Aunque ya llevemos dos meses del 2019 quiero recordar un propósito de año nuevo que muchas personas se marcaron y que me llamó poderosamente la atención: levantarse antes...incluso algunos especificaban los fines de semana.
Estoy un poco harta de este tema que se ha puesto de moda en el que parece que por madrugar vayas a ser mejor trabajador, incluso mejor persona.
Toda la vida, desde mis tiempos del colegio, las personas se dividían entre los que nos quedábamos por la noche estudiando - algunos con un termo de café al lado- y los que amanecían antes de cantar el gallo para repasar el examen. Pues muy bien, muy lícitas las dos opciones. ¿En qué momento desapareció la primera? ¿Por qué la segunda es mejor?
En mi caso -ya lo expliqué al principio de este post- si me levanto a las 6, tardaría dos horas en empezar a despertar así que no pueden aconsejarme ese madrugón alegando que tendré una mejor productividad. He visto este tipo de recomendaciones hasta a blogueras de moda, que imagino estará basado en su propia experiencia, pero no en estudios científicos. Ví aquel vídeo de Youtube con sumo interés de cosas qué hacer para empezar bien el día, pero dejé de prestar atención cuando habló de la hora de levantarse. Aunque todos los consejos me gustaron, entiendo que lo puedes hacer en otros momentos del día, incluso por la noche como balance de la jornada.
Y como este ejemplo, hay montones de artículos en internet sobre cómo levantarse antes y con energía, sin esfuerzo, recomendaciones antes de dormir...incluso @lavecinarubia tiene una frase manida: "Madrugar es de guapas".
No me considero vaga, ni mucho menos peor persona, porque me guste dormir o no me guste levantarme temprano (que no es lo mismo). Cuando tengo que hacerlo, lo hago, pero eso no quita para que proteste y esté somnolienta, para decir que apago el despertador unas cuantas veces en una ardua batalla entre prolongar el sueño o levantarme, reconocer mi satisfacción cuando en la universidad me tocó horario de tarde y asegurar que por la mañana necesito un par de cafés para funcionar.
Habrá investigaciones que se decanten por cualquiera de las dos opciones porque el otro día leí este titular: "Estudios revelan que las personas que odian madrugar son más inteligentes", según Psychology Today la razón es que "poder decidir la hora de acostarse y levantarse dependiendo de lo que te pida el cuerpo es una señal de inteligencia. Se trataría de la capacidad de escuchar y entender lo que necesita nuestro organismo para mantenerse saludable". Pues eso, escuchar al cuerpo, porque cada uno somos diferentes.
Así que os dejo con una frase que leí en el instagram de una actriz con la que no pude por más de sentirme comprendida: "El mundo no es de quien despierta primero, sino de quien despierta feliz".
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lunes, 4 de marzo de 2019
martes, 24 de julio de 2018
Siesta
La quietud de la hora de la siesta. El sol cayendo a plomo en verano.
Dicen que no hay nada más español que este momento de reposo. Una pausa.
Calma. Silencio. Se escucha hasta el silencio. Incluso si te paras, se acallan tus voces interiores. Oyes las chicharras, los pájaros, el viento caliente.
No hay nadie por la calle. Estarán durmiendo la siesta. Tirados en el sofá, en pantalón corto, con el ventilador puesto, reposando la comida. Un poco de sosiego en el trasiego del día.
O en la piscina, ese oasis fresquito en verano. Tumbados en el césped, bajo la sombra de un árbol, según terminas tu bocadillo y esperas a darte un chapuzón.
O en la tumbona, con un buen libro, luchando contra la modorra que te cierra los ojillos.
Mirando el mar, bajo una sombrilla, escuchando romper las olas, cuando menos gente hay en la playa.
La tranquilidad de las 16 horas.
Descanso. O no...
También habrá gente trabajando, vistiéndose para coger el autobús, los que estarán sirviendo comidas a destajo, sudando, los que no pueden ir a la playa, los que sueñan con el aire acondicionado...
No hay un alma por la calle. El calor abrasa las aceras.
La gente está metida en sus casas, las persianas a medio bajar. Cada uno con su familia en su hogar, sus problemas... Cuántas cosas diferentes de puertas para adentro.
Sientes el sol en la cara. Cierras los ojos y respiras. Dejas la mente en blanco. Relajas...
Entonces, un pensamiento cruza tu mente como una estrella fugaz ...¿cuál es?
Dicen que no hay nada más español que este momento de reposo. Una pausa.
Calma. Silencio. Se escucha hasta el silencio. Incluso si te paras, se acallan tus voces interiores. Oyes las chicharras, los pájaros, el viento caliente.
No hay nadie por la calle. Estarán durmiendo la siesta. Tirados en el sofá, en pantalón corto, con el ventilador puesto, reposando la comida. Un poco de sosiego en el trasiego del día.
O en la piscina, ese oasis fresquito en verano. Tumbados en el césped, bajo la sombra de un árbol, según terminas tu bocadillo y esperas a darte un chapuzón.
O en la tumbona, con un buen libro, luchando contra la modorra que te cierra los ojillos.
Mirando el mar, bajo una sombrilla, escuchando romper las olas, cuando menos gente hay en la playa.
La tranquilidad de las 16 horas.
Descanso. O no...
También habrá gente trabajando, vistiéndose para coger el autobús, los que estarán sirviendo comidas a destajo, sudando, los que no pueden ir a la playa, los que sueñan con el aire acondicionado...
No hay un alma por la calle. El calor abrasa las aceras.
La gente está metida en sus casas, las persianas a medio bajar. Cada uno con su familia en su hogar, sus problemas... Cuántas cosas diferentes de puertas para adentro.
Sientes el sol en la cara. Cierras los ojos y respiras. Dejas la mente en blanco. Relajas...
Entonces, un pensamiento cruza tu mente como una estrella fugaz ...¿cuál es?
lunes, 5 de febrero de 2018
Madrugar
Vaya por delante que siempre he sido más de trasnochar que de madrugar, de estudiar de noche que de levantarme a las 6 a repasar, que no me levantaba tan pronto como otros niños para ir al colegio porque vivíamos cerca e íbamos andando, que no madrugaba los sábados para ver "La bola de cristal" porque prefería quedarme a ver el "1, 2, 3" los viernes por la noche hasta que se me cerraban los ojos y mis padres me mandaban a la cama.
Siempre he considerado un placer dormir un poquito más y darme la media vuelta y soy de las que necesito un café nada más levantarme para ser persona. Nunca he entendido el refrán de "a quien madruga Dios le ayuda", quizás porque soy más de la frase "Quien madruga...tiene sueño todo el día". Creo que mi madre nunca dijo eso "de como tiene el horario del cole cogido, en vacaciones también se levanta pronto". ¿¿¿!!!
Así que no entiendo cómo a los niños que practican deporte en esta ciudad les ponen los partidos los fines de semana a primera hora y a los más mayores, a una hora más avanzada la mañana. Por varias razones, la primera obvia, van dormidos a los partidos. Cuando quieren despertar, casi suena el pitido final.
La segunda, los pequeños deben ir acompañados de padres o familiares, que también madrugan, y arrastran a toda la familia porque no saben llegar a los pabellones solos, cosa que los chicos mayores sí pueden. Así que no sólo ves al niño dormido, sino a los padres tomándose un café -o dos- rápido en el bar del campo, incluso han tenido que despertar a la hermanita, que también va dormida en su carrito. Si a esto le añades, el clima de Valladolid, tienes a la familia 'sobada' y muerta de frío.
Tercero, si los jóvenes no tienen que madrugar para ir al partido, pueden trasnochar más, es decir, pueden salir la noche anterior, incluso beber, lo que va en contra de los valores del deporte. Sería mejor que se quedaran en casa, descansando, se fueran a la cama a una hora prudencial y madrugaran para ir a hacer deporte. Entonces, ¿no sería más normal cambiar las tornas y que los jóvenes jugasen a las 9 y los críos a las 12h?
Que conste que esto no es un alegato a la vagancia ni mucho menos, que yo cuando hay que madrugar lo hago, pero me sigue pareciendo increíble ver gente corriendo a las 8 de la mañana y oír a mi monitor decir que a las 7 ya hay gente dentro del agua en su piscina. Soy más de hacer deporte por la tarde, llegar a casa, ducharme, ponerme el pijama y cenar. Por terminar, repetir que se me parte el alma viendo esos ojitos dormilones de sábado y con la familia a cuestas y me parece más acertada la opción inversa con chicos más mayores. Pero ya se ha dicho siempre eso de que el deporte es sacrificio. El primero, por lo que se ve, madrugar en fin de semana.
Siempre he considerado un placer dormir un poquito más y darme la media vuelta y soy de las que necesito un café nada más levantarme para ser persona. Nunca he entendido el refrán de "a quien madruga Dios le ayuda", quizás porque soy más de la frase "Quien madruga...tiene sueño todo el día". Creo que mi madre nunca dijo eso "de como tiene el horario del cole cogido, en vacaciones también se levanta pronto". ¿¿¿!!!
Así que no entiendo cómo a los niños que practican deporte en esta ciudad les ponen los partidos los fines de semana a primera hora y a los más mayores, a una hora más avanzada la mañana. Por varias razones, la primera obvia, van dormidos a los partidos. Cuando quieren despertar, casi suena el pitido final.
La segunda, los pequeños deben ir acompañados de padres o familiares, que también madrugan, y arrastran a toda la familia porque no saben llegar a los pabellones solos, cosa que los chicos mayores sí pueden. Así que no sólo ves al niño dormido, sino a los padres tomándose un café -o dos- rápido en el bar del campo, incluso han tenido que despertar a la hermanita, que también va dormida en su carrito. Si a esto le añades, el clima de Valladolid, tienes a la familia 'sobada' y muerta de frío.
Tercero, si los jóvenes no tienen que madrugar para ir al partido, pueden trasnochar más, es decir, pueden salir la noche anterior, incluso beber, lo que va en contra de los valores del deporte. Sería mejor que se quedaran en casa, descansando, se fueran a la cama a una hora prudencial y madrugaran para ir a hacer deporte. Entonces, ¿no sería más normal cambiar las tornas y que los jóvenes jugasen a las 9 y los críos a las 12h?
Que conste que esto no es un alegato a la vagancia ni mucho menos, que yo cuando hay que madrugar lo hago, pero me sigue pareciendo increíble ver gente corriendo a las 8 de la mañana y oír a mi monitor decir que a las 7 ya hay gente dentro del agua en su piscina. Soy más de hacer deporte por la tarde, llegar a casa, ducharme, ponerme el pijama y cenar. Por terminar, repetir que se me parte el alma viendo esos ojitos dormilones de sábado y con la familia a cuestas y me parece más acertada la opción inversa con chicos más mayores. Pero ya se ha dicho siempre eso de que el deporte es sacrificio. El primero, por lo que se ve, madrugar en fin de semana.
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