martes, 9 de agosto de 2016

La vida cíclica

Aquí estamos otra vez, un verano más en Gandía, desde hace ya ni me acuerdo. Es curiosa la mezcla de recuerdos antiguos y, a la vez, como que cada verano se presenta ante tí en blanco para que hagas algo nuevo. Hay cosas que me gustan repetir, año a año se han convertido en tradiciones, pero también hay que innovar..

 La vida es ciclíca y te das cuenta cada vez que llega un acontecimiento anual: cumpleaños, fiestas, Navidad, Semana Santa... Está en nosotros hacerla diferente cada vez. Dicen que la rutina es buena, que es señal de que todo marcha bien, sin sobresaltos. En parte es cierto, pero hay veces que hay que salir del bucle porque te volverías loco viviendo en el día de la marmota.

Cuando trabajaba en el periódico te das cuenta de esto con las noticias que publicas: empiezas el año con los niños abriendo paquetes de Reyes, las heladas de febrero y Caranavales, las procesiones de Semana Santa, el día de la comunidad de Castilla y León y la feria del libro, la manifestación del 1 de mayo, las fiestas patronales de San Pedro Regalado, la noche de San Juan, noticias frescas de verano o más graves como incendios o accidentes, pinchos y conciertos de las fiestas de septiembre, la vuelta al cole, la Seminci, alumbrado navideño, la Cabalgata y vuelta a empezar.

Así que, como el que no quiere la cosa, ha pasado un año desde que comencé con este blog, este rincón donde escribir mis pensamientos en voz alta. Estoy en el mismo lugar, en la misma playa, con el mismo ordenador pero no soy la misma. Ha pasado un año igual, pero distinto. Muy distinto. Y me gusta. Para mí, ésa es la esencia de la vida: disfrutar cada instante para hacerlo diferente.



lunes, 1 de agosto de 2016

Lo malo del verano

Después de que el año pasado publique mis placeres de verano (aqui y aqui) y necesité dos post que demuestran lo mucho que me gusta, he pensado que como todo, también tiene su cara B. Y aunque conste que prefiero el calor al frío, el verano al invierno, también soy objetiva y me doy cuenta de las cosas que no me gustan... o digamos que me gustan menos.

La primera está clara: el calor. Con todo lo que eso conlleva. No me suelo quejar del calor pero sí en noches en las que no puedes dormir. Además, para intentar llevarlo mejor, abres las ventanas, con lo que eso trae otras cosas malas. El ruido de los trasnochadores -en nuestra calle hay unos niños que juegan y gritan hasta altas horas- y los mosquitos. Aunque para mí son peor las moscas. No hago vida de ellas. ¡Qué molestas son!

Hablo mal del calor cuando tienes que ir a trabajar, claro está. El calor se ve diferente si puedes refrescarte en el mar o en la piscina, si puedes ir ligera de ropa o quedarte en casa al fresco. Aunque otra cosa mala de cuando te quedas en casa es la televisión. No hay nada bueno en la tele.


Aunque no es mi caso, entiendo que si no te gusta la playa o el agua o tienes alergia, odies el verano. Tambien porque la playa saca a la luz nuestros peores complejos y nos han bombardeado con falsos estereotipos de cuerpos diez.

También lo comprendo si no tienes vacaciones, pero sobre todo si ves marchar a los demás. Si tienes que trabajar en verano mal, pero siempre pienso que es peor trabajar cuando los demás están de vacaciones. Es decir, sector hostelería, por ejemplo. Trabajar en un hotel cuando los huéspedes llegan para descansar o ser camarero sirviendo refrescos a los que disfrutan del tiempo de ocio en la terraza, cocinar en un sitio de playa sudando, preparar el viaje de los demás en una agencia y estar pendiente del móvil por si tienen algún imprevisto, ser animador o monitor infantil y que tengas un mal día...


Añado otra cosa más, el sudor. Desde niña me han sudado mucho las manos y los pies. He probado mil productos y ya he desistido, así que para mí este sería el mayor perjuicio. Aun así, como he dicho que lo prefiero: ¡bienvenido agosto, encantada de verte!