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viernes, 8 de noviembre de 2019

Viajes navideños

Por un día voy a convertir este blog en una de esas bitácoras de viajes donde los influencers recomiendan destinos, ponen fotos preciosas y hablan de consejos patrocinados. Porque aunque a mí no me paga nadie, yo también tengo imágenes bonitas en mis álbumes y puedo hablar desde mi experiencia de viajar en esta época que se avecina, que sin duda tiene un encanto especial.

Me gustaría recordar cualquiera de los post anteriores de otros años, en los que he hablado de algunos de mis viajes de diciembre: Viena, Budapest, Estrasburgo y Alsacia o el último, a Laponia. Y aunque no hay nada escrito aquí porque fue antes de empezar el blog, también fuimos otro año a Brujas y a Alemania.

Sí quisiera dar algunos consejos prácticos:
-Son destinos muy turísticos y en el puente de diciembre hay mucha gente, con todo lo que eso conlleva, colas, restaurantes llenos, imposible hacer fotos solos, y -espero que no- robos.
-Hace frío, y más si procedes de alguna ciudad que no está acostumbrada, así que lleva ropa térmica, botas, abrigo, gorro, bufanda y guantes. Vístete por capas, mejor quitarse si es que llegas a tener calor. 
-Hay muchas cosas que ver y muchas cosas que fotografiar, cámara de fotos y/o móvil con batería y espacio suficiente. 
-Párate en cada puesto de mercadillo y también en los de comida típica, y sobre todo, siente la Navidad. No vayas si no te mueres por los adornos navideños o si te saturan las luces. Cree en la magia y vuelve a ser niño. 

Pero sobre todo me gustaría que me hicieras alguna pregunta o duda que tengas, siempre que no sea por favor cuál me ha gustado más. Siéntete libre para preguntarme quizás por el más diferente que hemos hecho que fue Laponia, que nos dio la oportunidad de dar de comer a los renos y pasear en trineo tirado por huskies. Y no hace falta que me preguntes por Papá Noel, ya te doy la respuesta: sí, existe. Lo he visto con mis propios ojos y eso será algo que no olvidaré.



domingo, 1 de septiembre de 2019

Camino

Septiembre. Ni un solo post en agosto. Un paréntesis.
Eso ha sido el verano, una mezcla de sol y playa y desconexión en el Camino de Santiago.
No fui a perderme, ni para encontrarme, no llevaba en mente propósitos concretos ni iba para cumplir promesas, solo para vivir una experiencia diferente y así ha sido.
Pero sí he descubierto o mejor dicho, redescubierto (porque en el fondo son cosas que sabemos, aunque las mantengamos ocultas en nuestra mente) muchas lecciones. Como me pasa en todos los viajes, he aprendido mucho, de mí y de los demás, de mi alrededor. Como los niños que son esponjas, así me siento yo viajando.
He aprendido dónde ponemos los límites y el poder mental. Todo pasa por la cabeza...y el corazón. Saber que puedes hacerlo porque quieres hacerlo. Nuestros límites están más lejos de lo que creemos, solo hay que forzarlos, alejarlos... y alcanzarlos.
Aprendí que cada uno hace su camino, no valen los consejos (salvo los prácticos) porque cada uno se lo adapta a sí mismo, no estás en las botas del otro. Como en la vida.
A buscar la voluntad, todos los días, para levantarse y caminar ...y seguir. Siempre seguir caminando. Porque el camino es como la vida, con sus piedras que hay que sortear, sus llanos, sus momentos al límite, sus paradas, sus subidas y bajadas...y su peso en la mochila, soltar para avanzar, ir con lo imprescindible, dejar lo superfluo.
Y apreciar los momentos, desde lo básico -la ducha, la comida, el descanso-, hasta la propia naturaleza, el silencio, pero también la charla con los amigos, la ayuda, la convivencia ... Porque, como en la vida, por el camino pasa mucha gente, algunos saludan, otros pasan fugazmente, a otros te lo vuelves a encontrar algún día y otros hacen el camino contigo, a tu lado, te agarran cuando caes y te abrazan al llegar a destino.
Y reafirmar que, como siempre, lo importante es el ahora, no pensar en los kilómetros de atrás ni en los que quedan, solo en dar un paso más y otro y otro ...y se hace camino al andar. Porque lo importante no es llegar, sino disfrutar el camino.


martes, 22 de mayo de 2018

Inglés

Un señor extranjero desorientado para a una persona en la calle. Excuse me, do you speak English? ¡Sorpresa! La historia puede continuar de varias formas, como aquellos libros que leía de pequeña donde tú ibas eligiendo el final. Que la persona con la que haya topado no entienda ni lo que le está preguntando porque no sabe nada de inglés, que comprenda la pregunta e intente chapurrear una respuesta o que le responda con un speech perfecto, indicándole por dónde debe llegar a su hotel.

No sé cuál habrás elegido para continuar el relato pero la tercera opción es poco usual en estos lares y, sin embargo, bastante común en otras ciudades europeas. No hablo de Inglaterra, Escocia o Irlanda donde sería lógico. Me refiero a lugares como Viena, Estrasburgo, Berlín, Copenhague...donde su idioma natal no es el inglés y lo han estudiado en el colegio, como tú y como yo, como segunda lengua. Entonces ¿por qué en el aeropuerto de Budapest la señora de la limpieza nos indica correctamente por dónde ir y aquí no somos capaces ni de saludar educadamente? Más que un reproche es pura envidia.

Asombrarte y avergonzarte -por qué no decirlo- de una persona en Estambul gritando en español que no entiende por qué no la hablan en su idioma en el aeropuerto mientras le piden "passport please". Pero eso no debería sorprendernos teniendo en cuenta el nivel de inglés del presidente de Gobierno, por ejemplo.

Viajar te da la oportunidad de observar, de recapacitar estas cosas y de mejorar, pero también de extrañarte. Te brinda la ocasión de aprender, de admirar a la persona de recepción del hotel más pequeño del pueblo más recóndito cómo cambia de idioma en un abrir y cerrar de ojos, de ver a la señora mayor del puesto del mercadillo hacerse entender en una lengua que no es la suya y de comprender cómo han entendido el turismo en otros países.


martes, 23 de enero de 2018

Viaje de cuento

Disculpad por la tardanza en continuar con mi cuento de Navidad como tenía pensado, pero como esto no es un blog de viajes al uso, sino uno más personal, se han colado un par de post antes de explicar dónde estuvimos en el puente de diciembre: Alsacia. Aunque nosotros volamos a Frankfurt, es esa zona en el nordeste de Francia, en la orilla izquierda del río Rin que limita con Alemania y Suiza, cuya capital y ciudad más grande es Estrasburgo.

No quiero escribir aquí mis recomendaciones como hacen en esos portales que leí antes de irnos, porque muchos están patrocinados y porque considero que hay mil formas de viajar, cada uno tiene sus preferencias y prioridades y es difícil coincidir. Aún así, sí quiero recomendar este viaje, uno de los más bonitos que he hecho. También es verdad que todo nos salió bien y esa suerte influye mucho en los recuerdos que te quedan. Pero creo que los sitios que hemos visitado eran muy bonitos, objetivamente, y si además te gusta la Navidad, este es uno de los destinos "imprescindibles".

Como dije de Viena, son ciudades bonitas en cualquier época del año, pero en Adviento tienen un plus mágico para los que nos gustan estas fechas. Si no es así, abstente de ir porque puedes acabar saturado de luces y empachado de olor a canela. Pero si viajas en diciembre, tienes un montón de mercadillos de Navidad donde volverte loca. No obstante, Estrasburgo se considera la capitale de Noël y es cierto ese derroche de luces y adornos en cada rincón.

De Frankfurt diré que tiene un aeropuerto enorme, del que tardamos hora y media en salir desde que aterrizamos, encontramos dónde estaban las empresas de alquiler de coches, coger el nuestro e irnos. Id con tiempo para no agobiarse sería mi mayor recomendación. Es una ciudad muy europea, financiera, que también tiene su mercado de Navidad, pero nada que ver con el encanto de las otras paradas que hicimos después. Nota mental 1: Eso me pasó también cuando visité Estocolmo, Oslo, los fiordos noruegos y Copenhague. Me pareció que esta última no tenía el encanto de los sitios anteriores. Nota mental 2: Quizás también esto es lo que le pasa a la gente que tras visitar Viena, Praga y Budapest creen que ésta pierde en comparación.

Como digo, alquilamos un coche con el que estuvimos encantados y así pudimos movernos con tranquilidad y libertad de horarios y visitar más pueblos de los que teníamos pensados. Y así, tras pasar un día en Frankfurt, fuimos a Estrasburgo, donde ya empezamos a meternos de lleno en el ambiente navideño. Me gustó mucho -no obstante su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988- sobre todo su catedral y la calles de alrededor como la Carré d'Or, sus puentes Ponts Couverts y sus casitas de madera blancas y el distrito conocido como la Petite-France.

Después, nuestra parada era Colmar, uno de los destinos más famosos para visitar en Navidad. Leí que fue donde se inspiraron para la película de la Bella y La Bestia, una de mis preferidas de Disney, y ahora entiendo por qué. Como os decía en el post anterior, es todo tan de cuento... sobre todo la zona de la Petit Venice. Pero aunque se dice que es la más alsaciana, el resto de pueblos alrededor, todos muy cercanos y que conforman la ruta de los vinos de Alsacia, son si cabe más bonitos. Eguisheim, Kayserberg, Riquewihr y Ribeauvillé fueron nuestras paradas, todos ellos inscritos en una lista de los pueblos más bonitos de Francia. Filas de casas de colores a lo largo de calles empedradas, tiendas pintorescas, puentes de piedra, carreteras con adoquines, campanarios y castillos, ruinas y casas nobles, canales bucólicos, murallas medievales y torres defensivas que le dan ese halo de encanto. Y color, muchas casitas de colores que hacían que quisiera fotografiarme en cada rincón. Nos dejamos alguno más en el tintero, pero todos ellos eran pueblos de postal que cada viajero recomendará uno u otro, pero todos perfectos para un cuento.

Como cuestiones prácticas: son lugares muy turísticos por lo que a algunas horas había mucha gente y si además es el puente de diciembre, eso es sinónimo de muchos españoles. Todos fueron muy amables, se nota que están acostumbrados al turismo y a hablar inglés, incluso chapurrean español. Olvídate de la dieta y no te pierdas un crêpe, las típicas salchichas, la tarté flambeé, los bretzel y toma un chocolate caliente -a nosotros no nos gusta el vino Glühwein- comprando las tazas monísimas de los mercadillos. Lleva el móvil con batería a tope y con suficiente espacio para las mil fotos que vas a querer hacer. Pasea tranquilamente por sus calles y espera a que se haga de noche y enciendan las luces, será como iluminar la magia.

Advertir que es caro, pero no tanto como pensábamos, o quizás es que para mí merece la pena. También es cierto que, como he dicho al principio, cada uno tiene una forma de viajar y nosotros compramos los billetes de avión con mucha antelación y en aerolíneas de bajo coste; encontramos unos hoteles prácticos, sencillos y económicos y nos quedamos también en dos apartamentos pequeños pero céntricos de Airbnb; solemos comer algo rápido en los mercadillos y no sentarnos en restaurantes lujosos a degustar comidas caras de mesa y mantel elegante. A cambio, siempre compro algún adornos para casa, para que cuando los mire pueda transportarme de nuevo a mi cuento de Navidad.


lunes, 27 de febrero de 2017

Ciudad amiga

Quizás porque me enamora mi ciudad, o porque el turismo conlleva una mezcla de viajar y cultura, que son dos de mis aficiones, o porque los eventos importantes son los que sitúan a Valladolid en el mapa, me encanta leer noticias como que la recuperación de Pingüinos hace crecer el turismo un 17% hasta alcanzar en enero los 25.000 turistas.

Porque, aunque no soy devota del mundo del motor, me gusta pensar que los moteros tienen puesto en rojo esa fecha en su calendario a pesar de que enero sea un mes que cuesta y me agrada que los vallisoletanos se echen a la calle a ver pasar las motos como en Semana Santa las procesiones, que los hoteles y los bares estén llenos esos días y toda esa gente pueda añadir Valladolid a su lista de destinos imprescindibles.

Pero sobre todo me complace pensar que somos una provincia activa, que piensa, planea y organiza actividades para que los vallisoletanos disfruten de su entorno y para que los turistas vengan a conocernos. Me fascinan noticias como que Valladolid se convierta en noviembre en capital internacional de protocolo con cientos de congresistas que entenderán el lema del congreso Vivir Valladolid, o que reciba en mayo el Concurso Mundial de Bruselas dedicado al vino y que nuestros caldos sean conocidos internacionalmente. O que la próxima semana el Teatro Calderón reúna a los mejores deportistas en la Gala Nacional del Deporte o incluso que miremos más lejos en el calendario y ya se sepa que el polideportivo Pisuerga vestirá sus mejores galas para el Campeonato de Europa de Gimnasia Rítmica en junio de 2018. Porque todo ayuda a que Valladolid se coloque en el punto de mira.

Hasta me parece buena idea que entre los cientos de niños disfrazados y actividades programadas del Carnaval, Zorrilla sea protagonista estos días que celebramos su bicentenario porque sino, pasaría desapercibido y no sabríamos que hace 200 años nació aquí este gran poeta y dramaturgo que ha dado nombre a una plaza, un estadio y un paseo. Me parece una oportunidad extraordinaria que Ryanair abra un nuevo destino a Sevilla, como me lo pareció en su día que con el AVE puedan venir a visitarnos en una hora desde Madrid.

Igual que me gusta hacer turismo a mí, bucear qué se puede ver en la ciudad, ir a la Oficina de Turismo y coger mis mapas, me agrada ver a alguien por la calle aquí con su plano mirando nuestros monumentos. Me enfandan situaciones como encontrarte con la oficina cerrada o que los vallisoletanos, con ese carácter seco que tenemos, no atendamos bien a nuestros turistas. Porque pienso que para disfrutar de un viaje y llevarse un buen recuerdo tiene que darse un conjunto de variables que no siempre es fácil de conseguir. Creo que te tiene que cautivar la ciudad, haberlo pasado bien, haber comido bien, alojarse en un buen sitio, que la gente haya sido amable, que haya hecho buen tiempo para poder recorrer a gusto las calles, que haya variedad de cosas para visitar pero también para hacer, porque no a todos nos gustan los museos, por ejemplo.

Y creo que Valladolid reúne bastantes de estos requisitos y que desde hace ya algún tiempo se le da cada vez más importancia a este tema. Aunque el crecimiento de viajeros es una noticia que me satisface, lo que más me interesa es la calificación que otorgan de notable, destacando la excelente conservación de sus monumentos, su amplia y variada oferta cultural, así como el cuidado del entorno de la ciudad, y sobre todo, la valoración dada a la atención y amabilidad de los vallisoletanos. Porque esto cumple cien por cien el logo y lema de "Valladolid, ciudad amiga". 



jueves, 22 de diciembre de 2016

La sorpresa de Budapest

Aunque en realidad esto serán dos post seguidos de turismo y viajes, no quisiera que porque escribí de Viena la semana pasada, parezca que el resto de mis viajes invernales no me han gustado. No quisiera caer en el error que me han hecho a mí de desmerecer Budapest.

Éste ha sido mi viaje de diciembre este año y he de confesar que Budapest es la bella desconocida -como se llama aquí también a la Catedral de Palencia-. Quizás porque mucha gente realiza conjuntamente el paquete Praga-Viena-Budapest puede parecer que ésta última sale perdiendo. El caso es que no sabía muy bien qué iba a ver. Bien, mi conclusión es que ha sido una grata sorpresa.

Es cierto que resulta menos navideña que el esplendor de Viena, con menos mercadillos y menos luces, pero también con su encanto. Me ha parecido más grande de lo que me esperaba y como digo, más hermosa. Sobre todo, y sin ningunda duda, de noche. Realmente me he enamorado de Budapest de noche. El Parlamento, que me ha parecido maravilloso de día, de noche, con niebla, desde el barco o desde el bus turístico, pero iluminado alcanza su máximo esplendor. Igualmente, el castillo de Buda, el balneario Géllert, el puente de las Cadenas y el resto de puentes sobre el Danubio con esas magníficas luces.

El Danubio le imprime un encanto especial. Por eso no dejaría escapar la oportunidad de realizar el típico paseo en barco tan turístico, que te permite ver todos los edificios perfectamente iluminados. Obviaremos el tema frío porque merece la pena.

La Plaza de los Héroes, el Mercado Central, la Ópera, la sinagoga judía, los balnearios o el Bastión de los Pescadores son paradas obligatorias. Este me gustó especialmente, es un mirador en la colina de Buda, desde donde puedes contemplar todo Pest. Puedes aprovechar para visitar también el castillo y la iglesia de Matías, impresionantemente hermosa. El castillo Vajdahunyad, una copia del de Transilvania, en un día de niebla y frío como le vimos nosotros, le da un aire fantamagórico muy apropiado. Y delante, una de las más grandes pistas de patinaje sobre hielo del mundo.

La Catedral de San Esteban me gustó más por fuera, curiosamente. Y más en esta época navideña, con un gran árbol delante, una enorme corona de Adviento, una pequeña pista de patinaje y uno de los mercadillos más grandes de la ciudad junto al de la plaza Vörösmarty. Un montón de puestos de artesanía y de comida húngara -buenísimos los lángos- y bebida para entrar en calor. Y un espectáculo de luces -uno distinto cada media hora- proyectado sobre la fachada de la basílica que merecía la pena ver.

Así que acabamos con luces como empezamos, quizás porque es una de las cosas que más me gusta de esta época.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Viena en Navidad

Ya he hablado otras veces de lo que me gusta viajar, de lo que me aporta, de lo que aprendes...Quizás lo he heredado de mis padres y yo he continuado esa tradición  o quizás solo sea un culo inquieto con ganas siempre de seguir aprendiendo. Además de nuestras vacaciones de verano, intentamos a hacer una escapada invernal a alguna ciudad que no conozcamos. Unos años ha sido Teruel, Logroño, Huesca...y otros Brujas, Viena o Budapest. Estas últimas tienen un objetivo claro: ver cómo se vive la Navidad en otras ciudades europeas.

Adoro las luces de Navidad, los adornos, los mercadillos, los pequeños regalos...Creo que esto lo tiene claro quien me conoce bien. Por eso me gusta comparar las ciudades, hacer turismo y recuperar el espíritu navideño. Nuestro destino del año pasado fue Viena y ahí comprobamos cómo la magia del Adviento se respira en cada rincón de la ciudad. No he visto unas calles mejor iluminadas que allí, brillan con todo su esplendor. Tan pronto veías lámparas imperiales colgadas imitando un salón de baile como las coronas de los Reyes Magos.

Cuatro velones enormes te dan la bienvenida a la plaza del Ayuntamiento -ya de por sí precioso edificio- con un gran árbol de Navidad delante. Unos arcos de luces ejercen de puertas que te incitan a pararte en cada una de las más de 200 cabañas de madera. Unos preciosos angelitos están presentes en toda la zona, en las velas rojas de la entrada, en las luces de las calles adyacentes, en un gracioso photocall donde paramos a hacernos la típica foto celestial... Pero en este mercado había luces en todos los árboles, en forma de corazones, estrellas, caramelos o de cupcakes, que las fotos no lograron captar todo su brillo.

Al igual que en los mercadillos alemanes (Christmas market) que la primera vez que los ví perdí el sentido, en Viena había puestos de bolas para decorar el árbol y dejarlo como el más bonito del Universo, auténticas piezas de artesanía, figuras de velas de mil formas de cera de abeja, jabones navideños que no sabías si hincarlos el diente, muñecos blancos que te transportaban al frío -osos polares, pingüinos, muñecos de nieve, ciervos...- campanas que lucían con una vela en su interior, casitas de adorno, nacimientos, galletas y otros dulces navideños, bolas de cristal de las que se agitan y cae la nieve, coronas para colocar en la puerta ...y un sinfín de decoración preciosa.

El frío al caer la noche hacía pararte en los puestos de comida y bebida, y aunque lo típico es el vino caliente (glühwein), nosotros optamos mejor por un chocolate o un té, acompañado de algún dulce. Pagando un poco más te llevabas las bonitas tazas, cada mercado tenía la suya como si de una colección se tratase.

Porque aunque el Christkindlmarkt sea quizás el más grande, cada plaza y palacio tenía su mercado navideño: la iglesia de San Carlos Borromeo, el Palacio de Schönbrunn, el Palacio Belvedere y la Catedral son algunos de los otros rincones de Viena donde se vive un verdadero ambiente de Navidad. Supongo que es obvio decir que merece la pena ir en cualquier fecha, tan imperial y majestuosa con esos palacios imponentes, la sombra de Sissi en cualquier rincón...pero en Navidad es un auténtico cuento.

lunes, 18 de julio de 2016

No lo abandones

Hoy toca post moral, lo advierto, pero no puedo por menos de intentar poner mi pequeñísimo grano de arena a una lacra que sitúa a España como el país con más abandonos de animales. He encontrado datos por internet que hablan de 150.000-200.000 abandonos de mascotas, 400 al día, lo que supone uno casi cada cinco minutos.

Seguro que recuerdan aquel anuncio de la Fundación Affinity en 1988 cuyo lema "No lo abandones. Él nunca lo haría" se me quedó grabado a fuego en el recuerdo... y en el corazón. Aquella mirada del perro, solo, en medio de la carretera. Era más pequeña y se me encogía el alma cada vez que lo veía en la tele, pero pensaba, -inocente de mí- que era un anuncio, una campaña publicitaria, con un perro escogido para tal efecto. No pensaba que podría haber alguien tan cruel cómo para parar en una gasolinera y dejarlo allí. Y subirse al coche y seguir viaje como si nada. La vida da tantas vueltas que no pensaba entonces que muchos años después, adoptaría no uno, sino dos, de estos animales abandonados.

Me encanta esa frase que circula por la red de que cuando abandonas a un animal porque ya no te sirve, tus hijos están aprendiendo la lección. Quizás hagan eso contigo cuando seas anciano...

Una de las cosas que más me llaman la atención de tener perro es cuando llegas a casa cómo te reciben. Da igual que hayas estado toda la mañana trabajando o te hayas ido sólo cinco minutos a comprar el pan, te reciben como si no te hubieran visto en días. Y cuando de verdad no te han visto en días, sólo les falta hablar. A mí me emociona ese recibimiento. Es lo mejor de volver.


No puedo entender que alguien, porque para mí es "alguien", a quien has querido durante días, alimentado, paseado, incluso besado, lleguen los calores del verano y te deshagas de él. ¡Qué no saben qué hacer con ellos en vacaciones dicen! ¿Llevártelo, quizás? Pedir el favor a algún familiar o amigo, llevarlo a una guardería canina o de viaje contigo, o si me apuras, no ir de vacaciones a ese sitio donde no aceptan animales, pero nunca, jamás, abandonarlo. Porque ahora sé que la gran verdad de aquella campaña publicitaria es que él nunca lo haría.



martes, 12 de julio de 2016

Viajando ideas

He estado ausente estos días aunque en realidad he estado más presente que nunca. Me fui de vacaciones en toda la magnitud de la palabra. Viajar no es sólo cambiar de ciudad, sino de ideas. Y yo he estado en muchas ciudades. Y cuando mi mente sale de viaje, no se relaja, al contrario, bulle ideas, aprende más, mira, observa y lo fija en los recuerdos.

Viajar te da la oportunidad de conocer otros sitios, otras costumbres, otras personas, pero sobre todo conocerte a ti mismo. Para mí es cierta esa frase de que viajar abre la mente. Mirar con otros ojos. Es una nueva forma de ver las cosas. No sólo las ciudades que estás visitando sino lo que está a tu alrededor y, cuando regresas, también tienes una nueva forma de apreciar lo cotidiano o la oportunidad de cambiarlo si no estás conforme.

Aprendes mucho viendo a tus compañeros de viaje, sus comportamientos, es increíble cómo la gente no deja nunca de sorprenderte (para bien o para mal). Te conoces mejor porque estás en una situación diferente a la cotidiana, fuera del trabajo, tu casa, tu rutina diaria, sin planes, sin reloj...Y me gusta. Me gusta mucho lo que aprendo.

Ya lo dijo Séneca: “Viajar y cambiar de lugar revitaliza la mente” y quién soy yo para contradecirle.



lunes, 22 de febrero de 2016

Respeto

Dicen que donde fueres haz lo que vieres, y esto sirve para muchas ocasiones en la vida, sobre todo para viajar. Ahí sí que ves las costumbres de otras ciudades, otras culturas, otras comidas, otras religiones. Entonces, puedes ser mero observador o participar, puedes ver la Mezquita azul de Estambul por fuera o entrar, y para ello tendrás que cubrirte con un velo. Puedes admirar la catedral de Milán o verla por dentro, y para ello, no podrás hacerlo en pantalón corto ni tirantes.

Ahora que llega Semana Santa, igual. Puedes planear tus vacaciones en la playa o descansar en casa. Puedes escaparte a esquiar o salir en una procesión. Pero si viajas a un sitio con mucha tradición de Semana Santa, deberás hacerlo con respeto. No reirse de sus trajes ni tradiciones, si es costumbre verlas en silencio, cállate, y si se cantan saetas, escúchalas. Admira los pasos, aunque no los veas con los ojos de la fe, las esculturas, el arte. Huele el incienso, oye los tambores, sorpréndete con los pies descalzos. Pero no cuestiones por qué llevan una cruz a hombros ni por qué visitan siete iglesias en Jueves Santo o no comen carne los viernes de Cuaresma.

Y sobre todo, cuando viajes a una ciudad, ve con la lección aprendida. Quiero decir, viaja sabiendo a lo que vas, a dónde vas. Quizás te encuentres con calles cortadas, o pase una procesión justo por la esquina donde ibas a acortar tu paseo, o toquen una campana a las dos de la mañana o una trompeta se pare a tocar el himno a tu lado. Asómbrate, quizás te desconcierte, pero no protestes. Te aseguro que si te metes en ese ambiente, puede llegar a sobrecogerte. Contémplalo desde el respeto y la tradición.




domingo, 17 de enero de 2016

De viaje con mi perro

Para quienes tenemos animales y nos gusta viajar, el hecho de ir con ellos de vacaciones cierra un círculo perfecto. Casi perfecto, si tenemos en cuenta los pocos medios de transporte donde pueden viajar o que algunos hoteles y bares no tienen permitida la entrada.

La primera vez que hicimos un viaje fue con nuestra anterior perrita, cuando descubrimos lo que le gustaba ir en coche. Iba tan feliz en el maletero, mirando por la ventana de atrás. Fuimos a Asturias, había reservado un hotel que admitía perros pero cuando llegamos allí, nos cambiaron a otro que acababan de abrir nuevo. No una casa rural, ni un apartamento, una habitación de hotel nueva. Digo esto porque en viajes posteriores, curiosamente, he tenido más problemas en otros tipos de alojamientos más que en hoteles de tres y cuatro estrellas. Yuma, como ahora Tango, se porta fenomenal en los viajes. Sale a ver la ciudad con nosotros, pateamos, buscamos un sitio con terraza para comer, nos intercambiamos al perro para entrar a ver las iglesias y vuelve a la habitación igual de cansado que nosotros. E igual de feliz. Para mí es un placer estar con él todo el tiempo y compartir un fin de semana de ocio y turismo.

Después de ese viaje, hemos visitado juntos muchos más. Obviamente hay sitios donde no puede entrar o donde no se nos ocurre llevarlo, pero incluso en algunas tiendas en algunas ciudades me han dicho que pasara con él. Por supuesto, agradezco también a todos aquellos familiares de fuera que también han admitido a mis perros cuando he ido a visitarlos a casa.

Una vez leí un cartel que se admitían perros en el hotel porque ellos nunca llegaban borrachos, ni habían tenido broncas ni juergas, ni habían robado toallas como hacen otros huéspedes. Lo mismo ocurre en las playas. En la mayoría de ellas no están admitidos los animales, ni siquiera pueden correr por la arena por la mañana cuando no hay gente. Es una suerte que muy cerca de donde veraneo haya una playa can donde pueda juntar dos placeres: estar con mi perro y tomar el sol en la playa. Y cumpliendo unas normas básicas de comportamiento y limpieza, se portan mejor que muchos humanos.

Por el tamaño de ambos perros no puedo viajar con ellos en autobús ni en tren - Sandra Barneda comenzó una campaña recogiendo firmas para pedírselo a Renfe- , por lo que el coche es el único medio de transporte que hemos utilizado, a pesar de que a Tango le da miedo. Dice mi veterinaria que quizás en su día lo abandonaron en el campo en coche y ahora le genera estrés. Aunque con todos los sitios donde lo he llevado ya, y lo bien que lo pasa cuando llegamos a destino, debería haber aprendido que no lo voy a dejar, que me encanta que venga con nosotros y que vayamos de vacaciones. Juntos. ¡Feliz San Antón!



lunes, 7 de diciembre de 2015

Maleta

La maleta se llena de "por si acasos". Siempre, da igual que sea verano que invierno, que vayas de viaje de trabajo o de ocio. Por si llueve, por si hace frío, por si el hotel tiene piscina, por si hay una cena más arreglada...La maleta es eso que llenas de ilusión antes de irte y que cuando vuelves te da pereza deshacer porque la lavadora con la ropa sucia te devuelve a la cruda realidad: has vuelto.

Hay gente muy ordenada haciendo maletas, que lo apunta todo, que la prepara días antes, en cambio otros improvisan, otros apenas necesitan media hora, otros llenan la cama de ropa antes de meterla en la maleta...Hay maletas de vacaciones, que llenas con ganas de descansar, otras son viajes de negocios, con ropa más elegante de trabajo, otras maletas llevan vestidos de boda y tacones, otras sólo bikinis para tirarse en la playa, maletas de mano, maletas para cruzar el océano... Todas ellas siempre llevarán más de lo que te pondrás, incluso a veces más de lo que cabe. No será la primera vez que ves a alguien tirado en el suelo del aeropuerto jugando al tetris con la maleta.

En casa he visto mucho hacer maletas -por trabajo y por vacaciones-, me sé los consejos de memoria y también he leído varios trucos y, aunque algunos los pongo en práctica y otros ya los sabía, el "por si acaso" y la ropa que vuelve intacta no falla nunca. Depende del destino, del clima y de la duración, pero ahí van unos consejos: lo que pesa más se pone abajo junto con el neceser, también abajo para que si se sale algún líquido no manche toda la ropa, aprovechar lo huecos de los zapatos (que siempre irán en bolsas independientes para no ensuciar) para meter otras cosas y que vaya quedando compacta, ropa enrollada que ocupa menos, blusas y vestidos lo último para que no se arrugue, los cinturones estirados al borde de la maleta, colores neutros que combinan con todo, ropa cómoda y versátil y llevar puesto lo que ocupe más.

Los accesorios también es otra cosa que metes por si acaso y muchas veces no te pones, bolsos, collares, pulseras, bufandas...luego vamos con lo mismo todos los días. Yo ya tengo adjudicados bolsos de viajes, que como digo yo, conocen mundo. ¿Qué decís de lo que ocupan los zapatos? ¿y las botas? Por eso siempre llevo sólo un par de repuesto, que suele ser zapato bajo o calzado deportivo. No entiendo la gente que va a patear una ciudad con tacones.

Un conjunto básico y ropa interior en la bolsa de mano si facturas no vayas a tener la mala suerte de que te lo pierdan. Un fular que siempre te saca de un aprieto si tienes frío en el avión o tren. A todo esto, hay que dejar hueco por si vuelves con algo de más... ¡ay esos caprichitos! No olvidar una bolsa vacía para la ropa sucia, el cargador del móvil y la cámara de fotos.

Y lo más importante, llenarla con ganas de hacer turismo, de desconectar y de disfrutar. ¡Os dejo que yo estoy llenando la maleta de ilusión!


lunes, 16 de noviembre de 2015

París

Siempre nos quedará París.

Reconozco que tenía otro post pensado pero no me parece que se pueda escribir de otro tema. No voy  a hablar de terrorismo, ni del miedo ni el dolor que sentimos todos a partes iguales, ni de política ni de religión. Ni siquiera de lo cerca que está, de que todos hemos pensado que podríamos haber sido nosotros, cualquiera que hubiera estado pasando el fin de semana de turismo, de Erasmus, trabajando, en un concierto, en un partido...en un tren de Madrid.

Alguien me dijo que todos deberíamos visitar una vez en la vida estas ciudades: Nueva York, Londres, Roma y París. Tengo la suerte de haberlas visto todas, tan distintas entre ellas, ¡todas me gustaron tanto! Pero si hay una que me fascina, casi hasta diría que es mi favorita, es París.

París es la única por la que al viajar me salto mi personal teoría de que "hay tanto mundo por ver, que por qué repetir"...Pues, no sólo he repetido, sino que he estado varias veces e iría una y otra vez. París siempre es una buena opción.

París es encanto, es glamour, es moda, es majestuosidad, es imperial, es esplendor.
París es bohemia, es arte, es cultura, es baile, es un traje de can can, es ópera, es un musical.
París es perfume, es dulce, es un croissant, es crepes de chocolate, es un café en una terraza.
París es la Torre Eiffel, un paseo por los Campos Elíseos, es Notre Dame, un crucero por el Sena, el barrio latino, es el Sacre Couer, el Arco del Triunfo, la Ópera, los Inválidos, el Louvre, Versalles, Montmatre, Disneyland.
París es la Marsellesa. Es libertad, igualdad y fraternidad.
París es la ciudad de la luz.
París es la ciudad del amor.



lunes, 14 de septiembre de 2015

Viajar

Si hay algo que me gusta mucho es viajar. Viajar a la vuelta de la esquina o lejos, hacer excursiones al pueblo de al lado o escapadas un poco más largas o unas vacaciones en toda regla. Me encanta y tengo la suerte de poder hacerlo. Aunque todo con sus condiciones. He tenido la suerte de viajar mucho con mis padres de pequeña y ahora de tener una persona a mi lado que comparte esta misma filosofía.

Tenemos poco tiempo y poco dinero, así que esos son los condicionantes a los viajes. Descartamos destinos por tiempo o por dinero. Normalmente no podemos disponer de 2 semanas seguidas para cruzar el charco -aunque sí lo hemos hecho en un par de ocasiones- ni mucho dinero para dar la vuelta al mundo como me gustaría. ¡Hay tantos sitios por ver!

Estos condicionantes hacen que nuestro momento "planear viaje" sea más largo. Entro mucho en internet para buscar vuelos baratos, hace tiempo que no voy a un buen hotel, sino que nos quedamos en otro tipo de alojamientos -si es en territorio nacional suelo buscar que acepten animales para poder viajar con nuestro perro- y a veces tenemos que cambiar de opción porque sale más barato, o de día o incluso de destino. Pero me da igual, lo importante para mí es disfrutarlo, saborearlo, preparar la maleta, visitar sitios, hacer muchas fotos, aprender y conocer mundo.

Y si hay algo que no me gusta es la típica coletilla de "¡cómo vives!". Como si el que lo está diciendo no hubiera pisado jamás una playa o no hubiera ido en coche a otra ciudad. O a lo mejor es verdad que no pero porque no quiere o porque no le gusta, o porque prefiere el remanso de paz de su casa, o quedarse leyendo en el sofá o bañarse en la piscina o ir a las fiestas de su pueblo. Y me parece fantástico porque todo es lícito, cada uno escoge lo que más le gusta. Eso es para mí lo importante: ¡disfrútalo! Si te gusta más comer y tienes el frigorífico lleno de cosas ricas, o prefieres un bolso caro, o vestir a tu hijo con mucha ropa, o gastarte un bono de la piscina, o salir de copas o comprar el último modelo de teléfono o eliges hacer deporte o vivir en una casa más grande...cada uno disfruta con lo que más le gusta. ¡Vive!

Me gusta ir a sitios que no conozco o si ya he estado ver y hacer cosas que no hice la anterior vez, descubrir momentos. Me gusta hacer turismo, visitar los monumentos, comer lo típico, comprar souvenirs... Dicho esto os escribo desde las fiestas del pueblo de mi suegro, así que a seguir disfrutando!!