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miércoles, 21 de febrero de 2018

Educación vial

Hay veces que, como ocurre con las faltas de ortografía, a fuerza de ver algo mal, acabas dudando. Eso me pasa algunas veces conduciendo. No hablo de hacer mal las rotondas o los que se olvidan de dar el intermitente, lo que es muy habitual.

Pero un día tuve que preguntar si las bicis pueden cruzar por un paso de peatones y yo, conductora en coche, cederles el paso porque ya me había encontrado varias veces con esta situación y dudaba. Son vehículos y como tal, no pueden actuar como peatones en un paso de cebra. Cuando lo tuve claro fue la vez que a mi lado, parado en un semáforo, había una bicicleta que se cansó de esperar y giró a la izquierda, cruzando por el paso de peatones con el semáforo abierto para las personas.

Todos cometemos errores conduciendo -¡porque mira que hay gente que conduce mal!- pero luego no pueden pedir respeto para los ciclistas ni más kilómetros de carril-bici cuando eres el primero que cuando quieres eres vehículo y cuando no te viene bien, no. Porque las normas de tráfico son igual para todos. Por ejemplo, supongo que estará prohibido para todos conducir hablando con el móvil. Pues bien, es verídico que he ido detrás de una bici, que iba un poco lenta y conduciendo con una mano. Mi sorpresa fue ver que con la otra escribía un mensaje por teléfono.

Y eso que cuando conduzco al lado de una bicicleta soy muy cuidadosa porque creo que son más vulnerables. Creo que además de pregonar, con toda la razón, los beneficios para la salud, el deporte y la ecología, y admirar su gesto porque restan contaminación a las ciudades, no deben olvidarse de la educación vial...y de la otra también.

Al final, como siempre, todo se reduce al respeto hacia los demás. Avisar al coche que tienes detrás de que vas a girar señalizándolo es civismo, conducir más lento en una vía que debes ir más deprisa es una falta de consideración y cruzar por el medio de una carretera siendo peatón y empujando una silla de bebé es falta de sentido común. Porque ése es otro tema, atravesar andando por donde nos da la gana. Como decía mi abuela, pocos accidentes hay la verdad para lo mal que nos comportamos.

No digo nada si hablamos de aparcar, ahí impera la mala educación. Coches ocupando dos espacios en un centro comercial a rebosar, toda una hilera en segunda fila con los warning puestos, lo dejo donde quiero porque "sólo son cinco minutos" y el colmo de la falta de tolerancia es aparcar en zona reservada para minusválidos. Inadmisible. Falta mucho respeto.


domingo, 17 de enero de 2016

De viaje con mi perro

Para quienes tenemos animales y nos gusta viajar, el hecho de ir con ellos de vacaciones cierra un círculo perfecto. Casi perfecto, si tenemos en cuenta los pocos medios de transporte donde pueden viajar o que algunos hoteles y bares no tienen permitida la entrada.

La primera vez que hicimos un viaje fue con nuestra anterior perrita, cuando descubrimos lo que le gustaba ir en coche. Iba tan feliz en el maletero, mirando por la ventana de atrás. Fuimos a Asturias, había reservado un hotel que admitía perros pero cuando llegamos allí, nos cambiaron a otro que acababan de abrir nuevo. No una casa rural, ni un apartamento, una habitación de hotel nueva. Digo esto porque en viajes posteriores, curiosamente, he tenido más problemas en otros tipos de alojamientos más que en hoteles de tres y cuatro estrellas. Yuma, como ahora Tango, se porta fenomenal en los viajes. Sale a ver la ciudad con nosotros, pateamos, buscamos un sitio con terraza para comer, nos intercambiamos al perro para entrar a ver las iglesias y vuelve a la habitación igual de cansado que nosotros. E igual de feliz. Para mí es un placer estar con él todo el tiempo y compartir un fin de semana de ocio y turismo.

Después de ese viaje, hemos visitado juntos muchos más. Obviamente hay sitios donde no puede entrar o donde no se nos ocurre llevarlo, pero incluso en algunas tiendas en algunas ciudades me han dicho que pasara con él. Por supuesto, agradezco también a todos aquellos familiares de fuera que también han admitido a mis perros cuando he ido a visitarlos a casa.

Una vez leí un cartel que se admitían perros en el hotel porque ellos nunca llegaban borrachos, ni habían tenido broncas ni juergas, ni habían robado toallas como hacen otros huéspedes. Lo mismo ocurre en las playas. En la mayoría de ellas no están admitidos los animales, ni siquiera pueden correr por la arena por la mañana cuando no hay gente. Es una suerte que muy cerca de donde veraneo haya una playa can donde pueda juntar dos placeres: estar con mi perro y tomar el sol en la playa. Y cumpliendo unas normas básicas de comportamiento y limpieza, se portan mejor que muchos humanos.

Por el tamaño de ambos perros no puedo viajar con ellos en autobús ni en tren - Sandra Barneda comenzó una campaña recogiendo firmas para pedírselo a Renfe- , por lo que el coche es el único medio de transporte que hemos utilizado, a pesar de que a Tango le da miedo. Dice mi veterinaria que quizás en su día lo abandonaron en el campo en coche y ahora le genera estrés. Aunque con todos los sitios donde lo he llevado ya, y lo bien que lo pasa cuando llegamos a destino, debería haber aprendido que no lo voy a dejar, que me encanta que venga con nosotros y que vayamos de vacaciones. Juntos. ¡Feliz San Antón!