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viernes, 17 de marzo de 2017

Orgullo

Que tu ciudad sea noticia siempre es una buena noticia, valga la redundancia. Sobre todo cuando es por una cosa buena claro. Cuando los ojos de España se posan por un día en una ciudad como Valladolid -que no es Madrid ni Barcelona- te sientes importante. Ver pisar la alfombra roja a personas conocidas de la talla de Mireia Belmonte, Roberto Carlos, Vicente del Bosque, Saúl Cravioto, Lydia Valentín o Alhambra Nievas no deja de sorprenderte.

Por formación profesional, cuando veo un gran evento, con tantas personalidades invitadas y tanta organización, no puedo dejar de sentir admiración por ese trabajo. Me pasa con grandes acontecimientos, pienso en la cantidad de gente que estará en ese momento en la ciudad, o con su pensamiento en ella, y siento una punzada de orgullo.

Eso me pasó la semana pasada con la Gala Nacional del Deporte que se celebró en el Teatro Calderón. Pero cuando además, sabes el trabajo que hay detrás para organizar un acto de esa magnitud, conoces a la gente con nombre y apellido, ves que sale muy bien, la gente está contenta, la ciudad está volcada, todo son enhorabuenas... la satisfacción es doble.

Y entonces te reafirmas en que el esfuerzo tiene su recompensa y que los acontecimientos importantes son los que sitúan a Valladolid en el mapa. 12 horas siendo tendencia nacional, con 21,6 millones de impactos en Twitter y 15 millones de personas alcanzadas puede ser una de las gratificaciones medibles. Pensar que tu ciudad se convierte en un día en el centro del mundo del deporte y es capital del reino como hace 500 años en la época de Carlos V, es otro premio. Sentir que has formado parte de eso, que esas personas han sido capaces de arreglar ese tinglado ... como dice el anuncio, "no tiene precio".

Ya lo dije en este post, que me viene como anillo al dedo y me voy a plagiar a mí misma el final. "Hagas lo que hagas, hazlo con pasión. Pero en cualquier meta, en todas las metas de la vida. Llega a tu objetivo. Disfruta el camino. Y cuando cruces la línea, compártelo. Tu familia, tus amigos, quienes están ahí al final del camino, se lo merecen también. Recuerda que estuvieron animándote cuando creías que no podías más, confiaron en ti, todos son parte de ese éxito.Celébralo, abrázales, emociónate, cree en ti y disfrútalo. Te lo mereces, campeón".

martes, 8 de noviembre de 2016

De cine y música

Este puente pasado no hubo disfraces para mí, sino cine y música, dos de mis aficiones en mi tiempo libre. El último sábado de octubre asistí a la clausura de la Seminci -Semana Internacional de Cine de Valladolid- tras haber visto un par de películas esos días y no haber podido ir a ver la alfombra roja, que son mis dos "tradiciones" personales en esta semana.

Me gustó mucho la película que proyectaron tras la entrega de premios -Le Fils de Jean (Los hijos de Jean)- y, aunque nuestro festival no es de traer a grandes estrellas mediáticas, me hizo mucha ilusión ver a Melina Matthews, Jon Plazaola, Gonzalo Miró, Fernando Guillén Cuervo, Raúl Arévalo, Nya de la Rubia, Daniel Sánchez Arévalo o Ginés García Millán, con el que hablamos en el cocktail de después y me pareció muy amable.

La Seminci me gusta también porque es muy de Valladolid, muy nuestra, se celebra en el Teatro Calderón que me encanta, y se proyectan películas de autor, en cines pequeños, no de grandes centros comerciales.

Como ya dije, octubre terminó con un viaje a Barcelona y un concierto muy esperado, el Reencuentro de Operación Triunfo. Sí, lo admito, era y soy muy triunfita y cuando me regalaron las entradas estallé de alegría. Y he pasado de darme vergüenza confesarlo a tener en mi móvil muchos mensajes diciéndome que lo habían visto por la televisión y que les daba mucha envidia.

Porque sí, porque no se trataba de un concierto para observar la calidad vocal -aunque pude comprobar por qué me gustaron los mismos que hace 15 años y por qué han triunfado los que para mí fueron los mejores- sino de un acontecimiento social, como lo fue en su momento el programa. Se trataba de estar todo el concierto con la sonrisa en la cara, esa que te dibujan los recuerdos, y asistir a una catarsis colectiva de nostalgia con otras 17.000 personas de tu edad en el Palau Sant Jordi. Pensar qué hacías hace 15 años cuando veías OT, dónde estabas, con quién, qué estudiabas, y comprobar cómo has crecido con ellos.

Recordar cómo compré sus discos cada semana, cómo trasnochaba los lunes y veía y leía todo lo que se publicaba de ellos, cómo fui a varios conciertos cuando salieron de la Academia, incluido un viaje a Madrid para el primero de su gira. Cómo cubrí la primera rueda de prensa de Bisbal y Chenoa porque en el periódico donde trabajaba la que más sabía de OT era yo, cómo he seguido su trayectoria y he seguido yendo a conciertos, y los has visto mejorar, crecer, casarse...como si fueras parte de ellos.

 Así que lo de menos era la luz, el sonido o las voces, lo de más era cantar y bailar todas y cada una de las canciones, recordar, enloquecer con "Escondidos" y terminar gritando "Mi música es tu voz" como si fuera un himno. Y emocionarte mucho y poder decir "yo estuve aquí" (asistiendo en directo al momento "no cobra").