lunes, 22 de mayo de 2017

Lazos de amor


"Los primos son nuestros hermanos lejanos y los primeros amigos en nuestras vidas".

Este fin de semana ha sido el cumpleaños de dos personas muy especiales, siempre estarán unidas por la fecha aunque no tienen relación entre ellas, pero son dos fechas marcadas en rojo en mi calendario.

Dicen que el lazo de amor que une a los primos es realmente increíble y hasta raro porque tiene lazos de sangre como una familia, su conexión es tan fuerte y misteriosa como la de hermanos, y se crea una amistad tan grande como si se tratara de los mejores amigos. Cuando lo leí no pude estar más de acuerdo.

Todos tenemos ese primo con el que te une un vínculo extraordinario, uno que aparece en tus recuerdos de tu infancia una y otra vez, en las vacaciones, en todos los momentos especiales, en tus anécdotas, en las confidencias, en los juegos en el pueblo o en la playa, con el que has reído, te has pegado, has llorado y te has enfadado. Ese que aunque no forma parte de tu vida diaria, nunca está lejos de tus pensamientos. Una llamada y la conexión vuelve a hacer efecto.

Yo también la tengo y fue su cumpleaños el sábado.

"Un sobrino es el mejor regalo que te puede dar un hermano".

Dicen que entre tíos y sobrinos se establece una sintonía especial porque el amor no se somete a la presión ni la responsabilidad de críar a un niño, puedes ser su cómplice, su amigo, su confidente. Puedes abrazarle como los padres, guardar secretos como un hermano, compartir alegrías como un amigo y consentirle como los abuelos.

Yo tuve esa conexión, ese lazo mágico que me gustaría repetir. Yo soy esa tía pesada que hace cientos de fotos, que presume de niños, que se ríe con sus anécdotas infantiles y se los comería a besos.

Cuando no se tienen hermanos, es un cuñado/a el que te hace ese regalo de amor. Y cuando ese cuñado/a te nombra madrina, ése ya es el lazo que corona el regalo.

Yo tengo una ahijada y fue su cumpleaños el domingo. 

domingo, 14 de mayo de 2017

Escalada

Esta semana he hecho un curso de escalada, sí, de escalada, has leído bien. Lo digo porque quien me conoce pensará que me he vuelto loca con lo torpe que soy yo. A mí dame mi clase de pilates y zumba y para qué más. Pero he ido con mis compañeros de trabajo, todos juntos, para que nos enseñara otro de los compañeros, que era el instructor.

Así que ahí me tienes, uniformada con la misma camiseta, en el rocódromo, viendo lo alto que era aquello y explicándonos cosas de seguridad, aprendiendo a anudar el ocho y a asegurar al compañero... y subiendo, claro, también escalando.

Pablo Neruda dijo que "si no escalas la montaña jamás podrás ver el paisaje". Bueno, pues aquí mucho paisaje no había, pero desde arriba he visto otras cosas. Entre cuerdas, mosquetones, el ángel y las cintas express he aprendido mucho, pero no sólo de escalada, sino de compañerismo, de ayuda, de apoyo, de confianza, de paciencia, de unión, de esfuerzo y de superación. Siempre se puede subir un poquito más.

Lo mejor, el café al día siguiente lleno de agujetas, de anécdotas y de risas. Y sólo por eso me ha merecido la pena. Porque como decía el cartel que hizo una compañera para que nos apuntáramos -sí, simulamos una inscripción como las habituales a los cursos- "el compañerismo se logra cuando hay trabajo y amistad". Y lo puso de broma, pero como ha demostrado tener razón, lo escogimos como eslogan.



martes, 2 de mayo de 2017

El puzzle

Nunca me había parado a pensar si creía en el destino, no pienso que tengamos toda nuestra vida marcada al nacer y no podamos modificar nada. Hay un millón de decisiones en muchos momentos que nos pueden llevar por un camino u otro. Pero sí creo que las cosas suceden por algo, aunque en ese instante no sepamos para qué. Sí creo en eso de "estar en el momento adecuado, en el sitio adecuado", en las casualidades, en que de repente los astros se alinean y las piezas del puzzle encajan como decía en mi rincón. Puede que en el fondo eso sea lo que llaman destino.

Cuando hay un accidente o una catástrofe, alrededor siempre hay muchas historias personales. Ese atasco que le impidió a una persona subir al avión que se estrelló, esa mañana que se durmió para ir al instituto y el tren descarriló, esos amigos que iban a salir de fin de semana pero en el último momento uno se rajó y los demás tuvieron un accidente. Esas tristes casualidades.

Pero también alegres. Ese día que cambias tu elección de las prácticas y conoces a la persona más importante en otro sitio al que en principio no ibas a ir. Ese taller al que llega una chica a mitad de curso y se convierte en tu amiga. Esa persona que te dice que necesitan gente y te abre las puertas de un grupo en el momento que tú más lo necesitas. Ese curriculum que mandas cuando una empresa justo necesita alguien de tu perfil. Ese café que te tomas con un compañero de trabajo con el que de pronto tienes más cosas en común de las que creías. Esos amigos que te presentan un día en un cumpleaños y acaban siendo parte de tu círculo. Ese viaje que decides en el último momento y te reencuentras con una vieja amistad. Esa piscina a la que vas un día y acabas enamorada del socorrista o del camarero que te pone el café todos los días o del vecino del quinto que un buen día ves con otros ojos. No sé, creo que hay un millón de casualidades, coincidencias, azar, destino, suerte, magia, chispa...llámalo como quieras.

Y cuando acabas el puzzle, te quedas mirándolo, apreciando cómo las piezas han encajado en el momento que menos los esperabas, aunque habías intentado muchas veces colocar ese trozo. A veces se tarda mucho en completarlo, hay que empezarlo muchas veces, deshacerlo y comenzar de nuevo, buscar la pieza perdida o comprar otro puzzle. Al contemplarlo terminado, suspiras de satisfacción y de miedo. Sientes temor de que venga tu hijo y te descoloque el rompecabezas, o el perro se coma una porción o el viento se lo lleve lejos. ¿No os pasa? ¿Por qué esa desconfianza? ¿Ese miedo a ser felices? ¿No somos capaces de disfrutar? Simplemente gozar, apreciar las pequeñas cosas, divertirse, alegrarse, sentir y vivir el momento. Como he leído en un libro, "a veces la vida brilla más si la adornamos menos".