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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Humildad

Trabajé en un sitio donde comprendí la grandeza de la palabra humildad. Aprendí muchas más cosas que no vienen al caso y también otras que ahora se han puesto muy de moda, como la titulitis, la importancia extrema a tener tesis doctorales y ese tratamiento arcaico de la palabra doctor, a  presumir de cargos en la firma del correo electrónico, a mirar por encima del hombro y creer que sabes de todo...

Eso me enseñó a valorar que todo lo que sube baja, y que hay tener cuidado a quien pisas para subir porque quizás te lo encuentras al bajar -esto lo leí por internet y viene al pelo-. Vamos, lo típico de "la vida da muchas vueltas", pero dicho de una manera más trepa.

Estos días me acordé de una frase que solíamos comentar en broma: "Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito". No sé si la habéis oído, pero es la pura realidad. Hay personas que se transforman cuando tienen un puesto por pequeño que sea...O no, quizás no cambian, quizás sólo revelan su verdadera personalidad cuando ejercen un poco de poder. ¡Es tan fácil caer en la soberbia y la vanidad...!

Si bien es cierto que siempre he creído que las personas más grandes son siempre las más humildes, los que no creen que brillan por ellas mismas, sino que siempre quieren aprender más, crecer en grupo, no hacer pequeño al de al lado. Esto se ve en muchos ámbitos, en el deportivo -piénsalo- los más grandes son siempre los más sencillos y modestos; los que no se creen importantes a pesar de todos los títulos que llevan a las espaldas, los que no han olvidado de dónde vienen, el esfuerzo que les ha costado conseguirlo y, lo más importante, los que siguen tratando a todos con respeto. Los no necesitan apagar la luz de los demás para brillar.




viernes, 8 de junio de 2018

Agendas

Tumbada en un flotador de esos gigantes, en la piscina de una casa de Ibiza, hace ya unos años, completamente relajada, dije: "¡qué final de curso más ajetreado, cuánto necesitábamos este año las vacaciones!" La respuesta fue: "como todos los años".

Pues va a a resultar cierto, echando la vista atrás, los meses de mayo y junio de los últimos años han sido agitados y con la agenda repleta, que no quiere decir que sea malo, sólo que hay muchos eventos seguidos en el calendario que sientes que vas saltando de uno a otro. Y eso que no es un curso escolar al uso, que no soy profesora ni alumna, ni tengo Selectividad -perdón, EBAU- ni exámenes finales. Pero sí hay otros acontecimientos que requieren de preparación previa y también de disfrutarlos, que ya he repetido por aquí que la vida es un tango. Así que estos días mezclo en mi cuaderno y en mi cabeza fútbol con conciertos, con cumpleaños, torneos de deporte, Comuniones, cenas de fin de clases...un maravilloso pupurrí.

Así que cuando me iba a sentar a escribir en el blog sobre el día del minivoley que celebramos en Valladolid, que este año alcanzó la 30 edición, y quería hablar yo sobre los valores de ayudar y el altruismo, alabar el hecho de organizar algo para que los demás disfruten y todos esas virtudes denostadas en estos tiempos, ya estábamos en las fiestas del pueblo donde vivo, de las que mi marido fue el pregonero y estuvimos celebrándolo con nuestros vecinos. Mientras estos días festivos pasaban entre música y almuerzos, tuve la cena con mis compañeras de clase de fitness, el concierto de Pablo Alborán -otro junio guay de conciertos-, celebramos el cumpleaños de mi sobrina y las comuniones de los niños de mi parroquia.

Sin tiempo para asimilar tanto evento, me encuentro animando al Real Valladolid que se ha colocado casi sin avisar en los puestos de lucha por el ascenso y me llaman para una entrevista de trabajo. No sólo la hago, sino que me escogen y me incorporo inmediatamente. Y así es como se descolocan el resto de planes. Pero... ¡bendito caos! Como estoy convencida que todo pasa por algo y de que va con el carácter, lejos de echar el freno de mano, mañana tengo de nuevo concierto y el domingo, fútbol. Enseguida llega el campamento de catequesis y ojalá el ascenso del Pucela, y después ya los partidos del Mundial y las tardes de piscina...Voy a apuntarlo en la agenda.

lunes, 5 de febrero de 2018

Madrugar

Vaya por delante que siempre he sido más de trasnochar que de madrugar, de estudiar de noche que de levantarme a las 6 a repasar, que no me levantaba tan pronto como otros niños para ir al colegio porque vivíamos cerca e íbamos andando, que no madrugaba los sábados para ver "La bola de cristal" porque prefería quedarme a ver el "1, 2, 3" los viernes por la noche hasta que se me cerraban los ojos y mis padres me mandaban a la cama.

Siempre he considerado un placer dormir un poquito más y darme la media vuelta y soy de las que necesito un café nada más levantarme para ser persona. Nunca he entendido el refrán de "a quien madruga Dios le ayuda", quizás porque soy más de la frase "Quien madruga...tiene sueño todo el día". Creo que mi madre nunca dijo eso "de como tiene el horario del cole cogido, en vacaciones también se levanta pronto". ¿¿¿!!!

Así que no entiendo cómo a los niños que practican deporte en esta ciudad les ponen los partidos los fines de semana a primera hora y a los más mayores, a una hora más avanzada la mañana. Por varias razones, la primera obvia, van dormidos a los partidos. Cuando quieren despertar, casi suena el pitido final.

La segunda, los pequeños deben ir acompañados de padres o familiares, que también madrugan, y arrastran a toda la familia porque no saben llegar a los pabellones solos, cosa que los chicos mayores sí pueden. Así que no sólo ves al niño dormido, sino a los padres tomándose un café -o dos- rápido en el bar del campo, incluso han tenido que despertar a la hermanita, que también va dormida en su carrito. Si a esto le añades, el clima de Valladolid, tienes a la familia 'sobada' y muerta de frío.

Tercero, si los jóvenes no tienen que madrugar para ir al partido, pueden trasnochar más, es decir, pueden salir la noche anterior, incluso beber, lo que va en contra de los valores del deporte. Sería mejor que se quedaran en casa, descansando, se fueran a la cama a una hora prudencial y madrugaran para ir a hacer deporte. Entonces, ¿no sería más normal cambiar las tornas y que los jóvenes jugasen a las 9 y los críos a las 12h?

Que conste que esto no es un alegato a la vagancia ni mucho menos, que yo cuando hay que madrugar lo hago, pero me sigue pareciendo increíble ver gente corriendo a las 8 de la mañana y oír a mi monitor decir que a las 7 ya hay gente dentro del agua en su piscina. Soy más de hacer deporte por la tarde, llegar a casa, ducharme, ponerme el pijama y cenar. Por terminar, repetir que se me parte el alma viendo esos ojitos dormilones de sábado y con la familia a cuestas y me parece más acertada la opción inversa con chicos más mayores. Pero ya se ha dicho siempre eso de que el deporte es sacrificio. El primero, por lo que se ve, madrugar en fin de semana.


viernes, 9 de junio de 2017

Mis clases

No voy a enumerar los beneficios del pilates, ni a contar cómo he mejorado la flexibilidad y la agilidad, ni a explicar cómo ahora aguanto a hacer la pirámide con los talones bien pegados al suelo, ni a hablar de equilibrio o coordinación, mejorar la postura, reducir dolores de espalda, ni siquiera a hablar de las virguerías que hacemos encima del fitball sin caernos. Sólo a contar mi grata experiencia.

Me apunté el año pasado a pilates a mitad de curso porque me lo recomendó una amiga y allí que me presenté el primer día sin saber qué era eso de conectar e intentando respirar bien a la vez que hacía mis ejercicios. Día a día, mejorando, evolucionando, con un profesor de goma que vale un millón -que te explica una y otra vez lo que hay que hacer con una paciencia infinita-, he conseguido que cuando voy de paseo con mi perro me resuenan en mi cabeza sus palabras: "espaldas rectas, hombros relajados".

Y como esto no es un post sobre deporte ni un alegato a la vida sana que ya habéis leído muchos más científicos, os voy a contar también cómo me apunté a zumba a pesar de no tener sentido del ritmo y ser la primera que se sienta cuando empieza el baile en las bodas. Pero el primer día aprendí la lección más importante: las vergüenzas se dejan en la puerta.

Y así, cuando te pierdes, te ríes, cantas la canción y olvidas los complejos, empiezas a disfrutar. Cuando ves que no eres tan torpe como creías -porque como siempre en la vida hay gente mejor, pero también peor-, aumenta tu autoestima, te diviertes, desconectas y te desestresas.

Cuando todo eso lo compartes además con un grupo muy simpático, en el que te ríes de lo mismo, comentas la operación biquini, con una profesora más maja que las pesetas que te anima un montón ("¡Vamos mis chicas!"), mueves la caderita al ritmo de Enrique Iglesias y te aprendes de memoria "el despacito", acabas socializando. Tanto que te vas de cena para celebrar el fin de curso, a saltarse la dieta a un italiano y luego a poner en práctica los bailes de clase. ¡A ver si hemos aprobado el curso!


viernes, 14 de abril de 2017

Mi rincón

Este rincón está sucio y olvidado -no abandonado- pero sí como esa esquina del salón que no limpias tan a menudo. Así siento estos días el blog, con telarañas y demasiadas cosas arrinconadas.Tenía tantas cosas que contar, que cuando iba a escribir sobre alguna, surgía una nueva y ya sabemos cómo son de volátiles las noticias.

Marzo fue un mes muy intenso: una Gala Nacional del Deporte que fue todo un éxito, muchos cumpleaños, una cena solidaria, la visita de unos buenos amigos y empecé un curso que tuve que dejar porque conseguí un trabajo. Pensé en escribir sobre esta gran noticia para mí, lo que supuso para mi autoestima y ordenar de nuevo mis horarios y rutinas laborales. Quise dar ánimo a esa gente que, como yo en desempleo, manda cientos de curriculum sin esperanza porque nadie responde. De repente suena la flauta, te hacen una entrevista con la que recuperar la confianza y vuelves a firmar un contrato. Y una cosa muy importante: por estar en el paro no estamos parados. Mientras tanto he hecho muchas cosas y de todo se aprende y todo suma. Me gusta pensar que las cosas suceden por algo. Como esas piezas sueltas del puzzle que un día, sin más, encajan, aunque hayas tenido esa porción de la mano muchos veces, de pronto encuentras el hueco. Su hueco.

Quise escribir sobre el atentado de Londres como ya lo hice de París, el zarpazo a la democracia y a la modernidad, y cuando pensaba en que cualquiera puede atentar ahora con un vehículo y darte la vuelta a la vida en un segundo, ya estábamos hablando de Estocolmo. Se me quedó grabada la frase de una sueca diciendo que "esto no ha pasado antes aquí". Ese es el problema, que ya son demasiadas ciudades sembradas por el horror.

Y en esto que pasamos de mes y llegamos a la Semana Santa. Yo, aférrima defensora de las procesiones de mi ciudad y éste año sólo he visto una. Cuando las has visto tantas veces y la has vivido tan intensamente, es como si estuviera saturada, como si no me cupiera ni una más. He trabajado tanto desde dentro, que quizás estoy tan exprimida que no tengo ya nada más de jugo en mi interior. Quise escribir sobre esta época pero no me salía nada diferente a lo del año pasado y menos éste en el que necesitaba descansar. Pero las naranjas siempre tienen unas gotas de zumo más, porque el puzzle habrá cambiado pero las piezas siempre encajan, solo hay que buscar el hueco.


viernes, 17 de marzo de 2017

Orgullo

Que tu ciudad sea noticia siempre es una buena noticia, valga la redundancia. Sobre todo cuando es por una cosa buena claro. Cuando los ojos de España se posan por un día en una ciudad como Valladolid -que no es Madrid ni Barcelona- te sientes importante. Ver pisar la alfombra roja a personas conocidas de la talla de Mireia Belmonte, Roberto Carlos, Vicente del Bosque, Saúl Cravioto, Lydia Valentín o Alhambra Nievas no deja de sorprenderte.

Por formación profesional, cuando veo un gran evento, con tantas personalidades invitadas y tanta organización, no puedo dejar de sentir admiración por ese trabajo. Me pasa con grandes acontecimientos, pienso en la cantidad de gente que estará en ese momento en la ciudad, o con su pensamiento en ella, y siento una punzada de orgullo.

Eso me pasó la semana pasada con la Gala Nacional del Deporte que se celebró en el Teatro Calderón. Pero cuando además, sabes el trabajo que hay detrás para organizar un acto de esa magnitud, conoces a la gente con nombre y apellido, ves que sale muy bien, la gente está contenta, la ciudad está volcada, todo son enhorabuenas... la satisfacción es doble.

Y entonces te reafirmas en que el esfuerzo tiene su recompensa y que los acontecimientos importantes son los que sitúan a Valladolid en el mapa. 12 horas siendo tendencia nacional, con 21,6 millones de impactos en Twitter y 15 millones de personas alcanzadas puede ser una de las gratificaciones medibles. Pensar que tu ciudad se convierte en un día en el centro del mundo del deporte y es capital del reino como hace 500 años en la época de Carlos V, es otro premio. Sentir que has formado parte de eso, que esas personas han sido capaces de arreglar ese tinglado ... como dice el anuncio, "no tiene precio".

Ya lo dije en este post, que me viene como anillo al dedo y me voy a plagiar a mí misma el final. "Hagas lo que hagas, hazlo con pasión. Pero en cualquier meta, en todas las metas de la vida. Llega a tu objetivo. Disfruta el camino. Y cuando cruces la línea, compártelo. Tu familia, tus amigos, quienes están ahí al final del camino, se lo merecen también. Recuerda que estuvieron animándote cuando creías que no podías más, confiaron en ti, todos son parte de ese éxito.Celébralo, abrázales, emociónate, cree en ti y disfrútalo. Te lo mereces, campeón".

domingo, 21 de agosto de 2016

Los Juegos

Ahora que llevamos unos días sentados en el sofá viendo tenis, voleibol o natación, sin siesta por ver bádminton, que todos entendemos mucho de taekwondo, piragüismo incluso aguas bravas...me pregunto: ¿por qué entonces el resto del año -de los anteriores 4 años- sólo existe el fútbol? Si quisiera ser más hiriente, sólo existe la Primera División, si apuras más, sólo tres o cuatro equipos....

No me vale la excusa de la oferta y la demanda, eso de que sólo vemos fútbol porque es lo único que 'echan' porque, por lo menos en una ciudad como Valladolid, con la gran oferta deportiva que hay, el fútbol gana por goleada (nunca mejor dicho).

La gente en los bares habla de fútbol, en las comidas familiares se habla de la Liga, los aficionados siguen a pies juntillas los fichajes, incluso acuden a partidos de pretemporada. Aún estos días teniendo todo los deportes de los Juegos Olímpicos, la gente estaba en la playa viendo la Supercopa. Yo no veo esa ilusión por el atletismo, ni el waterpolo, ni mucho menos en el tenis de mesa.

Esta queja en voz alta es para decir que hay más mundo fuera, que de repente nos sabemos de memoria nombres que no han tenido apenas cobertura -ni de los medios ni del público-, pero todos se merecen el mismo respeto. Es un orgullo escuchar el himno mientras nuestros deportistas contienen la emoción en lo más alto del podio. Esa medalla al cuello compensa todo el trabajo, que ha sido mucho. Pero todos han hecho el mismo esfuerzo. Incluso las familias, animándoles desde que solo era un chiquillo al tenían que acompañar a los entrenamientos.

Y ahora, acabados los Juegos, comienza la Liga...


miércoles, 25 de mayo de 2016

Equipo

En una de las charlas y cursos a los que he asistido sobre redes sociales dijeron que todos tenemos la necesidad de pertenecer a un grupo, hacer comunidad, y sobre todo, compartir las noticias, las cosas que nos pasan, aunque sean cotidianas. No puedo estar más de acuerdo. No creo que los que compartimos nuestra vida diaria por las redes sociales lo hagamos por ego, como he oído a algunas personas que lo critican, ni tampoco porque no tenga con nadie más con quien hablar físicamente.
 
Pero sí creo fervientemente en la necesidad de pertenencia a un grupo, da igual el carácter que tenga: puede ser una asociación benéfica, tu pandilla de amigos, tus vecinos, el equipo deportivo, una peña, tu clase o incluso la familia. Y cuando no se tiene este sentimiento de integración, uno se siente primero decepcionado, después frustado y por último, perdido. Doy fe de ello.

Ese sentimiento es lo que hay detrás de la frase de "ser la oveja negra de la familia", sentir que no encajas en ese conjunto. Los grupos pueden desaparecer, buscar uno nuevo, entrar a formar parte de uno ya creado, o ampliar el tuyo, pero siempre con ese sensación de ser parte integrante de algo, de ser una pequeña pieza del puzzle.

Y creo que una comunidad funciona cuando se aplican muchos de los valores del deporte de lo que tanto se habla que son beneficiosos para los niños, no sólo para hacer ejercicio y tener una vida saludable, sino por otros añadidos: hacer amigos, el compañerismo, el trabajo en equipo, el compromiso, la dedicación, el esfuerzo, la ilusión, el respeto, la confianza, la ayuda... y, de nuevo, esa sensación de ser un equipo que comparte juntos las victorias y las derrotas. Todos ellos se pueden aplicar a cualquier agrupación en el que hacen falta todas esas patas para que funcione correctamente. Si algo falla, será como una mesa coja. Compartir y juntos son las dos palabras clave.


martes, 17 de mayo de 2016

Calendarios

¿No os pasa que hay días que no ocurre nada y días que se te acumulan las cosas? Mira que yo soy de disfrutar, pero hay días marcados en el calendario en rojo por saturación de eventos, aunque sarna con gusto no pica como se suele decir.

Es curioso como cada uno tenemos ese calendario marcado, dependiendo de dónde vivas, tu familia, tus amigos, tus deportes...Me refiero a que este fin de semana estaría señalado para los seguidores del fútbol, bien para celebrar la Liga en Barcelona, como así fue, o en Madrid. Eso implica que estuvo también apuntado en los ayuntamientos de esas ciudades para tener preparadas las fuentes, las rúas y el calendario de celebraciones "por si acaso".

A la vez, también estaría marcado en los equipos de la Liga que podían descender, y en los equipos, como el Real Valladolid, ya en Segunda, que se jugaban su particular "final". Pero a quien no le guste el fútbol, el calendario marcaba en Valladolid que quizás el balonmano podía ascender y volver a la categoría Asobal. Esto estaba destacado también en nuestro particular calendario de amigos, así que organizamos cena para esperar a que llegara el autobús de los jugadores para ir a recibirles y festejarlo con ellos el ascenso.

Ajenos a todo esto, se encontraban los eurovisivos fans esperando a que Barei diera la campanada en Eurovisión y sin embargo, habría gente que no había oído su canción ninguna vez. Hablando de canciones, el sábado estaba subrayado en rojo también para los afortunados que tenían entradas para ver a Bruce Springteen en Barcelona y disfrutar de su concierto.

Mientras, la niña de mis vecinos tomaba la Primera Comunión, fecha señalada también para ella y su familia, otros empleados montaban los postes y las redes de voleibol para festejar "el día del voley", llevé a mi sobrino a un espectáculo de magia, una amiga fue a ver cómo había salido su tía de una complicada operación, otros esperaban que su pequeña naciera en esa fecha, otros tenían boda, unos amigos se iban de viaje, los vallisoletanos tenían puente porque celebraron el viernes San Pedro Regalado, su patrón, y los madrileños, San Isidro el lunes ...Son curiosos los diferentes calendarios...


J

lunes, 18 de abril de 2016

Capital del rugby

Pues aunque iba a escribir de otro tema, hoy en Valladolid es un día tan grande -deportivamente hablando- que la final de la Copa del Rey de rugby ha eclipsado a toda una ciudad...y también mi blog. Y aunque no he ido al estadio Zorrilla a verlo, me ha "salpicado" de lleno -positivamente hablando-.

Partiendo de la base de que no entiendo de rugby y que tenía otros quehaceres y no he podido ir, sólo por ver a tanta gente hablando de Valladolid ha merecido la pena. Bienvenida sea una final de rugby en el estadio de fútbol si eso ha servido para que unos amigos vengan desde Pamplona a ver el partido. Bienvenida sea si Valladolid se ha colado un minuto en el telediario nacional para hablar de la final. Bienvenida sea si eso atrae a más gente a que venga a la ciudad y, como en los buenos tiempos del fútbol, las aficiones paseen por la ciudad, comen y gasten. Bienvenida si se llena un estadio de fútbol por primera vez para un partido de rugby. Bienvenida sea si parecía una de las grandes citas del Seis Naciones. Bienvenida si viene el Rey desde hace no sé cuántos años que no entrega la Copa. Bienvenida sea si él y mucha más gente se ha llevado en su retina esa imagen de 26.000 personas abarrotando un estadio de fútbol con un comportamiento ejemplar. Bienvenida sea si Valladolid dice alto y claro que es la capital del rugby.

Porque no olvidemos que este partido, esta final entre equipos vallisoletanos, este derbi lo ha habido otras veces y no hemos tenido todos estos beneficios. Ni en sueños nadie pensaba en que la Casa Real dedicara no uno, sino varios tuits, a un partido de rugby. O yo por lo menos no pensaba que iba a tener a estas horas las redes sociales inundadas de fotos y vídeos de un día histórico. Y aunque ha habido cosas que no me han gustado y, como se dice ahora, mucho "postureo" y mucho entendido, lo doy por válido si se saca provecho a todo ello. Si los tan manidos "valores del rugby" y del deporte calan en todos esos niños que hoy entraron gratis al estadio, si esa actitud del público es la que empiezan a tener siempre en este y en el resto de los deportes. Y, como he dicho antes, aunque no haya ido al estadio ni entienda ni supiera qué equipo quería que ganase, he visto el partido por la televisión sólo porque eran dos clubes vallisoletanos jugando un partido en el estadio de mi Valladolid.