Mostrando entradas con la etiqueta apoyo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta apoyo. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de enero de 2018

Rayuela

Últimamente me viene a la cabeza ese juego de niños que pintabas con tiza en el suelo los números y tenías que saltar a la pata coja sin tocar las líneas. Lo he tenido que buscar para saber que se llama rayuela y que es tan antiguo como que se desarrolló en la Europa renacentista, aunque algunos hablan del foro romano.

El caso es que es un buen juego para que los niños desarrollen el equilibrio y la motricidad, la coordinación y agilidad. Pero yo estoy más filosófica y estos días me siento así, como si fuera saltando de obstáculo en obstáculo, uno detrás de otro, hasta llegar al final. Volviendo a lo básico, una simple tiza, una piedra, los números y un niño.

Con el añadido de la pata coja, como un equilibrista, titubeando, dudando, pero queriendo saltar a la siguiente casilla. Repitiendo, cual niño pequeño, sigue adelante, un número más, un salto más, el siguiente número. Siempre en movimiento.

Una dificultad y otra seguida, un revés y otro, a veces se colocan en línea recta como en el juego, poniendo a prueba tu equilibrio y agilidad. Hasta que llegas a un rellano, cuando tienes los dos números juntos y puedes apoyar los dos pies. Puedes descansar y apoyarte en alguien. Siempre hay alguien que te sirve de apoyo. A veces hay que parar y coger aire para seguir. 

Sabiendo que no puedes tocar las líneas, no hay fronteras, y que cuando llegues al final, el juego continúa: otro salto y media vuelta. Deshacer el camino para volverlo a hacer. Siempre en movimiento, siempre adelante. 



domingo, 11 de octubre de 2015

Pilar

Día del Pilar. Desde siempre la única Pilar que existía en mi vida era mi tía y madrina, a la que adoro. Pero hace ya unos años apareció en el trabajo una nueva compañera con este nombre, que poco a poco, nos fuimos convirtiendo en amigas. Aquellos cafés en los descansos nos unieron más de lo que pensábamos, hasta que ese rato era el mejor de la jornada laboral. Confidencias, cotilleos, risas pero también muchas decepciones que compartimos juntas, día tras día.

Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.

Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.

Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!