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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Encuentros

Ahora sí...ya se acabó el verano -aunque todavía queden días para ese 21 de septiembre que marca el comienzo de la estación otoñal-. Esta semana, cuando ya se acaban las fiestas de Valladolid, se retiran las casetas y los escenarios, ya no hay pinchos ni conciertos, regreso de las fiestas de moros y cristianos de Caudete (Albacete), ya no oigo las bandas de música ni los tiros de los trabucos...ésta es realmente la vuelta a la rutina. Aunque llevemos un par de semanas trabajando y con la playa ya en el recuerdo, es ahora cuando sacamos punta al lápiz y estrenamos cuaderno, los niños vuelven al colegio y con todo, la normalidad.

Es entonces cuando miro con nostalgia y satisfacción aquel 23 de junio en el que comencé mis primeras vacaciones con el campamento de la parroquia y el concierto de Alejandro Sanz en Madrid. En medio, muchas tardes de piscina y días calurosos de playa, viajes por la carretera, conciertos, muchas mañanas de trabajo y tardes de paseos al atardecer, risas, comidas, cenas, pero sobre todo mucha gente, familia y amigos que han formado parte de "mi verano 2017".

Y en todos esos viajes e idas y venidas, es obligatorio dejar a la gente atrás. Y son tan tristes las despedidas, esos abrazos sentidos, esas promesas de volver... Me quedo mejor con los reencuentros, me gustan tanto después de las vacaciones, cuando te alegras de volver a ver a los amigos, te preguntas por el verano, te sientes parte de un grupo... Pero ambos, despedidas y encuentros, se intensifican en estaciones y aeropuertos. A mí me resulta inevitable mirarles, aunque siento que es una intromisión a su vida privada, pero me acabo emocionando con esos besos sinceros, imaginando parentescos e historias, pensando dónde irán, cuándo volverán a verse...

En ferias fui a un espectáculo muy recomendable de Luis Piedrahíta, en el que además de reírme muchísimo, desgranó con picardía la vida cotidiana, y soltó algunas perlas que tendría que haber apuntado. Nos hizo poner el cronómetro de una hora para que apreciáramos el tiempo, para decirnos que había pasado una hora que no volverá, que la vida es esto, que la vida pasa, que es vivir, reír y disfrutar. ¡A por el nuevo curso!


domingo, 22 de noviembre de 2015

Excusas gastronómicas

Los fines de semana suelo quedar con mis amigos...para comer. Hacemos una de esas excusas gastronómicas que planeamos para vernos, charlar, reír...y comer. Porque otra cosa no sé, pero en mi grupo se come, mucho, y sobre todo quedamos para comer. Bueno, más bien para cenar…Esto ya lo contamos en la última boda de unos amigos del grupo y los invitados se reían. No sé por qué...¿hay algo más español que quedar para comer? Así se cierran grandes contratos ¿no? Pues nosotros cerramos grandes fines de semana.

Solemos ver los partidos de balonmano y luego cenamos, celebramos nuestros cumpleaños con una rica cenita en casa del homenajeado. También celebramos los cumples de los peques merendando y probado tartas. Quedamos a brindar por Navidad pero antes cenamos. Celebramos Halloween y cenamos sopas de ajo y buñuelos. Inauguramos el verano en la piscina y después ¡barbacoa! Llegan las ferias de Valladolid y quedamos a las casetas a comer. Nos da igual ir a la feria del pulpo que ver un partido de fútbol con sus patatas fritas. Vamos a un mercadillo artesanal y picamos en los puestos de los dulces. ¿Y cuando fuimos a la casa rural? Cualquiera hubiera creído que iba a ver una guerra mundial: un arsenal de comida y otro de chucherías. Porque si algo es este grupo es goloso. Se muere y se mata por el chocolate y las gominolas.

No hay nada que se nos resista, pizzas artesanas en horno de leña, pollos asados, lechazo, tartas de hojaldre y chocolate, donuts...aunque también le damos a la comida basura en todas sus variedades. Cuando alguien se va de viaje, nos manda fotos de lo que está comiendo y a veces trae algo típico que luego degustamos todos en otra cena, claro está.

En realidad, no somos originales porque creo que es muy tradicional reunirse a la mesa y celebrar las cosas con una comida, por ejemplo el otro día quedé con un grupo de amigas que se llaman "las ñamies" y se reúnen también con "excusas gastronómicas". Es muy español quedar para juntarse y comer, cualquier evento importante lleva consigo una buena comilona...y un buen arrepentimiento después. El plan de la dieta se nos olvida en cuanto alguien propone una nueva quedada gastronómica. Y en el fondo, como dije en este post, son excusas para vernos, estar juntos, celebrar, compartir, disfrutar y vivir. ¡Brindemos!