árboles en flor, los colores, parece que todo tiene más luz. (Lo siento mucho por los alérgicos). Aquí incluyo una recomendación para quien no haya visitado el Valle del Jerte, con sus cerezos en flor en todo su esplendor.

Las comidas más ligeras.Y la ropa también más ligera. Vuelvo otra vez a que todo es más colorido, la ropa incluida. Esos colores brillantes, amarillos, fucsia, ácidos...Sacar las bailarinas y las sandalias del armario y desterrar las botas. Comer ensalada y zumos de fruta que me encantan y ese primer helado me sabe a gloria.

Tomar el sol. Aunque todavía no se puede tumbar uno en bikini al sol, ya se puede ir cogiendo color con los paseos matutinos con el perro y sentarse en una terraza y sentir los rayos de sol en la cara. Poco a poco, ir quitándose ese blanco nuclear de la piel.

Es la época de las celebraciones: bodas y comuniones, sobre todo. A ponerse guapa y pasarlo bien con la familia y los amigos. Yo, desde luego lo hago, aprovecho para estar más al aire libre, me encanta salir a dar paseos más largos con el perro, leer en el jardín, tomar algo en una terraza, planeo las vacaciones, siento el sol y su energía, y disfruto del buen tiempo. ¡A disfrutar!