Una vez oí que todo el mundo debería tener un pueblo, aunque mi bisabuela era más de decir que todo niño debería tener un abuelo que le contase las historias pasadas, para mostrarle cómo era la vida antes.
En el fondo, es casi lo mismo si ampliamos el pueblo al concepto del lugar donde reencontrarte, recordar tus raíces, saber dónde está la gente con la que se puede contar, donde están tus recuerdos y tu infancia, sea un barrio, una aldea, la casa de tus abuelos, tu lugar de veraneo...lo que llamamos hogar.
Me dijeron que regresar a ese lugar era como quitarte 20 años de encima, rejuvenecer, saber que todo sigue igual, pero con 20 años más. Quizá haya otra gente pero con las mismas tradiciones o encuentres a las mismas personas que envejecieron a la vez que tú y vuelvas a hacer lo mismo de antes. Y vuelvas a ser el de antes.
Esto no significa anclarse en el pasado ni que cualquier tiempo pasado fue mejor. Me gustaba escuchar a mi abuela -y me sigue gustando- oír esas anécdotas de gente mayor que recuerda a la perfección cosas que para nosotros son inimaginables ahora. Estoy segura de que es la edad la que me lleva a recordar imágenes y frases que permanecen intactas en mi mente. Me pasó en un concierto de la gira EGB, donde me vi repitiendo de memoria eslóganes de anuncios, sintonías completas de las series y canciones de los 80. Es lo que ocurre con los encuentros de antiguos alumnos, donde corren torrentes de emociones, historietas por doquier y un sinfin de recuerdos bonitos de nuestro pasado que te hace ser feliz por un momento en el presente.
Contradiciendo la canción de Sabina que decía que “al sitio donde has sido feliz no debieras volver”. Y tú, ¿estás de acuerdo?
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martes, 17 de septiembre de 2019
lunes, 29 de febrero de 2016
Recuerdos
Es curiosa la fuerza de los recuerdos. Me admira el poder de la mente para no acordarte de algunas cosas del mes pasado y que tengas grabado a fuego muchas cosas de la infancia. Y aunque esto se comprueba claramente con las personas mayores, yo misma me sorprendo a veces recordando pequeños detalles que se hacen grandes por lo que evocan. Un olor, una canción, una comida, una frase...es increíble cómo pueden transportarte a otra ciudad y a otras personas, muchos años atrás.
Me parece interesante que te vengan a la mente aquellas vacaciones, que recuerdes cada rincón de la casa de la abuela o una frase que solía decir un profesor, jugar en el parque, volver del colegio con tus vecinas, aquella excursión, el día que fuiste al parque de atracciones o al cine con tu tío, aprender a andar en bici, aquel regalo de Reyes... Que repitas de memoria los compañeros de clase, la canción de los dibujos animados, los nombres de los personajes de las serie, y que además sepas dónde lo veías, qué comías mientras tanto y con quién estabas. Algunos momentos son tan potentes que sabes que siempre permanecerán en tu memoria. Aunque esa gente ya no esté, siempre estarán en tu corazón.
Dicen que a partir de los 3 años y medio empezamos a ser conscientes de nuestros recuerdos, hay quien evoca hechos de antes y otros tienen la mente en blanco hasta los 8 años. Por eso me parece tan importante contribuir a la memoria de la siguiente generación, para que cuando ellos crezcan tengan buenos recuerdos como los tengo yo. Sobre todo si se tuvo una infancia feliz, claro, sino entiendo que no se quieran rememorar momentos tristes.
Muchas imágenes de la infancia las tenemos vivas gracias a nuestros familiares que nos repiten las anécdotas, pero luego hay otras historias que te vienen a la mente sin más. Mucha culpa tienen también las fotografías. Ver fotos es algo que a mí me encantaba hacer de niña y por eso me sigue gustando mucho hacer fotos y después ponerlas en álbumes: por todo lo que recuerdas al verlas, que parece que estés allí de nuevo. Son recuerdos grabados a fuego en tu corazón.
Me parece interesante que te vengan a la mente aquellas vacaciones, que recuerdes cada rincón de la casa de la abuela o una frase que solía decir un profesor, jugar en el parque, volver del colegio con tus vecinas, aquella excursión, el día que fuiste al parque de atracciones o al cine con tu tío, aprender a andar en bici, aquel regalo de Reyes... Que repitas de memoria los compañeros de clase, la canción de los dibujos animados, los nombres de los personajes de las serie, y que además sepas dónde lo veías, qué comías mientras tanto y con quién estabas. Algunos momentos son tan potentes que sabes que siempre permanecerán en tu memoria. Aunque esa gente ya no esté, siempre estarán en tu corazón.
Dicen que a partir de los 3 años y medio empezamos a ser conscientes de nuestros recuerdos, hay quien evoca hechos de antes y otros tienen la mente en blanco hasta los 8 años. Por eso me parece tan importante contribuir a la memoria de la siguiente generación, para que cuando ellos crezcan tengan buenos recuerdos como los tengo yo. Sobre todo si se tuvo una infancia feliz, claro, sino entiendo que no se quieran rememorar momentos tristes.
Muchas imágenes de la infancia las tenemos vivas gracias a nuestros familiares que nos repiten las anécdotas, pero luego hay otras historias que te vienen a la mente sin más. Mucha culpa tienen también las fotografías. Ver fotos es algo que a mí me encantaba hacer de niña y por eso me sigue gustando mucho hacer fotos y después ponerlas en álbumes: por todo lo que recuerdas al verlas, que parece que estés allí de nuevo. Son recuerdos grabados a fuego en tu corazón.
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