Parece que las fases se aceleran y vamos desescalando y yo me pregunto si hemos aprendido algo de todo este tiempo, porque si no lo hemos hecho, siento que habremos perdido una oportunidad de oro, ojalá que la única que la vida te vaya a presentar tan claramente para que pares y reflexiones.
Creo que hemos tenido la oportunidad de ponernos en los zapatos de otros, como los actores que pueden interpretar varios papeles. Quizás has entendido el esfuerzo de los profesores con tus hijos, la paciencia de los abuelos o de los canguros, las ansias de los mayores cuando esperan a ver a la familia en la residencia, has podido probar en tus carnes las ventajas e inconvenientes de teletrabajar si normalmente lo haces en una oficina, o lo que supone estar tanto tiempo en casa, organizar las comidas y la limpieza, has sentido la incertidumbre de un erte o el paro, quizás te haya dolido la espalda y has comprendido a quien siempre se aqueja de esa dolencia o has comprobado quién atiende más en casa a los niños...
Un sinfín de ejemplos que nos pueden ayudar a entender la empatía, la solidaridad y la humildad de la que hablaba aquí, el sacrificio de hacerlo por los demás, la sensación de que otros dependan de ti y tú de ellos, entender que juntos salimos de esto, pero no si no estamos unidos. Creo que el camino no es buscar culpables ni crear bandos, ya dije al principio de esto que era "excepcional" y como tal tendríamos que tratarlo. Entiendo que todos lo estamos haciendo lo mejor que sabemos. O así debería ser y no ver en las noticias que al final los malos se vuelven peores. No, deberíamos salir de esta siendo mejores. Ojalá hayamos aprendido a serlo. Porque sino, ya sabes que la vida es tan buena maestra que si no aprendes la lección te la repite.
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miércoles, 10 de junio de 2020
martes, 5 de mayo de 2020
Lecciones
Espero que esteis aprendido las lecciones que nos deja este confinamiento, a echar el freno de mano, disfrutar del hogar, de la familia, a dar valor a las cosas importantes de verdad. Entender que el destino decide por mucho que tú planifiques y que el tiempo vuela... o pasa lento.... A saborear cada detalle de la slow life.
Cada uno deberá aplicar sus enseñanzas, pero creo que hay dos comunes para todos: solidaridad y humildad. La primera está clara, saldremos todos juntos, nos quedamos en casa para proteger a los demás, paseamos a las horas que nos indican para no mezclar grupos de edades, ayudamos en la compra a los mayores, hacemos un donativo para los necesitados ... Muchos gestos solidarios ha habido estos días y deberían continuar para no desaprender la lección. Y más solidarios tendremos que ser para salir adelante unidos, reflotar la economía, ayudar al pequeño comercio, viajar por nuestro país...pequeños gestos que ayudan.
Y humildad para darnos cuenta de que nadie es más que nadie. Esta enfermedad es como la muerte, que nos iguala a todos. No entiende de edad, ni países, ni razas, ni ricos, ni pobres. No me gustó cuando leí comentarios en las redes de las famosas que por qué ellas estaban preocupadas si tenían mucho dinero. ¿Y? Si aunque sean millonarios, la familia pueden enfermar igual y no hay dinero que lo remedie.
Humildad, cuando de repente la vida te pone delante de esa cajera del supermercado que sigue al pie del cañón como el médico, cuando la señora de la limpieza es igual de importante que la farmacéutica y la panadera como el científico que investiga la vacuna. Y esto ya es difícil. Lo he visto con mis propios ojos, menospreciar al reponedor desde la altura de un doctorado y mirar por encima del hombro al celador. Pero ahora admiramos al camionero, a quien se desloma trabajando por los demás, las manos encalladas del agricultor que valen igual que quien teclea el ordenador. Respeto se llama.
Cada uno deberá aplicar sus enseñanzas, pero creo que hay dos comunes para todos: solidaridad y humildad. La primera está clara, saldremos todos juntos, nos quedamos en casa para proteger a los demás, paseamos a las horas que nos indican para no mezclar grupos de edades, ayudamos en la compra a los mayores, hacemos un donativo para los necesitados ... Muchos gestos solidarios ha habido estos días y deberían continuar para no desaprender la lección. Y más solidarios tendremos que ser para salir adelante unidos, reflotar la economía, ayudar al pequeño comercio, viajar por nuestro país...pequeños gestos que ayudan.
Y humildad para darnos cuenta de que nadie es más que nadie. Esta enfermedad es como la muerte, que nos iguala a todos. No entiende de edad, ni países, ni razas, ni ricos, ni pobres. No me gustó cuando leí comentarios en las redes de las famosas que por qué ellas estaban preocupadas si tenían mucho dinero. ¿Y? Si aunque sean millonarios, la familia pueden enfermar igual y no hay dinero que lo remedie.
Humildad, cuando de repente la vida te pone delante de esa cajera del supermercado que sigue al pie del cañón como el médico, cuando la señora de la limpieza es igual de importante que la farmacéutica y la panadera como el científico que investiga la vacuna. Y esto ya es difícil. Lo he visto con mis propios ojos, menospreciar al reponedor desde la altura de un doctorado y mirar por encima del hombro al celador. Pero ahora admiramos al camionero, a quien se desloma trabajando por los demás, las manos encalladas del agricultor que valen igual que quien teclea el ordenador. Respeto se llama.
jueves, 9 de enero de 2020
Descontrol
Ya 9 de enero y no me he pasado por aquí a desearos feliz año, como ya ha hecho todo el mundo. Es un mero formalismo, porque yo preferí desearos feliz vida en mi anterior post. Y al hilo de esto, vuelvo a repetir, como cada diciembre en mi blog, que no me gustan los balances que hace la gente del año que termina. Entiendo que si te ha pasado algo maravilloso en tu vida o algo horrible, lo destaques en ese caso, pero sino, la vida es así, con sus altos y sus bajos.
El cómputo final inclinará la balanza a un lado o al otro, pero en general, suele tener sus blancos, sus negros, normalmente sus grises, incluso momentos de colores.
Y muchísimo menos me gustan los própositos de año nuevo, la vida calculada y planificada a largo plazo. Si la vida es descontrol, si ya he repetido por aquí que todo cambia en un momento. Deja que la vida te sorprenda.
Creo que sólo es una excusa para buscar un día para empezar a mejorar o a cambiar aquello que nos gusta menos. Si se llama 1 de enero, bienvenido sea, pero perfectamente puede ser 10 de febrero o 3 de octubre.
Lo que me agobia mucho es esa planificación al detalle de todo el año, me crea ansiedad pensar que estrenamos libro en blanco donde escribir. Soy de la opinión que hay cosas que podremos anotar al margen, ¡pero hay tantas que ya están escritas de antemano!
Al final sólo es un día más...y ya veremos lo que nos depara la jornada, el mes, la temporada, el verano, el nuevo curso...así hasta el próximo diciembre que volveremos a hacer balance.
El cómputo final inclinará la balanza a un lado o al otro, pero en general, suele tener sus blancos, sus negros, normalmente sus grises, incluso momentos de colores.
Y muchísimo menos me gustan los própositos de año nuevo, la vida calculada y planificada a largo plazo. Si la vida es descontrol, si ya he repetido por aquí que todo cambia en un momento. Deja que la vida te sorprenda.
Creo que sólo es una excusa para buscar un día para empezar a mejorar o a cambiar aquello que nos gusta menos. Si se llama 1 de enero, bienvenido sea, pero perfectamente puede ser 10 de febrero o 3 de octubre.
Lo que me agobia mucho es esa planificación al detalle de todo el año, me crea ansiedad pensar que estrenamos libro en blanco donde escribir. Soy de la opinión que hay cosas que podremos anotar al margen, ¡pero hay tantas que ya están escritas de antemano!
Al final sólo es un día más...y ya veremos lo que nos depara la jornada, el mes, la temporada, el verano, el nuevo curso...así hasta el próximo diciembre que volveremos a hacer balance.
martes, 31 de diciembre de 2019
Feliz vida
Y de repente todo se para y se hace un vacío en el calendario, un hueco que no entiende si es Nochebuena o la época más mágica del año.
Y ya da igual quién te espera a cenar ni los planes que hayas hecho. Todo se da la vuelta.
Sientes el silencio y miras a los ojos de los otros familiares.
Confías en esos ángeles de bata blanca pero la cabeza te va a mil.
Y cuando más sola te sentías, con tantos interrogantes sobre la amistad, te sientes abrumada de cariño y de llamadas. Aparece esa gente que se quedó atrás y sientes más cerca a los que siempre están contigo.
Los abrazos se hacen grandes y los besos verdaderos. Y te emocionas con quien menos te lo esperas.
Solo queda dar las gracias, un agradecimiento eterno. Como decía aquel cuento “el secreto querida Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces y solo entonces que estarás en el País de las Maravillas”.
Porque al final se trata siempre de eso, del corazón.
Y te ríes de las supersticiones, de cuando por estas fechas estabas brindando el año pasado porque no sabías lo que te esperaba, nadie sabe lo que está a la vuelta de la esquina. Por eso hay que vivir el momento, porque en un instante todo cambia.
Y ya da igual quién te espera a cenar ni los planes que hayas hecho. Todo se da la vuelta.
Sientes el silencio y miras a los ojos de los otros familiares.
Confías en esos ángeles de bata blanca pero la cabeza te va a mil.
Y cuando más sola te sentías, con tantos interrogantes sobre la amistad, te sientes abrumada de cariño y de llamadas. Aparece esa gente que se quedó atrás y sientes más cerca a los que siempre están contigo.
Los abrazos se hacen grandes y los besos verdaderos. Y te emocionas con quien menos te lo esperas.
Solo queda dar las gracias, un agradecimiento eterno. Como decía aquel cuento “el secreto querida Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces y solo entonces que estarás en el País de las Maravillas”.
Porque al final se trata siempre de eso, del corazón.
Y te ríes de las supersticiones, de cuando por estas fechas estabas brindando el año pasado porque no sabías lo que te esperaba, nadie sabe lo que está a la vuelta de la esquina. Por eso hay que vivir el momento, porque en un instante todo cambia.
miércoles, 25 de abril de 2018
Abril
Mira por la ventana. Las gotas de agua resbalan por el cristal cual lágrimas. Cierra los ojos triste. Un día tras otro un cielo gris plomizo que amenaza malos augurios. Y de repente, un estruendo y la descarga, como enfurecido. La mansa lluvia se transforma en tormenta y poco a poco en pequeños pedruscos, obligándole a permanecer en casa un día más. Oye el ruido del viento ensordecedor.
Apatía, melancolía, falta de energía como si estuviera enchufada a una bombilla y se hubiera fundido. Como los días sin luz. Lástima de ventanal en el salón por donde tendrían que filtrarse los rayos de sol e iluminar la casa. Y su cara.
Mira a su perro, dormido. Desidia. No hay paseo. Limpia las botas de agua de barro porque ayer le pilló la tormenta en la calle. Cambio climático lo llaman. O quizás sólo primavera. En la tele dicen que ha llovido 21 días de marzo. Días cortos, fríos y húmedos. ¿Cómo sobrevivirán en algunas ciudades grises? Cierra los ojos y piensa en la playa. Casi puede oír el mar. Recuerda su escapada al pueblo de montaña donde les recibió un sol primaveral.
En el telediario preguntan si el tiempo afecta a los estados de ánimo. Aunque no hay estudios que lo corroboren bromean con que el "trastorno afectivo estacional" se traduce en inglés como Seasonal Affective Disorder, cuyas siglas forman la palabra SAD, que significa triste. Ella lo tiene claro. No necesita investigaciones científicas ni refranes de "al mal tiempo buena cara". Sólo repica en su mente "abril, aguas mil". Como las gotas de lluvia en sus cristales. Cierra los ojos.
Pero la primavera tiene estas contradicciones y un día el sol se hace fuerte y entra por ese ventanal, como una explosión de luz iluminando la vida. Los parques se llenan de niños y risas. Vuelven los paseos largos al atardecer. Anochece más tarde y los días se hacen más largos para poder exprimirlos mejor. Las flores se abren paso en su cerezo. Su perro se tumba en el césped, se revuelca, juega. Vuelve el pantalón corto y el ejercicio al aire libre. Abre el balcón, se oyen las voces de la gente en las terrazas. Coge un libro y sale al jardín. Su pequeño remanso de paz. El sol le da en la cara y enciende su sonrisa. Cierra los ojos y disfruta.
Apatía, melancolía, falta de energía como si estuviera enchufada a una bombilla y se hubiera fundido. Como los días sin luz. Lástima de ventanal en el salón por donde tendrían que filtrarse los rayos de sol e iluminar la casa. Y su cara.
Mira a su perro, dormido. Desidia. No hay paseo. Limpia las botas de agua de barro porque ayer le pilló la tormenta en la calle. Cambio climático lo llaman. O quizás sólo primavera. En la tele dicen que ha llovido 21 días de marzo. Días cortos, fríos y húmedos. ¿Cómo sobrevivirán en algunas ciudades grises? Cierra los ojos y piensa en la playa. Casi puede oír el mar. Recuerda su escapada al pueblo de montaña donde les recibió un sol primaveral.
En el telediario preguntan si el tiempo afecta a los estados de ánimo. Aunque no hay estudios que lo corroboren bromean con que el "trastorno afectivo estacional" se traduce en inglés como Seasonal Affective Disorder, cuyas siglas forman la palabra SAD, que significa triste. Ella lo tiene claro. No necesita investigaciones científicas ni refranes de "al mal tiempo buena cara". Sólo repica en su mente "abril, aguas mil". Como las gotas de lluvia en sus cristales. Cierra los ojos.
Pero la primavera tiene estas contradicciones y un día el sol se hace fuerte y entra por ese ventanal, como una explosión de luz iluminando la vida. Los parques se llenan de niños y risas. Vuelven los paseos largos al atardecer. Anochece más tarde y los días se hacen más largos para poder exprimirlos mejor. Las flores se abren paso en su cerezo. Su perro se tumba en el césped, se revuelca, juega. Vuelve el pantalón corto y el ejercicio al aire libre. Abre el balcón, se oyen las voces de la gente en las terrazas. Coge un libro y sale al jardín. Su pequeño remanso de paz. El sol le da en la cara y enciende su sonrisa. Cierra los ojos y disfruta.
viernes, 24 de noviembre de 2017
Gracias
¿A qué hace cinco años tu madre no conocía el Black Friday? Ni siquiera sabía pronunciarlo, mucho menos traducirlo, y ahora te dice con toda tranquilidad que se ha ido de tiendas a ver los descuentos del "Viernes Negro"... ¿cómo...?
Así que ahora que hemos importado Halloween, el Black Friday y el Cyber Monday -que todavía nos queda otro día de compras-, ahora que ya nos hemos vestido de vampiros, nos han abrasado a correos con publicidad de rebajas, hemos picado y comprado en esos escaparates con carteles negros, ahora que los que no sabían ni una palabra en inglés hablan de todo esto con conocimiento de causa, cuando se fomenta el consumismo y las compras compulsivas, pregunto por qué no adoptamos también Thanksgiving.
Ah, claro, que como esto no se celebra aquí, tu padre no sabe lo que significa. Tan simple y tan grande como Acción de Gracias. Sí, cuando los americanos viajan de punta a punta del país para reunirse con la familia y cenar pavo relleno. Esa cita ineludible como lo es para nosotros las reuniones familiares navideñas. Aunque nosotros ya cenaremos el lechazo en Nochebuena, podíamos poner de moda lo de dar las gracias, ya que también en muchas casas es tradición realizar una oración de agradecimiento antes de comer el asado.
¿Te das cuenta lo poco que decimos esta palabra y lo bonita que es? Cuánto deberíamos dar gracias a los que están a nuestro alrededor y qué poco lo hacemos. Solemos pedir mucho más, ¿verdad? ¡Cuánto deberíamos agradecer a la vida! Deberíamos estar eternamente agradecidos.
El otro día vi un vídeo de una bloguera en el que antes de acostarse cada uno de sus hijos decía una cosa buena de ese día. A los que nos gusta escribir aconsejan recuperar nuestros viejos diarios de adolescentes y apuntar dos o tres cosas que te han gustado de esa jornada en un pequeño hueco en tu agenda.
Así que aunque sea algo que debamos cultivar todo el año, yo votaría por acoger esta otra fiesta "americanada" y sacarle el jugo a su lado emotivo. Un sólo día... o todos.
Thank you. Gracias.
Así que ahora que hemos importado Halloween, el Black Friday y el Cyber Monday -que todavía nos queda otro día de compras-, ahora que ya nos hemos vestido de vampiros, nos han abrasado a correos con publicidad de rebajas, hemos picado y comprado en esos escaparates con carteles negros, ahora que los que no sabían ni una palabra en inglés hablan de todo esto con conocimiento de causa, cuando se fomenta el consumismo y las compras compulsivas, pregunto por qué no adoptamos también Thanksgiving.
Ah, claro, que como esto no se celebra aquí, tu padre no sabe lo que significa. Tan simple y tan grande como Acción de Gracias. Sí, cuando los americanos viajan de punta a punta del país para reunirse con la familia y cenar pavo relleno. Esa cita ineludible como lo es para nosotros las reuniones familiares navideñas. Aunque nosotros ya cenaremos el lechazo en Nochebuena, podíamos poner de moda lo de dar las gracias, ya que también en muchas casas es tradición realizar una oración de agradecimiento antes de comer el asado.
¿Te das cuenta lo poco que decimos esta palabra y lo bonita que es? Cuánto deberíamos dar gracias a los que están a nuestro alrededor y qué poco lo hacemos. Solemos pedir mucho más, ¿verdad? ¡Cuánto deberíamos agradecer a la vida! Deberíamos estar eternamente agradecidos.
El otro día vi un vídeo de una bloguera en el que antes de acostarse cada uno de sus hijos decía una cosa buena de ese día. A los que nos gusta escribir aconsejan recuperar nuestros viejos diarios de adolescentes y apuntar dos o tres cosas que te han gustado de esa jornada en un pequeño hueco en tu agenda.
Así que aunque sea algo que debamos cultivar todo el año, yo votaría por acoger esta otra fiesta "americanada" y sacarle el jugo a su lado emotivo. Un sólo día... o todos.
Thank you. Gracias.
miércoles, 13 de septiembre de 2017
Encuentros
Ahora sí...ya se acabó el verano -aunque todavía queden días para ese 21 de septiembre que marca el comienzo de la estación otoñal-. Esta semana, cuando ya se acaban las fiestas de Valladolid, se retiran las casetas y los escenarios, ya no hay pinchos ni conciertos, regreso de las fiestas de moros y cristianos de Caudete (Albacete), ya no oigo las bandas de música ni los tiros de los trabucos...ésta es realmente la vuelta a la rutina. Aunque llevemos un par de semanas trabajando y con la playa ya en el recuerdo, es ahora cuando sacamos punta al lápiz y estrenamos cuaderno, los niños vuelven al colegio y con todo, la normalidad.
Es entonces cuando miro con nostalgia y satisfacción aquel 23 de junio en el que comencé mis primeras vacaciones con el campamento de la parroquia y el concierto de Alejandro Sanz en Madrid. En medio, muchas tardes de piscina y días calurosos de playa, viajes por la carretera, conciertos, muchas mañanas de trabajo y tardes de paseos al atardecer, risas, comidas, cenas, pero sobre todo mucha gente, familia y amigos que han formado parte de "mi verano 2017".
Y en todos esos viajes e idas y venidas, es obligatorio dejar a la gente atrás. Y son tan tristes las despedidas, esos abrazos sentidos, esas promesas de volver... Me quedo mejor con los reencuentros, me gustan tanto después de las vacaciones, cuando te alegras de volver a ver a los amigos, te preguntas por el verano, te sientes parte de un grupo... Pero ambos, despedidas y encuentros, se intensifican en estaciones y aeropuertos. A mí me resulta inevitable mirarles, aunque siento que es una intromisión a su vida privada, pero me acabo emocionando con esos besos sinceros, imaginando parentescos e historias, pensando dónde irán, cuándo volverán a verse...
En ferias fui a un espectáculo muy recomendable de Luis Piedrahíta, en el que además de reírme muchísimo, desgranó con picardía la vida cotidiana, y soltó algunas perlas que tendría que haber apuntado. Nos hizo poner el cronómetro de una hora para que apreciáramos el tiempo, para decirnos que había pasado una hora que no volverá, que la vida es esto, que la vida pasa, que es vivir, reír y disfrutar. ¡A por el nuevo curso!
Es entonces cuando miro con nostalgia y satisfacción aquel 23 de junio en el que comencé mis primeras vacaciones con el campamento de la parroquia y el concierto de Alejandro Sanz en Madrid. En medio, muchas tardes de piscina y días calurosos de playa, viajes por la carretera, conciertos, muchas mañanas de trabajo y tardes de paseos al atardecer, risas, comidas, cenas, pero sobre todo mucha gente, familia y amigos que han formado parte de "mi verano 2017".
Y en todos esos viajes e idas y venidas, es obligatorio dejar a la gente atrás. Y son tan tristes las despedidas, esos abrazos sentidos, esas promesas de volver... Me quedo mejor con los reencuentros, me gustan tanto después de las vacaciones, cuando te alegras de volver a ver a los amigos, te preguntas por el verano, te sientes parte de un grupo... Pero ambos, despedidas y encuentros, se intensifican en estaciones y aeropuertos. A mí me resulta inevitable mirarles, aunque siento que es una intromisión a su vida privada, pero me acabo emocionando con esos besos sinceros, imaginando parentescos e historias, pensando dónde irán, cuándo volverán a verse...
En ferias fui a un espectáculo muy recomendable de Luis Piedrahíta, en el que además de reírme muchísimo, desgranó con picardía la vida cotidiana, y soltó algunas perlas que tendría que haber apuntado. Nos hizo poner el cronómetro de una hora para que apreciáramos el tiempo, para decirnos que había pasado una hora que no volverá, que la vida es esto, que la vida pasa, que es vivir, reír y disfrutar. ¡A por el nuevo curso!
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miércoles, 30 de agosto de 2017
De vuelta
Estoy de vuelta de vacaciones, de vuelta al trabajo, de vuelta a la rutina, al blog, a mi ciudad, a casa. Y todo con un año más. Por eso quizás afronto el siguiente curso escolar como las promesas de año nuevo, donde todo empieza, todo se estrena, hasta la edad.
De vuelta quiere decir que la rueda sigue girando y eso siempre es bueno. Que para volver hay que ir, que para estar de vacaciones hay que haber trabajado, que para descansar hay que haberse cansado...y eso sin duda, es una satisfacción. Aunque ya hemos dicho que la vida es cíclica, también hay que intentar que cada día no sea igual.
Así que este año era diferente para mí, después del año pasado que como estaba en paro no eran unas "vacaciones al uso" y el año anterior - cuando empecé este blog- estaba recién despedida. Pero sobre todo ha sido distinto porque no he llegado a la playa estresada ni con necesidad de perder de vista a jefes ni compañeros de trabajo. Esto me ha permitido disfrutar desde el primer momento, sin preocupaciones ni temor a la vuelta.
Y lo más importante, ha sido distinto por no tener angustia al volver, por aprovechar hasta el último día y hacer el viaje de regreso tranquila. Como decía aquel anuncio de tráfico, lo importante es volver. Sin duda.
Y levantarse al día siguiente sin ansiedad, con la típica morriña del olor a mar, pero sabiendo que tienes un trabajo al que acudir con una sonrisa, con ganas de ver a tus compañeros y compartir las vacaciones, incluso agradecer a los jefes que han tenido el detalle de felicitarme por mi cumpleaños. Hacía mucho que no tenía una 'vuelta al cole' tan despreocupada. Y solo por eso hay que celebrarlo.
Aunque el calendario ya marca casi septiembre y con él, el inicio de curso, en Valladolid empiezan las fiestas de la ciudad, así que todavía nos quedan unos días para volver propiamente a la rutina. Una vuelta más a la rueda. Además, nos hemos mudado a una oficina nueva por lo que todo será nuevo y a estrenar. Todo por escribir.
En esos giros de la rueda dicen que en la vida todo regresa. No tengo muy claro si es verdad, pero quiero creer que sí, que todos giramos en esta rueda.
De vuelta quiere decir que la rueda sigue girando y eso siempre es bueno. Que para volver hay que ir, que para estar de vacaciones hay que haber trabajado, que para descansar hay que haberse cansado...y eso sin duda, es una satisfacción. Aunque ya hemos dicho que la vida es cíclica, también hay que intentar que cada día no sea igual.
Así que este año era diferente para mí, después del año pasado que como estaba en paro no eran unas "vacaciones al uso" y el año anterior - cuando empecé este blog- estaba recién despedida. Pero sobre todo ha sido distinto porque no he llegado a la playa estresada ni con necesidad de perder de vista a jefes ni compañeros de trabajo. Esto me ha permitido disfrutar desde el primer momento, sin preocupaciones ni temor a la vuelta.
Y lo más importante, ha sido distinto por no tener angustia al volver, por aprovechar hasta el último día y hacer el viaje de regreso tranquila. Como decía aquel anuncio de tráfico, lo importante es volver. Sin duda.
Y levantarse al día siguiente sin ansiedad, con la típica morriña del olor a mar, pero sabiendo que tienes un trabajo al que acudir con una sonrisa, con ganas de ver a tus compañeros y compartir las vacaciones, incluso agradecer a los jefes que han tenido el detalle de felicitarme por mi cumpleaños. Hacía mucho que no tenía una 'vuelta al cole' tan despreocupada. Y solo por eso hay que celebrarlo.
Aunque el calendario ya marca casi septiembre y con él, el inicio de curso, en Valladolid empiezan las fiestas de la ciudad, así que todavía nos quedan unos días para volver propiamente a la rutina. Una vuelta más a la rueda. Además, nos hemos mudado a una oficina nueva por lo que todo será nuevo y a estrenar. Todo por escribir.
En esos giros de la rueda dicen que en la vida todo regresa. No tengo muy claro si es verdad, pero quiero creer que sí, que todos giramos en esta rueda.
martes, 2 de mayo de 2017
El puzzle
Nunca me había parado a pensar si creía en el destino, no pienso que tengamos toda nuestra vida marcada al nacer y no podamos modificar nada. Hay un millón de decisiones en muchos momentos que nos pueden llevar por un camino u otro. Pero sí creo que las cosas suceden por algo, aunque en ese instante no sepamos para qué. Sí creo en eso de "estar en el momento adecuado, en el sitio adecuado", en las casualidades, en que de repente los astros se alinean y las piezas del puzzle encajan como decía en mi rincón. Puede que en el fondo eso sea lo que llaman destino.
Cuando hay un accidente o una catástrofe, alrededor siempre hay muchas historias personales. Ese atasco que le impidió a una persona subir al avión que se estrelló, esa mañana que se durmió para ir al instituto y el tren descarriló, esos amigos que iban a salir de fin de semana pero en el último momento uno se rajó y los demás tuvieron un accidente. Esas tristes casualidades.
Pero también alegres. Ese día que cambias tu elección de las prácticas y conoces a la persona más importante en otro sitio al que en principio no ibas a ir. Ese taller al que llega una chica a mitad de curso y se convierte en tu amiga. Esa persona que te dice que necesitan gente y te abre las puertas de un grupo en el momento que tú más lo necesitas. Ese curriculum que mandas cuando una empresa justo necesita alguien de tu perfil. Ese café que te tomas con un compañero de trabajo con el que de pronto tienes más cosas en común de las que creías. Esos amigos que te presentan un día en un cumpleaños y acaban siendo parte de tu círculo. Ese viaje que decides en el último momento y te reencuentras con una vieja amistad. Esa piscina a la que vas un día y acabas enamorada del socorrista o del camarero que te pone el café todos los días o del vecino del quinto que un buen día ves con otros ojos. No sé, creo que hay un millón de casualidades, coincidencias, azar, destino, suerte, magia, chispa...llámalo como quieras.
Y cuando acabas el puzzle, te quedas mirándolo, apreciando cómo las piezas han encajado en el momento que menos los esperabas, aunque habías intentado muchas veces colocar ese trozo. A veces se tarda mucho en completarlo, hay que empezarlo muchas veces, deshacerlo y comenzar de nuevo, buscar la pieza perdida o comprar otro puzzle. Al contemplarlo terminado, suspiras de satisfacción y de miedo. Sientes temor de que venga tu hijo y te descoloque el rompecabezas, o el perro se coma una porción o el viento se lo lleve lejos. ¿No os pasa? ¿Por qué esa desconfianza? ¿Ese miedo a ser felices? ¿No somos capaces de disfrutar? Simplemente gozar, apreciar las pequeñas cosas, divertirse, alegrarse, sentir y vivir el momento. Como he leído en un libro, "a veces la vida brilla más si la adornamos menos".
Cuando hay un accidente o una catástrofe, alrededor siempre hay muchas historias personales. Ese atasco que le impidió a una persona subir al avión que se estrelló, esa mañana que se durmió para ir al instituto y el tren descarriló, esos amigos que iban a salir de fin de semana pero en el último momento uno se rajó y los demás tuvieron un accidente. Esas tristes casualidades.
Pero también alegres. Ese día que cambias tu elección de las prácticas y conoces a la persona más importante en otro sitio al que en principio no ibas a ir. Ese taller al que llega una chica a mitad de curso y se convierte en tu amiga. Esa persona que te dice que necesitan gente y te abre las puertas de un grupo en el momento que tú más lo necesitas. Ese curriculum que mandas cuando una empresa justo necesita alguien de tu perfil. Ese café que te tomas con un compañero de trabajo con el que de pronto tienes más cosas en común de las que creías. Esos amigos que te presentan un día en un cumpleaños y acaban siendo parte de tu círculo. Ese viaje que decides en el último momento y te reencuentras con una vieja amistad. Esa piscina a la que vas un día y acabas enamorada del socorrista o del camarero que te pone el café todos los días o del vecino del quinto que un buen día ves con otros ojos. No sé, creo que hay un millón de casualidades, coincidencias, azar, destino, suerte, magia, chispa...llámalo como quieras.
Y cuando acabas el puzzle, te quedas mirándolo, apreciando cómo las piezas han encajado en el momento que menos los esperabas, aunque habías intentado muchas veces colocar ese trozo. A veces se tarda mucho en completarlo, hay que empezarlo muchas veces, deshacerlo y comenzar de nuevo, buscar la pieza perdida o comprar otro puzzle. Al contemplarlo terminado, suspiras de satisfacción y de miedo. Sientes temor de que venga tu hijo y te descoloque el rompecabezas, o el perro se coma una porción o el viento se lo lleve lejos. ¿No os pasa? ¿Por qué esa desconfianza? ¿Ese miedo a ser felices? ¿No somos capaces de disfrutar? Simplemente gozar, apreciar las pequeñas cosas, divertirse, alegrarse, sentir y vivir el momento. Como he leído en un libro, "a veces la vida brilla más si la adornamos menos".
lunes, 26 de septiembre de 2016
Pequeñas cosas
El otro día leí que quien no haya aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, no ha empezado a vivir. Esto es algo que tardas en aprender pero que cuando lo sabes, te ayuda a ser mucho más feliz. Lo malo es que sólo aplicamos la lección normalmente después de algún golpe.
La felicidad está en aquellas pequeñas cosas...como dice la canción de Serrat. En cosas cotidianas del día a día que te arrancan una sonrisa, que te hacen sentirte bien y que cuando faltan, es cuando te das cuenta de que eran grandes.
Como disfrutar de un atardecer, un paseo con mi perro, un beso de buenas noches, el olor a café por la mañana, dormir en sábanas limpias, escuchar a tu cantante favorito en el coche, ver dormir a un bebé, una ducha caliente después de hacer ejercicio, reencontrarse con una vieja amistad, una llamada, ayudar a alguien, ver crecer a tus hijos, sentir el apoyo de tu pareja.
Sonreir al evocar un recuerdo, una cena con amigos, despertarse con un beso, un abrazo donde refugiarse, quitarse los zapatos después de un día duro, una visita a mi abuela, una celebración familiar, un rayo de sol en la cara, el olor a hierba mojada, andar descalza en el jardín, gritar en un concierto, sentirse orgulloso de un proyecto, el primer helado del verano, una tarde de sofá con un buen libro, meter los pies en el mar.
Reir hasta saltarse las lágrimas, un chocolate caliente cuando hace frío, las luces de Navidad, un regalo inesperado, un viaje sorpresa, que mi sobrino me llame tía, la mirada azul de mi ahijada, el olor de una flor, estrenar ropa, andar descalza en casa, ver fotos antiguas, charlar en una larga sobremesa, mi perro acurrucándose junto a mí, un parque lleno de risas infantiles, colaborar en una labor altruista.
Y copio el final de lo que leí, que sonaba a reproche, a pregunta retórica, a animarte a espabilar, a disfrutar... "¿Dónde la estás buscando?"
La felicidad está en aquellas pequeñas cosas...como dice la canción de Serrat. En cosas cotidianas del día a día que te arrancan una sonrisa, que te hacen sentirte bien y que cuando faltan, es cuando te das cuenta de que eran grandes.
Como disfrutar de un atardecer, un paseo con mi perro, un beso de buenas noches, el olor a café por la mañana, dormir en sábanas limpias, escuchar a tu cantante favorito en el coche, ver dormir a un bebé, una ducha caliente después de hacer ejercicio, reencontrarse con una vieja amistad, una llamada, ayudar a alguien, ver crecer a tus hijos, sentir el apoyo de tu pareja.
Sonreir al evocar un recuerdo, una cena con amigos, despertarse con un beso, un abrazo donde refugiarse, quitarse los zapatos después de un día duro, una visita a mi abuela, una celebración familiar, un rayo de sol en la cara, el olor a hierba mojada, andar descalza en el jardín, gritar en un concierto, sentirse orgulloso de un proyecto, el primer helado del verano, una tarde de sofá con un buen libro, meter los pies en el mar.
Reir hasta saltarse las lágrimas, un chocolate caliente cuando hace frío, las luces de Navidad, un regalo inesperado, un viaje sorpresa, que mi sobrino me llame tía, la mirada azul de mi ahijada, el olor de una flor, estrenar ropa, andar descalza en casa, ver fotos antiguas, charlar en una larga sobremesa, mi perro acurrucándose junto a mí, un parque lleno de risas infantiles, colaborar en una labor altruista.
Y copio el final de lo que leí, que sonaba a reproche, a pregunta retórica, a animarte a espabilar, a disfrutar... "¿Dónde la estás buscando?"
domingo, 18 de septiembre de 2016
El tren de la amistad
Bajó del tren y mientras buscaba a su amiga entre rostros desconocidos en la estación, que miraban anhelantes a sus familiares -¡cuántas historias guardan las estaciones y aeropuertos!- pensó en cuánto tiempo había pasado, en cómo se encontrarían, en cuánto habían cambiado sus vidas. Y allí la vio, de pie, con su barriga prominente y otro crío de la mano. Pues sí habían cambiado, sí...
Comieron poniéndose al día de empleos, familias y amigos comunes. Tan pronto hablaban de nombres para el nuevo bebé como de una anécdota de trabajo. Pero por la tarde, recostadas en el sofá de su casa, en aquella calurosa tarde de verano, mientras hablaban de cosas cotidianas, los recuerdos se agolpaban en su mente. Sintió que volvían a ser aquellas jóvenes estudiantes, en esas escaleras donde se labró su amistad entre apuntes y nervios de exámenes, en aquellos cafés interminables y noches de fiesta. Mucho antes de licenciarse, de que los maridos llegaran a sus vidas, y los trabajos, y los hijos, y los jefes...mucho antes de mudarse de ciudad y no verse tanto, mucho antes de la boda y del pequeño, mucho antes... Cuando sólo eran dos alumnas con todos los sueños por cumplir.
Y al volver a subir al tren pensó que quizás ésa era la esencia de la amistad. La confianza, las confidencias que puedes hacer a una persona aunque haga tanto que no la ves, lo cómodo que te sientes a pesar de la distancia y del tiempo, y de los cambios de la vida. Como si no pasaran los años pero habían pasado veinte.
Comieron poniéndose al día de empleos, familias y amigos comunes. Tan pronto hablaban de nombres para el nuevo bebé como de una anécdota de trabajo. Pero por la tarde, recostadas en el sofá de su casa, en aquella calurosa tarde de verano, mientras hablaban de cosas cotidianas, los recuerdos se agolpaban en su mente. Sintió que volvían a ser aquellas jóvenes estudiantes, en esas escaleras donde se labró su amistad entre apuntes y nervios de exámenes, en aquellos cafés interminables y noches de fiesta. Mucho antes de licenciarse, de que los maridos llegaran a sus vidas, y los trabajos, y los hijos, y los jefes...mucho antes de mudarse de ciudad y no verse tanto, mucho antes de la boda y del pequeño, mucho antes... Cuando sólo eran dos alumnas con todos los sueños por cumplir.
Y al volver a subir al tren pensó que quizás ésa era la esencia de la amistad. La confianza, las confidencias que puedes hacer a una persona aunque haga tanto que no la ves, lo cómodo que te sientes a pesar de la distancia y del tiempo, y de los cambios de la vida. Como si no pasaran los años pero habían pasado veinte.
martes, 26 de julio de 2016
Otros veranos
Hubo un tiempo en que en verano no pasaba nada... Te sobresaltaban los incendios y los accidentes de tráfico en medio de la agenda de fiestas de pueblos. Pero el resto, era morralla con la que tenías que rellenar, rebajas, una ola de calor, cuánta gente hay en la playa, la venta de helados...
Esos veranos que hacíamos prácticas mientras se iban de vacaciones los profesionales y aprendíamos tanto como nos divertíamos. Pocas veces creo que se disfruta tanto del trabajo como cuando estás de prácticas que te comes el mundo.
Y ahora resulta que hay veranos como éste que te vas a la cama todos los días atemorizado: 84 personas mueren atropelladas por un camión en Niza, intento de golpe de estado en Turquía, un refugiado afgano con un hacha siembra el pánico en un tren alemán, un chico suicida en Munich mata a 9 personas, a los pocos días un atentado bomba con 15 heridos en un festival de música de Baviera, otro tiroteo en una discoteca en Florida, 19 personas acuchilladas en Japón, 13 muertos en un doble atentado en el aeropuerto de Mogadiscio (Somalia)... -cada día que retraso este post tengo que añadir algún triste suceso más-. Y me horroriza. El mundo se ha vuelto loco.
Y lo que más asusta es que da igual las víctimas, incluso no hacen falta armas. Puedes estar viendo unos fuegos artificiales, que viajando en tren, en un concierto, en una discoteca, en una hamburguesería o en un centro de discapacitados. Eso es lo que da miedo de verdad. Darse cuenta de lo efímero que es todo, que la vida se escapa entre las manos, se escurre como si fuera agua.
Pero la vez, no debemos ceder al miedo, ése es su objetivo. Tenemos que aprender la lección, lo único bueno que se me ocurre entre tanta muerte: aprovechar el momento. Disfrutar, como lo hacíamos en aquellos veranos en los que lo único que nos preocupaba era saber a qué pueblo íbamos a grabar las fiestas.
Esos veranos que hacíamos prácticas mientras se iban de vacaciones los profesionales y aprendíamos tanto como nos divertíamos. Pocas veces creo que se disfruta tanto del trabajo como cuando estás de prácticas que te comes el mundo.
Y ahora resulta que hay veranos como éste que te vas a la cama todos los días atemorizado: 84 personas mueren atropelladas por un camión en Niza, intento de golpe de estado en Turquía, un refugiado afgano con un hacha siembra el pánico en un tren alemán, un chico suicida en Munich mata a 9 personas, a los pocos días un atentado bomba con 15 heridos en un festival de música de Baviera, otro tiroteo en una discoteca en Florida, 19 personas acuchilladas en Japón, 13 muertos en un doble atentado en el aeropuerto de Mogadiscio (Somalia)... -cada día que retraso este post tengo que añadir algún triste suceso más-. Y me horroriza. El mundo se ha vuelto loco.
Y lo que más asusta es que da igual las víctimas, incluso no hacen falta armas. Puedes estar viendo unos fuegos artificiales, que viajando en tren, en un concierto, en una discoteca, en una hamburguesería o en un centro de discapacitados. Eso es lo que da miedo de verdad. Darse cuenta de lo efímero que es todo, que la vida se escapa entre las manos, se escurre como si fuera agua.
Pero la vez, no debemos ceder al miedo, ése es su objetivo. Tenemos que aprender la lección, lo único bueno que se me ocurre entre tanta muerte: aprovechar el momento. Disfrutar, como lo hacíamos en aquellos veranos en los que lo único que nos preocupaba era saber a qué pueblo íbamos a grabar las fiestas.
lunes, 25 de abril de 2016
Placeres de primavera
Aunque ya hace un mes que llegó la primavera como suele pasar hasta que no llegan los días soleados y se va un poco el frío no parece que estemos estrenando estación. Y como he hecho otras veces, esta también tiene sus placeres.
Para mí el primero, lo que comentaba al principio, más días de sol y mejor tiempo, que a mí me da la vida. Esa luz y calor me transmiten alegría. El segundo, los días son más largos. Aunque nunca he entendido el ahorro ese de las mañanas con el cambio de hora, por la tardes es una gozada tener más horas de luz, ver a la gente paseando, los parques llenos de gente y de vida.
Otro de mis placeres de primavera es obvio por el calendario: se acerca el verano y con él sus placeres. Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo porque prefiere el invierno, pero como yo soy de los meses cálidos, pues para mí estos tres placeres van unidos: el buen tiempo, los días largos y la proximidad del verano. Con más tiempo al aire libre, comienzan los picnics y barbacoas, ir al pinar o al parque o a la piscina. Y comenzar a programar las vacaciones, reservarlas, soñar con ellas que cada vez están más cerca, incluso hacer una escapadita del fin de semana. Otro de mis placeres al aire libre es salir al jardín a leer o a hacer manualidades.
Las flores. Me encantan los árboles en flor, los colores, parece que todo tiene más luz. (Lo siento mucho por los alérgicos). Aquí incluyo una recomendación para quien no haya visitado el Valle del Jerte, con sus cerezos en flor en todo su esplendor.
Las comidas más ligeras.Y la ropa también más ligera. Vuelvo otra vez a que todo es más colorido, la ropa incluida. Esos colores brillantes, amarillos, fucsia, ácidos...Sacar las bailarinas y las sandalias del armario y desterrar las botas. Comer ensalada y zumos de fruta que me encantan y ese primer helado me sabe a gloria.
Tomar el sol. Aunque todavía no se puede tumbar uno en bikini al sol, ya se puede ir cogiendo color con los paseos matutinos con el perro y sentarse en una terraza y sentir los rayos de sol en la cara. Poco a poco, ir quitándose ese blanco nuclear de la piel.
Es la época de las celebraciones: bodas y comuniones, sobre todo. A ponerse guapa y pasarlo bien con la familia y los amigos. Yo, desde luego lo hago, aprovecho para estar más al aire libre, me encanta salir a dar paseos más largos con el perro, leer en el jardín, tomar algo en una terraza, planeo las vacaciones, siento el sol y su energía, y disfruto del buen tiempo. ¡A disfrutar!
Para mí el primero, lo que comentaba al principio, más días de sol y mejor tiempo, que a mí me da la vida. Esa luz y calor me transmiten alegría. El segundo, los días son más largos. Aunque nunca he entendido el ahorro ese de las mañanas con el cambio de hora, por la tardes es una gozada tener más horas de luz, ver a la gente paseando, los parques llenos de gente y de vida.
Otro de mis placeres de primavera es obvio por el calendario: se acerca el verano y con él sus placeres. Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo porque prefiere el invierno, pero como yo soy de los meses cálidos, pues para mí estos tres placeres van unidos: el buen tiempo, los días largos y la proximidad del verano. Con más tiempo al aire libre, comienzan los picnics y barbacoas, ir al pinar o al parque o a la piscina. Y comenzar a programar las vacaciones, reservarlas, soñar con ellas que cada vez están más cerca, incluso hacer una escapadita del fin de semana. Otro de mis placeres al aire libre es salir al jardín a leer o a hacer manualidades.
Las flores. Me encantan los árboles en flor, los colores, parece que todo tiene más luz. (Lo siento mucho por los alérgicos). Aquí incluyo una recomendación para quien no haya visitado el Valle del Jerte, con sus cerezos en flor en todo su esplendor.
Las comidas más ligeras.Y la ropa también más ligera. Vuelvo otra vez a que todo es más colorido, la ropa incluida. Esos colores brillantes, amarillos, fucsia, ácidos...Sacar las bailarinas y las sandalias del armario y desterrar las botas. Comer ensalada y zumos de fruta que me encantan y ese primer helado me sabe a gloria.
Tomar el sol. Aunque todavía no se puede tumbar uno en bikini al sol, ya se puede ir cogiendo color con los paseos matutinos con el perro y sentarse en una terraza y sentir los rayos de sol en la cara. Poco a poco, ir quitándose ese blanco nuclear de la piel.
Es la época de las celebraciones: bodas y comuniones, sobre todo. A ponerse guapa y pasarlo bien con la familia y los amigos. Yo, desde luego lo hago, aprovecho para estar más al aire libre, me encanta salir a dar paseos más largos con el perro, leer en el jardín, tomar algo en una terraza, planeo las vacaciones, siento el sol y su energía, y disfruto del buen tiempo. ¡A disfrutar!
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miércoles, 30 de marzo de 2016
La vida rosa
Ya estoy aquí, un poco más tarde de lo habitual pero necesitaba desconectar estas vacaciones. Salir de la rutina, y eso que dicen que ésta es buena porque da orden y estabilidad a tu vida. Pero no siempre es cierto. A veces hay que salir de esa zona de confort para ver que hay más mundo fuera... y si te gusta, luchar por conseguirlo. No hace falta irse al Caribe a pensar, sólo basta con romper con eso que haces todos los días igual, dejar de ver las mismas caras, pasear por las mismas calles, ir a los mismos sitios... ¿No os parece que el coche va solo al trabajo o a casa porque se sabe el camino de memoria?
Lo que bien se dice "cambiar de aires". Otras veces hay que salir y ver otras cosas...para apreciar las tuyas. Es curiosa esta paradoja. Nos pasamos la vida comparándonos con otros, y por qué no decirlo, también envidiándoles, y pocas veces pensamos que alguien pueda estar comparándose con nosotros. Pensamos en otro coche, otro trabajo, vemos su familia, su casa bonita, sus viajes, su vida...y no nos paramos a compararla con nuestra fortuna. Hay que apreciar lo que tenemos antes de que sea tarde y disfrutarlo.
Para eso está muy bien hablar con otra gente, no sólo ver su vida desde fuera. Porque igual que hay que alejarse de los amargados que nos agobian con sus quejas, tampoco son buenos los "super-happy-de-la-vida" que nos cansan con su vida de cuento. Esa gente que no tiene problemas, todo está bien, no se queja de nada, su familia parece de revista y tiene una vida de color de rosa. Ese extremo no es real, parecen un anuncio. La vida es menos rosa por eso hay que disfrutar intensamente los momentos en que es fucsia.
Lo que bien se dice "cambiar de aires". Otras veces hay que salir y ver otras cosas...para apreciar las tuyas. Es curiosa esta paradoja. Nos pasamos la vida comparándonos con otros, y por qué no decirlo, también envidiándoles, y pocas veces pensamos que alguien pueda estar comparándose con nosotros. Pensamos en otro coche, otro trabajo, vemos su familia, su casa bonita, sus viajes, su vida...y no nos paramos a compararla con nuestra fortuna. Hay que apreciar lo que tenemos antes de que sea tarde y disfrutarlo.
Para eso está muy bien hablar con otra gente, no sólo ver su vida desde fuera. Porque igual que hay que alejarse de los amargados que nos agobian con sus quejas, tampoco son buenos los "super-happy-de-la-vida" que nos cansan con su vida de cuento. Esa gente que no tiene problemas, todo está bien, no se queja de nada, su familia parece de revista y tiene una vida de color de rosa. Ese extremo no es real, parecen un anuncio. La vida es menos rosa por eso hay que disfrutar intensamente los momentos en que es fucsia.
domingo, 11 de octubre de 2015
Pilar
Día del Pilar. Desde siempre la única Pilar que existía en mi vida era mi tía y madrina, a la que adoro. Pero hace ya unos años apareció en el trabajo una nueva compañera con este nombre, que poco a poco, nos fuimos convirtiendo en amigas. Aquellos cafés en los descansos nos unieron más de lo que pensábamos, hasta que ese rato era el mejor de la jornada laboral. Confidencias, cotilleos, risas pero también muchas decepciones que compartimos juntas, día tras día.
Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.
Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.
Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!
Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.
Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.
Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!
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