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jueves, 16 de febrero de 2017

Amar la radio

Esta semana hemos celebrado el día de la radio y el día de San Valentín y aunque parezca que no tengan relación, hay una conexión. La radio enamora, las voces de la radio te engatusan el oído, te hacen caer en las redes de un programa y acabas siendo fiel. La radio se convierte en una compañera leal, la puedes escuchar casi en cualquier sitio, en el trabajo, en casa, en el coche, en el hospital, cuando sales a correr, para despertarse, para acostarse, en tus ratos de ocio, de soledad, de diversión...

¿Quién no escuchaba en su juventud la lista del 40 al 1? ¿quién no esperaba a grabar su canción favorita rezando para que no hablara el locutor? ¿quién no ha ido de viaje escuchando un partido de fútbol? ¿quién no sabe quiénes son Gabilondo, Luis del Olmo o José María García? Mis primeros recuerdos de la radio en casa era desayunar para ir al cole con la música de "Protagonistas" y oír las noticias a mediodía mientras mi madre acababa de hacer la comida. Después llegaron muchos momentos más hasta llegar a estudiar periodismo, admirar a muchos profesionales, conocer en persona algunas de esas voces y tener una radio en cada habitación de casa, aunque reconozco que soy más de oírla en el coche.

Estoy hablando de hace 20 años cuando íbamos con un pesado magnetófono a grabar y rebobinábamos las cintas con un bolígrafo. Entonces casi nadie tenía móvil, ni spotify, ni USB en el coche, ni existían los podcasts para volver a oír tus programas favoritos, ni podías seguir a los presentadores en Twitter. Ahora es más fácil "poner cara" a esos periodistas que te enamoran con su voz y con su buen hacer, puedes escucharles, leerles, incluso verles.

En mi caso hay, si cabe, una vuelta de tuerca más. La radio fue el primer medio de comunicación donde hice prácticas en un tiempo donde había tanta oferta y demanda que hacíamos un test para acceder a ellas. La casualidad quiso que la chica anterior a mí en la lista de notas del examen cambiase a última hora su elección de empresa y a mí me tocó Radio Nacional de España en Valladolid. El azar quiso que un día preguntaran quién quería acompañar al redactor de deportes a una rueda de prensa y mis compañeros no levantaran la mano. El periodista con el que yo fui aquella primera vez es hoy mi marido. ¿Tú crees en el poder de las ondas?




martes, 27 de octubre de 2015

Amargaos

Hay una sección en el programa de radio "Lo mejor que te puede pasar" que se llama "El amargao de Twitter" que me gusta mucho porque la gente no deja nunca de sorprenderte. Leen unos cuantos tuits ácidos que han recibido ellos u otra gente famosa, normalmente críticas, algunas veces cercanas al insulto, otras sin ton ni son. En el programa se ríen porque la mayoría de las respuestas no tienen nada que ver con el tuit que han escrito, es sólo hablar por hablar, más bien, criticar por criticar. La verdad es que lo tienes que tomar así, riéndote, porque son eso: amargaos.

Cuando trabajas en comunicación, y más ahora con el boom de las redes sociales, esto es muy habitual. Es la misma crítica que harían en la vida real, pero elevada gracias a estar detrás de una pantalla de móvil y tener acceso a esa gente que antes sólo veías en la tele sin posibilidad de "hablar" con ella. En un curso me explicaron que los 'community manager' suelen contestar en las redes sociales como lo harían en la realidad, y es cierto, si eres amable o borde, se reflejará en tu respuesta. Lo mismo pasa con los amargaos.

Algunos no merecen respuesta, como no lo harías cara a cara. Incluso de algunos, si puedes, te alejarías en la vida real. Es más, aléjate de esos amargaos que te van minando poco a poco tus ganas de vivir, de disfrutar. Esa gente que está observándote para decirte lo que haces mal, esa crítica mordiente, esa gente "descalificadora". Los agresivos verbales que te hacen daño con sus palabras, los envidiosos, los chismosos, los falsos, pero sobre todo los "quejosos". Esos que no disfrutan con nada, que no saborean los pequeños momentos de la vida, que siempre están dando vueltas al mismo tema, que te anulan, te quitan tus sueños sólo porque ellos no luchan por el suyo.

Esa gente es tóxica, perjudica seriamente la salud. Lo malo es que algunos están bien disfrazados y sólo te das cuenta cuando te alejas de ellos.