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martes, 23 de enero de 2018

Viaje de cuento

Disculpad por la tardanza en continuar con mi cuento de Navidad como tenía pensado, pero como esto no es un blog de viajes al uso, sino uno más personal, se han colado un par de post antes de explicar dónde estuvimos en el puente de diciembre: Alsacia. Aunque nosotros volamos a Frankfurt, es esa zona en el nordeste de Francia, en la orilla izquierda del río Rin que limita con Alemania y Suiza, cuya capital y ciudad más grande es Estrasburgo.

No quiero escribir aquí mis recomendaciones como hacen en esos portales que leí antes de irnos, porque muchos están patrocinados y porque considero que hay mil formas de viajar, cada uno tiene sus preferencias y prioridades y es difícil coincidir. Aún así, sí quiero recomendar este viaje, uno de los más bonitos que he hecho. También es verdad que todo nos salió bien y esa suerte influye mucho en los recuerdos que te quedan. Pero creo que los sitios que hemos visitado eran muy bonitos, objetivamente, y si además te gusta la Navidad, este es uno de los destinos "imprescindibles".

Como dije de Viena, son ciudades bonitas en cualquier época del año, pero en Adviento tienen un plus mágico para los que nos gustan estas fechas. Si no es así, abstente de ir porque puedes acabar saturado de luces y empachado de olor a canela. Pero si viajas en diciembre, tienes un montón de mercadillos de Navidad donde volverte loca. No obstante, Estrasburgo se considera la capitale de Noël y es cierto ese derroche de luces y adornos en cada rincón.

De Frankfurt diré que tiene un aeropuerto enorme, del que tardamos hora y media en salir desde que aterrizamos, encontramos dónde estaban las empresas de alquiler de coches, coger el nuestro e irnos. Id con tiempo para no agobiarse sería mi mayor recomendación. Es una ciudad muy europea, financiera, que también tiene su mercado de Navidad, pero nada que ver con el encanto de las otras paradas que hicimos después. Nota mental 1: Eso me pasó también cuando visité Estocolmo, Oslo, los fiordos noruegos y Copenhague. Me pareció que esta última no tenía el encanto de los sitios anteriores. Nota mental 2: Quizás también esto es lo que le pasa a la gente que tras visitar Viena, Praga y Budapest creen que ésta pierde en comparación.

Como digo, alquilamos un coche con el que estuvimos encantados y así pudimos movernos con tranquilidad y libertad de horarios y visitar más pueblos de los que teníamos pensados. Y así, tras pasar un día en Frankfurt, fuimos a Estrasburgo, donde ya empezamos a meternos de lleno en el ambiente navideño. Me gustó mucho -no obstante su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988- sobre todo su catedral y la calles de alrededor como la Carré d'Or, sus puentes Ponts Couverts y sus casitas de madera blancas y el distrito conocido como la Petite-France.

Después, nuestra parada era Colmar, uno de los destinos más famosos para visitar en Navidad. Leí que fue donde se inspiraron para la película de la Bella y La Bestia, una de mis preferidas de Disney, y ahora entiendo por qué. Como os decía en el post anterior, es todo tan de cuento... sobre todo la zona de la Petit Venice. Pero aunque se dice que es la más alsaciana, el resto de pueblos alrededor, todos muy cercanos y que conforman la ruta de los vinos de Alsacia, son si cabe más bonitos. Eguisheim, Kayserberg, Riquewihr y Ribeauvillé fueron nuestras paradas, todos ellos inscritos en una lista de los pueblos más bonitos de Francia. Filas de casas de colores a lo largo de calles empedradas, tiendas pintorescas, puentes de piedra, carreteras con adoquines, campanarios y castillos, ruinas y casas nobles, canales bucólicos, murallas medievales y torres defensivas que le dan ese halo de encanto. Y color, muchas casitas de colores que hacían que quisiera fotografiarme en cada rincón. Nos dejamos alguno más en el tintero, pero todos ellos eran pueblos de postal que cada viajero recomendará uno u otro, pero todos perfectos para un cuento.

Como cuestiones prácticas: son lugares muy turísticos por lo que a algunas horas había mucha gente y si además es el puente de diciembre, eso es sinónimo de muchos españoles. Todos fueron muy amables, se nota que están acostumbrados al turismo y a hablar inglés, incluso chapurrean español. Olvídate de la dieta y no te pierdas un crêpe, las típicas salchichas, la tarté flambeé, los bretzel y toma un chocolate caliente -a nosotros no nos gusta el vino Glühwein- comprando las tazas monísimas de los mercadillos. Lleva el móvil con batería a tope y con suficiente espacio para las mil fotos que vas a querer hacer. Pasea tranquilamente por sus calles y espera a que se haga de noche y enciendan las luces, será como iluminar la magia.

Advertir que es caro, pero no tanto como pensábamos, o quizás es que para mí merece la pena. También es cierto que, como he dicho al principio, cada uno tiene una forma de viajar y nosotros compramos los billetes de avión con mucha antelación y en aerolíneas de bajo coste; encontramos unos hoteles prácticos, sencillos y económicos y nos quedamos también en dos apartamentos pequeños pero céntricos de Airbnb; solemos comer algo rápido en los mercadillos y no sentarnos en restaurantes lujosos a degustar comidas caras de mesa y mantel elegante. A cambio, siempre compro algún adornos para casa, para que cuando los mire pueda transportarme de nuevo a mi cuento de Navidad.


domingo, 1 de noviembre de 2015

Celebrando

Es el puente de los Santos o de los difuntos, Halloween, el día del docente, la fiesta de la salchicha en la localidad vallisoletana de Zaratán...Muchas fiestas concentradas en pocos días, una bonita mezcla de calabazas, con flores, huesitos de santo, buñuelos, brujas, vampiros, salchichas... Así lo veo yo, un cóctel de tradiciones.

No me gusta la gente que se opone a Halloween porque sí, sólo porque no sea nuestro o no lo hayamos celebrado antes. Tampoco antes de vivir en Zaratán sabía que tenían esta fiesta tradicional y ahora hay una carrera, talleres de manualidades y degustación de salchichas y voy a ir a celebrarlo. ¿Qué es importada? Sí, como las hamburguesas y la Coca-Cola y no por eso dejamos de ir al McDonald's ni dejamos de comer un buen cocido. Tampoco me gustan los que se olvidan de las flores y buñuelos porque ahora haya invasión de negro y naranja. Está un poco hilado al anterior post de los amargaos, la queja por la queja, esos que protestan en verano por el calor y en invierno por el frío, en Navidad por los villancicos y en Carnavales por los disfraces.

Durante años he celebrado Halloween -cuando no lo hacía nadie- con mi grupo de amigos porque uno de ellos nos invitaba a una fiesta en la que adornaba la casa como un auténtico pasaje del terror. Y nos disfrazábamos y lo pasamos muy bien, porque es excusa como otra cualquiera para juntarnos, reírnos, pasar un buen rato y comer sopas de ajo, buñuelos y dulces de chocolate y calabaza -las excusas gastronómicas merece otro post-. Y ya está, no le veo problema a que los niños pasen un buen día pintándose las caras, pidiendo caramelos y vistiéndose de brujas. Al día siguiente, quien sea religioso irá a la misa de los Santos, quien tenga tradición de ir al cementerio, acompañará a su familia, y habrá quien quiera recordar a los suyos en la intimidad de su corazón. O no hará nada de lo anterior pero sí comerá buñuelos en casa un día de descanso o probará la famosa salchicha de Zaratán.

Lo que veo mal es el lío que tienen en la cabeza los peques que dicen "no hay cole porque es Halloween". No, este puente concentra ese cóctel de fiestas que decía al principio. Y cada uno celebrará lo que quiera con el mismo respeto. Al fin y al cabo dicen las pastelerías, las floristerías y el comercio de disfraces que repuntan las ventas estos días, lo que demuestra que también es una fiesta comercial, como otras que ya se instauraron en su día, y de las que también se quejan los mismos... Y recuerda que cuando dejes la escoba y el buñuelo, empezarán los turrones, las uvas y las luces de Navidad. El caso es celebrar... y disfrutar.