Igual que critiqué al comercio en este post, hoy voy a romper una lanza a favor de las tiendas de proximidad. Son días de mucho trajín, hay mil opciones para comprar, y entiendo que estarán ávidos por que abras la puerta de su local y hagas el gasto en él. Apuesta por el comercio local y los pequeños establecimientos de siempre. Y respeta unos códigos de urbanidad, como por ejemplo no llegar casi a la hora del cierre, sobre todo si eres indecisa.
He tenido la suerte de que la amabilidad ha sido la protagonista de los dueños en las compras que he realizado. Y lo agradezco de verdad, porque no siempre es así. Ya se sabe que el castellano recio no es muy simpático algunas veces. O igual me estoy haciendo mayor y me parezco ya a mi abuela que siempre se quedaba a charlar con los tenderos.
El caso es que entiendo que en estas fechas hay profesiones que conllevan más faena e igual que los clientes debemos comprender que no pueden tener un buen día todas las jornadas -¡ay, la difícil tarea del trabajo de cara al público!- también pido esa afabilidad.
No como me ha pasado estos días con los mensajeros de las empresas de paquetería. Varias discusiones he tenido sobre la hora de estar en casa para recibir los bultos. Bastantes bordes y exigentes con el horario en el que yo no me encontraba en mi hogar, pero basta que te quedes todo la mañana esperándoles para que ese día no vayan. O que les digas que has salido un momento a comprar el pan y vuelves en cinco minutos -la ley de Murphy dice que ése será el momento en el que estará llamando al timbre- para que contesten que tienen más sitios donde ir. ¡5 minutos! Eso ya sin nombrar cuando te dicen que estuvieron en tu casa pero no es cierto o que es usted difícil de encontrar...
Recuerden por favor todos -trabajadores y clientes- cortesía, educación, cordialidad y ya, si me apuras, una vuelta de tuerca más, una sonrisa.
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viernes, 20 de diciembre de 2019
domingo, 20 de octubre de 2019
Trabajar en festivo
El pasado 12 de octubre, fiesta, cayó en sábado y como tal, todos aquellos que normalmente trabajan ese día lo tuvieron libre. Lo malo fue que muchos centros comerciales abrieron el domingo, con lo que cual entiendo el enfado de quienes libraron el 12 pero trabajaron el 13.
Se lió una buena en un foro de internet donde contestaron muy enfadados a una pregunta que habían hecho sobre si se abría el sábado festivo. Respondieron que era fiesta y que ya trabajaban el domingo y esa gente tenía derecho a estar con su familia. Estoy un poco harta de esa explicación de que no es una urgencia ir a comprar al centro comercial en domingo y puedes esperar al lunes. Pues seguramente sí, o igual no, pero no voy a entrar a valorar los horarios de cada uno. Voy a reivindicar la cantidad de trabajos de los que parece se olvida el sector comercio.
Estoy segura que como todos ellos reivindican que el domingo es para estar con la familia, no comprarán el pan reciente en la panadería, ni tomarán el vermú en el bar porque el camarero también tiene parientes. Por supuesto entiendo que se quedan en casa y no van al cine, ni a ningún restaurante, no se acercan al mercadillo ni llevan a sus hijos al grupo correspondiente con su monitor de ocio y tiempo libre. Como están en contra de comprar los domingos, supongo que no se acercarán al quiosco a por el periódico o unas gominolas, ni van a un estadio de fútbol ni a un concierto o teatro, ni cogen un avión o un autobús, ni toman una copa, ni contratan una niñera, ni se alojan en un hotel...¿sigo? Por descontado que no van a un centro comercial y si me apuras, tampoco entran en internet, donde con un sólo clic compras al otro lado del mundo y está abierto las 24 horas del día.
Deseo que no tengan que llamar a bomberos, policía, médico, veterinario, pediatra o farmacia de urgencias, personal de seguridad o un cerrajero, por ejemplo. No quiero seguir porque seguro que caigo en el mismo error de olvidarme de alguna profesión, porque desde la experiencia de haber trabajado en fin de semana digo que te das cuenta de la cantidad de ocupaciones que lo hace también.
Así que sí, entiendo que sería una guarrada, pero sólo oigo quejas del mismo sector como si los demás no tuvieran familias.
Se lió una buena en un foro de internet donde contestaron muy enfadados a una pregunta que habían hecho sobre si se abría el sábado festivo. Respondieron que era fiesta y que ya trabajaban el domingo y esa gente tenía derecho a estar con su familia. Estoy un poco harta de esa explicación de que no es una urgencia ir a comprar al centro comercial en domingo y puedes esperar al lunes. Pues seguramente sí, o igual no, pero no voy a entrar a valorar los horarios de cada uno. Voy a reivindicar la cantidad de trabajos de los que parece se olvida el sector comercio.
Estoy segura que como todos ellos reivindican que el domingo es para estar con la familia, no comprarán el pan reciente en la panadería, ni tomarán el vermú en el bar porque el camarero también tiene parientes. Por supuesto entiendo que se quedan en casa y no van al cine, ni a ningún restaurante, no se acercan al mercadillo ni llevan a sus hijos al grupo correspondiente con su monitor de ocio y tiempo libre. Como están en contra de comprar los domingos, supongo que no se acercarán al quiosco a por el periódico o unas gominolas, ni van a un estadio de fútbol ni a un concierto o teatro, ni cogen un avión o un autobús, ni toman una copa, ni contratan una niñera, ni se alojan en un hotel...¿sigo? Por descontado que no van a un centro comercial y si me apuras, tampoco entran en internet, donde con un sólo clic compras al otro lado del mundo y está abierto las 24 horas del día.
Deseo que no tengan que llamar a bomberos, policía, médico, veterinario, pediatra o farmacia de urgencias, personal de seguridad o un cerrajero, por ejemplo. No quiero seguir porque seguro que caigo en el mismo error de olvidarme de alguna profesión, porque desde la experiencia de haber trabajado en fin de semana digo que te das cuenta de la cantidad de ocupaciones que lo hace también.
Así que sí, entiendo que sería una guarrada, pero sólo oigo quejas del mismo sector como si los demás no tuvieran familias.
viernes, 5 de julio de 2019
Burbuja
Este post no va a ser políticamente correcto. Lo advierto por si no quieres seguir leyendo, sobre todo si eres maestro o profesor, pero en mi rincón doy mis opiniones personales. Y esto es algo que me ronda desde hace tiempo.
Reconozco que tenía el post escrito exclusivamente sobre tema el profesores, pero ayer hablando con unas compañeras, me di cuenta de que puede extenderse a más profesiones, así que cambié el título porque algunas personas trabajan en una burbuja, viven en un mundo paralelo sin bajar a la tierra y se quejan de cosas que para el común de los mortales resultan ser un privilegio.
En este mes de finales de curso, cuando todos vamos a tope con las agendas apretadas, junio se hace interminable y todavía ves muy lejos el momento de irte a la playa, parece que los únicos con derecho a estar cansados son los profesores. Estos días he oído bastantes veces que ya era hora de que acabara el curso porque están agotados. Sólo ellos necesitan vacaciones -por cierto, la mayoría (ya sé que no todos) disfrutarán de dos meses-. Porque los niños cansan mucho, sí, pero no más que otros muchos trabajos. En una cosa estoy de acuerdo, tienen mucha vocación y paciencia, eso sí, pero también otras profesiones y creo que les tenemos en menos consideración. O se quejan menos.
Este es el punto al que voy, al de los lamentos, a esa gente que "llora" sus problemas o fatigas delante de las personas menos adecuadas. Esto es extensible a mucha más gente, los que protestan porque este año tienen que trabajar algunos días en julio cuando siempre han tenido vacaciones de verano, a los que se embolsan un sueldo considerable mientras otros rascan el bolsillo... Creo que siempre tendrían que pensar que hay gente peor, que algunos no tienen ni trabajo, ni pueden ir de vacaciones, así que sólo por eso, deberían tener más respeto.
Reconozco que tenía el post escrito exclusivamente sobre tema el profesores, pero ayer hablando con unas compañeras, me di cuenta de que puede extenderse a más profesiones, así que cambié el título porque algunas personas trabajan en una burbuja, viven en un mundo paralelo sin bajar a la tierra y se quejan de cosas que para el común de los mortales resultan ser un privilegio.
En este mes de finales de curso, cuando todos vamos a tope con las agendas apretadas, junio se hace interminable y todavía ves muy lejos el momento de irte a la playa, parece que los únicos con derecho a estar cansados son los profesores. Estos días he oído bastantes veces que ya era hora de que acabara el curso porque están agotados. Sólo ellos necesitan vacaciones -por cierto, la mayoría (ya sé que no todos) disfrutarán de dos meses-. Porque los niños cansan mucho, sí, pero no más que otros muchos trabajos. En una cosa estoy de acuerdo, tienen mucha vocación y paciencia, eso sí, pero también otras profesiones y creo que les tenemos en menos consideración. O se quejan menos.
Este es el punto al que voy, al de los lamentos, a esa gente que "llora" sus problemas o fatigas delante de las personas menos adecuadas. Esto es extensible a mucha más gente, los que protestan porque este año tienen que trabajar algunos días en julio cuando siempre han tenido vacaciones de verano, a los que se embolsan un sueldo considerable mientras otros rascan el bolsillo... Creo que siempre tendrían que pensar que hay gente peor, que algunos no tienen ni trabajo, ni pueden ir de vacaciones, así que sólo por eso, deberían tener más respeto.
martes, 9 de octubre de 2018
Café
El café es desayunar, es despertar.
Es aroma.
Es parar de viaje a tomar un café.
Es una charla con una amiga.
Son dos tazas en la mesa.
Es compartir.
Es relax, es ocio.
Es negocio, es trabajo.
Es conversar.
Es reposar la comida.
Es una pausa.
Es redesayunar.
Es una sobremesa larga.
Es leche caliente en invierno o hielos en verano.
Es quedar a tomar un café aunque luego pidas otra cosa.
Es bajar al café con los compañeros del trabajo.
Es intimar, es desahogarte.
Es desconexión.
Es socializar.
Todo esto significa para mí una taza de café.
Nunca pensé que en la definición en wikipedia pusiera que "se acostumbra a tomarlo para entablar conversaciones" y que es "una de las bebidas sin alcohol más socializadores en muchos países". Es verdad.
Yo he sacado grandes amigos del trabajo bajando a tomar café, y también cuando las cosas se torcieron el grupo del café se difuminó. No invitarte a esa pausa laboral fue signo de que algo iba mal. La gente que trabaja desde casa dice que es lo que más echa de menos. Por algo será.
No soy persona hasta tomarme un café por la mañana, uno de mis placeres es quedar en una terraza con una amiga y, sin duda, el café sabe distinto en la playa mirando al mar.
Así que, aunque sea virtual, espero que te tomes un café mientras lees mi blog. Te invito.
Es aroma.
Es parar de viaje a tomar un café.
Es una charla con una amiga.
Son dos tazas en la mesa.
Es compartir.
Es relax, es ocio.
Es negocio, es trabajo.
Es conversar.
Es reposar la comida.
Es una pausa.
Es redesayunar.
Es una sobremesa larga.
Es leche caliente en invierno o hielos en verano.
Es quedar a tomar un café aunque luego pidas otra cosa.
Es bajar al café con los compañeros del trabajo.
Es intimar, es desahogarte.
Es desconexión.
Es socializar.
Todo esto significa para mí una taza de café.
Nunca pensé que en la definición en wikipedia pusiera que "se acostumbra a tomarlo para entablar conversaciones" y que es "una de las bebidas sin alcohol más socializadores en muchos países". Es verdad.
Yo he sacado grandes amigos del trabajo bajando a tomar café, y también cuando las cosas se torcieron el grupo del café se difuminó. No invitarte a esa pausa laboral fue signo de que algo iba mal. La gente que trabaja desde casa dice que es lo que más echa de menos. Por algo será.
No soy persona hasta tomarme un café por la mañana, uno de mis placeres es quedar en una terraza con una amiga y, sin duda, el café sabe distinto en la playa mirando al mar.
Así que, aunque sea virtual, espero que te tomes un café mientras lees mi blog. Te invito.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Humildad
Trabajé en un sitio donde comprendí la grandeza de la palabra humildad. Aprendí muchas más cosas que no vienen al caso y también otras que ahora se han puesto muy de moda, como la titulitis, la importancia extrema a tener tesis doctorales y ese tratamiento arcaico de la palabra doctor, a presumir de cargos en la firma del correo electrónico, a mirar por encima del hombro y creer que sabes de todo...
Eso me enseñó a valorar que todo lo que sube baja, y que hay tener cuidado a quien pisas para subir porque quizás te lo encuentras al bajar -esto lo leí por internet y viene al pelo-. Vamos, lo típico de "la vida da muchas vueltas", pero dicho de una manera más trepa.
Estos días me acordé de una frase que solíamos comentar en broma: "Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito". No sé si la habéis oído, pero es la pura realidad. Hay personas que se transforman cuando tienen un puesto por pequeño que sea...O no, quizás no cambian, quizás sólo revelan su verdadera personalidad cuando ejercen un poco de poder. ¡Es tan fácil caer en la soberbia y la vanidad...!
Si bien es cierto que siempre he creído que las personas más grandes son siempre las más humildes, los que no creen que brillan por ellas mismas, sino que siempre quieren aprender más, crecer en grupo, no hacer pequeño al de al lado. Esto se ve en muchos ámbitos, en el deportivo -piénsalo- los más grandes son siempre los más sencillos y modestos; los que no se creen importantes a pesar de todos los títulos que llevan a las espaldas, los que no han olvidado de dónde vienen, el esfuerzo que les ha costado conseguirlo y, lo más importante, los que siguen tratando a todos con respeto. Los no necesitan apagar la luz de los demás para brillar.
Eso me enseñó a valorar que todo lo que sube baja, y que hay tener cuidado a quien pisas para subir porque quizás te lo encuentras al bajar -esto lo leí por internet y viene al pelo-. Vamos, lo típico de "la vida da muchas vueltas", pero dicho de una manera más trepa.
Estos días me acordé de una frase que solíamos comentar en broma: "Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito". No sé si la habéis oído, pero es la pura realidad. Hay personas que se transforman cuando tienen un puesto por pequeño que sea...O no, quizás no cambian, quizás sólo revelan su verdadera personalidad cuando ejercen un poco de poder. ¡Es tan fácil caer en la soberbia y la vanidad...!
Si bien es cierto que siempre he creído que las personas más grandes son siempre las más humildes, los que no creen que brillan por ellas mismas, sino que siempre quieren aprender más, crecer en grupo, no hacer pequeño al de al lado. Esto se ve en muchos ámbitos, en el deportivo -piénsalo- los más grandes son siempre los más sencillos y modestos; los que no se creen importantes a pesar de todos los títulos que llevan a las espaldas, los que no han olvidado de dónde vienen, el esfuerzo que les ha costado conseguirlo y, lo más importante, los que siguen tratando a todos con respeto. Los no necesitan apagar la luz de los demás para brillar.
viernes, 8 de junio de 2018
Agendas
Tumbada en un flotador de esos gigantes, en la piscina de una casa de Ibiza, hace ya unos años, completamente relajada, dije: "¡qué final de curso más ajetreado, cuánto necesitábamos este año las vacaciones!" La respuesta fue: "como todos los años".
Pues va a a resultar cierto, echando la vista atrás, los meses de mayo y junio de los últimos años han sido agitados y con la agenda repleta, que no quiere decir que sea malo, sólo que hay muchos eventos seguidos en el calendario que sientes que vas saltando de uno a otro. Y eso que no es un curso escolar al uso, que no soy profesora ni alumna, ni tengo Selectividad -perdón, EBAU- ni exámenes finales. Pero sí hay otros acontecimientos que requieren de preparación previa y también de disfrutarlos, que ya he repetido por aquí que la vida es un tango. Así que estos días mezclo en mi cuaderno y en mi cabeza fútbol con conciertos, con cumpleaños, torneos de deporte, Comuniones, cenas de fin de clases...un maravilloso pupurrí.
Así que cuando me iba a sentar a escribir en el blog sobre el día del minivoley que celebramos en Valladolid, que este año alcanzó la 30 edición, y quería hablar yo sobre los valores de ayudar y el altruismo, alabar el hecho de organizar algo para que los demás disfruten y todos esas virtudes denostadas en estos tiempos, ya estábamos en las fiestas del pueblo donde vivo, de las que mi marido fue el pregonero y estuvimos celebrándolo con nuestros vecinos. Mientras estos días festivos pasaban entre música y almuerzos, tuve la cena con mis compañeras de clase de fitness, el concierto de Pablo Alborán -otro junio guay de conciertos-, celebramos el cumpleaños de mi sobrina y las comuniones de los niños de mi parroquia.
Sin tiempo para asimilar tanto evento, me encuentro animando al Real Valladolid que se ha colocado casi sin avisar en los puestos de lucha por el ascenso y me llaman para una entrevista de trabajo. No sólo la hago, sino que me escogen y me incorporo inmediatamente. Y así es como se descolocan el resto de planes. Pero... ¡bendito caos! Como estoy convencida que todo pasa por algo y de que va con el carácter, lejos de echar el freno de mano, mañana tengo de nuevo concierto y el domingo, fútbol. Enseguida llega el campamento de catequesis y ojalá el ascenso del Pucela, y después ya los partidos del Mundial y las tardes de piscina...Voy a apuntarlo en la agenda.
Pues va a a resultar cierto, echando la vista atrás, los meses de mayo y junio de los últimos años han sido agitados y con la agenda repleta, que no quiere decir que sea malo, sólo que hay muchos eventos seguidos en el calendario que sientes que vas saltando de uno a otro. Y eso que no es un curso escolar al uso, que no soy profesora ni alumna, ni tengo Selectividad -perdón, EBAU- ni exámenes finales. Pero sí hay otros acontecimientos que requieren de preparación previa y también de disfrutarlos, que ya he repetido por aquí que la vida es un tango. Así que estos días mezclo en mi cuaderno y en mi cabeza fútbol con conciertos, con cumpleaños, torneos de deporte, Comuniones, cenas de fin de clases...un maravilloso pupurrí.
Así que cuando me iba a sentar a escribir en el blog sobre el día del minivoley que celebramos en Valladolid, que este año alcanzó la 30 edición, y quería hablar yo sobre los valores de ayudar y el altruismo, alabar el hecho de organizar algo para que los demás disfruten y todos esas virtudes denostadas en estos tiempos, ya estábamos en las fiestas del pueblo donde vivo, de las que mi marido fue el pregonero y estuvimos celebrándolo con nuestros vecinos. Mientras estos días festivos pasaban entre música y almuerzos, tuve la cena con mis compañeras de clase de fitness, el concierto de Pablo Alborán -otro junio guay de conciertos-, celebramos el cumpleaños de mi sobrina y las comuniones de los niños de mi parroquia.
Sin tiempo para asimilar tanto evento, me encuentro animando al Real Valladolid que se ha colocado casi sin avisar en los puestos de lucha por el ascenso y me llaman para una entrevista de trabajo. No sólo la hago, sino que me escogen y me incorporo inmediatamente. Y así es como se descolocan el resto de planes. Pero... ¡bendito caos! Como estoy convencida que todo pasa por algo y de que va con el carácter, lejos de echar el freno de mano, mañana tengo de nuevo concierto y el domingo, fútbol. Enseguida llega el campamento de catequesis y ojalá el ascenso del Pucela, y después ya los partidos del Mundial y las tardes de piscina...Voy a apuntarlo en la agenda.
martes, 10 de abril de 2018
Títulos
Confieso que tenía este post en borrador desde hace bastante tiempo, pero no sabía cómo rematarlo, y mira tú por dónde que la actualidad me lo ha puesto en bandeja en estos días que tanto se habla de títulos universitarios, másteres y TFM.
Sí, yo también tengo un máster que acompaña mi curriculum cuando opto a un puesto de trabajo. Nada más. No creo que sea más que quien no lo tiene, ni menos que quien tiene un doctorado. Eso se lo dejo a la gente enferma de 'titulitis', un mal muy común en ciertos ámbitos laborales que lleva a preguntar con sorpresa "¿cómo no eres doctora?" o a ejercer cierto poder porque ponga ese cargo en tu larguísima firma de correo electrónico. No lo saco a relucir cuando me tomo una coca cola con mis amigos, como yo tampoco sé qué posgrado tienen ellos, si es que lo poseen, porque no creo que sean mejores personas por ello.
También es verdad que creo que te da una serie de habilidades o aptitudes -que ahora se lleva mucho esta palabra- para destacarlas en LinkedIn, pero pienso que puedes saber hacer otras cosas sin que hayas estudiado un máster. Puedes ser muy creativo, tener un don para los trabajos manuales o talento para hablar en público o para vender unos zapatos o maña para el bricolaje y no lo has aprendido en la Universidad.
Dicho esto, también me daré coba y diré que me costó mucho esfuerzo sacarlo mientras trabajaba de lunes a viernes, quedarme en casa muchos fines de semana estudiando y haciendo trabajos en el ordenador y exámenes on line, además de dinero, organización de horarios, renunciar a tiempo libre...eso durante dos cursos y una veintena de asignaturas. Este es el punto que me indigna cuando hay una noticia más en el tema de actualidad, que se lo hayan regalado, que le hayan modificado las notas, que se haya matriculado después de acabar el plazo, que no haya pasado los nervios de una defensa pública en un tribunal, que haya profesores fantasmas estampando firmas falsas, que no haya intercambiado un millón de emails con su tutor antes de entregar su trabajo fin de máster y que haya aprobado por su cara bonita. Y todo ¿para qué? Si acabo de decir que no te hace más que nadie, pero, sin duda, la honestidad sí te hace mejor.
Sí, yo también tengo un máster que acompaña mi curriculum cuando opto a un puesto de trabajo. Nada más. No creo que sea más que quien no lo tiene, ni menos que quien tiene un doctorado. Eso se lo dejo a la gente enferma de 'titulitis', un mal muy común en ciertos ámbitos laborales que lleva a preguntar con sorpresa "¿cómo no eres doctora?" o a ejercer cierto poder porque ponga ese cargo en tu larguísima firma de correo electrónico. No lo saco a relucir cuando me tomo una coca cola con mis amigos, como yo tampoco sé qué posgrado tienen ellos, si es que lo poseen, porque no creo que sean mejores personas por ello.
También es verdad que creo que te da una serie de habilidades o aptitudes -que ahora se lleva mucho esta palabra- para destacarlas en LinkedIn, pero pienso que puedes saber hacer otras cosas sin que hayas estudiado un máster. Puedes ser muy creativo, tener un don para los trabajos manuales o talento para hablar en público o para vender unos zapatos o maña para el bricolaje y no lo has aprendido en la Universidad.
Dicho esto, también me daré coba y diré que me costó mucho esfuerzo sacarlo mientras trabajaba de lunes a viernes, quedarme en casa muchos fines de semana estudiando y haciendo trabajos en el ordenador y exámenes on line, además de dinero, organización de horarios, renunciar a tiempo libre...eso durante dos cursos y una veintena de asignaturas. Este es el punto que me indigna cuando hay una noticia más en el tema de actualidad, que se lo hayan regalado, que le hayan modificado las notas, que se haya matriculado después de acabar el plazo, que no haya pasado los nervios de una defensa pública en un tribunal, que haya profesores fantasmas estampando firmas falsas, que no haya intercambiado un millón de emails con su tutor antes de entregar su trabajo fin de máster y que haya aprobado por su cara bonita. Y todo ¿para qué? Si acabo de decir que no te hace más que nadie, pero, sin duda, la honestidad sí te hace mejor.
jueves, 8 de marzo de 2018
Rompiendo el silencio
No me considero especialmente reivindicativa con el tema del feminismo, pero sí intento ser objetiva -formación profesional- y vivir en la realidad. Y la realidad es que sí existe esa desigualdad, esas injusticias, esa brecha salarial, ese techo de cristal, esos comentarios machistas, ese ninguneo, esos problemas de conciliación laboral, ese trabajo desigual en casa, ese porcentaje de desempleadas, esa precariedad, ese acoso y por desgracia, esa violencia machista que lleva hasta la muerte.
No hace falta sacar estadísticas ni datos a relucir porque todos los sabemos. Y hoy, esta fecha histórica -8M2018- no creo que sea el momento de explicar los motivos sino, como he oído por ahí, de decir basta, hasta aquí, perder el miedo y romper el silencio. "Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo".
Cuando leí el manifiesto hubo un punto en el que me detuve especialmente, que me hizo remover las entrañas, destapó mi experiencia y le quitó con dolor la tela de araña a mis recuerdos: el ninguneo y los comentarios machistas que entre bromas soporté en un trabajo.
Ese paternalismo, ese acoso, esos mediocres humillándote para destacar ellos, esos micromachismos, esos otros que ven y consienten sin actuar, que ríen las gracias, ese mirar para otro lado, ese silencio, esa titulitis, esa prepotencia y mirar por encima del hombro, ese no valorar el talento de las mujeres sino mejor calificar cómo va vestida, su sonrisa o sus ojos en vez de sólo su trabajo, ese decir que eres muy maja y muy amable en lugar de buena en tu trabajo, ese trabajar el doble para conseguir la mitad, esas reuniones sólo de hombres con cargo pero con secretarias, ese preguntar en una entrevista de trabajo por tu situación personal y por tus planes de futuro, esos piropos que hacen daño y esos chistes machistas sin gracia... Todo esto y más lo he vivido. No me lo han contado. No son datos ni interpretaciones de otros, son míos, es mi experiencia.
Al final, como siempre, es cuestión de educación, aunque se nos llene la boca al decirlo. No cuenta el cargo que tengas, ni los diplomas, ni el dinero, ni los premios, ni los títulos... Como leí una vez, "Educación es responder cuando te dan los buenos días". Cómo tratas a las personas es lo que define tu formación. Y en cómo se trata a las mujeres queda mucho camino por recorrer. "Si nosotras paramos se para el mundo".
No hace falta sacar estadísticas ni datos a relucir porque todos los sabemos. Y hoy, esta fecha histórica -8M2018- no creo que sea el momento de explicar los motivos sino, como he oído por ahí, de decir basta, hasta aquí, perder el miedo y romper el silencio. "Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo".
Cuando leí el manifiesto hubo un punto en el que me detuve especialmente, que me hizo remover las entrañas, destapó mi experiencia y le quitó con dolor la tela de araña a mis recuerdos: el ninguneo y los comentarios machistas que entre bromas soporté en un trabajo.
Ese paternalismo, ese acoso, esos mediocres humillándote para destacar ellos, esos micromachismos, esos otros que ven y consienten sin actuar, que ríen las gracias, ese mirar para otro lado, ese silencio, esa titulitis, esa prepotencia y mirar por encima del hombro, ese no valorar el talento de las mujeres sino mejor calificar cómo va vestida, su sonrisa o sus ojos en vez de sólo su trabajo, ese decir que eres muy maja y muy amable en lugar de buena en tu trabajo, ese trabajar el doble para conseguir la mitad, esas reuniones sólo de hombres con cargo pero con secretarias, ese preguntar en una entrevista de trabajo por tu situación personal y por tus planes de futuro, esos piropos que hacen daño y esos chistes machistas sin gracia... Todo esto y más lo he vivido. No me lo han contado. No son datos ni interpretaciones de otros, son míos, es mi experiencia.
Al final, como siempre, es cuestión de educación, aunque se nos llene la boca al decirlo. No cuenta el cargo que tengas, ni los diplomas, ni el dinero, ni los premios, ni los títulos... Como leí una vez, "Educación es responder cuando te dan los buenos días". Cómo tratas a las personas es lo que define tu formación. Y en cómo se trata a las mujeres queda mucho camino por recorrer. "Si nosotras paramos se para el mundo".
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martes, 30 de enero de 2018
Redes sociales
Esta semana me han pasado dos cosas muy curiosas por ser asidua a distintas redes sociales. Y es que a veces seguir a gente en Instagram tiene estas cosas, que te parece que los conoces de toda la vida porque sabes en qué trabajan, cómo se llaman sus niños y hasta lo que comen.
Aunque esto es algo que suelen denunciar los famosos porque les trae más de un problema -fans locos que les persiguen, les abordan e incluso les insultan, excusados en el anonimato de un perfil falso-, creo que también tiene cosas buenas. Siempre que haya respeto y educación, como en la vida real. Te hace estar más cerca de actores, cantantes, deportistas y cualquier personaje público, pero no puedes olvidar que no los conoces, no son tus amigos, aunque te parezca que los tienes tan cercanos.
El otro día me quedé en shock con la muerte de una wedding planner, que para quien no lo sepa es una organizadora de bodas. Por eso empecé a seguirla, por su trabajo, por sus flores en escenarios preciosos, decorados luminosos y por esa pasión desbordante que demostraba. Y así fue como, al enterarme de la fatal noticia, no podía dejar de pensar en su marido y sus tres hijos húngaros, a los que nos había hecho partícipes de su proceso de adopción. Ni tampoco olvidar a sus compañeras de trabajo, esa empresa que ella había creado para planear la boda perfecta.
Y entones piensas qué alegría y qué entusiasmo debe tener alguien para transmitirlo de esa manera tan brutal a través de la pantalla, como para que sin conocerla, pienses que se fue alguien con una personalidad arrolladora. Una joven treintañera que decía que si la felicidad fuese un color sería sin duda el amarillo. Y entonces, Instagram se llenó de mensajes de pésame, flores amarillas como las de sus bodas, novios huérfanos que colgaban fotos de sus preparativos, corazones amarillos en los millones de comentarios de su perfil. No hay duda de que rebosada felicidad y amor por su trabajo y por su familia. Parece ser que también lo sintió así su comunidad de seguidores.
La otra anécdota triste fue un vídeo denuncia de otra blogger, precisamente contando este acoso en un foro de la revista de moda Vogue, que consintió años de insultos y amenazas a ella y los suyos. Igualmente se hizo viral y sus lágrimas traspasaron el móvil. Miles de personas se solidarizaron, criticaron estas conductas, comentaron con un hashtag para que el foro se cerrase y la revista así lo hizo finalmente. En serio, qué mala es la envidia. ¿No tienes nada más que hacer, que seguir a una influencer que no te gusta, para insultarla y perder tu tiempo en escribir un comentario dañino sobre ella? ¿Qué clase de persona eres, además de obviamente una envidiosa y maleducada?
La otra enseñanza es que juntos se pueden conseguir muchas cosas. El vídeo fue compartido por muchas de sus compañeras que se hicieron eco del problema. Hay que contarlo, compartirlo y denunciarlo, cualquier clase de acoso, no sólo el cibernético. Es la otra cara de internet. Al final solo se trata de respeto. Como siempre.
Aunque esto es algo que suelen denunciar los famosos porque les trae más de un problema -fans locos que les persiguen, les abordan e incluso les insultan, excusados en el anonimato de un perfil falso-, creo que también tiene cosas buenas. Siempre que haya respeto y educación, como en la vida real. Te hace estar más cerca de actores, cantantes, deportistas y cualquier personaje público, pero no puedes olvidar que no los conoces, no son tus amigos, aunque te parezca que los tienes tan cercanos.
El otro día me quedé en shock con la muerte de una wedding planner, que para quien no lo sepa es una organizadora de bodas. Por eso empecé a seguirla, por su trabajo, por sus flores en escenarios preciosos, decorados luminosos y por esa pasión desbordante que demostraba. Y así fue como, al enterarme de la fatal noticia, no podía dejar de pensar en su marido y sus tres hijos húngaros, a los que nos había hecho partícipes de su proceso de adopción. Ni tampoco olvidar a sus compañeras de trabajo, esa empresa que ella había creado para planear la boda perfecta.
Y entones piensas qué alegría y qué entusiasmo debe tener alguien para transmitirlo de esa manera tan brutal a través de la pantalla, como para que sin conocerla, pienses que se fue alguien con una personalidad arrolladora. Una joven treintañera que decía que si la felicidad fuese un color sería sin duda el amarillo. Y entonces, Instagram se llenó de mensajes de pésame, flores amarillas como las de sus bodas, novios huérfanos que colgaban fotos de sus preparativos, corazones amarillos en los millones de comentarios de su perfil. No hay duda de que rebosada felicidad y amor por su trabajo y por su familia. Parece ser que también lo sintió así su comunidad de seguidores.
La otra anécdota triste fue un vídeo denuncia de otra blogger, precisamente contando este acoso en un foro de la revista de moda Vogue, que consintió años de insultos y amenazas a ella y los suyos. Igualmente se hizo viral y sus lágrimas traspasaron el móvil. Miles de personas se solidarizaron, criticaron estas conductas, comentaron con un hashtag para que el foro se cerrase y la revista así lo hizo finalmente. En serio, qué mala es la envidia. ¿No tienes nada más que hacer, que seguir a una influencer que no te gusta, para insultarla y perder tu tiempo en escribir un comentario dañino sobre ella? ¿Qué clase de persona eres, además de obviamente una envidiosa y maleducada?
La otra enseñanza es que juntos se pueden conseguir muchas cosas. El vídeo fue compartido por muchas de sus compañeras que se hicieron eco del problema. Hay que contarlo, compartirlo y denunciarlo, cualquier clase de acoso, no sólo el cibernético. Es la otra cara de internet. Al final solo se trata de respeto. Como siempre.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Sentimientos
Quizás porque la comunicación esté poco valorada -ya lo dije aquí- o porque los que trabajamos en este mundo valemos un poco para todo, hay mucha gente que se olvida del trabajo que hay detrás cuando las cosas salen bien. Quizás es porque tan pronto escribimos, que hablamos en público, que hacemos unas fotos, porque sabemos un poco de protocolo, otro de marketing, otro de relaciones públicas... No estamos ajustados a un departamento concreto, sino que abarcamos todos en el organigrama de una empresa.
Pero eso no quiere decir que no tengamos sentimientos.
Por eso hace unos días participé en un evento en el que hubo dos detalles que me gustaron especialmente. El primero fue que toda una consejera se acordó precisamente de esto, del esfuerzo y el trabajo que hay detrás para que una gala resulte perfecta. Dijo exactamente que parece que cuando las cosas salen bien es porque tienen que salir así, y no nos acordamos de lo mucho que habrá trabajado alguien estos últimos días. Así que, antes de comenzar su discurso de clausura, pidió un aplauso para todo ese trabajo que no se ve pero está ahí. Así que por la parte que me toca, gracias.
Se puede decir que esto es sentirse valorado, pero yo lo tenía un poco olvidado, por desgracia.
Y el otro detalle está muy relacionado con otro post en el que hablé de la importancia del equipo, en todos los aspectos de la vida, incluido el ámbito laboral. Cuando mis compañeros fueron hacerse una foto todos juntos del grupo de trabajadores, me vinieron a buscar porque yo en ese momento estaba trabajando en otro lugar apartado. Puede que ahora estés pensando que es una bobada, pero me hizo especial ilusión, porque os aseguro que en otras ocasiones esto no ha sido lo normal.
En otro sitio donde trabajé también organizábamos una jornada en la que se exponían trabajos por departamentos y nadie, en el momento de agradecer a quienes les habían ayudado a realizar su ponencia, absolutamente nadie se acordaba de "la chica de comunicación", de quien les había facilitado algún dato, de quien había encendido el ordenador y el proyector para su exposición, ni de quien le estaba haciendo las fotos con la cámara delante de ellos en ese mismo momento.
Y eso cuando llevas unos días con mucho estrés, te hace ir a casa completamente decepcionado. Porque como dije al principio, no perteneceremos a ningún grupo en particular y quizás pienses que sólo se trata de trabajo, pero tenemos sentimientos...aunque sean laborales.
Pero eso no quiere decir que no tengamos sentimientos.
Por eso hace unos días participé en un evento en el que hubo dos detalles que me gustaron especialmente. El primero fue que toda una consejera se acordó precisamente de esto, del esfuerzo y el trabajo que hay detrás para que una gala resulte perfecta. Dijo exactamente que parece que cuando las cosas salen bien es porque tienen que salir así, y no nos acordamos de lo mucho que habrá trabajado alguien estos últimos días. Así que, antes de comenzar su discurso de clausura, pidió un aplauso para todo ese trabajo que no se ve pero está ahí. Así que por la parte que me toca, gracias.
Se puede decir que esto es sentirse valorado, pero yo lo tenía un poco olvidado, por desgracia.
Y el otro detalle está muy relacionado con otro post en el que hablé de la importancia del equipo, en todos los aspectos de la vida, incluido el ámbito laboral. Cuando mis compañeros fueron hacerse una foto todos juntos del grupo de trabajadores, me vinieron a buscar porque yo en ese momento estaba trabajando en otro lugar apartado. Puede que ahora estés pensando que es una bobada, pero me hizo especial ilusión, porque os aseguro que en otras ocasiones esto no ha sido lo normal.
En otro sitio donde trabajé también organizábamos una jornada en la que se exponían trabajos por departamentos y nadie, en el momento de agradecer a quienes les habían ayudado a realizar su ponencia, absolutamente nadie se acordaba de "la chica de comunicación", de quien les había facilitado algún dato, de quien había encendido el ordenador y el proyector para su exposición, ni de quien le estaba haciendo las fotos con la cámara delante de ellos en ese mismo momento.
Y eso cuando llevas unos días con mucho estrés, te hace ir a casa completamente decepcionado. Porque como dije al principio, no perteneceremos a ningún grupo en particular y quizás pienses que sólo se trata de trabajo, pero tenemos sentimientos...aunque sean laborales.
miércoles, 30 de agosto de 2017
De vuelta
Estoy de vuelta de vacaciones, de vuelta al trabajo, de vuelta a la rutina, al blog, a mi ciudad, a casa. Y todo con un año más. Por eso quizás afronto el siguiente curso escolar como las promesas de año nuevo, donde todo empieza, todo se estrena, hasta la edad.
De vuelta quiere decir que la rueda sigue girando y eso siempre es bueno. Que para volver hay que ir, que para estar de vacaciones hay que haber trabajado, que para descansar hay que haberse cansado...y eso sin duda, es una satisfacción. Aunque ya hemos dicho que la vida es cíclica, también hay que intentar que cada día no sea igual.
Así que este año era diferente para mí, después del año pasado que como estaba en paro no eran unas "vacaciones al uso" y el año anterior - cuando empecé este blog- estaba recién despedida. Pero sobre todo ha sido distinto porque no he llegado a la playa estresada ni con necesidad de perder de vista a jefes ni compañeros de trabajo. Esto me ha permitido disfrutar desde el primer momento, sin preocupaciones ni temor a la vuelta.
Y lo más importante, ha sido distinto por no tener angustia al volver, por aprovechar hasta el último día y hacer el viaje de regreso tranquila. Como decía aquel anuncio de tráfico, lo importante es volver. Sin duda.
Y levantarse al día siguiente sin ansiedad, con la típica morriña del olor a mar, pero sabiendo que tienes un trabajo al que acudir con una sonrisa, con ganas de ver a tus compañeros y compartir las vacaciones, incluso agradecer a los jefes que han tenido el detalle de felicitarme por mi cumpleaños. Hacía mucho que no tenía una 'vuelta al cole' tan despreocupada. Y solo por eso hay que celebrarlo.
Aunque el calendario ya marca casi septiembre y con él, el inicio de curso, en Valladolid empiezan las fiestas de la ciudad, así que todavía nos quedan unos días para volver propiamente a la rutina. Una vuelta más a la rueda. Además, nos hemos mudado a una oficina nueva por lo que todo será nuevo y a estrenar. Todo por escribir.
En esos giros de la rueda dicen que en la vida todo regresa. No tengo muy claro si es verdad, pero quiero creer que sí, que todos giramos en esta rueda.
De vuelta quiere decir que la rueda sigue girando y eso siempre es bueno. Que para volver hay que ir, que para estar de vacaciones hay que haber trabajado, que para descansar hay que haberse cansado...y eso sin duda, es una satisfacción. Aunque ya hemos dicho que la vida es cíclica, también hay que intentar que cada día no sea igual.
Así que este año era diferente para mí, después del año pasado que como estaba en paro no eran unas "vacaciones al uso" y el año anterior - cuando empecé este blog- estaba recién despedida. Pero sobre todo ha sido distinto porque no he llegado a la playa estresada ni con necesidad de perder de vista a jefes ni compañeros de trabajo. Esto me ha permitido disfrutar desde el primer momento, sin preocupaciones ni temor a la vuelta.
Y lo más importante, ha sido distinto por no tener angustia al volver, por aprovechar hasta el último día y hacer el viaje de regreso tranquila. Como decía aquel anuncio de tráfico, lo importante es volver. Sin duda.
Y levantarse al día siguiente sin ansiedad, con la típica morriña del olor a mar, pero sabiendo que tienes un trabajo al que acudir con una sonrisa, con ganas de ver a tus compañeros y compartir las vacaciones, incluso agradecer a los jefes que han tenido el detalle de felicitarme por mi cumpleaños. Hacía mucho que no tenía una 'vuelta al cole' tan despreocupada. Y solo por eso hay que celebrarlo.
Aunque el calendario ya marca casi septiembre y con él, el inicio de curso, en Valladolid empiezan las fiestas de la ciudad, así que todavía nos quedan unos días para volver propiamente a la rutina. Una vuelta más a la rueda. Además, nos hemos mudado a una oficina nueva por lo que todo será nuevo y a estrenar. Todo por escribir.
En esos giros de la rueda dicen que en la vida todo regresa. No tengo muy claro si es verdad, pero quiero creer que sí, que todos giramos en esta rueda.
sábado, 8 de julio de 2017
La vida es un tango
Ya dije al principio del blog que no sabía si existía esta palabra pero que soy muy disfrutona. Me gusta aprovechar las oportunidades que tenemos de pasarlo bien, con moderación y sanamente, pero sacándole el mayor jugo. Cuando llegó mi perro a mi vida me gustó la frase de "la vida es un tango" porque jugaba con su nombre y desde entonces la utilizo como un mantra.
En mis tiempos jóvenes se usaba el lema de Carpe Diem, cuando la película El club de los poetas muertos la puso de moda. Entonces no sabía la magnitud de esa frase, la vida son dos días y hay que vivirlos. Con sus cosas, por supuesto, con trabajo y esfuerzo en el otro lado, sin desatender las obligaciones, pero con compensación. Porque si no trabajas durante la semana, no puedes saborear el finde, porque si no tuviéramos invierno, no apreciaríamos el verano, porque si no has perdido, no comprendes lo que es ganar.
Hay que poner de parte de uno por disfrutar, ya dije en otra ocasión en el blog que hay que huir de los amargaos, los que andan quejándose por todo, no hay que poner más obstáculos a la carrera: que hay que coger dos trenes para llegar, o estar un día en un sitio y al siguiente en otro, o madrugar mucho o hacer encaje de bolillos con las fechas...pues se hace. El viernes fui con los niños de la parroquia de campamento y me divertí mucho el tiempo que estuve, sin pensar que el sábado estaría en Madrid en un concierto, el domingo de cena y el lunes me iba de viaje, porque sabía que el resto de cosas también las iba a disfrutar en su momento.
Porque sí, porque luego ya trabajaré un mes seguido, porque hay que disfrutar cuando sale el sol, porque tristemente comprobé hace unos años que es cierto eso de que la vida es muy corta. No me gusta los que me comentan que no me pierdo ni una o la coletilla de "¡cómo vives!". Ya lo dije en este post que lo más importante es que cada uno disfrute con lo que más le gusta hacer, cada uno con sus prioridades. Tengo los mismos días de vacaciones que los demás, incluso menos, pero será que los exprimo más y saboreo los pequeños momentos. Y los cuento en mis redes sociales y por eso la gente se entera más, pero no me importa, al contrario, hay veces me gustaría gritar a alguno "oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida".
Estos días pasados he puesto mi lema en marcha y como dije en junio disfruté de mis cantantes favoritos en concierto. Así que os recuerdo lo que dice uno de ellos:
En mis tiempos jóvenes se usaba el lema de Carpe Diem, cuando la película El club de los poetas muertos la puso de moda. Entonces no sabía la magnitud de esa frase, la vida son dos días y hay que vivirlos. Con sus cosas, por supuesto, con trabajo y esfuerzo en el otro lado, sin desatender las obligaciones, pero con compensación. Porque si no trabajas durante la semana, no puedes saborear el finde, porque si no tuviéramos invierno, no apreciaríamos el verano, porque si no has perdido, no comprendes lo que es ganar.
Hay que poner de parte de uno por disfrutar, ya dije en otra ocasión en el blog que hay que huir de los amargaos, los que andan quejándose por todo, no hay que poner más obstáculos a la carrera: que hay que coger dos trenes para llegar, o estar un día en un sitio y al siguiente en otro, o madrugar mucho o hacer encaje de bolillos con las fechas...pues se hace. El viernes fui con los niños de la parroquia de campamento y me divertí mucho el tiempo que estuve, sin pensar que el sábado estaría en Madrid en un concierto, el domingo de cena y el lunes me iba de viaje, porque sabía que el resto de cosas también las iba a disfrutar en su momento.
Porque sí, porque luego ya trabajaré un mes seguido, porque hay que disfrutar cuando sale el sol, porque tristemente comprobé hace unos años que es cierto eso de que la vida es muy corta. No me gusta los que me comentan que no me pierdo ni una o la coletilla de "¡cómo vives!". Ya lo dije en este post que lo más importante es que cada uno disfrute con lo que más le gusta hacer, cada uno con sus prioridades. Tengo los mismos días de vacaciones que los demás, incluso menos, pero será que los exprimo más y saboreo los pequeños momentos. Y los cuento en mis redes sociales y por eso la gente se entera más, pero no me importa, al contrario, hay veces me gustaría gritar a alguno "oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida".
Estos días pasados he puesto mi lema en marcha y como dije en junio disfruté de mis cantantes favoritos en concierto. Así que os recuerdo lo que dice uno de ellos:
domingo, 14 de mayo de 2017
Escalada
Esta semana he hecho un curso de escalada, sí, de escalada, has leído bien. Lo digo porque quien me conoce pensará que me he vuelto loca con lo torpe que soy yo. A mí dame mi clase de pilates y zumba y para qué más. Pero he ido con mis compañeros de trabajo, todos juntos, para que nos enseñara otro de los compañeros, que era el instructor.
Así que ahí me tienes, uniformada con la misma camiseta, en el rocódromo, viendo lo alto que era aquello y explicándonos cosas de seguridad, aprendiendo a anudar el ocho y a asegurar al compañero... y subiendo, claro, también escalando.
Pablo Neruda dijo que "si no escalas la montaña jamás podrás ver el paisaje". Bueno, pues aquí mucho paisaje no había, pero desde arriba he visto otras cosas. Entre cuerdas, mosquetones, el ángel y las cintas express he aprendido mucho, pero no sólo de escalada, sino de compañerismo, de ayuda, de apoyo, de confianza, de paciencia, de unión, de esfuerzo y de superación. Siempre se puede subir un poquito más.
Lo mejor, el café al día siguiente lleno de agujetas, de anécdotas y de risas. Y sólo por eso me ha merecido la pena. Porque como decía el cartel que hizo una compañera para que nos apuntáramos -sí, simulamos una inscripción como las habituales a los cursos- "el compañerismo se logra cuando hay trabajo y amistad". Y lo puso de broma, pero como ha demostrado tener razón, lo escogimos como eslogan.
Así que ahí me tienes, uniformada con la misma camiseta, en el rocódromo, viendo lo alto que era aquello y explicándonos cosas de seguridad, aprendiendo a anudar el ocho y a asegurar al compañero... y subiendo, claro, también escalando.
Pablo Neruda dijo que "si no escalas la montaña jamás podrás ver el paisaje". Bueno, pues aquí mucho paisaje no había, pero desde arriba he visto otras cosas. Entre cuerdas, mosquetones, el ángel y las cintas express he aprendido mucho, pero no sólo de escalada, sino de compañerismo, de ayuda, de apoyo, de confianza, de paciencia, de unión, de esfuerzo y de superación. Siempre se puede subir un poquito más.
Lo mejor, el café al día siguiente lleno de agujetas, de anécdotas y de risas. Y sólo por eso me ha merecido la pena. Porque como decía el cartel que hizo una compañera para que nos apuntáramos -sí, simulamos una inscripción como las habituales a los cursos- "el compañerismo se logra cuando hay trabajo y amistad". Y lo puso de broma, pero como ha demostrado tener razón, lo escogimos como eslogan.
viernes, 14 de abril de 2017
Mi rincón
Este rincón está sucio y olvidado -no abandonado- pero sí como esa esquina del salón que no limpias tan a menudo. Así siento estos días el blog, con telarañas y demasiadas cosas arrinconadas.Tenía tantas cosas que contar, que cuando iba a escribir sobre alguna, surgía una nueva y ya sabemos cómo son de volátiles las noticias.
Marzo fue un mes muy intenso: una Gala Nacional del Deporte que fue todo un éxito, muchos cumpleaños, una cena solidaria, la visita de unos buenos amigos y empecé un curso que tuve que dejar porque conseguí un trabajo. Pensé en escribir sobre esta gran noticia para mí, lo que supuso para mi autoestima y ordenar de nuevo mis horarios y rutinas laborales. Quise dar ánimo a esa gente que, como yo en desempleo, manda cientos de curriculum sin esperanza porque nadie responde. De repente suena la flauta, te hacen una entrevista con la que recuperar la confianza y vuelves a firmar un contrato. Y una cosa muy importante: por estar en el paro no estamos parados. Mientras tanto he hecho muchas cosas y de todo se aprende y todo suma. Me gusta pensar que las cosas suceden por algo. Como esas piezas sueltas del puzzle que un día, sin más, encajan, aunque hayas tenido esa porción de la mano muchos veces, de pronto encuentras el hueco. Su hueco.
Quise escribir sobre el atentado de Londres como ya lo hice de París, el zarpazo a la democracia y a la modernidad, y cuando pensaba en que cualquiera puede atentar ahora con un vehículo y darte la vuelta a la vida en un segundo, ya estábamos hablando de Estocolmo. Se me quedó grabada la frase de una sueca diciendo que "esto no ha pasado antes aquí". Ese es el problema, que ya son demasiadas ciudades sembradas por el horror.
Y en esto que pasamos de mes y llegamos a la Semana Santa. Yo, aférrima defensora de las procesiones de mi ciudad y éste año sólo he visto una. Cuando las has visto tantas veces y la has vivido tan intensamente, es como si estuviera saturada, como si no me cupiera ni una más. He trabajado tanto desde dentro, que quizás estoy tan exprimida que no tengo ya nada más de jugo en mi interior. Quise escribir sobre esta época pero no me salía nada diferente a lo del año pasado y menos éste en el que necesitaba descansar. Pero las naranjas siempre tienen unas gotas de zumo más, porque el puzzle habrá cambiado pero las piezas siempre encajan, solo hay que buscar el hueco.
Marzo fue un mes muy intenso: una Gala Nacional del Deporte que fue todo un éxito, muchos cumpleaños, una cena solidaria, la visita de unos buenos amigos y empecé un curso que tuve que dejar porque conseguí un trabajo. Pensé en escribir sobre esta gran noticia para mí, lo que supuso para mi autoestima y ordenar de nuevo mis horarios y rutinas laborales. Quise dar ánimo a esa gente que, como yo en desempleo, manda cientos de curriculum sin esperanza porque nadie responde. De repente suena la flauta, te hacen una entrevista con la que recuperar la confianza y vuelves a firmar un contrato. Y una cosa muy importante: por estar en el paro no estamos parados. Mientras tanto he hecho muchas cosas y de todo se aprende y todo suma. Me gusta pensar que las cosas suceden por algo. Como esas piezas sueltas del puzzle que un día, sin más, encajan, aunque hayas tenido esa porción de la mano muchos veces, de pronto encuentras el hueco. Su hueco.
Quise escribir sobre el atentado de Londres como ya lo hice de París, el zarpazo a la democracia y a la modernidad, y cuando pensaba en que cualquiera puede atentar ahora con un vehículo y darte la vuelta a la vida en un segundo, ya estábamos hablando de Estocolmo. Se me quedó grabada la frase de una sueca diciendo que "esto no ha pasado antes aquí". Ese es el problema, que ya son demasiadas ciudades sembradas por el horror.
Y en esto que pasamos de mes y llegamos a la Semana Santa. Yo, aférrima defensora de las procesiones de mi ciudad y éste año sólo he visto una. Cuando las has visto tantas veces y la has vivido tan intensamente, es como si estuviera saturada, como si no me cupiera ni una más. He trabajado tanto desde dentro, que quizás estoy tan exprimida que no tengo ya nada más de jugo en mi interior. Quise escribir sobre esta época pero no me salía nada diferente a lo del año pasado y menos éste en el que necesitaba descansar. Pero las naranjas siempre tienen unas gotas de zumo más, porque el puzzle habrá cambiado pero las piezas siempre encajan, solo hay que buscar el hueco.
viernes, 17 de marzo de 2017
Orgullo
Que tu ciudad sea noticia siempre es una buena noticia, valga la redundancia. Sobre todo cuando es por una cosa buena claro. Cuando los ojos de España se posan por un día en una ciudad como Valladolid -que no es Madrid ni Barcelona- te sientes importante. Ver pisar la alfombra roja a personas conocidas de la talla de Mireia Belmonte, Roberto Carlos, Vicente del Bosque, Saúl Cravioto, Lydia Valentín o Alhambra Nievas no deja de sorprenderte.
Por formación profesional, cuando veo un gran evento, con tantas personalidades invitadas y tanta organización, no puedo dejar de sentir admiración por ese trabajo. Me pasa con grandes acontecimientos, pienso en la cantidad de gente que estará en ese momento en la ciudad, o con su pensamiento en ella, y siento una punzada de orgullo.
Eso me pasó la semana pasada con la Gala Nacional del Deporte que se celebró en el Teatro Calderón. Pero cuando además, sabes el trabajo que hay detrás para organizar un acto de esa magnitud, conoces a la gente con nombre y apellido, ves que sale muy bien, la gente está contenta, la ciudad está volcada, todo son enhorabuenas... la satisfacción es doble.
Y entonces te reafirmas en que el esfuerzo tiene su recompensa y que los acontecimientos importantes son los que sitúan a Valladolid en el mapa. 12 horas siendo tendencia nacional, con 21,6 millones de impactos en Twitter y 15 millones de personas alcanzadas puede ser una de las gratificaciones medibles. Pensar que tu ciudad se convierte en un día en el centro del mundo del deporte y es capital del reino como hace 500 años en la época de Carlos V, es otro premio. Sentir que has formado parte de eso, que esas personas han sido capaces de arreglar ese tinglado ... como dice el anuncio, "no tiene precio".
Ya lo dije en este post, que me viene como anillo al dedo y me voy a plagiar a mí misma el final. "Hagas lo que hagas, hazlo con pasión. Pero en cualquier meta, en todas las metas de la vida. Llega a tu objetivo. Disfruta el camino. Y cuando cruces la línea, compártelo. Tu familia, tus amigos, quienes están ahí al final del camino, se lo merecen también. Recuerda que estuvieron animándote cuando creías que no podías más, confiaron en ti, todos son parte de ese éxito.Celébralo, abrázales, emociónate, cree en ti y disfrútalo. Te lo mereces, campeón".
Por formación profesional, cuando veo un gran evento, con tantas personalidades invitadas y tanta organización, no puedo dejar de sentir admiración por ese trabajo. Me pasa con grandes acontecimientos, pienso en la cantidad de gente que estará en ese momento en la ciudad, o con su pensamiento en ella, y siento una punzada de orgullo.
Eso me pasó la semana pasada con la Gala Nacional del Deporte que se celebró en el Teatro Calderón. Pero cuando además, sabes el trabajo que hay detrás para organizar un acto de esa magnitud, conoces a la gente con nombre y apellido, ves que sale muy bien, la gente está contenta, la ciudad está volcada, todo son enhorabuenas... la satisfacción es doble.
Y entonces te reafirmas en que el esfuerzo tiene su recompensa y que los acontecimientos importantes son los que sitúan a Valladolid en el mapa. 12 horas siendo tendencia nacional, con 21,6 millones de impactos en Twitter y 15 millones de personas alcanzadas puede ser una de las gratificaciones medibles. Pensar que tu ciudad se convierte en un día en el centro del mundo del deporte y es capital del reino como hace 500 años en la época de Carlos V, es otro premio. Sentir que has formado parte de eso, que esas personas han sido capaces de arreglar ese tinglado ... como dice el anuncio, "no tiene precio".
Ya lo dije en este post, que me viene como anillo al dedo y me voy a plagiar a mí misma el final. "Hagas lo que hagas, hazlo con pasión. Pero en cualquier meta, en todas las metas de la vida. Llega a tu objetivo. Disfruta el camino. Y cuando cruces la línea, compártelo. Tu familia, tus amigos, quienes están ahí al final del camino, se lo merecen también. Recuerda que estuvieron animándote cuando creías que no podías más, confiaron en ti, todos son parte de ese éxito.Celébralo, abrázales, emociónate, cree en ti y disfrútalo. Te lo mereces, campeón".
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jueves, 13 de octubre de 2016
Admiración
Normalmente se siente admiración por un actor, un cantante, un deportista o un escritor. Por alguien que tiene un don, del que tú careces, o que reconoces que lo hace mejor que tú. El diccionario define admiración como "valoración muy positiva de una persona o una cosa por sus extraordinarias cualidades". Así que también se puede sentir entusiasmo por la forma de ser de las
personas, sus valores, su personalidad. Así, te puedes fascinar con su
fuerza de voluntad, su bondad, su buen hacer, su paciencia, su
educación...
Este fin de semana sentí eso, de nuevo en el mismo evento que otros años, volví a admirar ese tesón, esa capacidad de superación de los deportistas y la paciencia de los acompañantes. Pero también admiré la capacidad de trabajo de muchos de los que estaban allí, el altruismo de los voluntarios, el trabajo de médicos y masajistas, el speaker que no paró de animar, los niños que miraban con orgullo a sus padres, los amigos que preparaban sorpresas en meta, el compañerismo y el apoyo que mostraban entre todos. La humildad de los ganadores, la disciplina que habrán tenido todo este tiempo de entrenamiento, la perseverancia y el sacrificio pero también el entusiasmo, el esfuerzo y el compromiso.
El lunes en una reunión de trabajo también admiré algunas de esas cualidades, sobre todo la ilusión, el compañerismo y el respeto. Eran palabras que creía olvidadas en ambientes laborales la verdad. Hay muchas frases motivadoras por internet pero ésta de Steve Jobs creo que es muy real, por lo menos para mí que soy muy "transparente".
Este fin de semana sentí eso, de nuevo en el mismo evento que otros años, volví a admirar ese tesón, esa capacidad de superación de los deportistas y la paciencia de los acompañantes. Pero también admiré la capacidad de trabajo de muchos de los que estaban allí, el altruismo de los voluntarios, el trabajo de médicos y masajistas, el speaker que no paró de animar, los niños que miraban con orgullo a sus padres, los amigos que preparaban sorpresas en meta, el compañerismo y el apoyo que mostraban entre todos. La humildad de los ganadores, la disciplina que habrán tenido todo este tiempo de entrenamiento, la perseverancia y el sacrificio pero también el entusiasmo, el esfuerzo y el compromiso.
El lunes en una reunión de trabajo también admiré algunas de esas cualidades, sobre todo la ilusión, el compañerismo y el respeto. Eran palabras que creía olvidadas en ambientes laborales la verdad. Hay muchas frases motivadoras por internet pero ésta de Steve Jobs creo que es muy real, por lo menos para mí que soy muy "transparente".
martes, 3 de mayo de 2016
Comprar la conciencia
Leo el otro día a un chico, supongo que desesperado, que ha perdido mil euros en un sobre en un centro comercial porque acababa de cobrar un trabajo y pidiendo que si alguien lo encuentra, por favor lo devuelva. Pero lo que más me llamó la atención fueron los cientos de comentarios restantes.
En vez de animarle y confiar en la buena gente que pueda encontrarlo y devolverlo, no, le macharcaron acusándole de torpe por perderlo, de llevarlo en un sobre en vez de en la cartera "porque el dinero no tiene dueño", incluso llegaron a insinuar que a ver qué trapicheaba para llevar ese dinero en metálico. ¿Hemos perdido el juicio? Yo estaba atónita, aunque algunos se retratraban con sus propias palabras.
¿La gente no tiene conciencia? ¿De verdad puedes dormir cuando has robado mil euros? ¿Puedes agacharte al ver un sobre en el suelo, mirar los billetes que hay dentro y metértelo al bolsillo sin más? ¿Puedes comprarte unos zapatos o un móvil con ese dinero y cada vez que te los pongas o lo uses recordar de dónde lo sacaste y quedarte tan a gusto?
El pobre chico tuvo que dar toda clase de explicaciones como justificándose: qué trabajo había realizado y cobrado, dónde lo llevaba, cómo se había caído... No sé, dudar así de alguien que no conoces me demuestra que nos hemos vuelto muy desconfiados y no me gusta. Y por otra parte, que la reacción sea esa de la gente tampoco me gusta. Me entristece. El dinero es muy goloso sí, pero dormir con la conciencia tranquila es la gloria.
En vez de animarle y confiar en la buena gente que pueda encontrarlo y devolverlo, no, le macharcaron acusándole de torpe por perderlo, de llevarlo en un sobre en vez de en la cartera "porque el dinero no tiene dueño", incluso llegaron a insinuar que a ver qué trapicheaba para llevar ese dinero en metálico. ¿Hemos perdido el juicio? Yo estaba atónita, aunque algunos se retratraban con sus propias palabras.
¿La gente no tiene conciencia? ¿De verdad puedes dormir cuando has robado mil euros? ¿Puedes agacharte al ver un sobre en el suelo, mirar los billetes que hay dentro y metértelo al bolsillo sin más? ¿Puedes comprarte unos zapatos o un móvil con ese dinero y cada vez que te los pongas o lo uses recordar de dónde lo sacaste y quedarte tan a gusto?
El pobre chico tuvo que dar toda clase de explicaciones como justificándose: qué trabajo había realizado y cobrado, dónde lo llevaba, cómo se había caído... No sé, dudar así de alguien que no conoces me demuestra que nos hemos vuelto muy desconfiados y no me gusta. Y por otra parte, que la reacción sea esa de la gente tampoco me gusta. Me entristece. El dinero es muy goloso sí, pero dormir con la conciencia tranquila es la gloria.
miércoles, 30 de marzo de 2016
La vida rosa
Ya estoy aquí, un poco más tarde de lo habitual pero necesitaba desconectar estas vacaciones. Salir de la rutina, y eso que dicen que ésta es buena porque da orden y estabilidad a tu vida. Pero no siempre es cierto. A veces hay que salir de esa zona de confort para ver que hay más mundo fuera... y si te gusta, luchar por conseguirlo. No hace falta irse al Caribe a pensar, sólo basta con romper con eso que haces todos los días igual, dejar de ver las mismas caras, pasear por las mismas calles, ir a los mismos sitios... ¿No os parece que el coche va solo al trabajo o a casa porque se sabe el camino de memoria?
Lo que bien se dice "cambiar de aires". Otras veces hay que salir y ver otras cosas...para apreciar las tuyas. Es curiosa esta paradoja. Nos pasamos la vida comparándonos con otros, y por qué no decirlo, también envidiándoles, y pocas veces pensamos que alguien pueda estar comparándose con nosotros. Pensamos en otro coche, otro trabajo, vemos su familia, su casa bonita, sus viajes, su vida...y no nos paramos a compararla con nuestra fortuna. Hay que apreciar lo que tenemos antes de que sea tarde y disfrutarlo.
Para eso está muy bien hablar con otra gente, no sólo ver su vida desde fuera. Porque igual que hay que alejarse de los amargados que nos agobian con sus quejas, tampoco son buenos los "super-happy-de-la-vida" que nos cansan con su vida de cuento. Esa gente que no tiene problemas, todo está bien, no se queja de nada, su familia parece de revista y tiene una vida de color de rosa. Ese extremo no es real, parecen un anuncio. La vida es menos rosa por eso hay que disfrutar intensamente los momentos en que es fucsia.
Lo que bien se dice "cambiar de aires". Otras veces hay que salir y ver otras cosas...para apreciar las tuyas. Es curiosa esta paradoja. Nos pasamos la vida comparándonos con otros, y por qué no decirlo, también envidiándoles, y pocas veces pensamos que alguien pueda estar comparándose con nosotros. Pensamos en otro coche, otro trabajo, vemos su familia, su casa bonita, sus viajes, su vida...y no nos paramos a compararla con nuestra fortuna. Hay que apreciar lo que tenemos antes de que sea tarde y disfrutarlo.
Para eso está muy bien hablar con otra gente, no sólo ver su vida desde fuera. Porque igual que hay que alejarse de los amargados que nos agobian con sus quejas, tampoco son buenos los "super-happy-de-la-vida" que nos cansan con su vida de cuento. Esa gente que no tiene problemas, todo está bien, no se queja de nada, su familia parece de revista y tiene una vida de color de rosa. Ese extremo no es real, parecen un anuncio. La vida es menos rosa por eso hay que disfrutar intensamente los momentos en que es fucsia.
miércoles, 16 de marzo de 2016
Esfuerzo
"No he estudiado nada pero he sacado un 10", "¡qué suerte ha tenido esa que ha conseguido el trabajo!", "yo es que como de todo y no hago ejercicio y así estoy". Seguro que más de una vez hemos oído estas frases a alguien y yo, personalmente, no me las creo. Salvo excepciones lógicas de que alguien tenga una inteligencia superior o una constitución de cuerpo muy benévola, estoy segura de que todo premio tiene detrás mucho esfuerzo y sacrificio.
Cuando estudias, apruebas. Cuando estudias más, llegas al notable. Si sales a correr, quemas el plato de pasta que te has comido. Si te sacrificas y comes menos dulce, no engordas tanto. Así en todo, o en muchas cosas, porque sé que por ejemplo, en el tema del trabajo "no siempre ganan los buenos", no los mejores consiguen siempre los mejores puestos de trabajo. Hay gente buena en el paro, pero creo que ahí influyen otras muchas cosas que todos tenemos en el pensamiento.
Esta semana he tenido varios ejemplos y varias conversaciones en las que, al final, mi conclusión era que es cierto que el esfuerzo tiene su recompensa. Cuando algo sale bien, pocas veces pensamos en las horas de trabajo que hay detrás, reuniones, visitas, viajes, horas extra, llamadas de teléfono, días enteros delante del ordenador...Cuando veo lo bien que sale un ejercicio de natación sincronizada pienso en la de veces que lo habrán repetido, en tantas horas y días entrenando para conseguirlo. Hablo con una amiga que me dice que adelgazó 15 kilos y me cuenta cómo buscaba tiempo de debajo de las piedras para salir a correr para acompañar el régimen que seguía. Y confiesa que pasaba hambre. ¡Pues claro! Me sienta mal cuando alguien quita mérito a los sacrificios. Otra amiga me cuenta las horas de pilates que le iban bien para su dolor de espalda. Otra me dice que tiene una entrevista de trabajo, y me cuenta la de curriculum que ha echado antes que fueron rechazados.
Somos muy dados a juzgar a la ligera, y sé que a veces entra en juego el factor suerte tan necesario en la vida para tener una ecuación perfecta, pero no menosprecio el valor del trabajo y del esfuerzo. Me enseñaron eso de pequeña, que había que esforzarse, no para aprobar, sino para sacar sobresaliente. Y ahora admiro a quien se levanta pronto para trabajar, a quien madruga para correr, a quien no come chocolate porque esta a dieta...porque ya se sabe que el que algo quiere, algo le cuesta.
Cuando estudias, apruebas. Cuando estudias más, llegas al notable. Si sales a correr, quemas el plato de pasta que te has comido. Si te sacrificas y comes menos dulce, no engordas tanto. Así en todo, o en muchas cosas, porque sé que por ejemplo, en el tema del trabajo "no siempre ganan los buenos", no los mejores consiguen siempre los mejores puestos de trabajo. Hay gente buena en el paro, pero creo que ahí influyen otras muchas cosas que todos tenemos en el pensamiento.
Esta semana he tenido varios ejemplos y varias conversaciones en las que, al final, mi conclusión era que es cierto que el esfuerzo tiene su recompensa. Cuando algo sale bien, pocas veces pensamos en las horas de trabajo que hay detrás, reuniones, visitas, viajes, horas extra, llamadas de teléfono, días enteros delante del ordenador...Cuando veo lo bien que sale un ejercicio de natación sincronizada pienso en la de veces que lo habrán repetido, en tantas horas y días entrenando para conseguirlo. Hablo con una amiga que me dice que adelgazó 15 kilos y me cuenta cómo buscaba tiempo de debajo de las piedras para salir a correr para acompañar el régimen que seguía. Y confiesa que pasaba hambre. ¡Pues claro! Me sienta mal cuando alguien quita mérito a los sacrificios. Otra amiga me cuenta las horas de pilates que le iban bien para su dolor de espalda. Otra me dice que tiene una entrevista de trabajo, y me cuenta la de curriculum que ha echado antes que fueron rechazados.
Somos muy dados a juzgar a la ligera, y sé que a veces entra en juego el factor suerte tan necesario en la vida para tener una ecuación perfecta, pero no menosprecio el valor del trabajo y del esfuerzo. Me enseñaron eso de pequeña, que había que esforzarse, no para aprobar, sino para sacar sobresaliente. Y ahora admiro a quien se levanta pronto para trabajar, a quien madruga para correr, a quien no come chocolate porque esta a dieta...porque ya se sabe que el que algo quiere, algo le cuesta.
domingo, 11 de octubre de 2015
Pilar
Día del Pilar. Desde siempre la única Pilar que existía en mi vida era mi tía y madrina, a la que adoro. Pero hace ya unos años apareció en el trabajo una nueva compañera con este nombre, que poco a poco, nos fuimos convirtiendo en amigas. Aquellos cafés en los descansos nos unieron más de lo que pensábamos, hasta que ese rato era el mejor de la jornada laboral. Confidencias, cotilleos, risas pero también muchas decepciones que compartimos juntas, día tras día.
Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.
Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.
Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!
Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.
Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.
Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!
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