Estos días de invierno polar, me acuerdo que hace apenas un mes estaba en Laponia y no pasé tanto frío, que era mi mayor temor en ese viaje. Es cierto el dicho popular de que "no existe el mal tiempo, sólo ropa inadecuada".
Eso es lo que tienen en Finlandia y lo bueno de llevar todo organizado con las excursiones incluidas, que lo tienen tan preparado y están tan acostumbrados que te plantan el mono térmico para todas sus actividades y...¡pelillos a la mar!
Había leído antes de embarcarnos en esta aventura la teoría de las capas y es verdad...pero con matices. La primera, pegada a tu piel, es la ropa térmica que inundaba la maleta, camisetas y pantalones térmicos que ya había llevado anteriormente en otros viajes en diciembre a Viena, Budapest o Alemania. La segunda capa, ropa cómoda tipo forro polar, pantalón de chándal o mallas, olvídate de los vaqueros que se van a congelar. La tercera, es el manido mono que te dan en la organización - el nuestro rojo y negro con el que salimos en todas las fotos-. Este el matiz del que hablaba, y es que cuando todavía no te lo han prestado o cuando ya lo tienes que devolver, tienes que llevar tu ropa de esquiar, pantalones de nieve y anorak para ponerte como tercera capa.
Imprescindible gorro bien calentito que tape las orejas, braga para el cuello mejor que bufanda, calcetines de lana que te prestan por encima de los tuyos, guantes -unos con los que puedas manejarte por debajo de las manoplas de nieve que te dejan, créeme que sacarás mil veces la mano para hacer fotos al paisaje blanco- y esas botas de goma enormes e impermeables que te proporcionan ideales para pisar el hielo. Volvemos al matiz, el último día ya habíamos devuelto todo y necesitas tus botas de nieve o de montaña para dar un último paseo fuera del hotel.
Con todo ello podrás tirarte en trineo, hundir tus pies para ver la profundidad de la nieve, incluso jugar con ella sin problemas por las bajas temperaturas. Te lo dice una friolera que disfrutó mucho de este destino. Para que el diablo no se ría de la mentira, como decía mi abuela, el único momento gélido fue el paseo en trineo con huskies sobre un lago helado, cuando comenzó una ventisca de nieve. Pero ahí, los copitos se mezclaron con mis lagrimillas de emoción...
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viernes, 11 de enero de 2019
jueves, 27 de diciembre de 2018
Joulupukki
No quería que acabara el año sin pasar por aquí y casi me pilla el toro, pero quería seguir la costumbre de sembrar un poco del encanto de estas fechas en mi blog. Quienes me conocen y han leído los post de esta época los años anteriores saben de sobra que soy muy pro Navidad, que estos días me traen muchos recuerdos de cuando era niña y que creo debemos recuperar esa ilusión de pequeños para que nos vuelvan a brillar los ojos con la magia de la Navidad.
Si el año pasado estuve en un cuento este me he adentrado en las postales blancas invernales que ya no mandamos por correo. Esta vez he ido a buscar un poco de esa magia para traerla por aquí. He viajado al Polo Norte para comprobar que yo estaba en lo cierto, que Papá Noel descansa en una cabaña en un bosque nevado con renos, con su mujer y los elfos, antes de emprender un viaje tan largo.
Así que sí, os lo confirmo: en un sofá al fondo de un salón acogedor, con olor a las galletas que estaba haciendo Mamá Noel en el horno, nos esperaba con su inconfundible barba blanca para demostrarnos a todos que es real. Que se llama Joulupukki tal y como dice en su firma y que tiene tropecientos años, pero que eso no le impide pasar la tarde con un grupo de niños que le entrega ilusionado sus cartas, ni enseñarles una canción en finlandés, ni explicarles dónde está su oficina postal y su secreta fábrica de juguetes, ni hacerse mil fotos con una sonrisa con los adultos que por una tarde volvíamos a tener cinco años.
He jugado con los elfos, he dado de comer a los renos, he ido en trineo con huskies por un lago helado, he pescado en hielo, he montado en motos de nieve, he andado con raquetas por un manto blanco y me he tirado por la nieve como los niños, porque, al fin y al cabo, de eso se trataba.
Ya escribiré un post más práctico con detalles sobre este viaje, porque ahora sólo quería traeros un poco de esa fantasía. Al volver, al contar nuestra experiencia y ver las fotos, me gustaría contagiar un poco de este sentimiento. Ha sido maravilloso escuchar a mi sobrino contarnos que ha recibido una postal de Papá Noel desde Laponia, darle el regalo que nos dio en mano, reirnos mientras intenta pronunciar su nombre original, enseñarle a mi sobrina las fotos y que balbucee "Pa-Po-el", oír a la niña de otra amiga llamarle "Santa", porque qué más da cómo lo digas, si lo importante es creer en él.
Si el año pasado estuve en un cuento este me he adentrado en las postales blancas invernales que ya no mandamos por correo. Esta vez he ido a buscar un poco de esa magia para traerla por aquí. He viajado al Polo Norte para comprobar que yo estaba en lo cierto, que Papá Noel descansa en una cabaña en un bosque nevado con renos, con su mujer y los elfos, antes de emprender un viaje tan largo.
Así que sí, os lo confirmo: en un sofá al fondo de un salón acogedor, con olor a las galletas que estaba haciendo Mamá Noel en el horno, nos esperaba con su inconfundible barba blanca para demostrarnos a todos que es real. Que se llama Joulupukki tal y como dice en su firma y que tiene tropecientos años, pero que eso no le impide pasar la tarde con un grupo de niños que le entrega ilusionado sus cartas, ni enseñarles una canción en finlandés, ni explicarles dónde está su oficina postal y su secreta fábrica de juguetes, ni hacerse mil fotos con una sonrisa con los adultos que por una tarde volvíamos a tener cinco años.
He jugado con los elfos, he dado de comer a los renos, he ido en trineo con huskies por un lago helado, he pescado en hielo, he montado en motos de nieve, he andado con raquetas por un manto blanco y me he tirado por la nieve como los niños, porque, al fin y al cabo, de eso se trataba.
Ya escribiré un post más práctico con detalles sobre este viaje, porque ahora sólo quería traeros un poco de esa fantasía. Al volver, al contar nuestra experiencia y ver las fotos, me gustaría contagiar un poco de este sentimiento. Ha sido maravilloso escuchar a mi sobrino contarnos que ha recibido una postal de Papá Noel desde Laponia, darle el regalo que nos dio en mano, reirnos mientras intenta pronunciar su nombre original, enseñarle a mi sobrina las fotos y que balbucee "Pa-Po-el", oír a la niña de otra amiga llamarle "Santa", porque qué más da cómo lo digas, si lo importante es creer en él.
martes, 23 de enero de 2018
Viaje de cuento
Disculpad por la tardanza en continuar con mi cuento de Navidad como tenía pensado, pero como esto no es un blog de viajes al uso, sino uno más personal, se han colado un par de post antes de explicar dónde estuvimos en el puente de diciembre: Alsacia. Aunque nosotros volamos a Frankfurt, es esa zona en el nordeste de Francia, en la orilla izquierda del río Rin que limita con Alemania y Suiza, cuya capital y ciudad más grande es Estrasburgo.
No quiero escribir aquí mis recomendaciones como hacen en esos portales que leí antes de irnos, porque muchos están patrocinados y porque considero que hay mil formas de viajar, cada uno tiene sus preferencias y prioridades y es difícil coincidir. Aún así, sí quiero recomendar este viaje, uno de los más bonitos que he hecho. También es verdad que todo nos salió bien y esa suerte influye mucho en los recuerdos que te quedan. Pero creo que los sitios que hemos visitado eran muy bonitos, objetivamente, y si además te gusta la Navidad, este es uno de los destinos "imprescindibles".
No quiero escribir aquí mis recomendaciones como hacen en esos portales que leí antes de irnos, porque muchos están patrocinados y porque considero que hay mil formas de viajar, cada uno tiene sus preferencias y prioridades y es difícil coincidir. Aún así, sí quiero recomendar este viaje, uno de los más bonitos que he hecho. También es verdad que todo nos salió bien y esa suerte influye mucho en los recuerdos que te quedan. Pero creo que los sitios que hemos visitado eran muy bonitos, objetivamente, y si además te gusta la Navidad, este es uno de los destinos "imprescindibles".
Como dije de Viena, son ciudades bonitas en cualquier época del año, pero en Adviento tienen un plus mágico para los que nos gustan estas fechas. Si no es así, abstente de ir porque puedes acabar saturado de luces y empachado de olor a canela. Pero si viajas en diciembre, tienes un montón de mercadillos de Navidad donde volverte loca. No obstante, Estrasburgo se considera la capitale de Noël y es cierto ese derroche de luces y adornos en cada rincón.
De Frankfurt diré que tiene un aeropuerto enorme, del que tardamos hora y media en salir desde que aterrizamos, encontramos dónde estaban las empresas de alquiler de coches, coger el nuestro e irnos. Id con tiempo para no agobiarse sería mi mayor recomendación. Es una ciudad muy europea, financiera, que también tiene su mercado de Navidad, pero nada que ver con el encanto de las otras paradas que hicimos después. Nota mental 1: Eso me pasó también cuando visité Estocolmo, Oslo, los fiordos noruegos y Copenhague. Me pareció que esta última no tenía el encanto de los sitios anteriores. Nota mental 2: Quizás también esto es lo que le pasa a la gente que tras visitar Viena, Praga y Budapest creen que ésta pierde en comparación.
Como digo, alquilamos un coche con el que estuvimos encantados y así pudimos movernos con tranquilidad y libertad de horarios y visitar más pueblos de los que teníamos pensados. Y así, tras pasar un día en Frankfurt, fuimos a Estrasburgo, donde ya empezamos a meternos de lleno en el ambiente navideño. Me gustó mucho -no obstante su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988- sobre todo su catedral y la calles de alrededor como la Carré d'Or, sus puentes Ponts Couverts y sus casitas de madera blancas y el distrito conocido como la Petite-France.
Después, nuestra parada era Colmar, uno de los destinos más famosos para visitar en Navidad. Leí que fue donde se inspiraron para la película de la Bella y La Bestia, una de mis preferidas de Disney, y ahora entiendo por qué. Como os decía en el post anterior, es todo tan de cuento... sobre todo la zona de la Petit Venice. Pero aunque se dice que es la más alsaciana, el resto de pueblos alrededor, todos muy cercanos y que conforman la ruta de los vinos de Alsacia, son si cabe más bonitos. Eguisheim, Kayserberg, Riquewihr y Ribeauvillé fueron nuestras paradas, todos ellos inscritos en una lista de los pueblos más bonitos de Francia. Filas de casas de colores a lo largo de calles empedradas, tiendas pintorescas, puentes de piedra, carreteras con adoquines, campanarios y castillos, ruinas y casas nobles, canales bucólicos, murallas medievales y torres defensivas que le dan ese halo de encanto. Y color, muchas casitas de colores que hacían que quisiera fotografiarme en cada rincón. Nos dejamos alguno más en el tintero, pero todos ellos eran pueblos de postal que cada viajero recomendará uno u otro, pero todos perfectos para un cuento.
Como cuestiones prácticas: son lugares muy turísticos por lo que a algunas horas había mucha gente y si además es el puente de diciembre, eso es sinónimo de muchos españoles. Todos fueron muy amables, se nota que están acostumbrados al turismo y a hablar inglés, incluso chapurrean español. Olvídate de la dieta y no te pierdas un crêpe, las típicas salchichas, la tarté flambeé, los bretzel y toma un chocolate caliente -a nosotros no nos gusta el vino Glühwein- comprando las tazas monísimas de los mercadillos. Lleva el móvil con batería a tope y con suficiente espacio para las mil fotos que vas a querer hacer. Pasea tranquilamente por sus calles y espera a que se haga de noche y enciendan las luces, será como iluminar la magia.
Advertir que es caro, pero no tanto como pensábamos, o quizás es que para mí merece la pena. También es cierto que, como he dicho al principio, cada uno tiene una forma de viajar y nosotros compramos los billetes de avión con mucha antelación y en aerolíneas de bajo coste; encontramos unos hoteles prácticos, sencillos y económicos y nos quedamos también en dos apartamentos pequeños pero céntricos de Airbnb; solemos comer algo rápido en los mercadillos y no sentarnos en restaurantes lujosos a degustar comidas caras de mesa y mantel elegante. A cambio, siempre compro algún adornos para casa, para que cuando los mire pueda transportarme de nuevo a mi cuento de Navidad.
Como digo, alquilamos un coche con el que estuvimos encantados y así pudimos movernos con tranquilidad y libertad de horarios y visitar más pueblos de los que teníamos pensados. Y así, tras pasar un día en Frankfurt, fuimos a Estrasburgo, donde ya empezamos a meternos de lleno en el ambiente navideño. Me gustó mucho -no obstante su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988- sobre todo su catedral y la calles de alrededor como la Carré d'Or, sus puentes Ponts Couverts y sus casitas de madera blancas y el distrito conocido como la Petite-France.
Después, nuestra parada era Colmar, uno de los destinos más famosos para visitar en Navidad. Leí que fue donde se inspiraron para la película de la Bella y La Bestia, una de mis preferidas de Disney, y ahora entiendo por qué. Como os decía en el post anterior, es todo tan de cuento... sobre todo la zona de la Petit Venice. Pero aunque se dice que es la más alsaciana, el resto de pueblos alrededor, todos muy cercanos y que conforman la ruta de los vinos de Alsacia, son si cabe más bonitos. Eguisheim, Kayserberg, Riquewihr y Ribeauvillé fueron nuestras paradas, todos ellos inscritos en una lista de los pueblos más bonitos de Francia. Filas de casas de colores a lo largo de calles empedradas, tiendas pintorescas, puentes de piedra, carreteras con adoquines, campanarios y castillos, ruinas y casas nobles, canales bucólicos, murallas medievales y torres defensivas que le dan ese halo de encanto. Y color, muchas casitas de colores que hacían que quisiera fotografiarme en cada rincón. Nos dejamos alguno más en el tintero, pero todos ellos eran pueblos de postal que cada viajero recomendará uno u otro, pero todos perfectos para un cuento.
Como cuestiones prácticas: son lugares muy turísticos por lo que a algunas horas había mucha gente y si además es el puente de diciembre, eso es sinónimo de muchos españoles. Todos fueron muy amables, se nota que están acostumbrados al turismo y a hablar inglés, incluso chapurrean español. Olvídate de la dieta y no te pierdas un crêpe, las típicas salchichas, la tarté flambeé, los bretzel y toma un chocolate caliente -a nosotros no nos gusta el vino Glühwein- comprando las tazas monísimas de los mercadillos. Lleva el móvil con batería a tope y con suficiente espacio para las mil fotos que vas a querer hacer. Pasea tranquilamente por sus calles y espera a que se haga de noche y enciendan las luces, será como iluminar la magia.
Advertir que es caro, pero no tanto como pensábamos, o quizás es que para mí merece la pena. También es cierto que, como he dicho al principio, cada uno tiene una forma de viajar y nosotros compramos los billetes de avión con mucha antelación y en aerolíneas de bajo coste; encontramos unos hoteles prácticos, sencillos y económicos y nos quedamos también en dos apartamentos pequeños pero céntricos de Airbnb; solemos comer algo rápido en los mercadillos y no sentarnos en restaurantes lujosos a degustar comidas caras de mesa y mantel elegante. A cambio, siempre compro algún adornos para casa, para que cuando los mire pueda transportarme de nuevo a mi cuento de Navidad.
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sábado, 16 de diciembre de 2017
Cuento de Navidad
Hacía tiempo que no escribía pero tengo una buena razón. He estado en un cuento y no podía ni quería salir de sus páginas. Un viaje de ensueño, un cuento...de Navidad.
He visto tantas casas bonitas, de colores, con sus vigas de madera en las fachadas, que no sabía con cuál quedarme, así que me hacía fotos con todas. He visto la casa de Hansel y Gretel... ¿os acordáis de este cuento de los hermanos Grimm? Con sus ventanas de dulces y gominolas y su chocolate...¡cómo me gustaba! La verdad es que ahora lo miro con otros ojos y era terrorífico, la bruja, los niños que se perdían en el bosque, el hambre...pero creo que yo sólo me fijaba en las golosinas -mi perdición- cuando se lo oía contar a mi abuela.
He visto la ilusión en los escaparates de las tiendas, cuidados con esmero, hasta el mínimo detalle, con ositos de peluche blancos en las ventanas, con marionetas en movimiento y con un teatrillo de la Bella y la Bestia. Gnomos y enanitos con grandes gorros rojos que te daban la bienvenida al comercio. Luces de ángeles y coronas de Adviento en cada iglesia y catedral.
He visto atracciones de feria en forma de árbol de Navidad, con niños subidos a las bolas a modo de asientos. He visto jabones en forma de cupcakes que te daban ganas de hincarles el diente, estrellas que eran lámparas, campanas que se iluminaban con velas, nacimientos hechos con cera, tallados en madera y belenes con estructura de pirámides. Y toooodos los adornos que puedas imaginar para el árbol.
Olor a canela, a castañas y chocolate en cada rincón. Y bastones de caramelo, tiendas enteras de frutas escarchadas y galletas de jengibre en cada mercadillo, hasta comprobar que el muñeco del hombre de jengibre era el protagonista.
Puentes adornados con abetos, piñas y árboles blancos con bolas rojas. Y cabras de verdad en pesebres para deleite de los niños y cisnes en los canales para ponerle el toque de glamour a la foto.
Y luces, muchas luces, que encendían la magia. Luces de colores, luces en cada rincón, luces abundantes, excesivas, un cúmulo de brillos que reflejaban la magia. Derroche de luz y color. Y estrellas y corazones en cada ventana porque si hay que buscar un símbolo para la Navidad quizás sean estos: luz, paz y amor. Comprenderéis que con todo eso en la retina y una sonrisa perenne pegada al rostro, no quisiera regresar de la fábula.
He visto tantas casas bonitas, de colores, con sus vigas de madera en las fachadas, que no sabía con cuál quedarme, así que me hacía fotos con todas. He visto la casa de Hansel y Gretel... ¿os acordáis de este cuento de los hermanos Grimm? Con sus ventanas de dulces y gominolas y su chocolate...¡cómo me gustaba! La verdad es que ahora lo miro con otros ojos y era terrorífico, la bruja, los niños que se perdían en el bosque, el hambre...pero creo que yo sólo me fijaba en las golosinas -mi perdición- cuando se lo oía contar a mi abuela.
He visto pueblos medievales, con suelos empedrados, con torres y campanarios, con puentes de piedra, con ríos y canales, poblados de una sola calle y otros como un laberinto circular que le añadían una página más al cuento.
He visto la ilusión en los escaparates de las tiendas, cuidados con esmero, hasta el mínimo detalle, con ositos de peluche blancos en las ventanas, con marionetas en movimiento y con un teatrillo de la Bella y la Bestia. Gnomos y enanitos con grandes gorros rojos que te daban la bienvenida al comercio. Luces de ángeles y coronas de Adviento en cada iglesia y catedral.
He visto atracciones de feria en forma de árbol de Navidad, con niños subidos a las bolas a modo de asientos. He visto jabones en forma de cupcakes que te daban ganas de hincarles el diente, estrellas que eran lámparas, campanas que se iluminaban con velas, nacimientos hechos con cera, tallados en madera y belenes con estructura de pirámides. Y toooodos los adornos que puedas imaginar para el árbol.
Olor a canela, a castañas y chocolate en cada rincón. Y bastones de caramelo, tiendas enteras de frutas escarchadas y galletas de jengibre en cada mercadillo, hasta comprobar que el muñeco del hombre de jengibre era el protagonista.
Puentes adornados con abetos, piñas y árboles blancos con bolas rojas. Y cabras de verdad en pesebres para deleite de los niños y cisnes en los canales para ponerle el toque de glamour a la foto.
Y luces, muchas luces, que encendían la magia. Luces de colores, luces en cada rincón, luces abundantes, excesivas, un cúmulo de brillos que reflejaban la magia. Derroche de luz y color. Y estrellas y corazones en cada ventana porque si hay que buscar un símbolo para la Navidad quizás sean estos: luz, paz y amor. Comprenderéis que con todo eso en la retina y una sonrisa perenne pegada al rostro, no quisiera regresar de la fábula.
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jueves, 22 de diciembre de 2016
La sorpresa de Budapest
Aunque en realidad esto serán dos post seguidos de turismo y viajes, no quisiera que porque escribí de Viena la semana pasada, parezca que el resto de mis viajes invernales no me han gustado. No quisiera caer en el error que me han hecho a mí de desmerecer Budapest.
Éste ha sido mi viaje de diciembre este año y he de confesar que Budapest es la bella desconocida -como se llama aquí también a la Catedral de Palencia-. Quizás porque mucha gente realiza conjuntamente el paquete Praga-Viena-Budapest puede parecer que ésta última sale perdiendo. El caso es que no sabía muy bien qué iba a ver. Bien, mi conclusión es que ha sido una grata sorpresa.
Es cierto que resulta menos navideña que el esplendor de Viena, con menos mercadillos y menos luces, pero también con su encanto. Me ha parecido más grande de lo que me esperaba y como digo, más hermosa. Sobre todo, y sin ningunda duda, de noche. Realmente me he enamorado de Budapest de noche. El Parlamento, que me ha parecido maravilloso de día, de noche, con niebla, desde el barco o desde el bus turístico, pero iluminado alcanza su máximo esplendor. Igualmente, el castillo de Buda, el balneario Géllert, el puente de las Cadenas y el resto de puentes sobre el Danubio con esas magníficas luces.
El Danubio le imprime un encanto especial. Por eso no dejaría escapar la oportunidad de realizar el típico paseo en barco tan turístico, que te permite ver todos los edificios perfectamente iluminados. Obviaremos el tema frío porque merece la pena.
La Plaza de los Héroes, el Mercado Central, la Ópera, la sinagoga judía, los balnearios o el Bastión de los Pescadores son paradas obligatorias. Este me gustó especialmente, es un mirador en la colina de Buda, desde donde puedes contemplar todo Pest. Puedes aprovechar para visitar también el castillo y la iglesia de Matías, impresionantemente hermosa. El castillo Vajdahunyad, una copia del de Transilvania, en un día de niebla y frío como le vimos nosotros, le da un aire fantamagórico muy apropiado. Y delante, una de las más grandes pistas de patinaje sobre hielo del mundo.
La Catedral de San Esteban me gustó más por fuera, curiosamente. Y más en esta época navideña, con un gran árbol delante, una enorme corona de Adviento, una pequeña pista de patinaje y uno de los mercadillos más grandes de la ciudad junto al de la plaza Vörösmarty. Un montón de puestos de artesanía y de comida húngara -buenísimos los lángos- y bebida para entrar en calor. Y un espectáculo de luces -uno distinto cada media hora- proyectado sobre la fachada de la basílica que merecía la pena ver.
Así que acabamos con luces como empezamos, quizás porque es una de las cosas que más me gusta de esta época.
Éste ha sido mi viaje de diciembre este año y he de confesar que Budapest es la bella desconocida -como se llama aquí también a la Catedral de Palencia-. Quizás porque mucha gente realiza conjuntamente el paquete Praga-Viena-Budapest puede parecer que ésta última sale perdiendo. El caso es que no sabía muy bien qué iba a ver. Bien, mi conclusión es que ha sido una grata sorpresa.
Es cierto que resulta menos navideña que el esplendor de Viena, con menos mercadillos y menos luces, pero también con su encanto. Me ha parecido más grande de lo que me esperaba y como digo, más hermosa. Sobre todo, y sin ningunda duda, de noche. Realmente me he enamorado de Budapest de noche. El Parlamento, que me ha parecido maravilloso de día, de noche, con niebla, desde el barco o desde el bus turístico, pero iluminado alcanza su máximo esplendor. Igualmente, el castillo de Buda, el balneario Géllert, el puente de las Cadenas y el resto de puentes sobre el Danubio con esas magníficas luces.
El Danubio le imprime un encanto especial. Por eso no dejaría escapar la oportunidad de realizar el típico paseo en barco tan turístico, que te permite ver todos los edificios perfectamente iluminados. Obviaremos el tema frío porque merece la pena.
La Plaza de los Héroes, el Mercado Central, la Ópera, la sinagoga judía, los balnearios o el Bastión de los Pescadores son paradas obligatorias. Este me gustó especialmente, es un mirador en la colina de Buda, desde donde puedes contemplar todo Pest. Puedes aprovechar para visitar también el castillo y la iglesia de Matías, impresionantemente hermosa. El castillo Vajdahunyad, una copia del de Transilvania, en un día de niebla y frío como le vimos nosotros, le da un aire fantamagórico muy apropiado. Y delante, una de las más grandes pistas de patinaje sobre hielo del mundo.
La Catedral de San Esteban me gustó más por fuera, curiosamente. Y más en esta época navideña, con un gran árbol delante, una enorme corona de Adviento, una pequeña pista de patinaje y uno de los mercadillos más grandes de la ciudad junto al de la plaza Vörösmarty. Un montón de puestos de artesanía y de comida húngara -buenísimos los lángos- y bebida para entrar en calor. Y un espectáculo de luces -uno distinto cada media hora- proyectado sobre la fachada de la basílica que merecía la pena ver.
Así que acabamos con luces como empezamos, quizás porque es una de las cosas que más me gusta de esta época.
martes, 4 de octubre de 2016
Octubre
Octubre empieza con el cumpleaños de mis padres -sí, de los dos, esos caprichos que tiene el destino para juntar a las personas- y termina con Halloween, víspera del puente de Todos los Santos. Es decir, que empieza y acaba bien. Comienza con una fiesta, regalos, celebración doble... y este año octubre terminará para mí con un viaje especial y un
concierto muy esperado. Es decir, que también espero acabarlo bien.
Aunque cuando era pequeña el 1 de octubre era el día que empezábamos el colegio por la tarde y volvíamos a vestirnos de uniforme. Es decir, la pura vuelta al cole. Septiembre, por mucho que se defina como de regreso, en Valladolid se pasa entre fiestas y ferias y medio adaptación.
Es octubre el que viene a recolocar nuestra rutina. Octubre trae las actividades extraescolares de los pequeños y no tan niños, los horarios, retomar las buenas costumbres, las clases particulares y así sin darte cuenta, el otoño se instala definitivamente en nuestro hogar.
Las hojas caídas teñirán de naranja octubre. Las tardes otoñales darán paso a noviembre y sin darnos cuenta estaremos llegando al último mes del año. Así que es buen momento para empezar un nuevo final. Dicen que todo termina para empezar de nuevo. Como esos papeles en blanco de los cuadernos por estrenar, donde comenzar a escribir el nuevo curso.
Aunque cuando era pequeña el 1 de octubre era el día que empezábamos el colegio por la tarde y volvíamos a vestirnos de uniforme. Es decir, la pura vuelta al cole. Septiembre, por mucho que se defina como de regreso, en Valladolid se pasa entre fiestas y ferias y medio adaptación.
Es octubre el que viene a recolocar nuestra rutina. Octubre trae las actividades extraescolares de los pequeños y no tan niños, los horarios, retomar las buenas costumbres, las clases particulares y así sin darte cuenta, el otoño se instala definitivamente en nuestro hogar.
Las hojas caídas teñirán de naranja octubre. Las tardes otoñales darán paso a noviembre y sin darnos cuenta estaremos llegando al último mes del año. Así que es buen momento para empezar un nuevo final. Dicen que todo termina para empezar de nuevo. Como esos papeles en blanco de los cuadernos por estrenar, donde comenzar a escribir el nuevo curso.
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lunes, 18 de julio de 2016
No lo abandones
Hoy toca post moral, lo advierto, pero no puedo por menos de intentar poner mi pequeñísimo grano de arena a una lacra que sitúa a España como el país con más abandonos de animales. He encontrado datos por internet que hablan de 150.000-200.000 abandonos de mascotas, 400 al día, lo que supone uno casi cada cinco minutos.
Seguro que recuerdan aquel anuncio de la Fundación Affinity en 1988 cuyo lema "No lo abandones. Él nunca lo haría" se me quedó grabado a fuego en el recuerdo... y en el corazón. Aquella mirada del perro, solo, en medio de la carretera. Era más pequeña y se me encogía el alma cada vez que lo veía en la tele, pero pensaba, -inocente de mí- que era un anuncio, una campaña publicitaria, con un perro escogido para tal efecto. No pensaba que podría haber alguien tan cruel cómo para parar en una gasolinera y dejarlo allí. Y subirse al coche y seguir viaje como si nada. La vida da tantas vueltas que no pensaba entonces que muchos años después, adoptaría no uno, sino dos, de estos animales abandonados.
Me encanta esa frase que circula por la red de que cuando abandonas a un animal porque ya no te sirve, tus hijos están aprendiendo la lección. Quizás hagan eso contigo cuando seas anciano...
Una de las cosas que más me llaman la atención de tener perro es cuando llegas a casa cómo te reciben. Da igual que hayas estado toda la mañana trabajando o te hayas ido sólo cinco minutos a comprar el pan, te reciben como si no te hubieran visto en días. Y cuando de verdad no te han visto en días, sólo les falta hablar. A mí me emociona ese recibimiento. Es lo mejor de volver.
No puedo entender que alguien, porque para mí es "alguien", a quien has querido durante días, alimentado, paseado, incluso besado, lleguen los calores del verano y te deshagas de él. ¡Qué no saben qué hacer con ellos en vacaciones dicen! ¿Llevártelo, quizás? Pedir el favor a algún familiar o amigo, llevarlo a una guardería canina o de viaje contigo, o si me apuras, no ir de vacaciones a ese sitio donde no aceptan animales, pero nunca, jamás, abandonarlo. Porque ahora sé que la gran verdad de aquella campaña publicitaria es que él nunca lo haría.
Seguro que recuerdan aquel anuncio de la Fundación Affinity en 1988 cuyo lema "No lo abandones. Él nunca lo haría" se me quedó grabado a fuego en el recuerdo... y en el corazón. Aquella mirada del perro, solo, en medio de la carretera. Era más pequeña y se me encogía el alma cada vez que lo veía en la tele, pero pensaba, -inocente de mí- que era un anuncio, una campaña publicitaria, con un perro escogido para tal efecto. No pensaba que podría haber alguien tan cruel cómo para parar en una gasolinera y dejarlo allí. Y subirse al coche y seguir viaje como si nada. La vida da tantas vueltas que no pensaba entonces que muchos años después, adoptaría no uno, sino dos, de estos animales abandonados.
Me encanta esa frase que circula por la red de que cuando abandonas a un animal porque ya no te sirve, tus hijos están aprendiendo la lección. Quizás hagan eso contigo cuando seas anciano...
Una de las cosas que más me llaman la atención de tener perro es cuando llegas a casa cómo te reciben. Da igual que hayas estado toda la mañana trabajando o te hayas ido sólo cinco minutos a comprar el pan, te reciben como si no te hubieran visto en días. Y cuando de verdad no te han visto en días, sólo les falta hablar. A mí me emociona ese recibimiento. Es lo mejor de volver.
No puedo entender que alguien, porque para mí es "alguien", a quien has querido durante días, alimentado, paseado, incluso besado, lleguen los calores del verano y te deshagas de él. ¡Qué no saben qué hacer con ellos en vacaciones dicen! ¿Llevártelo, quizás? Pedir el favor a algún familiar o amigo, llevarlo a una guardería canina o de viaje contigo, o si me apuras, no ir de vacaciones a ese sitio donde no aceptan animales, pero nunca, jamás, abandonarlo. Porque ahora sé que la gran verdad de aquella campaña publicitaria es que él nunca lo haría.
martes, 12 de julio de 2016
Viajando ideas
He estado ausente estos días aunque en realidad he estado más presente que nunca. Me fui de vacaciones en toda la magnitud de la palabra. Viajar no es sólo cambiar de ciudad, sino de ideas. Y yo he estado en muchas ciudades. Y cuando mi mente sale de viaje, no se relaja, al contrario, bulle ideas, aprende más, mira, observa y lo fija en los recuerdos.
Viajar te da la oportunidad de conocer otros sitios, otras costumbres, otras personas, pero sobre todo conocerte a ti mismo. Para mí es cierta esa frase de que viajar abre la mente. Mirar con otros ojos. Es una nueva forma de ver las cosas. No sólo las ciudades que estás visitando sino lo que está a tu alrededor y, cuando regresas, también tienes una nueva forma de apreciar lo cotidiano o la oportunidad de cambiarlo si no estás conforme.
Aprendes mucho viendo a tus compañeros de viaje, sus comportamientos, es increíble cómo la gente no deja nunca de sorprenderte (para bien o para mal). Te conoces mejor porque estás en una situación diferente a la cotidiana, fuera del trabajo, tu casa, tu rutina diaria, sin planes, sin reloj...Y me gusta. Me gusta mucho lo que aprendo.
Ya lo dijo Séneca: “Viajar y cambiar de lugar revitaliza la mente” y quién soy yo para contradecirle.
Viajar te da la oportunidad de conocer otros sitios, otras costumbres, otras personas, pero sobre todo conocerte a ti mismo. Para mí es cierta esa frase de que viajar abre la mente. Mirar con otros ojos. Es una nueva forma de ver las cosas. No sólo las ciudades que estás visitando sino lo que está a tu alrededor y, cuando regresas, también tienes una nueva forma de apreciar lo cotidiano o la oportunidad de cambiarlo si no estás conforme.
Aprendes mucho viendo a tus compañeros de viaje, sus comportamientos, es increíble cómo la gente no deja nunca de sorprenderte (para bien o para mal). Te conoces mejor porque estás en una situación diferente a la cotidiana, fuera del trabajo, tu casa, tu rutina diaria, sin planes, sin reloj...Y me gusta. Me gusta mucho lo que aprendo.
Ya lo dijo Séneca: “Viajar y cambiar de lugar revitaliza la mente” y quién soy yo para contradecirle.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Viajar
Si hay algo que me gusta mucho es viajar. Viajar a la vuelta de la esquina o lejos, hacer excursiones al pueblo de al lado o escapadas un poco más largas o unas vacaciones en toda regla. Me encanta y tengo la suerte de poder hacerlo. Aunque todo con sus condiciones. He tenido la suerte de viajar mucho con mis padres de pequeña y ahora de tener una persona a mi lado que comparte esta misma filosofía.
Tenemos poco tiempo y poco dinero, así que esos son los condicionantes a los viajes. Descartamos destinos por tiempo o por dinero. Normalmente no podemos disponer de 2 semanas seguidas para cruzar el charco -aunque sí lo hemos hecho en un par de ocasiones- ni mucho dinero para dar la vuelta al mundo como me gustaría. ¡Hay tantos sitios por ver!
Estos condicionantes hacen que nuestro momento "planear viaje" sea más largo. Entro mucho en internet para buscar vuelos baratos, hace tiempo que no voy a un buen hotel, sino que nos quedamos en otro tipo de alojamientos -si es en territorio nacional suelo buscar que acepten animales para poder viajar con nuestro perro- y a veces tenemos que cambiar de opción porque sale más barato, o de día o incluso de destino. Pero me da igual, lo importante para mí es disfrutarlo, saborearlo, preparar la maleta, visitar sitios, hacer muchas fotos, aprender y conocer mundo.
Y si hay algo que no me gusta es la típica coletilla de "¡cómo vives!". Como si el que lo está diciendo no hubiera pisado jamás una playa o no hubiera ido en coche a otra ciudad. O a lo mejor es verdad que no pero porque no quiere o porque no le gusta, o porque prefiere el remanso de paz de su casa, o quedarse leyendo en el sofá o bañarse en la piscina o ir a las fiestas de su pueblo. Y me parece fantástico porque todo es lícito, cada uno escoge lo que más le gusta. Eso es para mí lo importante: ¡disfrútalo! Si te gusta más comer y tienes el frigorífico lleno de cosas ricas, o prefieres un bolso caro, o vestir a tu hijo con mucha ropa, o gastarte un bono de la piscina, o salir de copas o comprar el último modelo de teléfono o eliges hacer deporte o vivir en una casa más grande...cada uno disfruta con lo que más le gusta. ¡Vive!
Me gusta ir a sitios que no conozco o si ya he estado ver y hacer cosas que no hice la anterior vez, descubrir momentos. Me gusta hacer turismo, visitar los monumentos, comer lo típico, comprar souvenirs... Dicho esto os escribo desde las fiestas del pueblo de mi suegro, así que a seguir disfrutando!!
Tenemos poco tiempo y poco dinero, así que esos son los condicionantes a los viajes. Descartamos destinos por tiempo o por dinero. Normalmente no podemos disponer de 2 semanas seguidas para cruzar el charco -aunque sí lo hemos hecho en un par de ocasiones- ni mucho dinero para dar la vuelta al mundo como me gustaría. ¡Hay tantos sitios por ver!
Estos condicionantes hacen que nuestro momento "planear viaje" sea más largo. Entro mucho en internet para buscar vuelos baratos, hace tiempo que no voy a un buen hotel, sino que nos quedamos en otro tipo de alojamientos -si es en territorio nacional suelo buscar que acepten animales para poder viajar con nuestro perro- y a veces tenemos que cambiar de opción porque sale más barato, o de día o incluso de destino. Pero me da igual, lo importante para mí es disfrutarlo, saborearlo, preparar la maleta, visitar sitios, hacer muchas fotos, aprender y conocer mundo.
Y si hay algo que no me gusta es la típica coletilla de "¡cómo vives!". Como si el que lo está diciendo no hubiera pisado jamás una playa o no hubiera ido en coche a otra ciudad. O a lo mejor es verdad que no pero porque no quiere o porque no le gusta, o porque prefiere el remanso de paz de su casa, o quedarse leyendo en el sofá o bañarse en la piscina o ir a las fiestas de su pueblo. Y me parece fantástico porque todo es lícito, cada uno escoge lo que más le gusta. Eso es para mí lo importante: ¡disfrútalo! Si te gusta más comer y tienes el frigorífico lleno de cosas ricas, o prefieres un bolso caro, o vestir a tu hijo con mucha ropa, o gastarte un bono de la piscina, o salir de copas o comprar el último modelo de teléfono o eliges hacer deporte o vivir en una casa más grande...cada uno disfruta con lo que más le gusta. ¡Vive!
Me gusta ir a sitios que no conozco o si ya he estado ver y hacer cosas que no hice la anterior vez, descubrir momentos. Me gusta hacer turismo, visitar los monumentos, comer lo típico, comprar souvenirs... Dicho esto os escribo desde las fiestas del pueblo de mi suegro, así que a seguir disfrutando!!
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