miércoles, 19 de septiembre de 2018

Humildad

Trabajé en un sitio donde comprendí la grandeza de la palabra humildad. Aprendí muchas más cosas que no vienen al caso y también otras que ahora se han puesto muy de moda, como la titulitis, la importancia extrema a tener tesis doctorales y ese tratamiento arcaico de la palabra doctor, a  presumir de cargos en la firma del correo electrónico, a mirar por encima del hombro y creer que sabes de todo...

Eso me enseñó a valorar que todo lo que sube baja, y que hay tener cuidado a quien pisas para subir porque quizás te lo encuentras al bajar -esto lo leí por internet y viene al pelo-. Vamos, lo típico de "la vida da muchas vueltas", pero dicho de una manera más trepa.

Estos días me acordé de una frase que solíamos comentar en broma: "Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito". No sé si la habéis oído, pero es la pura realidad. Hay personas que se transforman cuando tienen un puesto por pequeño que sea...O no, quizás no cambian, quizás sólo revelan su verdadera personalidad cuando ejercen un poco de poder. ¡Es tan fácil caer en la soberbia y la vanidad...!

Si bien es cierto que siempre he creído que las personas más grandes son siempre las más humildes, los que no creen que brillan por ellas mismas, sino que siempre quieren aprender más, crecer en grupo, no hacer pequeño al de al lado. Esto se ve en muchos ámbitos, en el deportivo -piénsalo- los más grandes son siempre los más sencillos y modestos; los que no se creen importantes a pesar de todos los títulos que llevan a las espaldas, los que no han olvidado de dónde vienen, el esfuerzo que les ha costado conseguirlo y, lo más importante, los que siguen tratando a todos con respeto. Los no necesitan apagar la luz de los demás para brillar.




miércoles, 5 de septiembre de 2018

40 (2ª parte)

Dicen que la mejor red social es una buena mesa rodeada de tu gente de toda la vida.. Mira que yo soy de redes sociales, personal y profesionalmente, pero esta frase cobró vida en mi fiesta de 40 cumpleaños. Allí, alrededor de una mesa decorada por una amiga, con comida elaborada por otra, bajo unos globos y banderines, junto a un photocall hecho a mano y un póster gigante con fotos, estaba mi gente esperándome. Reunida por y para mí.

Hace ya más de una semana que dirigía mis pasos hacia mi propia fiesta de cumpleaños. Andaba sola hacia allí, entre nerviosa y emocionada, pero con la seguridad de que todo me iba a gustar mucho. No sabía cuánto.

Con el respaldo del trabajo que hay detrás de un comité de organización del que me fiaba ciegamente, no era una fiesta sorpresa, pero sí hubo hueco para muchas. Saber que cada globo que han hinchado, cada gominola de una mesa dulce preciosa, la tarta artesanal, el álbum de fotos de scrapbooking, la decoración, un photocall con círculos troquelados uno a uno, cada regalo, mi bebida favorita, una presentación de fotos antiguas y muchos vídeos de gente querida y admirada felicitándome...todo pensando en mí...abruma y emociona al mismo tiempo.

Reconozco que he tardado en escribir este post porque sufría una fuerte resaca emocional. Al día siguiente, limpiando el local de la celebración, se me agolpaban los recuerdos y las emociones. Y después, durante varios días, repasaba una y otra vez un sinfín de fotos y vídeos que ya tengo grabados en mi memoria.

Leí que los buenos momentos se comparten con buenas personas y eso es lo que había en mi fiesta, allí estaban reunidas muchas buenas personas, buenos amigos y familiares, y sentí a borbotones el cariño de todos.

Gracias quizás es la palabra que más me sale de la boca y que no me cansaría de repetir. Gracias por la fiesta, por crear juntos un día para el recuerdo, por demostrarme tanto afecto, por las risas, por los bailes, por las fotos, por las charlas, por mezclaros, por el buen ambiente, por los guiños blanquivioletas... Gracias por ser mis amigos. Por estar allí y por haber estado en tantas otras ocasiones antes. Gracias por los recuerdos. Y acabo como decía Lina Morgan ¡gracias por venir!