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lunes, 11 de octubre de 2021

Redes sociales

 Aunque ya he hablado de algo relacionado con este tema en otros post, creo que lo he visto más incongruente el otro día con la caída de Facebook, Instagram y Whastapp. Me remito a mi alegato a la información que hice aquí y recuerdo a la influencer de moda diciendo que estamos sobreinformados. Pues bien, ahora damos una vuelta de tuerca más y resulta que además, estamos sobreconectados a las redes sociales y lo denunciamos en las propias redes. 

Parece ser que el otro día cuando estuvimos horas sin poder conectarnos, la mayoría de la gente estuvo muy tranquila, paseando, con su familia, con la paz que da no escuchar cómo entran los mensajes ni notificaciones al momento. Y así lo hicieron saber al día siguiente, con la conexión restablecida, en encuestas que leí en Instagram. ¿No es un poco incoherente decir en la misma red social que se cayó lo a gusto que estuviste desconectado de ella? Si así es, ¿por qué tan solo unas horas después estás otra vez enganchado explicando la paz que te da no estarlo? 

El colmo de la incongruencia me parece las propias dueñas de esas cuentas, no sólo las grandes influencer,  que viven -en parte, sé que su trabajo consiste en más tareas- de las redes sociales, hablando de desintoxicarse y apagar el móvil, pero volviendo a conectarse cuando necesitas promoción. Ojo que esto lo veo en muchos ámbitos porque sigo distintas cuentas de moda, scrap, estilo de vida...Al final como audiencia me siento utilizada porque supuestamente desconectan, pero vuelven a publicar cuando quieren enseñarte su último álbum de scrap, colección a la venta, diseño de ropa o producto de publicidad que deben promocionar. 

Para terminar, como conclusión, creo que (casi) todos podemos estar más o menos enganchados a una, a varias o a todas las redes sociales, debemos hacer un uso más responsable, pero no demonizarlas, porque un buen empleo de ellas puede ser muy útil en muchas circunstancias. Y sino, piensa cómo habríamos sobrevivido al confinamiento sin conexión. 




lunes, 31 de agosto de 2020

Día de la solidaridad

Dice mi agenda del community manager que hoy es el día de la solidaridad y me parece que no puede llegar en mejor momento. Falta mucha en estos momentos de rebrotes e incumplimiento de las normas. Mi primer pensamiento es "¡ponte la mascarilla!" Por solidaridad, precisamente. Antes decíamos por nuestros mayores, pero es que ahora ya no es cuestión de edad, póntela por el que está a tu lado porque no sabes si eres asintomático. Y el otro se la pondrá por ti, y entonces empezará a rodar esa cadena de solidaridad tan necesaria.

Otra de las palabras que se me vienen a la mente es la empatía. Tenemos muy poquita y se ve reflejada en multitud de ejemplos. ¿Has pensado en el pobre camarero que lleva no sé cuantas horas trabajando sudando -con-la-mas-ca-ri-lla- puesta mientras tú protestas porque no puedes quitártela al sentarte a la mesa? Ya dije en tiempos del confinamiento que era buen momento para ponerse en los zapatos de otro y entender muchas de sus razones. Si no lo hemos hecho, lamento que hayamos perdido una oportunidad de oro para comprobarlo. 

Hay muchos trabajos que merecen nuestra comprensión en estos tiempos: el hotel que ha estado cerrado y ahora abre con todas las precauciones y preocupaciones pero tú sólo piensas en que te haga una oferta para ir de vacaciones, o el pobre empleado de la agencia de viajes que ha descendido su facturación y tú le gritas tu reclamación como si él tuviera la culpa de la pandemia, el centro de belleza que ha tenido unos gastos añadidos en desechables pero te quejas por la subida de un euro... 

Y no sólo en este verano "especial", siempre creemos que lo nuestro vale más o menospreciamos el trabajo del otro. No me quiero ir por las ramas, quiero pensar en positivo y en la gente que sí ayuda a que la rueda de la solidaridad siga girando, que afortunadamente, no son pocos. A todos ellos, ¡feliz día!

spreadshirt


viernes, 20 de marzo de 2020

Excepcional

Una semana con el país en estado de alarma, sin salir de casa y teletrabajando. Cuando la situación es excepcional como ésta, surgen respuestas extraordinarias. O así debería ser, aunque siempre existe la excepción que confirma la regla -vamos, el garbanzo negro del cocido-.

Y excelente es la respuesta de mucha gente, cada uno aportando lo que puede, creatividad a raudales por las redes, memes y chistes para hacernos reír un poquito, solidaridad desde los balcones, juegos, clases abiertas y gratuitas de todo tipo en internet, recomendaciones y consejos...Porque como decía aquella canción de Mecano refiriéndose a la Nochevieja "hacemos por una vez algo a la vez".

Excepcional por supuesto el trabajo de tanta gente de la que dependemos ahora, sanitarios, pero también la señora de la limpieza, muy expuesta y más olvidada. Cajeras de supermercado y reponedores de alimentos, pero también hay que volver los ojos al inicio de la cadena, agricultores y ganadores, transportistas...

Hay muchas más profesiones que no quiero citar porque me voy a olvidar de alguna, pero quiero barrer para casa y recordar también a los quiosqueros y periodistas. Ellos también van a la redacción, al plató de televisión o a la emisora de radio para informarte constantemente, o están en casa inventándose la manera de teletrabajar porque el derecho a la información es un servicio público. Informar...y entretener, que los picos de la tele el fin de semana pasado adquirieron cotas históricas.

¡Y las redes! Tantas veces demonizadas, que si pasamos mucho tiempo conectados, que si no son buenas las pantallas...¡pero si ahora estamos todo el rato enganchados al móvil! ¿Te das cuenta de la cantidad de cosas que se pueden hacer on line? Desde teletrabajar, una videoconferencia, un curso a distancia, talleres y juegos, manualidades, seguir una clase, hacer deporte, la llamada a tus padres, incluso la quedada para salir a aplaudir.

Por último, aunque esto suene mal, si no fuera por el carácter de incertidumbre, incluso de miedo...es una época histórica. Algo que estudiarán tus hijos, hoy encerrados sin entender por qué. Siempre recordaremos qué hacíamos estos días (como cuando nos preguntan por el 11-S o el 11-M), así que aprovéchalo. Dale una respuesta extraordinaria a este momento excepcional.


martes, 30 de enero de 2018

Redes sociales

Esta semana me han pasado dos cosas muy curiosas por ser asidua a distintas redes sociales. Y es que a veces seguir a gente en Instagram tiene estas cosas, que te parece que los conoces de toda la vida porque sabes en qué trabajan, cómo se llaman sus niños y hasta lo que comen.

Aunque esto es algo que suelen denunciar los famosos porque les trae más de un problema -fans locos que les persiguen, les abordan e incluso les insultan, excusados en el anonimato de un perfil falso-, creo que también tiene cosas buenas. Siempre que haya respeto y educación, como en la vida real. Te hace estar más cerca de actores, cantantes, deportistas y cualquier personaje público, pero no puedes olvidar que no los conoces, no son tus amigos, aunque te parezca que los tienes tan cercanos.

El otro día me quedé en shock con la muerte de una wedding planner, que para quien no lo sepa es una organizadora de bodas. Por eso empecé a seguirla, por su trabajo, por sus flores en escenarios preciosos, decorados luminosos y por esa pasión desbordante que demostraba. Y así fue como, al enterarme de la fatal noticia, no podía dejar de pensar en su marido y sus tres hijos húngaros, a los que nos había hecho partícipes de su proceso de adopción. Ni tampoco olvidar a sus compañeras de trabajo, esa empresa que ella había creado para planear la boda perfecta.

Y entones piensas qué alegría y qué entusiasmo debe tener alguien para transmitirlo de esa manera tan brutal a través de la pantalla, como para que sin conocerla, pienses que se fue alguien con una personalidad arrolladora. Una joven treintañera que decía que si la felicidad fuese un color sería sin duda el amarillo. Y entonces, Instagram se llenó de mensajes de pésame, flores amarillas como las de sus bodas, novios huérfanos que colgaban fotos de sus preparativos, corazones amarillos en los millones de comentarios de su perfil. No hay duda de que rebosada felicidad y amor por su trabajo y por su familia. Parece ser que también lo sintió así su comunidad de seguidores.

La otra anécdota triste fue un vídeo denuncia de otra blogger, precisamente contando este acoso en un foro de la revista de moda Vogue, que consintió años de insultos y amenazas a ella y los suyos. Igualmente se hizo viral y sus lágrimas traspasaron el móvil. Miles de personas se solidarizaron, criticaron estas conductas, comentaron con un hashtag para que el foro se cerrase y la revista así lo hizo finalmente. En serio, qué mala es la envidia. ¿No tienes nada más que hacer, que seguir a una influencer que no te gusta, para insultarla y perder tu tiempo en escribir un comentario dañino sobre ella? ¿Qué clase de persona eres, además de obviamente una envidiosa y maleducada?

La otra enseñanza es que juntos se pueden conseguir muchas cosas. El vídeo fue compartido por muchas de sus compañeras que se hicieron eco del problema. Hay que contarlo, compartirlo y denunciarlo, cualquier clase de acoso, no sólo el cibernético. Es la otra cara de internet. Al final solo se trata de respeto. Como siempre.



sábado, 8 de julio de 2017

La vida es un tango

Ya dije al principio del blog que no sabía si existía esta palabra pero que soy muy disfrutona. Me gusta aprovechar las oportunidades que tenemos de pasarlo bien, con moderación y sanamente, pero sacándole el mayor jugo. Cuando llegó mi perro a mi vida me gustó la frase de "la vida es un tango" porque jugaba con su nombre y desde entonces la utilizo como un mantra.

En mis tiempos jóvenes se usaba el lema de Carpe Diem, cuando la película El club de los poetas muertos la puso de moda. Entonces no sabía la magnitud de esa frase, la vida son dos días y hay que vivirlos. Con sus cosas, por supuesto, con trabajo y esfuerzo en el otro lado, sin desatender las obligaciones, pero con compensación. Porque si no trabajas durante la semana, no puedes saborear el finde, porque si no tuviéramos invierno, no apreciaríamos el verano, porque si no has perdido, no comprendes lo que es ganar.

Hay que poner de parte de uno por disfrutar, ya dije en otra ocasión en el blog que hay que huir de los amargaos, los que andan quejándose por todo, no hay que poner más obstáculos a la carrera: que hay que coger dos trenes para llegar, o estar un día en un sitio y al siguiente en otro, o madrugar mucho o hacer encaje de bolillos con las fechas...pues se hace. El viernes fui con los niños de la parroquia de campamento y me divertí mucho el tiempo que estuve, sin pensar que el sábado estaría en Madrid en un concierto, el domingo de cena y el lunes me iba de viaje, porque sabía que el resto de cosas también las iba a disfrutar en su momento.

Porque sí, porque luego ya trabajaré un mes seguido, porque hay que disfrutar cuando sale el sol, porque tristemente comprobé hace unos años que es cierto eso de que la vida es muy corta. No me gusta los que me comentan que no me pierdo ni una o la coletilla de "¡cómo vives!". Ya lo dije en este post que lo más importante es que cada uno disfrute con lo que más le gusta hacer, cada uno con sus prioridades. Tengo los mismos días de vacaciones que los demás, incluso menos, pero será que los exprimo más y saboreo los pequeños momentos. Y los cuento en mis redes sociales y por eso la gente se entera más, pero no me importa, al contrario, hay veces me gustaría gritar a alguno "oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida". 

Estos días pasados he puesto mi lema en marcha y como dije en junio disfruté de mis cantantes favoritos en concierto. Así que os recuerdo lo que dice uno de ellos:


martes, 7 de febrero de 2017

Internet seguro

No sabía que hoy era el día de la seguridad en internet y me pareció un buen tema. No quiero debatir de nuevo sobre el asunto de las imágenes personales (sobre todo de menores) en nuestras redes sociales, sino de los consejos que suele dar la policía y las charlas que imparte en los colegios, porque me parecen iniciativas muy interesantes.

Nos centramos muchas veces en el tema de las fotos en Facebook sin darnos cuenta de que Whatsapp también es una red social. Quizás tenemos cien amigos en la primera...pero ¿cuánta gente tiene el número móvil? ¡Si lo tiene hasta el señor del gas! Lo damos como forma de contacto en cualquier institución, en el curriculum, en el trabajo... No nos damos cuenta que la seguridad en internet implica también un antivirus, las contraseñas, conectarse a wifi públicas seguras, hacer compras seguras, tapar la webcam...y otras muchas recomendaciones que implican utilizar el sentido común.

Es difícil en la sociedad actual seguir algunos de los consejos, como que los niños no tengan móvil antes de los 12 años y no usen Whatsapp hasta los 16, como dice en sus términos y condiciones de uso -las redes sociales exigen tener 14 años para abrirse un perfil-. Hoy decían que el 30% de los menores de 10 años está en Internet y el 79% de los que tienen 13 años. El regalo estrella de los niños en la Primera Comunión es un teléfono y lo quieren para conectarse con sus amigos por las redes sociales, mandarse fotos y chatear. Hay que pensar que no dejaríamos solo a un niño de 14 años sin carnet de conducir en un coche, pero sí los dejamos con terminales de última generación sin tener ni idea de manejarlos.

Hablamos de que son "nativos digitales" y no es verdad, saben utilizar los aparatos pero no saben las consecuencias. Desde bien pequeños acercan sus deditos a la pantalla táctil porque no han conocido otra cosa, pero no conocen lo que hay detrás. Se hacen fotos en momentos íntimos, semidesnudosn en el baño o en la playa sin pensar en pederastas ni ciberbullying. Porque en esas charlas de la policía insisten en que los insultos, amenazas y vejaciones no son un conflicto escolar, son un delito. Tenemos ejemplos claros y recientes en los tuits que investigaron sobre la muerte de Víctor Barrio y Bimba Bosé.

Creo que que el problema es el uso que hacen del movil, cuánto se conectan (ya se habla de adicción en menores), cómo y dónde. Los mayores deben poner unas normas y controlar ese uso, las fotos, los mensajes y saber qué personas tienen agregadas, porque los adolescentes no sólo aceptan solicitudes de amistad de sus conocidos. Decía la policía que cuántos teníamos Facebook y veíamos el perfil de nuestros hijos, y les contestaba que eso ya no vale, que ahora los chicos están en Instagram, Snapchat y Ask.fm (en el que responden a preguntas que se reciben anónimamente) y siguen a los youtubers jóvenes como si fueran gurús.

Cada más vez son más pequeños, cada vez hay más redes sociales. Esto va rapídisimo, tan rápido que deja obsoleto el debate de subir una foto, estamos en otros temas para mí más preocupantes como acoso, insultos, sexting, adicción, depresión.. que han sembrado una alarma social que destierra la oportunidad y las ventajas que también tiene el uso de internet y las redes sociales. 



lunes, 29 de agosto de 2016

Postureo

Sé que en verano somos muy pesados con las fotos -o por lo menos, yo-. "Postureo" dicen ahora que se llama. He encontrado hasta la definición: "es un neologismo acuñado recientemente y usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas tecnologías, para expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación".

Incluso ya existe derivaciones como "piestureo" por la cantidad de pies en la playa que inundan las redes sociales. O postureo gastronómico: "instagramea" tus platos, ensaladas coloridas, desayunos preciosos, batidos 'smoothies' por doquier. Uno de cada tres comensales hacen fotos de su comida y la comparten.

Despectivamente dicen que es el afán de exhibicionismo, de mostrar a los demás lo feliz que eres aunque no lo seas. No es mi caso, no finjo una foto para tener más seguidores porque no soy una famosa ni pretendo estar siempre guapa. Cada foto que subo es real, es mía, estoy en la playa, me tomo un mojito, ¡hasta mi perro posa! De lo único que se me puede acusar es de ser una pesada con el móvil en la mano fotografiando todo o aburrir a mis seguidores con demasiadas publicaciones. En eso tienen razón.

A mí me gusta ver lo que publican los demás en playas paradisiacas o atardeceres preciosos simplemente porque hay cosas que son bonitas, dignas de fotografiar...y también de compartir. Y el que lo esté viendo en ese momento o viviéndolo, que lo disfrute, lo mire bien y lo retenga en la retina y en sus recuerdos. Mirar al mar relaja, un atardecer, un paisaje desde lo alto de la montaña o la luna llena en una noche de verano, será postureo pero a mí me gusta ver esas fotos preciosas.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Equipo

En una de las charlas y cursos a los que he asistido sobre redes sociales dijeron que todos tenemos la necesidad de pertenecer a un grupo, hacer comunidad, y sobre todo, compartir las noticias, las cosas que nos pasan, aunque sean cotidianas. No puedo estar más de acuerdo. No creo que los que compartimos nuestra vida diaria por las redes sociales lo hagamos por ego, como he oído a algunas personas que lo critican, ni tampoco porque no tenga con nadie más con quien hablar físicamente.
 
Pero sí creo fervientemente en la necesidad de pertenencia a un grupo, da igual el carácter que tenga: puede ser una asociación benéfica, tu pandilla de amigos, tus vecinos, el equipo deportivo, una peña, tu clase o incluso la familia. Y cuando no se tiene este sentimiento de integración, uno se siente primero decepcionado, después frustado y por último, perdido. Doy fe de ello.

Ese sentimiento es lo que hay detrás de la frase de "ser la oveja negra de la familia", sentir que no encajas en ese conjunto. Los grupos pueden desaparecer, buscar uno nuevo, entrar a formar parte de uno ya creado, o ampliar el tuyo, pero siempre con ese sensación de ser parte integrante de algo, de ser una pequeña pieza del puzzle.

Y creo que una comunidad funciona cuando se aplican muchos de los valores del deporte de lo que tanto se habla que son beneficiosos para los niños, no sólo para hacer ejercicio y tener una vida saludable, sino por otros añadidos: hacer amigos, el compañerismo, el trabajo en equipo, el compromiso, la dedicación, el esfuerzo, la ilusión, el respeto, la confianza, la ayuda... y, de nuevo, esa sensación de ser un equipo que comparte juntos las victorias y las derrotas. Todos ellos se pueden aplicar a cualquier agrupación en el que hacen falta todas esas patas para que funcione correctamente. Si algo falla, será como una mesa coja. Compartir y juntos son las dos palabras clave.


miércoles, 11 de mayo de 2016

Sin luz

El otro día se fue la luz en mi zona por una avería general. y es entonces cuando descubres el mundo actual en el que vivimos que esas horas parecían la hecatombe. Además de la luz, que de momento no importaba porque era de día, fue el wifi y todos los aparatos electrónicos de la casa. Sin internet, sin ordenador, sin televisión, sin microondas... De hecho, me di cuenta de que no había luz en casa porque no tenía conexión wifi en el teléfono.

Será hora de reconocer que estoy enganchada...Confirmé mi adicción hace un par de años con un problema que tuve con un teléfono y cada dos por tres perdía los datos, las fotos, no podía llamar a nadie...en una palabra: estaba desconectada del mundo. Pero también me di cuenta de que no sólo yo estaba enganchada. Como no tenía teléfono, la gente no se comunicaba conmigo de otra forma. Fue como sentirse abandonada.

Lo malo para mí es la gente que piensa que ellos no están enganchados pero en realidad sí. ¿No os ha pasado llamar a una persona, y que no conteste o que comunique en ese momento, e insistir cada dos minutos? O peor aún, cuando consiguen contactar contigo y te preguntan: ¿dónde estabas? ¿Qué hacías que no contestabas? Y además del teléfono, todo lo demás, que a mi alrededor no conozco a nadie que sólo tenga el móvil para uso exclusivo de hablar por teléfono, sin usar la cámara de fotos o las redes sociales. Dicen que consultamos el móvil 150 veces al día, que creo que lo dice todo.

Ahora me pongo en plan "abuela cebolleta" y digo que se ha perdido la educación, ya no respetamos ni los horarios, da igual llamar a la hora de comer que por la noche, cuando antes esto era impensable. O el control. Algo que era muy bueno poder estar siempre localizado y resulta que sirve para ejercer autoridad. Recurren a esto en el control machista que ejercen los jóvenes con sus novias pero no sólo eso, que a mí me han preguntado por cosas que he publicado en las redes sociales con las que me he sentido observada. Pero esto ya sería otro tema...

martes, 27 de octubre de 2015

Amargaos

Hay una sección en el programa de radio "Lo mejor que te puede pasar" que se llama "El amargao de Twitter" que me gusta mucho porque la gente no deja nunca de sorprenderte. Leen unos cuantos tuits ácidos que han recibido ellos u otra gente famosa, normalmente críticas, algunas veces cercanas al insulto, otras sin ton ni son. En el programa se ríen porque la mayoría de las respuestas no tienen nada que ver con el tuit que han escrito, es sólo hablar por hablar, más bien, criticar por criticar. La verdad es que lo tienes que tomar así, riéndote, porque son eso: amargaos.

Cuando trabajas en comunicación, y más ahora con el boom de las redes sociales, esto es muy habitual. Es la misma crítica que harían en la vida real, pero elevada gracias a estar detrás de una pantalla de móvil y tener acceso a esa gente que antes sólo veías en la tele sin posibilidad de "hablar" con ella. En un curso me explicaron que los 'community manager' suelen contestar en las redes sociales como lo harían en la realidad, y es cierto, si eres amable o borde, se reflejará en tu respuesta. Lo mismo pasa con los amargaos.

Algunos no merecen respuesta, como no lo harías cara a cara. Incluso de algunos, si puedes, te alejarías en la vida real. Es más, aléjate de esos amargaos que te van minando poco a poco tus ganas de vivir, de disfrutar. Esa gente que está observándote para decirte lo que haces mal, esa crítica mordiente, esa gente "descalificadora". Los agresivos verbales que te hacen daño con sus palabras, los envidiosos, los chismosos, los falsos, pero sobre todo los "quejosos". Esos que no disfrutan con nada, que no saborean los pequeños momentos de la vida, que siempre están dando vueltas al mismo tema, que te anulan, te quitan tus sueños sólo porque ellos no luchan por el suyo.

Esa gente es tóxica, perjudica seriamente la salud. Lo malo es que algunos están bien disfrazados y sólo te das cuenta cuando te alejas de ellos.