Este post no va a ser políticamente correcto. Lo advierto por si no quieres seguir leyendo, sobre todo si eres maestro o profesor, pero en mi rincón doy mis opiniones personales. Y esto es algo que me ronda desde hace tiempo.
Reconozco que tenía el post escrito exclusivamente sobre tema el profesores, pero ayer hablando con unas compañeras, me di cuenta de que puede extenderse a más profesiones, así que cambié el título porque algunas personas trabajan en una burbuja, viven en un mundo paralelo sin bajar a la tierra y se quejan de cosas que para el común de los mortales resultan ser un privilegio.
En este mes de finales de curso, cuando todos vamos a tope con las agendas apretadas, junio se hace interminable y todavía ves muy lejos el momento de irte a la playa, parece que los únicos con derecho a estar cansados son los profesores. Estos días he oído bastantes veces que ya era hora de que acabara el curso porque están agotados. Sólo ellos necesitan vacaciones -por cierto, la mayoría (ya sé que no todos) disfrutarán de dos meses-. Porque los niños cansan mucho, sí, pero no más que otros muchos trabajos. En una cosa estoy de acuerdo, tienen mucha vocación y paciencia, eso sí, pero también otras profesiones y creo que les tenemos en menos consideración. O se quejan menos.
Este es el punto al que voy, al de los lamentos, a esa gente que "llora" sus problemas o fatigas delante de las personas menos adecuadas. Esto es extensible a mucha más gente, los que protestan porque este año tienen que trabajar algunos días en julio cuando siempre han tenido vacaciones de verano, a los que se embolsan un sueldo considerable mientras otros rascan el bolsillo... Creo que siempre tendrían que pensar que hay gente peor, que algunos no tienen ni trabajo, ni pueden ir de vacaciones, así que sólo por eso, deberían tener más respeto.
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viernes, 5 de julio de 2019
jueves, 22 de junio de 2017
Mis clases 2
Porque no todo en la vida es de color de rosa, porque hay muchos matices entre el blanco y el negro, y porque siempre hay una cara B, hasta en lo que más nos gusta, he pensado hacer una continuación del post anterior contando también lo malo. Porque en la valoración final del curso no he podido dar un 10 a mis clases de pilates por "causas ajenas".
Principalmente por una sola causa: la música excesivamente alta de la clase que se impartía al lado. Llámalo altísima, atronadora, retumbante, aturdidora, ensordecedora y todos los sinónimos que quieras hasta parecer que teníamos a Ricky Martín bailando dentro. Hasta el punto de no oír a nuestro profesor, que da la clase sin música porque explica mucho cada ejercicio, hasta que él se desconcentraba y nosotras más porque estábamos canturreando "Traicionera".
Ahí fue cuando como compañeros, el profesor se acercó a pedirle que bajara un poco la música. Como no veíamos mejoría, fue una alumna de nuestra clase la que habló con la otra monitora. Y cuál sería nuestra sorpresa cuando no sólo no bajó el volumen sino que lo subió. Entonces comenzó un pulso que nos llevó a presentar escritos colectivos de quejas al Ayuntamiento y a que tuviera que personarse el propio concejal en el pabellón a comprobar el volumen. Primera batalla ganada.
Mientras seguía el conflicto, los meses pasaban, reuniones, descontento, cada vez menos alumnos en nuestra clase porque había días que era un suplicio el dolor de cabeza, y a todo esto se añadía no entender cómo alguien podía ser tan prepotente y tan mal compañero.
El curso lo hemos acabado con la sala insonorizada y casi sin oír su música. Segundo asalto. Pero por supuesto, con varios daños colaterales que no voy a enumerar. ¿Pulso ganado entonces?. Sólo espero que entre las consecuencias futuras no esté que mis compañeros se desapunten de la clase y mucho menos que nuestro profesor no siga porque esté cansado de tanta cruzada. Eso significará que la guerra se ha perdido completamente.
Principalmente por una sola causa: la música excesivamente alta de la clase que se impartía al lado. Llámalo altísima, atronadora, retumbante, aturdidora, ensordecedora y todos los sinónimos que quieras hasta parecer que teníamos a Ricky Martín bailando dentro. Hasta el punto de no oír a nuestro profesor, que da la clase sin música porque explica mucho cada ejercicio, hasta que él se desconcentraba y nosotras más porque estábamos canturreando "Traicionera".
Ahí fue cuando como compañeros, el profesor se acercó a pedirle que bajara un poco la música. Como no veíamos mejoría, fue una alumna de nuestra clase la que habló con la otra monitora. Y cuál sería nuestra sorpresa cuando no sólo no bajó el volumen sino que lo subió. Entonces comenzó un pulso que nos llevó a presentar escritos colectivos de quejas al Ayuntamiento y a que tuviera que personarse el propio concejal en el pabellón a comprobar el volumen. Primera batalla ganada.
Mientras seguía el conflicto, los meses pasaban, reuniones, descontento, cada vez menos alumnos en nuestra clase porque había días que era un suplicio el dolor de cabeza, y a todo esto se añadía no entender cómo alguien podía ser tan prepotente y tan mal compañero.
El curso lo hemos acabado con la sala insonorizada y casi sin oír su música. Segundo asalto. Pero por supuesto, con varios daños colaterales que no voy a enumerar. ¿Pulso ganado entonces?. Sólo espero que entre las consecuencias futuras no esté que mis compañeros se desapunten de la clase y mucho menos que nuestro profesor no siga porque esté cansado de tanta cruzada. Eso significará que la guerra se ha perdido completamente.
viernes, 9 de junio de 2017
Mis clases
No voy a enumerar los beneficios del pilates, ni a contar cómo he mejorado la flexibilidad y la agilidad, ni a explicar cómo ahora aguanto a hacer la pirámide con los talones bien pegados al suelo, ni a hablar de equilibrio o coordinación, mejorar la postura, reducir dolores de espalda, ni siquiera a hablar de las virguerías que hacemos encima del fitball sin caernos. Sólo a contar mi grata experiencia.
Me apunté el año pasado a pilates a mitad de curso porque me lo recomendó una amiga y allí que me presenté el primer día sin saber qué era eso de conectar e intentando respirar bien a la vez que hacía mis ejercicios. Día a día, mejorando, evolucionando, con un profesor de goma que vale un millón -que te explica una y otra vez lo que hay que hacer con una paciencia infinita-, he conseguido que cuando voy de paseo con mi perro me resuenan en mi cabeza sus palabras: "espaldas rectas, hombros relajados".
Y como esto no es un post sobre deporte ni un alegato a la vida sana que ya habéis leído muchos más científicos, os voy a contar también cómo me apunté a zumba a pesar de no tener sentido del ritmo y ser la primera que se sienta cuando empieza el baile en las bodas. Pero el primer día aprendí la lección más importante: las vergüenzas se dejan en la puerta.
Y así, cuando te pierdes, te ríes, cantas la canción y olvidas los complejos, empiezas a disfrutar. Cuando ves que no eres tan torpe como creías -porque como siempre en la vida hay gente mejor, pero también peor-, aumenta tu autoestima, te diviertes, desconectas y te desestresas.
Cuando todo eso lo compartes además con un grupo muy simpático, en el que te ríes de lo mismo, comentas la operación biquini, con una profesora más maja que las pesetas que te anima un montón ("¡Vamos mis chicas!"), mueves la caderita al ritmo de Enrique Iglesias y te aprendes de memoria "el despacito", acabas socializando. Tanto que te vas de cena para celebrar el fin de curso, a saltarse la dieta a un italiano y luego a poner en práctica los bailes de clase. ¡A ver si hemos aprobado el curso!
Me apunté el año pasado a pilates a mitad de curso porque me lo recomendó una amiga y allí que me presenté el primer día sin saber qué era eso de conectar e intentando respirar bien a la vez que hacía mis ejercicios. Día a día, mejorando, evolucionando, con un profesor de goma que vale un millón -que te explica una y otra vez lo que hay que hacer con una paciencia infinita-, he conseguido que cuando voy de paseo con mi perro me resuenan en mi cabeza sus palabras: "espaldas rectas, hombros relajados".
Y como esto no es un post sobre deporte ni un alegato a la vida sana que ya habéis leído muchos más científicos, os voy a contar también cómo me apunté a zumba a pesar de no tener sentido del ritmo y ser la primera que se sienta cuando empieza el baile en las bodas. Pero el primer día aprendí la lección más importante: las vergüenzas se dejan en la puerta.
Y así, cuando te pierdes, te ríes, cantas la canción y olvidas los complejos, empiezas a disfrutar. Cuando ves que no eres tan torpe como creías -porque como siempre en la vida hay gente mejor, pero también peor-, aumenta tu autoestima, te diviertes, desconectas y te desestresas.
Cuando todo eso lo compartes además con un grupo muy simpático, en el que te ríes de lo mismo, comentas la operación biquini, con una profesora más maja que las pesetas que te anima un montón ("¡Vamos mis chicas!"), mueves la caderita al ritmo de Enrique Iglesias y te aprendes de memoria "el despacito", acabas socializando. Tanto que te vas de cena para celebrar el fin de curso, a saltarse la dieta a un italiano y luego a poner en práctica los bailes de clase. ¡A ver si hemos aprobado el curso!
martes, 24 de enero de 2017
¡Felicidades periodistas!
Hoy es San Francisco de Sales, patrón de los periodistas. Y en este mi rincón quiero reivindicar esta preciosa profesión, la mía, la nuestra, tantas veces infravalorada. Muchos dirán que este sector está podrido, y no diré que no, pero no menos que otros muchos. Lo que sí es seguro es que se aprecia mucho más a un médico o a un profesor que a un periodista.
Cuántas veces he oído eso de "toma, lee/escribe esto porque a ti no te cuesta". Le costará menos porque vale para eso y ha estudiado, pero le costará lo mismo que el cocinero que hace un suculento plato, el albañil que construye una casa o el actor que hace una obra de teatro. Oí una vez a Leo Harlem que le sentaba mal que la gente por la calle le dijera "cuéntame un chiste" porque él no respondía al otro "opérame". Pues aquí es lo mismo, ¡cuántos artículos escritos gratis, entrevistas o presentaciones! mientras yo sí pago la clase a mi profesor, al médico mi consulta y al vendedor mis compras.
Sin duda está infravalorada económicamente. Por ejemplo, en un evento en que se contrata a un presentador que conduzca la gala, unas azafatas, catering, se han encargado unas estatuillas a modo de premio, agua, megafonía, se ha alquilado el salón, luces, flores...creo que no me equivoco si digo que el presentador es el que menos cobra, porque probablemente sea amigo de la organización y si me apuras, hasta lo hace gratis. Me gusta esa frase que dice "no cobro por lo que hago, cobro por lo que sé" y añade: "por lo que invertí y estudié y el cliente no sabe hacer".
Igualmente creo que muchas veces está olvidada. En los días pasados de fiestas navideñas seguro que nos hemos acordado de esos pobres médicos y enfermeras de urgencias que no podían estar con sus familias, o de los comerciantes trabajando a tope hasta las 12 de la noche del día 5 de enero...No creo que mucha gente se dé cuenta cuando abre un periódico en la tranquilidad de un domingo en su casa o da un botón para encender la radio, del trabajo que hay detrás.
Así que en estos tiempos en los que todos se creen periodistas porque todos tienen un móvil para hacer una foto y contar lo que pasa, se creen que es fácil hablar delante de un micrófono y una cámara, todo vale porque "total, sólo se trata de escribir un par de tuits al día", hay tanto intrusimo porque "para eso vale cualquiera", en los que abogados son directores de comunicación y relaciones públicas o los economistas son directores de marketing y publicidad, déjame en este mi rincón tener el recurso de la pataleta, valorar el trabajo de mis compañeros y felicitarles en su día.
Cuántas veces he oído eso de "toma, lee/escribe esto porque a ti no te cuesta". Le costará menos porque vale para eso y ha estudiado, pero le costará lo mismo que el cocinero que hace un suculento plato, el albañil que construye una casa o el actor que hace una obra de teatro. Oí una vez a Leo Harlem que le sentaba mal que la gente por la calle le dijera "cuéntame un chiste" porque él no respondía al otro "opérame". Pues aquí es lo mismo, ¡cuántos artículos escritos gratis, entrevistas o presentaciones! mientras yo sí pago la clase a mi profesor, al médico mi consulta y al vendedor mis compras.
Sin duda está infravalorada económicamente. Por ejemplo, en un evento en que se contrata a un presentador que conduzca la gala, unas azafatas, catering, se han encargado unas estatuillas a modo de premio, agua, megafonía, se ha alquilado el salón, luces, flores...creo que no me equivoco si digo que el presentador es el que menos cobra, porque probablemente sea amigo de la organización y si me apuras, hasta lo hace gratis. Me gusta esa frase que dice "no cobro por lo que hago, cobro por lo que sé" y añade: "por lo que invertí y estudié y el cliente no sabe hacer".
Igualmente creo que muchas veces está olvidada. En los días pasados de fiestas navideñas seguro que nos hemos acordado de esos pobres médicos y enfermeras de urgencias que no podían estar con sus familias, o de los comerciantes trabajando a tope hasta las 12 de la noche del día 5 de enero...No creo que mucha gente se dé cuenta cuando abre un periódico en la tranquilidad de un domingo en su casa o da un botón para encender la radio, del trabajo que hay detrás.
Así que en estos tiempos en los que todos se creen periodistas porque todos tienen un móvil para hacer una foto y contar lo que pasa, se creen que es fácil hablar delante de un micrófono y una cámara, todo vale porque "total, sólo se trata de escribir un par de tuits al día", hay tanto intrusimo porque "para eso vale cualquiera", en los que abogados son directores de comunicación y relaciones públicas o los economistas son directores de marketing y publicidad, déjame en este mi rincón tener el recurso de la pataleta, valorar el trabajo de mis compañeros y felicitarles en su día.
lunes, 21 de noviembre de 2016
El buen profesor
¡Qué importante es tener un buen profesor! Sé que cuando leemos esto pensamos en nuestros tiempos del colegio, pero también son muy significativos en nuestra edad adulta. Más si cabe, porque creo que tienen la enorme labor de animarnos en una actividad o en una clase que eliges voluntariamente. La mayoría de las veces nos apuntamos porque queremos, no es obligatorio como antes lo era el colegio, aprender inglés o ir a pádel. Por eso es quizás tan valioso, porque si no te gusta el maestro no hay por qué estar allí ni perder el tiempo, puedes ir a otro sitio, buscar otro profesor, otra academia, o quedarte en casa que seguro también hay muchas cosas que hacer.
Respecto a la labor del docente en tiempos de colegio, creo que es obvia la influencia que ejercen en los niños, que están formando su personalidad en esas edades. Me parece tan difícil enseñarles a leer como inculcarles el gusanillo de la lectura. Hay veces que influyen en negativo. ¡Cuántas veces he oído ahora de mayores que me gustaba la Historia pero tenía una profesora odiosa y opté por otra asignatura! Es increíble cómo pueden dirigir tus pasos hacia un lado u otro en tu vida futura y profesional.
Creo que deben tener muchas cualidades que no todos tienen, pero quería centrarme en mi experiencia actual. Hemos tenido varios monitores en un curso -por temas de bajas laborales- y he podido comprobar cómo los alumnos dejaban de ir a esa clase. Como he dicho, si el profesor no te motiva, no te lo pasas bien, ya no es como antes, ahora hay más opciones. Sin embargo, he comprobado el caso contrario, apuntarme una actividad que en principio no entraba en mis planes y continuar porque me gusta cómo lo da el profesor. No me lo pierdo un día. Volvemos de nuevo al tema de disfrutar. Me gusta sobre todo cuando el profesor se prepara la clase, se nota que ha buscado sus ejercicios, que le gusta lo que hace y eso lo transmite. Me demuestra responsabilidad, dedicación, pasión, vocación. Y me hace sentir que su tiempo es tan importante como el mío.
Respecto a la labor del docente en tiempos de colegio, creo que es obvia la influencia que ejercen en los niños, que están formando su personalidad en esas edades. Me parece tan difícil enseñarles a leer como inculcarles el gusanillo de la lectura. Hay veces que influyen en negativo. ¡Cuántas veces he oído ahora de mayores que me gustaba la Historia pero tenía una profesora odiosa y opté por otra asignatura! Es increíble cómo pueden dirigir tus pasos hacia un lado u otro en tu vida futura y profesional.
Creo que deben tener muchas cualidades que no todos tienen, pero quería centrarme en mi experiencia actual. Hemos tenido varios monitores en un curso -por temas de bajas laborales- y he podido comprobar cómo los alumnos dejaban de ir a esa clase. Como he dicho, si el profesor no te motiva, no te lo pasas bien, ya no es como antes, ahora hay más opciones. Sin embargo, he comprobado el caso contrario, apuntarme una actividad que en principio no entraba en mis planes y continuar porque me gusta cómo lo da el profesor. No me lo pierdo un día. Volvemos de nuevo al tema de disfrutar. Me gusta sobre todo cuando el profesor se prepara la clase, se nota que ha buscado sus ejercicios, que le gusta lo que hace y eso lo transmite. Me demuestra responsabilidad, dedicación, pasión, vocación. Y me hace sentir que su tiempo es tan importante como el mío.
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