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lunes, 1 de febrero de 2016

Sin calcetines

Hoy toca post de moda, más bien de las cosas que se han puesto de moda pero yo no comparto. Veo a muchas bloggers de moda posar para sus fotos en vaqueros y zapatos de tacón sin calcetines o pantalones tobilleros y playeros, incluso faldas sin medias. No sé si los harán para la foto y luego se enfundarán un buen abrigo y unas botas o en su ciudad tienen un clima suave y caluroso en esta época del año. Pero en Valladolid hace frío, aunque este invierno está siendo menos que de costumbre, no se me ocurre salir a la calle en piernas, ni en mangas de camisas ni calzarme unas bailarinas de las que tengo en mi parte del armario para el verano.

Por muy de moda que esté no lo entiendo, no seré yo -con lo friolera que soy- la que pase frío por lucir los tobillos en invierno porque no le veo sentido. ¡Con lo que me gustan a mí las botas! Claro que serán las que luego en verano vayan con botas en vez de en sandalias. El mundo al revés... Digo lo del calzado porque me llama mucho la atención, pero ocurre lo mismo cuando las veo con unas blusitas finitas que no me las pongo yo ni para una oficina o con una cazadora vaquera o de cuero que te deja al aire los riñones.

Y ya otro cantar son las medias. Mi apuesta son las medias tupidas cuando me pongo falda porque presiento que voy a poder soportar el frío, por eso no entra en mi cabeza salir a la calle con 3 grados sin medias. Dicen que para presumir hay que sufrir y será que las famosas no sufren poque se bajan de un coche, posan cinco minutos en un photocall y entran a una gala donde tendrán la calefacción a tope. Pero el resto de los mortales vamos a la compra, a trabajar y a tomar algo por la noche y hace frío.

No sé si compensa estar con esa cara desencajada sólo por lucir piernas -que por otra parte están blancas, y si me apuras con carne de gallina-. Porque, por lo menos yo, cuando estoy pasando frío me pongo de mala leche...digamos que se me congela la sonrisa.






lunes, 16 de noviembre de 2015

París

Siempre nos quedará París.

Reconozco que tenía otro post pensado pero no me parece que se pueda escribir de otro tema. No voy  a hablar de terrorismo, ni del miedo ni el dolor que sentimos todos a partes iguales, ni de política ni de religión. Ni siquiera de lo cerca que está, de que todos hemos pensado que podríamos haber sido nosotros, cualquiera que hubiera estado pasando el fin de semana de turismo, de Erasmus, trabajando, en un concierto, en un partido...en un tren de Madrid.

Alguien me dijo que todos deberíamos visitar una vez en la vida estas ciudades: Nueva York, Londres, Roma y París. Tengo la suerte de haberlas visto todas, tan distintas entre ellas, ¡todas me gustaron tanto! Pero si hay una que me fascina, casi hasta diría que es mi favorita, es París.

París es la única por la que al viajar me salto mi personal teoría de que "hay tanto mundo por ver, que por qué repetir"...Pues, no sólo he repetido, sino que he estado varias veces e iría una y otra vez. París siempre es una buena opción.

París es encanto, es glamour, es moda, es majestuosidad, es imperial, es esplendor.
París es bohemia, es arte, es cultura, es baile, es un traje de can can, es ópera, es un musical.
París es perfume, es dulce, es un croissant, es crepes de chocolate, es un café en una terraza.
París es la Torre Eiffel, un paseo por los Campos Elíseos, es Notre Dame, un crucero por el Sena, el barrio latino, es el Sacre Couer, el Arco del Triunfo, la Ópera, los Inválidos, el Louvre, Versalles, Montmatre, Disneyland.
París es la Marsellesa. Es libertad, igualdad y fraternidad.
París es la ciudad de la luz.
París es la ciudad del amor.



lunes, 14 de septiembre de 2015

Uñas de colores

Dicen que las manos revelan la personalidad, pero yo no me fijo en las manos, me fijo en las uñas. Adoro las uñas pintadas, las mías y las de las demás. Y ya no concibo unas uñas de los pies sin pintar en verano, se me hace extrañísimo. Me encanta ver los botecitos de colores todos juntos en la tienda, aunque luego siempre me vaya hacia los mismos tonos: rojos, rosas y granates, en toda su variedad cromática. Creo que me habré pintado una vez de azul y otro par de veces de morado, nunca de verde ni de negro ni de amarillo, por ejemplo. Si no las llevo pintadas, por eso de descansar, o porque no me da tiempo, las llevo con la base o de color natural. Tampoco nunca con el tan moderno 'nail art'.

Pero mis uñas no comparten conmigo esta afición y se empeñan en romperse en cuanto crecen un poco y en descascarillarse. Da igual base endurecedora, que tratamientos de aceite... Dice mi madre que será porque de pequeña me las mordía y ahora se están vengando. El caso es que a los dos días - a veces ni llega- se me ha saltado todo el esmalte y me lo quito porque queda fatal. Envidio a mis amigas cuando las llevan perfectas toda la semana. Y aunque no hay nada como que te las pinte un profesional, a los que recurro en eventos de bodas, bautizos&comuniones, me las suelo pintar en casa, precisamente por eso, porque me duran dos días y sería un gasto enorme. Y no hablo de marcas que no me pagan ni me las regalan (todavía) como a las blogger famosas...

Hace unos años descubrí el esmalte semipermanente que me pareció fantástico, aunque a mí jamás me ha durado los 15 días que dicen. Mis uñas se rebelan de nuevo. Para mí es la mejor opción cuando me voy de viaje, así no llevo los pintauñas ni quitaesmaltes. Y me duran los cinco días que esté fuera. Por eso el año pasado me regalaron por mi cumpleaños la lámpara led para hacer la manicura en casa y oye ¡un invento! No me queda como una profesional pero me dura un poco más que la normal. Me gusta mucho el brillo y que no tienes que esperar esa eternidad para que se sequen, que una que es una impaciente lo lleva fatal y al menor roce se estropean. Sólo tengo un par de colores... no digo nada y lo digo todo...por si alguien me leyera...