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jueves, 25 de febrero de 2021

Haz más lo que te hace feliz

Un ratito en el jardín leyendo al sol me dio por pensar qué necesarios eran esos momentos de calma. Para cada uno el suyo, pero buscar un momento al día para despejar la mente, por el simple hecho de fluir, relajarnos y reconectar. 

Omitiendo la parte egoísta de este asunto que nunca me ha gustado, creo que es importante estar bien con uno mismo para poder estarlo con los demás. Para algunos será obvio, pero para otras personas se trata de egocentrismo o individualismo. De hecho, más de una vez lo he sufrido en mis carnes reprochándome tener tiempo y/o no tener hijos. Nada más lejos de la realidad. Conozco amigas que son madres pero no por ello descuidan sus hobbies y también personas con tiempo que no lo emplean nunca en sí mismas. 

Me parece natural que a lo largo de la vida no sean siempre las mismas actividades de ocio, ni incluso en la misma semana. Ciertas veces te apetecerá zambullirte en las páginas de un libro y otras este permanece demasiados días en la mesilla. Algunas jornadas querrás salir a pasear o a correr y en otros momentos el yoga y la meditación llegaron a tu vida. Habrá situaciones en que necesites subir el volumen de la música y bailar y otras en que será mejor hacer punto con tranquilidad en casa. 

Incluso cada uno buscará a lo largo del día o de la semana "su momento": quizás es mejor ver una serie por la noche pero madrugar para hacer deporte, tejer el sábado y cocinar los domingos. 

Habrá ocasiones para todo, pero debemos crearlas. Sino, la cabeza explota, no le caben más ideas a la olla a presión. Así que ábrete una cerveza, saca la creatividad a flote o haz deporte, cose, tómate un café con una amiga, camina con tu perro, entrena, coge un libro, enciende la televisión, escucha música, visita un museo, asiste un curso, cena en un restaurante, ve de tiendas, juega a las cartas o pinta acuarelas. Pero reserva un hueco en la agenda. Haz lo que sea que te hace feliz. 



domingo, 10 de abril de 2016

Celebraciones

Perdón a quien me lea que esta semana no he aparecido, he estado recuperándome de unos días muy ajetreados pero geniales. El fin de semana pasado tuve un completo de celebraciones, con cena, cumpleaños y bautizo incluido. Celebrando la vida, un año más y una bebé más ... porque si algo nos gusta es celebrar. El otro día me lo confirmó un artículo que leí: el 95% de los españoles ha celebrado algo (lo que quieras) en el último año. El 71% declara que le gusta mucho o bastante, de lo que se deduce asombrosamente que al 29% restante no.

Esto es raro porque es la excusa perfecta para reunirte con tu gente y a veces los mejores planes surgen sin planearlos. En mi familia y amigos somos muy de celebrar, de disfrutar las cenas, los cumpleaños, hacemos una reunión familiar por menos de nada, algunas pequeñas y otras de esas que marcas meses antes en el calendario. En el artículo me veía perfectamente reflejada porque decía que los motivos favoritos para celebrar son los cumpleaños, las reuniones familiares y las quedadas con amigos. Pero tiene que haber muchas más porque cada español celebra una media de 37 acontecimientos al año, que es más de tres al mes, vamos, prácticamente cada fin de semana...


Y lo que decía el artículo ya lo dije yo en el post de las excusas gastronómicas que lo que no puede faltar en una buena celebración es la comida. Pero con unos datos estadísticos cuanto menos sorprendentes: la gastronomía (25%) y la bebida (16%) lideran el ranking muy por encima de la alegría (13%), la música (11%), la familia y los amigos (10%) y el buen ambiente (8%).  Me llama la atención porque lo mejor de una buena celebración es cómo te lo pasas. Al final, estaría muy rico el lechazo y el vino sería muy bueno, pero al menos yo lo que recuerdo es si me reí, si estaba cómoda, con quién me senté, lo que hablé, si me divertí...en definitiva, si disfruté.

Eso es lo importante para mí. Cada cosa en su momento. Está claro que cuando se es más joven se prefiere salir con los amigos de fiesta y, a más edad, cobra más importancia estar con la familia y quedarse en casa, que también tiene su encanto. Un domingo casero de esos de los que hablaba de chándal, sofá y peli. Depende de la vida que lleve cada uno y del trabajo que tengas entre semana, de lo que veas a tu familia y amigos, pero a veces tener la agenda desocupada es una delicia.

domingo, 17 de enero de 2016

De viaje con mi perro

Para quienes tenemos animales y nos gusta viajar, el hecho de ir con ellos de vacaciones cierra un círculo perfecto. Casi perfecto, si tenemos en cuenta los pocos medios de transporte donde pueden viajar o que algunos hoteles y bares no tienen permitida la entrada.

La primera vez que hicimos un viaje fue con nuestra anterior perrita, cuando descubrimos lo que le gustaba ir en coche. Iba tan feliz en el maletero, mirando por la ventana de atrás. Fuimos a Asturias, había reservado un hotel que admitía perros pero cuando llegamos allí, nos cambiaron a otro que acababan de abrir nuevo. No una casa rural, ni un apartamento, una habitación de hotel nueva. Digo esto porque en viajes posteriores, curiosamente, he tenido más problemas en otros tipos de alojamientos más que en hoteles de tres y cuatro estrellas. Yuma, como ahora Tango, se porta fenomenal en los viajes. Sale a ver la ciudad con nosotros, pateamos, buscamos un sitio con terraza para comer, nos intercambiamos al perro para entrar a ver las iglesias y vuelve a la habitación igual de cansado que nosotros. E igual de feliz. Para mí es un placer estar con él todo el tiempo y compartir un fin de semana de ocio y turismo.

Después de ese viaje, hemos visitado juntos muchos más. Obviamente hay sitios donde no puede entrar o donde no se nos ocurre llevarlo, pero incluso en algunas tiendas en algunas ciudades me han dicho que pasara con él. Por supuesto, agradezco también a todos aquellos familiares de fuera que también han admitido a mis perros cuando he ido a visitarlos a casa.

Una vez leí un cartel que se admitían perros en el hotel porque ellos nunca llegaban borrachos, ni habían tenido broncas ni juergas, ni habían robado toallas como hacen otros huéspedes. Lo mismo ocurre en las playas. En la mayoría de ellas no están admitidos los animales, ni siquiera pueden correr por la arena por la mañana cuando no hay gente. Es una suerte que muy cerca de donde veraneo haya una playa can donde pueda juntar dos placeres: estar con mi perro y tomar el sol en la playa. Y cumpliendo unas normas básicas de comportamiento y limpieza, se portan mejor que muchos humanos.

Por el tamaño de ambos perros no puedo viajar con ellos en autobús ni en tren - Sandra Barneda comenzó una campaña recogiendo firmas para pedírselo a Renfe- , por lo que el coche es el único medio de transporte que hemos utilizado, a pesar de que a Tango le da miedo. Dice mi veterinaria que quizás en su día lo abandonaron en el campo en coche y ahora le genera estrés. Aunque con todos los sitios donde lo he llevado ya, y lo bien que lo pasa cuando llegamos a destino, debería haber aprendido que no lo voy a dejar, que me encanta que venga con nosotros y que vayamos de vacaciones. Juntos. ¡Feliz San Antón!