Parece que las fases se aceleran y vamos desescalando y yo me pregunto si hemos aprendido algo de todo este tiempo, porque si no lo hemos hecho, siento que habremos perdido una oportunidad de oro, ojalá que la única que la vida te vaya a presentar tan claramente para que pares y reflexiones.
Creo que hemos tenido la oportunidad de ponernos en los zapatos de otros, como los actores que pueden interpretar varios papeles. Quizás has entendido el esfuerzo de los profesores con tus hijos, la paciencia de los abuelos o de los canguros, las ansias de los mayores cuando esperan a ver a la familia en la residencia, has podido probar en tus carnes las ventajas e inconvenientes de teletrabajar si normalmente lo haces en una oficina, o lo que supone estar tanto tiempo en casa, organizar las comidas y la limpieza, has sentido la incertidumbre de un erte o el paro, quizás te haya dolido la espalda y has comprendido a quien siempre se aqueja de esa dolencia o has comprobado quién atiende más en casa a los niños...
Un sinfín de ejemplos que nos pueden ayudar a entender la empatía, la solidaridad y la humildad de la que hablaba aquí, el sacrificio de hacerlo por los demás, la sensación de que otros dependan de ti y tú de ellos, entender que juntos salimos de esto, pero no si no estamos unidos. Creo que el camino no es buscar culpables ni crear bandos, ya dije al principio de esto que era "excepcional" y como tal tendríamos que tratarlo. Entiendo que todos lo estamos haciendo lo mejor que sabemos. O así debería ser y no ver en las noticias que al final los malos se vuelven peores. No, deberíamos salir de esta siendo mejores. Ojalá hayamos aprendido a serlo. Porque sino, ya sabes que la vida es tan buena maestra que si no aprendes la lección te la repite.
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miércoles, 10 de junio de 2020
martes, 5 de mayo de 2020
Lecciones
Espero que esteis aprendido las lecciones que nos deja este confinamiento, a echar el freno de mano, disfrutar del hogar, de la familia, a dar valor a las cosas importantes de verdad. Entender que el destino decide por mucho que tú planifiques y que el tiempo vuela... o pasa lento.... A saborear cada detalle de la slow life.
Cada uno deberá aplicar sus enseñanzas, pero creo que hay dos comunes para todos: solidaridad y humildad. La primera está clara, saldremos todos juntos, nos quedamos en casa para proteger a los demás, paseamos a las horas que nos indican para no mezclar grupos de edades, ayudamos en la compra a los mayores, hacemos un donativo para los necesitados ... Muchos gestos solidarios ha habido estos días y deberían continuar para no desaprender la lección. Y más solidarios tendremos que ser para salir adelante unidos, reflotar la economía, ayudar al pequeño comercio, viajar por nuestro país...pequeños gestos que ayudan.
Y humildad para darnos cuenta de que nadie es más que nadie. Esta enfermedad es como la muerte, que nos iguala a todos. No entiende de edad, ni países, ni razas, ni ricos, ni pobres. No me gustó cuando leí comentarios en las redes de las famosas que por qué ellas estaban preocupadas si tenían mucho dinero. ¿Y? Si aunque sean millonarios, la familia pueden enfermar igual y no hay dinero que lo remedie.
Humildad, cuando de repente la vida te pone delante de esa cajera del supermercado que sigue al pie del cañón como el médico, cuando la señora de la limpieza es igual de importante que la farmacéutica y la panadera como el científico que investiga la vacuna. Y esto ya es difícil. Lo he visto con mis propios ojos, menospreciar al reponedor desde la altura de un doctorado y mirar por encima del hombro al celador. Pero ahora admiramos al camionero, a quien se desloma trabajando por los demás, las manos encalladas del agricultor que valen igual que quien teclea el ordenador. Respeto se llama.
Cada uno deberá aplicar sus enseñanzas, pero creo que hay dos comunes para todos: solidaridad y humildad. La primera está clara, saldremos todos juntos, nos quedamos en casa para proteger a los demás, paseamos a las horas que nos indican para no mezclar grupos de edades, ayudamos en la compra a los mayores, hacemos un donativo para los necesitados ... Muchos gestos solidarios ha habido estos días y deberían continuar para no desaprender la lección. Y más solidarios tendremos que ser para salir adelante unidos, reflotar la economía, ayudar al pequeño comercio, viajar por nuestro país...pequeños gestos que ayudan.
Y humildad para darnos cuenta de que nadie es más que nadie. Esta enfermedad es como la muerte, que nos iguala a todos. No entiende de edad, ni países, ni razas, ni ricos, ni pobres. No me gustó cuando leí comentarios en las redes de las famosas que por qué ellas estaban preocupadas si tenían mucho dinero. ¿Y? Si aunque sean millonarios, la familia pueden enfermar igual y no hay dinero que lo remedie.
Humildad, cuando de repente la vida te pone delante de esa cajera del supermercado que sigue al pie del cañón como el médico, cuando la señora de la limpieza es igual de importante que la farmacéutica y la panadera como el científico que investiga la vacuna. Y esto ya es difícil. Lo he visto con mis propios ojos, menospreciar al reponedor desde la altura de un doctorado y mirar por encima del hombro al celador. Pero ahora admiramos al camionero, a quien se desloma trabajando por los demás, las manos encalladas del agricultor que valen igual que quien teclea el ordenador. Respeto se llama.
jueves, 16 de abril de 2020
Aprende
"Éramos felices y no lo sabíamos". Esta frase la he visto en varias redes sociales, siempre acompañada de bonitas imágenes de vacaciones, de risas entre amigos y de besos familiares.
Y sí, las fotos son preciosas y reflejan bienestar, pero a mí al leerlo me da pena por esa gente que no supo disfrutar de esos momentos y ahora los echa de menos. ¿De verdad estuviste el verano pasado con tu familia de viaje y no te diste cuenta de la fortuna de tener esas pequeñas cosas? ¿No apreciaste la velada que pasaste con tus amigos el fin de semana anterior al confinamiento? ¿Ha tenido que pasar esto para que te des cuenta de la delicia de un beso de tu sobrino lleno de babas, de todo el apoyo que envuelve un abrazo o de lo contenta que se pone tu abuela cuando la vas a visitar?
Dicen que la naturaleza nos ha mandado parar porque la vida va muy deprisa y no sabemos apreciar esos instantes. No debería ocurrir una desgracia para saber que el tiempo se escurre entre las manos, que la vida cambia en un momento. Como las lecciones se aprenden a golpes y esta vez el impacto es muy grande, la enseñanza también lo será.
Lo bueno de todo esto es que la situación es temporal y reversible y, salvo en la desgracia de los fallecimientos, volveremos a nuestra vida de antes...o no, espero que regresemos siendo mejores. Así que guarda eso que estás aprendiendo ahora, todo lo que añoras y de lo que te estás dando cuenta y acuérdate cuando salgamos. Queda más con esos amigos con los que estás haciendo tantas videollamadas, ofrece tu mano a quien la necesite, siente las caricias, saborea ese café en la terraza, apura el helado en la playa, ríete a carcajadas, canta a voz en grito en el concierto y reparte besos por doquier.
Y sí, las fotos son preciosas y reflejan bienestar, pero a mí al leerlo me da pena por esa gente que no supo disfrutar de esos momentos y ahora los echa de menos. ¿De verdad estuviste el verano pasado con tu familia de viaje y no te diste cuenta de la fortuna de tener esas pequeñas cosas? ¿No apreciaste la velada que pasaste con tus amigos el fin de semana anterior al confinamiento? ¿Ha tenido que pasar esto para que te des cuenta de la delicia de un beso de tu sobrino lleno de babas, de todo el apoyo que envuelve un abrazo o de lo contenta que se pone tu abuela cuando la vas a visitar?
Dicen que la naturaleza nos ha mandado parar porque la vida va muy deprisa y no sabemos apreciar esos instantes. No debería ocurrir una desgracia para saber que el tiempo se escurre entre las manos, que la vida cambia en un momento. Como las lecciones se aprenden a golpes y esta vez el impacto es muy grande, la enseñanza también lo será.
Lo bueno de todo esto es que la situación es temporal y reversible y, salvo en la desgracia de los fallecimientos, volveremos a nuestra vida de antes...o no, espero que regresemos siendo mejores. Así que guarda eso que estás aprendiendo ahora, todo lo que añoras y de lo que te estás dando cuenta y acuérdate cuando salgamos. Queda más con esos amigos con los que estás haciendo tantas videollamadas, ofrece tu mano a quien la necesite, siente las caricias, saborea ese café en la terraza, apura el helado en la playa, ríete a carcajadas, canta a voz en grito en el concierto y reparte besos por doquier.
domingo, 11 de octubre de 2015
Pilar
Día del Pilar. Desde siempre la única Pilar que existía en mi vida era mi tía y madrina, a la que adoro. Pero hace ya unos años apareció en el trabajo una nueva compañera con este nombre, que poco a poco, nos fuimos convirtiendo en amigas. Aquellos cafés en los descansos nos unieron más de lo que pensábamos, hasta que ese rato era el mejor de la jornada laboral. Confidencias, cotilleos, risas pero también muchas decepciones que compartimos juntas, día tras día.
Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.
Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.
Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!
Así fue mañana tras mañana hasta un fatídico día hace dos años en el que pasó lo peor: se murió su pareja y con él todo su mundo. Aquellos días me marcaron profundamente, ese dolor tan intenso, esa manera de llorar, no poder consolarla con nada, sólo estar ahí y llorar juntas. Poco más podía hacer, nada más que compartir su pena.
Pero a mí me enseñó muchas cosas, un golpe tan duro para aprender demasiadas lecciones. Aprendí lo que es capaz de soportar el ser humano y aún así levantarse, aprendí mucho del amor y de la ausencia, de que nos quejamos por verdaderas tonterías, que hay muchos problemas por ahí, de lo que siempre decimos pero nunca cumplimos: aprovechar el momento. Es una frase muy manida que de repente cobra todo su sentido. En un segundo tu vida cambia y tienes que recomponer todos esos pedazos. Pero aprendí también mucho del compañerismo, observando ves y escuchas cosas que te recuerdan lo mezquinas que pueden llegar a ser las personas, y eso asusta. Da pena pero también miedo.
Durante muchos días fue mi primer pensamiento al levantarme y el último al acostarme, apreciando la suerte que yo tenía y valorándola mucho más. Una pregunta taladraba mis oídos: ¿por qué? Y aunque sigo sin respuesta -sigo pensando lo injusta que es a veces la vida con las mismas personas- un día me cambiaron la pregunta por ¿para qué? Y para ésa sí creo tener la respuesta. Para aprender todas esas lecciones, para valorar la vida, para ofrecerle toda mi amistad, para unirnos más, para que yo fuera un poco su pequeño 'pilar'. ¡Felicidades a todas las Pilares!
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