Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de diciembre de 2020

La vida en colores

Sola, escuchando atenta las palabras de la doctora. Su mente viaja, sale de esa pequeña consulta. Se oyen las teclas del ordenador mientras escribe. Pero ella sólo mira su manicura perfecta. Rosa. 

Como el lazo solidario.

Le animó, no eran tan malas noticias. Le insufló energía como se hace con los globos del poster gigante que había detrás. Rosas. Como el algodón de la feria, dulzura, inocencia, romanticismo.

Días de blanco, limpio, puro, bondad. Ángeles de bata blanca que iluminan a su paso, como las luces de Navidad. Y uno en particular, como un ángel de la guarda que te acompaña. 

Otra vez el pensamiento viaja y se va al Caribe. Al sol, siempre le ha gustado el calor y fuera hace mucho frío estos días. Pero siente la calidez, la energía.

Un rato en verde, esperanza, tranquilidad. Hasta que oye una voz y una sonrisa se dibuja en su cara. Se cierran los ojos. Se abren, ahí sigue, a su lado. Azul confianza, calma, protección. Salud.

Dicen que en la oscuridad aparecen las estrellas y estas han brillado con fuerza, desde muy distintos puntos, cerca o lejos. Resplandecientes. Amarillo luz, alegría, vitalidad. Optimismo.

Ir a casa a brindar. Es Navidad, con su magia e ilusión. Con su espíritu de paz y amor.

Con sus luces. De colores.



viernes, 17 de enero de 2020

Brindis

Hoy quería pasar por aquí y dejaros este relato corto que presenté a un concurso. Como veréis, es un brindis por la Navidad, pero creo que se puede extrapolar. Siempre está bien brindar por todas estas cosas que parece que se intensifican en las fechas navideñas, pero que ojalá practicáramos también el resto del año.
Espero que os guste

Brindo por la magia de estos días, 
por los destellos de tu mirada 
y por la ilusión de sus caras. 

Brindo por los cuentos de Navidad, 
el calor de las chimeneas y 
la solidaridad. 

Brindo porque intentamos ser más buenos,  
por los regalos con argumento y 
los hogares abiertos. 

Brindo por los reencuentros, 
los lazos de sangre y 
el efecto sanador de los abrazos. 

Brindo por las risas, 
la fantasía de los recuerdos 
y por los amigos que brindan. 



Imagen de OpenClipart-Vectors en Pixabay 

martes, 24 de diciembre de 2019

Cuento de Navidad

Volvió a apartar la vista del ordenador, tan solo había escrito un par de párrafos y ni siquiera le gustaban. Miró distraída por la ventana, lucía un sol radiante fuera y un cielo azul de invierno precioso. No parecía primeros de diciembre, ella que estaba tan acostumbrada al frío. Seguro que en su casa el paisaje era ya casi blanco. 
Pensó en su madre que hace días le dijo que había salido con gorro y guantes a comprar ya los billetes. Debería estar contenta, este año venía toda su familia a su nueva casa y sin embargo, se encontraba agobiada, cansada, estresada….
Y ese maldito escrito que se había comprometido a enviar pronto, la fecha límite se aproximaba pero la inspiración parecía que se había ido. Será que no podía imbuirse en una historia de invierno con el calor que hacía allí. Borró la última frase... debería borrarlo todo. Estaba completamente estancada. 
Se hizo una coleta, suspiró, cerró su relato y abrió de nuevo internet. Puso en Google “recetas de Navidad” a ver si encontraba algo con lo que sorprender a su familia, pero que no le llevara demasiado tiempo, porque últimamente carecía bastante de él. Ya había entrado en “cómo ser la anfitriona perfecta”, “cómo adornar tu mesa de navidad”, y demás consejos varios que suelen aparecer en esta época. 
De repente un ruido de pasos subiendo por las escaleras le sacaron de sus pensamientos. Sabía que era su hija pequeña, que ya habría llegado de su clase de ballet y subía al ático a saludarle. La vio entrar con una caja grande de zapatos en vez de llevar al hombro su mochila. 
-Hola mamá. Dice papá que no te moleste mucho porque no encuentras a las musas- repitió sin entender lo que le habían dicho. 
-Hola cariño, no te preocupes que las musas han debido irse por la ventana porque no me sale nada para escribir un cuento.
-¿No? Pues todos los que me lees por las noches empiezan con “Érase una vez"…¡ya tienes el principio!
-¿Qué tal tu clase?
-Muy bien, ya casi nos sabemos la actuación de Navidad. ¿Vendrás, verdad mamá?
Isabel abrió corriendo su agenda para comprobar que tenía apuntada la función en la fecha correcta. Sí, ahí estaba, en un círculo rojo grande para que no se le pasara. 
-¿Qué traes en ese cofre?, preguntó intrigada.
Comprobó que era una simple caja blanca de zapatos pero que Diana le había puesto un lazo grande rojo, como solía hacer ella cuando se esmeraba con los envoltorios de los paquetes. Madre mía, ¡los regalos! No había empezado todavía con las compras, pero si no tenía tiempo…
-Te traigo inspiración para tu cuento. Es como un baúl de Navidad para que te salgan las ideas.
Isabel se quedó muda pero lo abrió con mucha curiosidad.
-Yo te voy dando las cosas: lo primero esta postal que Papá Noel nos envió el año pasado, ¿te acuerdas? Puedes escribirle a esta dirección si necesitas algo. 
Isabel cogió la tarjeta que habían recibido desde Laponia coincidiendo con el viaje de novios de su hermano. ¡Qué ilusión le había hecho a Diana!
-Te traigo también las fotos que nos hicimos en aquel taller de bizcochos al que fuimos. ¡qué buenos estaban! ¿este año vamos a ir a otro? 
Isabel se dio cuenta de que esta vez no tenía ninguna actividad planeada para ir con la niña. Aquella tarde lo pasaron genial cocinando juntas con otras amigas y luego repitieron la receta en casa varias tardes de invierno porque fue un éxito. Y este año ni siquiera se había molestado en buscar nada.
-¿Qué más?- Quiso saber Isabel, entre sorprendida y emocionada. 
-Las bolas artesanas que encargamos con nuestros nombres, para que no se nos olvide este año colgarlas en el árbol. ¿Cuándo lo pondremos, mamá? 
Madre mía la fecha en la que estábamos y ni siquiera habían sacado los adornos del altillo del armario….Isabel empezó a sentirse mal. 
-Por último te traigo el catálogo de juguetes para cuando hagamos la carta de los Reyes Magos. Ya sabes que puedes pedirles lo que quieras que siempre nos lo traen. Puedes pedir que te traigan a tus musas, si quieres. Yo pedí el año pasado que vinieran los abuelos a vernos a casa y este año estaremos todos aquí en Navidad. ¿Ves como siempre nos hacen caso? ¡Y también vienen los primos! Tengo que ver qué juguetes les voy a dejar y les podemos llevar a patinar sobre hielo y… y… 
Isabel había dejado ya de escuchar los múltiples planes que estaba parloteando su hija. Estaba avergonzada, pero también orgullosa. No daba crédito a la lección que le había dado la niña. De repente lo vio todo claro. La ilusión de su pequeña era el verdadero espíritu de la Navidad, todo estaba ahí dentro. No tenía agobios, estaba contenta porque estarían todos en casa, sólo había ganas de compartir tiempo con la familia, hacer un bizcocho, poner el árbol, abrir los regalos…
¿Cómo no se había dado cuenta? Eso era lo importante. Se entristeció por haber olvidado todo eso. Así que besó cariñosamente a su hija y muy decidida le dijo:
-Gracias, me ha encantado tu caja con tantas cosas. A las musas también les ha gustado porque han llegado volando, así que dile a papá que te prepare la cena que voy a quedarme un rato más aquí escribiendo. Y en cuanto avance un poco, voy al salón y buscamos otro taller para apuntarnos este fin de semana ¿vale? También dile que vaya al trastero a buscar el árbol y el Belén, que se nos echa el tiempo encima. ¡Corre!
Isabel volvió a abrir su documento y borró lo que tenía escrito porque no todos los cuentos de Navidad tienen que empezar con “Érase una vez”, ni tener paisajes blancos, ni fantasmas del pasado…pero el suyo sí tenía un final feliz. 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Viajes navideños

Por un día voy a convertir este blog en una de esas bitácoras de viajes donde los influencers recomiendan destinos, ponen fotos preciosas y hablan de consejos patrocinados. Porque aunque a mí no me paga nadie, yo también tengo imágenes bonitas en mis álbumes y puedo hablar desde mi experiencia de viajar en esta época que se avecina, que sin duda tiene un encanto especial.

Me gustaría recordar cualquiera de los post anteriores de otros años, en los que he hablado de algunos de mis viajes de diciembre: Viena, Budapest, Estrasburgo y Alsacia o el último, a Laponia. Y aunque no hay nada escrito aquí porque fue antes de empezar el blog, también fuimos otro año a Brujas y a Alemania.

Sí quisiera dar algunos consejos prácticos:
-Son destinos muy turísticos y en el puente de diciembre hay mucha gente, con todo lo que eso conlleva, colas, restaurantes llenos, imposible hacer fotos solos, y -espero que no- robos.
-Hace frío, y más si procedes de alguna ciudad que no está acostumbrada, así que lleva ropa térmica, botas, abrigo, gorro, bufanda y guantes. Vístete por capas, mejor quitarse si es que llegas a tener calor. 
-Hay muchas cosas que ver y muchas cosas que fotografiar, cámara de fotos y/o móvil con batería y espacio suficiente. 
-Párate en cada puesto de mercadillo y también en los de comida típica, y sobre todo, siente la Navidad. No vayas si no te mueres por los adornos navideños o si te saturan las luces. Cree en la magia y vuelve a ser niño. 

Pero sobre todo me gustaría que me hicieras alguna pregunta o duda que tengas, siempre que no sea por favor cuál me ha gustado más. Siéntete libre para preguntarme quizás por el más diferente que hemos hecho que fue Laponia, que nos dio la oportunidad de dar de comer a los renos y pasear en trineo tirado por huskies. Y no hace falta que me preguntes por Papá Noel, ya te doy la respuesta: sí, existe. Lo he visto con mis propios ojos y eso será algo que no olvidaré.



jueves, 27 de diciembre de 2018

Joulupukki

No quería que acabara el año sin pasar por aquí y casi me pilla el toro, pero quería seguir la costumbre de sembrar un poco del encanto de estas fechas en mi blog. Quienes me conocen y han leído los post de esta época los años anteriores saben de sobra que soy muy pro Navidad, que estos días me traen muchos recuerdos de cuando era niña y que creo debemos recuperar esa ilusión de pequeños para que nos vuelvan a brillar los ojos con la magia de la Navidad. 

Si el año pasado estuve en un cuento este me he adentrado en las postales blancas invernales que ya no mandamos por correo. Esta vez he ido a buscar un poco de esa magia para traerla por aquí. He viajado al Polo Norte para comprobar que yo estaba en lo cierto, que Papá Noel descansa en una cabaña en un bosque nevado con renos, con su mujer y los elfos, antes de emprender un viaje tan largo.

Así que sí, os lo confirmo: en un sofá al fondo de un salón acogedor, con olor a las galletas que estaba haciendo Mamá Noel en el horno, nos esperaba con su inconfundible barba blanca para demostrarnos a todos que es real. Que se llama Joulupukki tal y como dice en su firma y que tiene tropecientos años, pero que eso no le impide pasar la tarde con un grupo de niños que le entrega ilusionado sus cartas, ni enseñarles una canción en finlandés, ni explicarles dónde está su oficina postal y su secreta fábrica de juguetes, ni hacerse mil fotos con una sonrisa con los adultos que por una tarde volvíamos a tener cinco años.

He jugado con los elfos, he dado de comer a los renos, he ido en trineo con huskies por un lago helado, he pescado en hielo, he montado en motos de nieve, he andado con raquetas por un manto blanco y me he tirado por la nieve como los niños, porque, al fin y al cabo, de eso se trataba.

Ya escribiré un post más práctico con detalles sobre este viaje, porque ahora sólo quería traeros un poco de esa fantasía. Al volver, al contar nuestra experiencia y ver las fotos, me gustaría contagiar un poco de este sentimiento. Ha sido maravilloso escuchar a mi sobrino contarnos que ha recibido una postal de Papá Noel desde Laponia, darle el regalo que nos dio en mano, reirnos mientras intenta pronunciar su nombre original, enseñarle a mi sobrina las fotos y que balbucee "Pa-Po-el", oír a la niña de otra amiga llamarle "Santa", porque qué más da cómo lo digas, si lo importante es creer en él.


martes, 23 de enero de 2018

Viaje de cuento

Disculpad por la tardanza en continuar con mi cuento de Navidad como tenía pensado, pero como esto no es un blog de viajes al uso, sino uno más personal, se han colado un par de post antes de explicar dónde estuvimos en el puente de diciembre: Alsacia. Aunque nosotros volamos a Frankfurt, es esa zona en el nordeste de Francia, en la orilla izquierda del río Rin que limita con Alemania y Suiza, cuya capital y ciudad más grande es Estrasburgo.

No quiero escribir aquí mis recomendaciones como hacen en esos portales que leí antes de irnos, porque muchos están patrocinados y porque considero que hay mil formas de viajar, cada uno tiene sus preferencias y prioridades y es difícil coincidir. Aún así, sí quiero recomendar este viaje, uno de los más bonitos que he hecho. También es verdad que todo nos salió bien y esa suerte influye mucho en los recuerdos que te quedan. Pero creo que los sitios que hemos visitado eran muy bonitos, objetivamente, y si además te gusta la Navidad, este es uno de los destinos "imprescindibles".

Como dije de Viena, son ciudades bonitas en cualquier época del año, pero en Adviento tienen un plus mágico para los que nos gustan estas fechas. Si no es así, abstente de ir porque puedes acabar saturado de luces y empachado de olor a canela. Pero si viajas en diciembre, tienes un montón de mercadillos de Navidad donde volverte loca. No obstante, Estrasburgo se considera la capitale de Noël y es cierto ese derroche de luces y adornos en cada rincón.

De Frankfurt diré que tiene un aeropuerto enorme, del que tardamos hora y media en salir desde que aterrizamos, encontramos dónde estaban las empresas de alquiler de coches, coger el nuestro e irnos. Id con tiempo para no agobiarse sería mi mayor recomendación. Es una ciudad muy europea, financiera, que también tiene su mercado de Navidad, pero nada que ver con el encanto de las otras paradas que hicimos después. Nota mental 1: Eso me pasó también cuando visité Estocolmo, Oslo, los fiordos noruegos y Copenhague. Me pareció que esta última no tenía el encanto de los sitios anteriores. Nota mental 2: Quizás también esto es lo que le pasa a la gente que tras visitar Viena, Praga y Budapest creen que ésta pierde en comparación.

Como digo, alquilamos un coche con el que estuvimos encantados y así pudimos movernos con tranquilidad y libertad de horarios y visitar más pueblos de los que teníamos pensados. Y así, tras pasar un día en Frankfurt, fuimos a Estrasburgo, donde ya empezamos a meternos de lleno en el ambiente navideño. Me gustó mucho -no obstante su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988- sobre todo su catedral y la calles de alrededor como la Carré d'Or, sus puentes Ponts Couverts y sus casitas de madera blancas y el distrito conocido como la Petite-France.

Después, nuestra parada era Colmar, uno de los destinos más famosos para visitar en Navidad. Leí que fue donde se inspiraron para la película de la Bella y La Bestia, una de mis preferidas de Disney, y ahora entiendo por qué. Como os decía en el post anterior, es todo tan de cuento... sobre todo la zona de la Petit Venice. Pero aunque se dice que es la más alsaciana, el resto de pueblos alrededor, todos muy cercanos y que conforman la ruta de los vinos de Alsacia, son si cabe más bonitos. Eguisheim, Kayserberg, Riquewihr y Ribeauvillé fueron nuestras paradas, todos ellos inscritos en una lista de los pueblos más bonitos de Francia. Filas de casas de colores a lo largo de calles empedradas, tiendas pintorescas, puentes de piedra, carreteras con adoquines, campanarios y castillos, ruinas y casas nobles, canales bucólicos, murallas medievales y torres defensivas que le dan ese halo de encanto. Y color, muchas casitas de colores que hacían que quisiera fotografiarme en cada rincón. Nos dejamos alguno más en el tintero, pero todos ellos eran pueblos de postal que cada viajero recomendará uno u otro, pero todos perfectos para un cuento.

Como cuestiones prácticas: son lugares muy turísticos por lo que a algunas horas había mucha gente y si además es el puente de diciembre, eso es sinónimo de muchos españoles. Todos fueron muy amables, se nota que están acostumbrados al turismo y a hablar inglés, incluso chapurrean español. Olvídate de la dieta y no te pierdas un crêpe, las típicas salchichas, la tarté flambeé, los bretzel y toma un chocolate caliente -a nosotros no nos gusta el vino Glühwein- comprando las tazas monísimas de los mercadillos. Lleva el móvil con batería a tope y con suficiente espacio para las mil fotos que vas a querer hacer. Pasea tranquilamente por sus calles y espera a que se haga de noche y enciendan las luces, será como iluminar la magia.

Advertir que es caro, pero no tanto como pensábamos, o quizás es que para mí merece la pena. También es cierto que, como he dicho al principio, cada uno tiene una forma de viajar y nosotros compramos los billetes de avión con mucha antelación y en aerolíneas de bajo coste; encontramos unos hoteles prácticos, sencillos y económicos y nos quedamos también en dos apartamentos pequeños pero céntricos de Airbnb; solemos comer algo rápido en los mercadillos y no sentarnos en restaurantes lujosos a degustar comidas caras de mesa y mantel elegante. A cambio, siempre compro algún adornos para casa, para que cuando los mire pueda transportarme de nuevo a mi cuento de Navidad.


jueves, 4 de enero de 2018

Feliz sorpresa nueva

No puede pasar ni un día más sin que me pase por aquí para felicitaros el año nuevo. Pero estos días de caos navideño, viajes, reencuentros, familia, champán, brindis, felicitaciones, regalos... no me dejan tiempo. O sí, porque al final ya he dicho muchas veces que se trata de eso, de exprimir el tiempo disfrutando.

Este no es un post de balances de año viejo ni propósitos de año nuevo, que ya dije otra vez que no me gustan. Hace tiempo que aprendí que la vida te da la vuelta en un instante como si fueras un calcetín, aunque a veces se me olvida esta lección. Hace tiempo que dejo que la vida me sorprenda. Y vaya si te sorprende.

Estos días en los que todo el mundo está más filosófico y se permite dar consejos, ahí va el mío: la felicidad está en los pequeños momentos. Vuelve a leer este post en el que enumeraba mis "pequeñas cosas". Así que sí, he sido muy feliz en este 2017.

Pero sobre todo creo que la felicidad está en con quien compartes esos momentos. Esa gente que siempre está ahí y sabes que siempre estará. Esos otros que han llegado a tu camino y se quedan a acompañarte. Y olvidar, aunque cueste, a otros que se salieron de tu ruta.

Así que si estuviste en mi 2017 y me brindaste uno de esos pequeños momentos, gracias, de corazón. Si quieres acompañarme en mi 2018, pasa. 365 días nos están esperando.



sábado, 16 de diciembre de 2017

Cuento de Navidad

Hacía tiempo que no escribía pero tengo una buena razón. He estado en un cuento y no podía ni quería salir de sus páginas. Un viaje de ensueño, un cuento...de Navidad.

He visto tantas casas bonitas, de colores, con sus vigas de madera en las fachadas, que no sabía con cuál quedarme, así que me hacía fotos con todas. He visto la casa de Hansel y Gretel... ¿os acordáis de este cuento de los hermanos Grimm? Con sus ventanas de dulces y gominolas y su chocolate...¡cómo me gustaba! La verdad es que ahora lo miro con otros ojos y era terrorífico, la bruja, los niños que se perdían en el bosque, el hambre...pero creo que yo sólo me fijaba en las golosinas -mi perdición- cuando se lo oía contar a mi abuela.

He visto pueblos medievales, con suelos empedrados, con torres y campanarios, con puentes de piedra, con ríos y canales, poblados de una sola calle y otros como un laberinto circular que le añadían una página más al cuento. 

He visto la ilusión en los escaparates de las tiendas, cuidados con esmero, hasta el mínimo detalle, con ositos de peluche blancos en las ventanas, con marionetas en movimiento y con un teatrillo de la Bella y la Bestia. Gnomos y enanitos con grandes gorros rojos que te daban la bienvenida al comercio. Luces de ángeles y coronas de Adviento en cada iglesia y catedral.

He visto atracciones de feria en forma de árbol de Navidad, con niños subidos a las bolas a modo de asientos. He visto jabones en forma de cupcakes que te daban ganas de hincarles el diente, estrellas que eran lámparas, campanas que se iluminaban con velas, nacimientos hechos con cera, tallados en madera y belenes con estructura de pirámides. Y toooodos los adornos que puedas imaginar para el árbol.

Olor a canela, a castañas y chocolate en cada rincón. Y bastones de caramelo, tiendas enteras de frutas escarchadas y galletas de jengibre en cada mercadillo, hasta comprobar que el muñeco del hombre de jengibre era el protagonista.

Puentes adornados con abetos, piñas y árboles blancos con bolas rojas. Y cabras de verdad en pesebres para deleite de los niños y cisnes en los canales para ponerle el toque de glamour a la foto.

Y luces, muchas luces, que encendían la magia. Luces de colores, luces en cada rincón, luces abundantes, excesivas, un cúmulo de brillos que reflejaban la magia. Derroche de luz y color. Y estrellas y corazones en cada ventana porque si hay que buscar un símbolo para la Navidad quizás sean estos: luz, paz y amor. Comprenderéis que con todo eso en la retina y una sonrisa perenne pegada al rostro, no quisiera regresar de la fábula.


martes, 10 de enero de 2017

Fantasmas

La Navidad ya es agua pasada, se esfumó como el humo de las velas que encendimos en esas fechas.Viene y se va en un suspiro, pero no siempre fue así, y no para todo el mundo es igual. Pero al igual que en el cuento de Dickens es importante echar la vista atrás y adelante para poder entender el verdadero espíritu de la Navidad.

El fantasma de las navidades pasadas me enseña mi infancia, maravillosos recuerdos de noches de Reyes y la familia reunida a la mesa. Me muestra un joven matrimonio haciendo sus maletas para pasar las vacaciones en otra ciudad donde viven los suyos, una niña feliz con sus abuelos y tíos que la llevan al cine y a Navival, que escucha los relatos de su bisabuela, que duerme rápido para que no le pillen los Reyes despierta y que al despertarse, antes de abrir los montones de paquetes que han dejado en el salón, hay que felicitar a la abuela que es su cumpleaños.

Las navidades presentes me traen más platos en la mesa, cenas con amigos, Nochebuenas bailando, comidas familiares, sorpresas, Reyes con los sobrinos, brindis nocturnos, compras, empachos, viajes, un árbol lleno de paquetes, llamadas telefónicas a gente que ves menos, luces en la calle, solidaridad con los más necesitados, fotos y selfies, incluso alguna postal navideña. Afortunadamente me sigue mostrando a mis padres, tíos y primos y me da la oportunidad de seguir felicitando a mi abuela.

El fantasma de las navidades futuras nunca me gustó, porque se presentó a Scrooge para enseñarle unas Navidades con ausencias, pero lo importante es que le hizo reaccionar, se le apareció para que dejara los malos humos y aprendiera la lección, para que aprovechara el momento, viviera el espíritu de la Navidad con la familia, fuera generoso y se le ablandara el corazón. Pero ese fantasma muestra un día normal, con prisas, sin tiempo para los demás, sin luces en las calles, ni escaparates bonitos, ni casas adornadas, ni gente deseando felices fiestas, niños en el cole sin jugar con sus juguetes, mayores devolviendo regalos, menos sonrisas, gente menos alegre, familias más desunidas, menos solidaridad... Te enseña la rutina fuera de Navidad.

jueves, 22 de diciembre de 2016

La sorpresa de Budapest

Aunque en realidad esto serán dos post seguidos de turismo y viajes, no quisiera que porque escribí de Viena la semana pasada, parezca que el resto de mis viajes invernales no me han gustado. No quisiera caer en el error que me han hecho a mí de desmerecer Budapest.

Éste ha sido mi viaje de diciembre este año y he de confesar que Budapest es la bella desconocida -como se llama aquí también a la Catedral de Palencia-. Quizás porque mucha gente realiza conjuntamente el paquete Praga-Viena-Budapest puede parecer que ésta última sale perdiendo. El caso es que no sabía muy bien qué iba a ver. Bien, mi conclusión es que ha sido una grata sorpresa.

Es cierto que resulta menos navideña que el esplendor de Viena, con menos mercadillos y menos luces, pero también con su encanto. Me ha parecido más grande de lo que me esperaba y como digo, más hermosa. Sobre todo, y sin ningunda duda, de noche. Realmente me he enamorado de Budapest de noche. El Parlamento, que me ha parecido maravilloso de día, de noche, con niebla, desde el barco o desde el bus turístico, pero iluminado alcanza su máximo esplendor. Igualmente, el castillo de Buda, el balneario Géllert, el puente de las Cadenas y el resto de puentes sobre el Danubio con esas magníficas luces.

El Danubio le imprime un encanto especial. Por eso no dejaría escapar la oportunidad de realizar el típico paseo en barco tan turístico, que te permite ver todos los edificios perfectamente iluminados. Obviaremos el tema frío porque merece la pena.

La Plaza de los Héroes, el Mercado Central, la Ópera, la sinagoga judía, los balnearios o el Bastión de los Pescadores son paradas obligatorias. Este me gustó especialmente, es un mirador en la colina de Buda, desde donde puedes contemplar todo Pest. Puedes aprovechar para visitar también el castillo y la iglesia de Matías, impresionantemente hermosa. El castillo Vajdahunyad, una copia del de Transilvania, en un día de niebla y frío como le vimos nosotros, le da un aire fantamagórico muy apropiado. Y delante, una de las más grandes pistas de patinaje sobre hielo del mundo.

La Catedral de San Esteban me gustó más por fuera, curiosamente. Y más en esta época navideña, con un gran árbol delante, una enorme corona de Adviento, una pequeña pista de patinaje y uno de los mercadillos más grandes de la ciudad junto al de la plaza Vörösmarty. Un montón de puestos de artesanía y de comida húngara -buenísimos los lángos- y bebida para entrar en calor. Y un espectáculo de luces -uno distinto cada media hora- proyectado sobre la fachada de la basílica que merecía la pena ver.

Así que acabamos con luces como empezamos, quizás porque es una de las cosas que más me gusta de esta época.

martes, 20 de diciembre de 2016

Mis mejores deseos


Mis mejores deseos para estos días, que vuestra sonrisa sea vuestro mejor traje de fiesta, la felicidad de los demás el mejor adorno, el mejor regalo la familia unida, el brillo de los ojos las mejores luces, renacer el niño que llevamos dentro el mejor mensaje, la ilusión y la magia los mejores brindis, un beso el mayor detalle.

Feliz Navidad



jueves, 15 de diciembre de 2016

Viena en Navidad

Ya he hablado otras veces de lo que me gusta viajar, de lo que me aporta, de lo que aprendes...Quizás lo he heredado de mis padres y yo he continuado esa tradición  o quizás solo sea un culo inquieto con ganas siempre de seguir aprendiendo. Además de nuestras vacaciones de verano, intentamos a hacer una escapada invernal a alguna ciudad que no conozcamos. Unos años ha sido Teruel, Logroño, Huesca...y otros Brujas, Viena o Budapest. Estas últimas tienen un objetivo claro: ver cómo se vive la Navidad en otras ciudades europeas.

Adoro las luces de Navidad, los adornos, los mercadillos, los pequeños regalos...Creo que esto lo tiene claro quien me conoce bien. Por eso me gusta comparar las ciudades, hacer turismo y recuperar el espíritu navideño. Nuestro destino del año pasado fue Viena y ahí comprobamos cómo la magia del Adviento se respira en cada rincón de la ciudad. No he visto unas calles mejor iluminadas que allí, brillan con todo su esplendor. Tan pronto veías lámparas imperiales colgadas imitando un salón de baile como las coronas de los Reyes Magos.

Cuatro velones enormes te dan la bienvenida a la plaza del Ayuntamiento -ya de por sí precioso edificio- con un gran árbol de Navidad delante. Unos arcos de luces ejercen de puertas que te incitan a pararte en cada una de las más de 200 cabañas de madera. Unos preciosos angelitos están presentes en toda la zona, en las velas rojas de la entrada, en las luces de las calles adyacentes, en un gracioso photocall donde paramos a hacernos la típica foto celestial... Pero en este mercado había luces en todos los árboles, en forma de corazones, estrellas, caramelos o de cupcakes, que las fotos no lograron captar todo su brillo.

Al igual que en los mercadillos alemanes (Christmas market) que la primera vez que los ví perdí el sentido, en Viena había puestos de bolas para decorar el árbol y dejarlo como el más bonito del Universo, auténticas piezas de artesanía, figuras de velas de mil formas de cera de abeja, jabones navideños que no sabías si hincarlos el diente, muñecos blancos que te transportaban al frío -osos polares, pingüinos, muñecos de nieve, ciervos...- campanas que lucían con una vela en su interior, casitas de adorno, nacimientos, galletas y otros dulces navideños, bolas de cristal de las que se agitan y cae la nieve, coronas para colocar en la puerta ...y un sinfín de decoración preciosa.

El frío al caer la noche hacía pararte en los puestos de comida y bebida, y aunque lo típico es el vino caliente (glühwein), nosotros optamos mejor por un chocolate o un té, acompañado de algún dulce. Pagando un poco más te llevabas las bonitas tazas, cada mercado tenía la suya como si de una colección se tratase.

Porque aunque el Christkindlmarkt sea quizás el más grande, cada plaza y palacio tenía su mercado navideño: la iglesia de San Carlos Borromeo, el Palacio de Schönbrunn, el Palacio Belvedere y la Catedral son algunos de los otros rincones de Viena donde se vive un verdadero ambiente de Navidad. Supongo que es obvio decir que merece la pena ir en cualquier fecha, tan imperial y majestuosa con esos palacios imponentes, la sombra de Sissi en cualquier rincón...pero en Navidad es un auténtico cuento.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Noviembre


Noviembre empieza con un día de fiesta y termina casi pensando en el puente de diciembre, que no está nada mal. Empieza con los buñuelos, las flores, los disfraces de Halloween y termina anhelando unos días de descanso.

Noviembre trae el frío y las nieblas de Valladolid, te hace caer en la cuenta de que el otoño desapareció en un suspiro y te hace sacar el abrigo del armario. Sólo las hojas secas te recuerdan esa estación corta, de cambio, porque noviembre ya casi es invierno, al calor de las bufanda, el sofá y la manta, es calor de hogar.

Noviembre pone los platos de cuchara en la mesa, esos cocidos y esas sobremesas familiares de domingo. Te invita a comprar castañas calientes y pensar en Navidad, ver poner las luces en la calle y esperar al encendido.

Noviembre trae los catálogos a tu buzón, las tiendas se adornan esperando el milagro de la Navidad, los niños empiezan a pensar en su carta de juguetes y el supermercado a colocar sus estanterías dulces. Parece que todos se empeñan en suprimir este mes y adelantarse a diciembre...y, aunque a mí me gusta, tiempo al tiempo.

Noviembre trae la calefacción, las tardes tranquilas, la televisión, el cine, los libros, los álbumnes de fotos, las manualidades, las escapadas. Noviembre para mí es transición, un mes tranquilo... que huele a diciembre.

domingo, 10 de enero de 2016

Feliz año

Este desbarajuste de fechas, cenas, familia, brindis y regalos me ha llevado a que estemos a día 10 y ni siquiera os haya podido felicitar el año. Muy mal. En mi defensa diré que, como estos primeros días de enero seguía vigente el post de la magia de los Reyes, me dije que podía esperar al siguiente fin de semana que volvía todo a la normalidad.

Yo oí ruidos en el salón, como cuando era niña, y no me quise levantar para que no se marcharan con mis regalos, que como siempre, han sido muchos. Mi abuela, a quien debo en parte mi nombre, nació el día de Reyes, por lo que se llama Baltasara. Cuando al levantarnos en su casa cada 6 de enero, el salón estaba repleto de paquetes, ella siempre decía que teníamos enchufe con Baltasar, por eso siempre ha sido mi Rey. Y vaya que si el enchufe continúa, ¡en mi casa había muchas sorpresas! No cambio este día por nada. En mi memoria siguen intactos muchos recuerdos de mi infancia, que me asaltaron cuando felicité a mi abuela por teléfono por su 92 cumpleaños. Lo que más me alegra, además de poder seguir felicitándola, es mantener esa ilusión de cría. No me olvido de agradecer a mi paje que siempre hace este día tan especial y a todos aquellos que continúan creando la magia de estos días.

Como cada fin de año, leí por las redes sociales muchos balances. A mí no me gusta mucho hacerlo, aunque este año ha sido diferente, raro, pero también bueno, por qué no. He tenido un poco de todo, bodas, muy buenos viajes, vacaciones, el fin de una etapa, emprender nuevos proyectos...En verano me dijeron que "muchas veces que las cosas no salgan como esperamos, es lo mejor que nos puede pasar". Y es verdad. Por eso, yo hace tiempo que no hago los buenos propósitos de año nuevo. Dejo de la vida me sorprenda, poque he comprobado que en un minuto todo vuela por los aires y te da la vuelta a tus planes.

Aunque también está bien poner nuestro granito de arena para acercarnos a aquello que queramos conseguir. Porque creo que la actitud es muy importante. Por eso, brindo no sólo por que tengáis un buen año, sino por que lo afrontéis con una sonrisa, que no dejéis de sonreir, de disfrutar, de vivir.


martes, 29 de diciembre de 2015

Magia


Cuando dejas de creer, dejan de existir. Eso es lo que creo que ocurre estos días navideños, si le quitas la magia a los Reyes Magos dejan de venir. ¿Para qué, si no crees en ellos? La magia es ilusión, pero no sólo la de los niños. Es cierto que con pequeños en casa todo se vive más intensamente, pero yo no tengo hijos (y hasta hace bien poco, tampoco sobrinos) y para mí el día de Reyes siempre ha sido especial. Lo hacemos especial. No entiendo ni comparto esa idea de sólo regalos para los pequeños ¡a mí también me gustan los regalos! y como dije otra vez, me gusta regalar y que me regalen. No podría entender levantarme el día 6 de enero y tener el árbol vacío. Me deprimiría ya para el resto del año.

Esto también significa que si vas de compras por obligación, sin ilusión, dejas de creer y entonces, dejan de existir. Y eso es una pena. O yo lo veo así. Cuando no piensas lo que le gustaría al otro que le trajeran los Reyes, sino que vas a "quitarte el marrón", sólo ves un centro comercial a rebosar, un montón de gente, prisas, un dineral, se te echa el tiempo encima y no encuentras nada.

Luego la gente es muy libre de comprar la tienda entera o una cosa pequeña. Una sorpresita, como digo yo. Que no hace falta llegar con el paquete más grande, a veces -muchas veces, casi siempre- cuentan más los pequeños detalles. Algo que una vez dijiste, que ni siquiera está apuntado en tu carta a los Reyes, pero que ya sabes que va a gustar.

Por eso no me gusta nada el típico comentario de "no necesito nada" o "no sé qué cogerle porque tiene de todo". Pues sí, gracias a Dios tenemos de todo. Todos tenemos de todo. Por eso cuentan más los detalles, las sorpresas. Porque los Reyes para mí traen caprichos, no cosas que necesites. Y lo que peor me sienta del mundo es que me quiten la ilusión a mí. Esta mañana he ido a hacer de paje real y he escuchado frases como "la verdad que yo porque tengo un sobrino pequeño, que sino..." o "ale, otro listo, qué bien que ya solo me queda uno" o "yo ya vengo a las rebajas y cojo más cosas". Y el último que me han dicho: "vaya líos te buscas". Pues sí, me busco y me encuentro o no lo encuentro, pero lo he buscado con ilusión, con interés, con magia.



viernes, 25 de diciembre de 2015

Feliz Navidad

Sólo una pequeña entrada para desearos a todos unas felices fiestas con este arbolito que me mandaron por whastapp y que parece hecho a propósito para este blog.

Sigue estos buenos consejos, aunque a veces cueste, lo sé, pero es la esencia de la Navidad. Unos simples verbos que conducen a la felicidad.



lunes, 14 de diciembre de 2015

Pro Navidad

Sé que a mucha gente no le gusta la Navidad, como a otros no les gusta la Semana Santa ni a otros el calor del verano. Sé que muchos es porque han perdido a alguien muy cercano y lo echan de menos, más si cabe, en estas fechas y contra eso no tengo argumentos.

Pero a los demás no entiendo que no pueda gustarte ese espíritu navideño que nos invade cuando llega diciembre. Las ciudades iluminadas de colores, la gente comprando con ilusión pequeños detalles -aviso, esto será otro post-, los dulces de Navidad y el champán, las familias reunidas, los amigos brindando, la esperanza de que el próximo año sea mejor, los escaparates adornados con esmero, esa solidaridad que hace que por unos días seamos más buenos, los villancicos y la cena de Nochebuena, esos buenos deseos de paz y amor, la ilusión en los ojos de los niños, abrir los regalos, ver la Cabalgata, bailar en Nochevieja, llamar a amigos que hace tiempo que no hablas o mandar una felicitación, jugar un décimo de lotería y ver el sorteo esperando la suerte, volver a picar y comprar algún adorno más para la casa ...
Uf no sé, ¡se me ocurren tantas cosas!

Pero parece que está moda decir que no te gusta, otra vez los "quejosos", es como luchar contra corriente, que te miren raro por cruzar España para abrazar a tu abuela o por romperte la cabeza pensando un regalo en lugar de hacerlo por compromiso, por poner ilusión en cada paquete, por adornar la mesa con mantel navideño, por dar un beso al de al lado cuando suenan las campanadas, por dar comida a quien no la tiene estos días, por poner el árbol y el Belén en casa, y por qué no, también por la nostalgia de acordarte de los que no están y de otras Navidades pasadas, cuando éramos niños, cuando creíamos en los Reyes, cuando creíamos en la magia de la Navidad. Creo que esto es muy importante para no olvidarnos de esa inocencia ni esa ilusión. Ésa es mi palabra para la Navidad: ilusión.

Así que voy a poner muchas luces y adornos e invitar a mis amigos y poner el árbol y el Belén y estar con la familia y brindar para que sepan que en esta casa nos gusta la Navidad.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Excusas gastronómicas

Los fines de semana suelo quedar con mis amigos...para comer. Hacemos una de esas excusas gastronómicas que planeamos para vernos, charlar, reír...y comer. Porque otra cosa no sé, pero en mi grupo se come, mucho, y sobre todo quedamos para comer. Bueno, más bien para cenar…Esto ya lo contamos en la última boda de unos amigos del grupo y los invitados se reían. No sé por qué...¿hay algo más español que quedar para comer? Así se cierran grandes contratos ¿no? Pues nosotros cerramos grandes fines de semana.

Solemos ver los partidos de balonmano y luego cenamos, celebramos nuestros cumpleaños con una rica cenita en casa del homenajeado. También celebramos los cumples de los peques merendando y probado tartas. Quedamos a brindar por Navidad pero antes cenamos. Celebramos Halloween y cenamos sopas de ajo y buñuelos. Inauguramos el verano en la piscina y después ¡barbacoa! Llegan las ferias de Valladolid y quedamos a las casetas a comer. Nos da igual ir a la feria del pulpo que ver un partido de fútbol con sus patatas fritas. Vamos a un mercadillo artesanal y picamos en los puestos de los dulces. ¿Y cuando fuimos a la casa rural? Cualquiera hubiera creído que iba a ver una guerra mundial: un arsenal de comida y otro de chucherías. Porque si algo es este grupo es goloso. Se muere y se mata por el chocolate y las gominolas.

No hay nada que se nos resista, pizzas artesanas en horno de leña, pollos asados, lechazo, tartas de hojaldre y chocolate, donuts...aunque también le damos a la comida basura en todas sus variedades. Cuando alguien se va de viaje, nos manda fotos de lo que está comiendo y a veces trae algo típico que luego degustamos todos en otra cena, claro está.

En realidad, no somos originales porque creo que es muy tradicional reunirse a la mesa y celebrar las cosas con una comida, por ejemplo el otro día quedé con un grupo de amigas que se llaman "las ñamies" y se reúnen también con "excusas gastronómicas". Es muy español quedar para juntarse y comer, cualquier evento importante lleva consigo una buena comilona...y un buen arrepentimiento después. El plan de la dieta se nos olvida en cuanto alguien propone una nueva quedada gastronómica. Y en el fondo, como dije en este post, son excusas para vernos, estar juntos, celebrar, compartir, disfrutar y vivir. ¡Brindemos!