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viernes, 8 de noviembre de 2019

Viajes navideños

Por un día voy a convertir este blog en una de esas bitácoras de viajes donde los influencers recomiendan destinos, ponen fotos preciosas y hablan de consejos patrocinados. Porque aunque a mí no me paga nadie, yo también tengo imágenes bonitas en mis álbumes y puedo hablar desde mi experiencia de viajar en esta época que se avecina, que sin duda tiene un encanto especial.

Me gustaría recordar cualquiera de los post anteriores de otros años, en los que he hablado de algunos de mis viajes de diciembre: Viena, Budapest, Estrasburgo y Alsacia o el último, a Laponia. Y aunque no hay nada escrito aquí porque fue antes de empezar el blog, también fuimos otro año a Brujas y a Alemania.

Sí quisiera dar algunos consejos prácticos:
-Son destinos muy turísticos y en el puente de diciembre hay mucha gente, con todo lo que eso conlleva, colas, restaurantes llenos, imposible hacer fotos solos, y -espero que no- robos.
-Hace frío, y más si procedes de alguna ciudad que no está acostumbrada, así que lleva ropa térmica, botas, abrigo, gorro, bufanda y guantes. Vístete por capas, mejor quitarse si es que llegas a tener calor. 
-Hay muchas cosas que ver y muchas cosas que fotografiar, cámara de fotos y/o móvil con batería y espacio suficiente. 
-Párate en cada puesto de mercadillo y también en los de comida típica, y sobre todo, siente la Navidad. No vayas si no te mueres por los adornos navideños o si te saturan las luces. Cree en la magia y vuelve a ser niño. 

Pero sobre todo me gustaría que me hicieras alguna pregunta o duda que tengas, siempre que no sea por favor cuál me ha gustado más. Siéntete libre para preguntarme quizás por el más diferente que hemos hecho que fue Laponia, que nos dio la oportunidad de dar de comer a los renos y pasear en trineo tirado por huskies. Y no hace falta que me preguntes por Papá Noel, ya te doy la respuesta: sí, existe. Lo he visto con mis propios ojos y eso será algo que no olvidaré.



viernes, 11 de enero de 2019

Frío polar

Estos días de invierno polar, me acuerdo que hace apenas un mes estaba en Laponia y no pasé tanto frío, que era mi mayor temor en ese viaje. Es cierto el dicho popular de que "no existe el mal tiempo, sólo ropa inadecuada".

Eso es lo que tienen en Finlandia y lo bueno de llevar todo organizado con las excursiones incluidas, que lo tienen tan preparado y están tan acostumbrados que te plantan el mono térmico para todas sus actividades y...¡pelillos a la mar!

Había leído antes de embarcarnos en esta aventura la teoría de las capas y es verdad...pero con matices. La primera, pegada a tu piel, es la ropa térmica que inundaba la maleta, camisetas y pantalones térmicos que ya había llevado anteriormente en otros viajes en diciembre a Viena, Budapest o Alemania. La segunda capa, ropa cómoda tipo forro polar, pantalón de chándal o mallas, olvídate de los vaqueros que se van a congelar. La tercera, es el manido mono que te dan en la organización - el nuestro rojo y negro con el que salimos en todas las fotos-. Este el matiz del que hablaba, y es que cuando todavía no te lo han prestado o cuando ya lo tienes que devolver, tienes que llevar tu ropa de esquiar, pantalones de nieve y anorak para ponerte como tercera capa.

Imprescindible gorro bien calentito que tape las orejas, braga para el cuello mejor que bufanda, calcetines de lana que te prestan por encima de los tuyos, guantes -unos con los que puedas manejarte por debajo de las manoplas de nieve que te dejan, créeme que sacarás mil veces la mano para hacer fotos al paisaje blanco- y esas botas de goma enormes e impermeables que te proporcionan ideales para pisar el hielo. Volvemos al matiz, el último día ya habíamos devuelto todo y necesitas tus botas de nieve o de montaña para dar un último paseo fuera del hotel.

Con todo ello podrás tirarte en trineo, hundir tus pies para ver la profundidad de la nieve, incluso jugar con ella sin problemas por las bajas temperaturas. Te lo dice una friolera que disfrutó mucho de este destino. Para que el diablo no se ría de la mentira, como decía mi abuela, el único momento gélido fue el paseo en trineo con huskies sobre un lago helado, cuando comenzó una ventisca de nieve. Pero ahí, los copitos se mezclaron con mis lagrimillas de emoción...


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Triste

Aviso que este post me ha quedado un poco triste porque creo que este día los es y da comienzo a un mes que siempre he pensado que es soso, frío y melancólico. Porque aunque ahora disfracemos este día de fiesta de Halloween, mini brujas y vampiros pequeños y lo pintemos de naranja, este día es triste. Así, sin edulcorantes.

Cuando nadie celebraba Halloween y los puritanos lo tachaban de "americanada", yo iba a una fiesta terroríficamente genial, en casa de un amigo que la adornaba como un pasaje del terror, y con un unos disfraces dignos de premio. Todo el mundo nos miraba raro y nos preguntaba que por qué le celebrábamos tanto si esta fiesta no era de aquí. Ahora que todos han caído en su tela de araña, que los disfraces inundan colegios y calles, y que hay una fiesta en cada bar y casi en cada casa, yo ya no lo celebro. Triste.

El día es triste como son fríos los cementerios, el luto, las pérdidas, los llantos. Porque, aunque sabemos que mientras los recordemos siguen vivos en nuestros corazones, despertamos y no están junto a nosotros. Porque aunque se transforman en recuerdos, pasa mucho tiempo hasta que esbozamos una sonrisa al recordarlos. Porque, aunque creo que nos guían en nuestros pasos, no caminan a nuestro lado. Y eso duele, porque los necesitamos y los amamos.

Aunque noviembre también puede ser dulce como los buñuelos, como el chocolate caliente y las castañas. Como el calor de la familia y el hogar. Dulce como los recuerdos. Un día para honrarlos marcado en el calendario aunque el recuerdo luzca vivo todos los días del año.


lunes, 14 de noviembre de 2016

Noviembre


Noviembre empieza con un día de fiesta y termina casi pensando en el puente de diciembre, que no está nada mal. Empieza con los buñuelos, las flores, los disfraces de Halloween y termina anhelando unos días de descanso.

Noviembre trae el frío y las nieblas de Valladolid, te hace caer en la cuenta de que el otoño desapareció en un suspiro y te hace sacar el abrigo del armario. Sólo las hojas secas te recuerdan esa estación corta, de cambio, porque noviembre ya casi es invierno, al calor de las bufanda, el sofá y la manta, es calor de hogar.

Noviembre pone los platos de cuchara en la mesa, esos cocidos y esas sobremesas familiares de domingo. Te invita a comprar castañas calientes y pensar en Navidad, ver poner las luces en la calle y esperar al encendido.

Noviembre trae los catálogos a tu buzón, las tiendas se adornan esperando el milagro de la Navidad, los niños empiezan a pensar en su carta de juguetes y el supermercado a colocar sus estanterías dulces. Parece que todos se empeñan en suprimir este mes y adelantarse a diciembre...y, aunque a mí me gusta, tiempo al tiempo.

Noviembre trae la calefacción, las tardes tranquilas, la televisión, el cine, los libros, los álbumnes de fotos, las manualidades, las escapadas. Noviembre para mí es transición, un mes tranquilo... que huele a diciembre.

lunes, 1 de febrero de 2016

Sin calcetines

Hoy toca post de moda, más bien de las cosas que se han puesto de moda pero yo no comparto. Veo a muchas bloggers de moda posar para sus fotos en vaqueros y zapatos de tacón sin calcetines o pantalones tobilleros y playeros, incluso faldas sin medias. No sé si los harán para la foto y luego se enfundarán un buen abrigo y unas botas o en su ciudad tienen un clima suave y caluroso en esta época del año. Pero en Valladolid hace frío, aunque este invierno está siendo menos que de costumbre, no se me ocurre salir a la calle en piernas, ni en mangas de camisas ni calzarme unas bailarinas de las que tengo en mi parte del armario para el verano.

Por muy de moda que esté no lo entiendo, no seré yo -con lo friolera que soy- la que pase frío por lucir los tobillos en invierno porque no le veo sentido. ¡Con lo que me gustan a mí las botas! Claro que serán las que luego en verano vayan con botas en vez de en sandalias. El mundo al revés... Digo lo del calzado porque me llama mucho la atención, pero ocurre lo mismo cuando las veo con unas blusitas finitas que no me las pongo yo ni para una oficina o con una cazadora vaquera o de cuero que te deja al aire los riñones.

Y ya otro cantar son las medias. Mi apuesta son las medias tupidas cuando me pongo falda porque presiento que voy a poder soportar el frío, por eso no entra en mi cabeza salir a la calle con 3 grados sin medias. Dicen que para presumir hay que sufrir y será que las famosas no sufren poque se bajan de un coche, posan cinco minutos en un photocall y entran a una gala donde tendrán la calefacción a tope. Pero el resto de los mortales vamos a la compra, a trabajar y a tomar algo por la noche y hace frío.

No sé si compensa estar con esa cara desencajada sólo por lucir piernas -que por otra parte están blancas, y si me apuras con carne de gallina-. Porque, por lo menos yo, cuando estoy pasando frío me pongo de mala leche...digamos que se me congela la sonrisa.






lunes, 25 de enero de 2016

Placeres de invierno

Suelen decir que "9 meses de invierno y tres de infierno", aunque ya ni eso con los cambios de tiempo porque vaya suave que está siendo este invierno. Ya lo dije en el post de los placeres de otoño, y muchos se repiten porque la verdad es que otoño, por lo menos en Valladolid, solemos tener poco.

Lo que más me gusta es la ropa de invierno cálida, los gorros y bufandas, los abrigos calentitos, los calcetines y las zapatillas para andar por casa. Y hablando de estar en casa, adoro el momento de la noche, de venir del trabajo o del gimnasio, ducharse, ponerse cómodo y cenar en el sofá viendo la televisión. Aquí se incluyen muchos de mis placeres de este tiempo: una ducha caliente, los pijamas, zapatillas, la combinación manta-sofá-TV y meterse en la cama suave.

Las cenas en casa con los amigos en invierno también me gustan mucho. A quien le guste cocinar -a mí no mucho- hornear tiene que ser una delicia seguro. Y hablando de comida, los platos de cuchara, un Cola Cao caliente, un chocolate con churros...son satisfacciones de esta época.

Una tarde en el cine también parece que apetece más en invierno, y sino, los juegos de mesa, un buen libro que te enganche, o aficiones para hacer en casa, manualidades, pintar, tejer, coser...a mí me gusta el scrapbooking -que ya explicaré en otro post este hobby-.

A quien le guste esquiar o patinar sobre hielo, la nieve es una auténtica diversión de invierno. Yo no sé esquiar, pero me gustan los paisajes blancos. En Valladolid somos más niebla y cencelladas preciosas de esta época. Pero lo que no soporto -esto podría llamarse un "disgusto de invierno"- son las tardes lluviosas.

Por último, las escapadas rurales. Los últimos años hemos hecho visitas a sitios más invernales: Asturias, Navarra, Logroño, Huesca, Teruel...a pasar frío y conocer sitios con la bufanda puesta. Aunque este año hemos viajado más lejos: Viena. Esta ciudad ya es bonita de por sí, pero verla en diciembre, iluminada con muchísimas lucesy los mercadillos llenos de puestos de bolas y adornos navideños ha sido mi auténtico placer de invierno.



lunes, 30 de noviembre de 2015

Valladolid

Ya lo digo en mi perfil, soy muy de Valladolid. Esto quiere decir que me gustan muchas cosas de mi ciudad y presumo de ellas -otras no, por supuesto, pero esas las obviaremos de momento-. Dicen que somos fríos como el clima, secos de primera impresión, pero cuando se nos conoce somos leales, de fiar, de tradiciones.

El clima dice mucho del carácter de la gente y en Valladolid hace mucho frío, esto genera impronta desde pequeños. Si hay algo típico de Valladolid son sus nieblas, si no lo has visto nunca te costará entender que no veas el edificio de enfrente aunque sea una iglesia enorme. Y que se pase así horas, hasta bien entrada la mañana, muchos días seguidos, ocultanto ese maravilloso sol que cuando se quita la niebla brilla en un cielo azul aunque esté helando. Sí, es muy peligroso, sobre todo para conducir, pero a mí me gusta. Me encanta ese Valladolid fantasmagórico bajo la niebla, quizás porque es tan típico, tan nuestro. Y otro efecto metereológico que me encanta es la cencellada. Esas preciosas fotos con un manto blanco, que no nieve, son únicas.

Me gusta vivir en Valladolid. Me gusta que no sea una ciudad excesivamente grande ni demasiado pequeña. Me gustan sus monumentos, San Pablo y la Universidad son mis preferidos. Me gustan las tradiciones, presumo de la Semana Santa, de la Seminci y los Pingüinos, aunque no sea motera. Animo al Pucela y al Balonmano Valladolid, y aunque no soy de rugby, alardeo de tener esos equipos campeones.

Me gusta salir de tapas, me encanta el lechazo y el pan con denominación de origen. Me gusta que fuera capital del reino, que aquí se casaran los Reyes Católicos, la historia del bautizo de Felipe II, que muriera Colón, que tuviéramos a Delibes y a Zorrilla, que Concha Velasco sea de aquí, como Lola Herrera o Emilio Gutiérrez Caba.

Me gusta que tengamos una playa en el Pisuerga y los caldos de Rueda, Cigales y la Ribera del Duero, aunque a mí no me guste el vino. Vivo la Semana Santa, me da un escalofrío de orgullo pasar con la procesión por esa Plaza Mayor iluminada abarrotada de gente. Es el momento en que más invito a la gente de fuera a venir, aunque también puedes venir a ver esas nieblas y la cencellada o las luces de Navidad o a tapear o a las fiestas o..

Así que sí, como decían en aquella película: "soy una muchachita de Valladolid". Una orgullosa vallisoletana.



lunes, 5 de octubre de 2015

Entretiempo

29 de septiembre, San Miguel, San Gabriel y San Rafael. 18:30. Brilla el sol y todavía hace ese calorcito que hace honor al "veranillo de San Miguel". Una sala de espera cualquiera. Llega una madre y su hija, vestida con el uniforme del colegio, leotardos, jersey y de la mano, un chaleco de esos de plumas. Pienso que exagera. Su madre se sienta, se quita un fular grande que lleva anudado al cuello, se desabrocha la americana negra. En los pies, botines negros con medias. Me miro a mí misma, todavía con sandalias y un pantalón finito con colores veraniegos. Me sorprendo, pero no sé quién tiene razón.

Creo que si hay una época difícil para vestir es ésta. Odio el entretiempo. En otoño, todavía hay quien se resiste -nos resistimos- a guardar la ropa de verano y hay quien saca las botas y el abrigo a la primera de cambio. Estos días me fijo mucho en los pies. Hoy amaneció nublado y con llovizna, y en la cola de la panadería se podía haber montado una zapatería: había botas, botas de agua, zapatos y playeros. Hay mucha zapatilla deportiva estos días como remedio socorrido.

A mí me parece un caos. Sales a pasear al perro por la mañana con chaqueta porque hace un fresco que pa'qué pero llegas a mediodía y vas en manga corta por el sol y con el jersey anudado a la cintura. Si hay una cosa buena de este tiempo son los fulares, pasminas o pañuelos, paso previo a las bufandas, que es otra cosa que me encanta.

Me duele la garganta, aprovecho para ponerme uno de los fulares más gustosos. Pienso en la madre y en la hija de la consulta, que quizás con sus medias hoy no tengan dolor de garganta. Pienso que a lo mejor la equivocada era yo aunque ese día me dieron calor. Pienso en que tengo que hacer el cambio de armario ya. Pienso cuánto durará el entretiempo porque ya que hemos despedido el verano, que llegue pronto el frío y disfrutemos de las botas, la manta, el pijama, la leche calentita y las bufandas -estos son algunos de mis placeres de invierno-. De hecho, ya me equipé con unos gorros nuevos y un cuello...perfectos para mi resfriado.