martes, 30 de enero de 2018

Redes sociales

Esta semana me han pasado dos cosas muy curiosas por ser asidua a distintas redes sociales. Y es que a veces seguir a gente en Instagram tiene estas cosas, que te parece que los conoces de toda la vida porque sabes en qué trabajan, cómo se llaman sus niños y hasta lo que comen.

Aunque esto es algo que suelen denunciar los famosos porque les trae más de un problema -fans locos que les persiguen, les abordan e incluso les insultan, excusados en el anonimato de un perfil falso-, creo que también tiene cosas buenas. Siempre que haya respeto y educación, como en la vida real. Te hace estar más cerca de actores, cantantes, deportistas y cualquier personaje público, pero no puedes olvidar que no los conoces, no son tus amigos, aunque te parezca que los tienes tan cercanos.

El otro día me quedé en shock con la muerte de una wedding planner, que para quien no lo sepa es una organizadora de bodas. Por eso empecé a seguirla, por su trabajo, por sus flores en escenarios preciosos, decorados luminosos y por esa pasión desbordante que demostraba. Y así fue como, al enterarme de la fatal noticia, no podía dejar de pensar en su marido y sus tres hijos húngaros, a los que nos había hecho partícipes de su proceso de adopción. Ni tampoco olvidar a sus compañeras de trabajo, esa empresa que ella había creado para planear la boda perfecta.

Y entones piensas qué alegría y qué entusiasmo debe tener alguien para transmitirlo de esa manera tan brutal a través de la pantalla, como para que sin conocerla, pienses que se fue alguien con una personalidad arrolladora. Una joven treintañera que decía que si la felicidad fuese un color sería sin duda el amarillo. Y entonces, Instagram se llenó de mensajes de pésame, flores amarillas como las de sus bodas, novios huérfanos que colgaban fotos de sus preparativos, corazones amarillos en los millones de comentarios de su perfil. No hay duda de que rebosada felicidad y amor por su trabajo y por su familia. Parece ser que también lo sintió así su comunidad de seguidores.

La otra anécdota triste fue un vídeo denuncia de otra blogger, precisamente contando este acoso en un foro de la revista de moda Vogue, que consintió años de insultos y amenazas a ella y los suyos. Igualmente se hizo viral y sus lágrimas traspasaron el móvil. Miles de personas se solidarizaron, criticaron estas conductas, comentaron con un hashtag para que el foro se cerrase y la revista así lo hizo finalmente. En serio, qué mala es la envidia. ¿No tienes nada más que hacer, que seguir a una influencer que no te gusta, para insultarla y perder tu tiempo en escribir un comentario dañino sobre ella? ¿Qué clase de persona eres, además de obviamente una envidiosa y maleducada?

La otra enseñanza es que juntos se pueden conseguir muchas cosas. El vídeo fue compartido por muchas de sus compañeras que se hicieron eco del problema. Hay que contarlo, compartirlo y denunciarlo, cualquier clase de acoso, no sólo el cibernético. Es la otra cara de internet. Al final solo se trata de respeto. Como siempre.



martes, 23 de enero de 2018

Viaje de cuento

Disculpad por la tardanza en continuar con mi cuento de Navidad como tenía pensado, pero como esto no es un blog de viajes al uso, sino uno más personal, se han colado un par de post antes de explicar dónde estuvimos en el puente de diciembre: Alsacia. Aunque nosotros volamos a Frankfurt, es esa zona en el nordeste de Francia, en la orilla izquierda del río Rin que limita con Alemania y Suiza, cuya capital y ciudad más grande es Estrasburgo.

No quiero escribir aquí mis recomendaciones como hacen en esos portales que leí antes de irnos, porque muchos están patrocinados y porque considero que hay mil formas de viajar, cada uno tiene sus preferencias y prioridades y es difícil coincidir. Aún así, sí quiero recomendar este viaje, uno de los más bonitos que he hecho. También es verdad que todo nos salió bien y esa suerte influye mucho en los recuerdos que te quedan. Pero creo que los sitios que hemos visitado eran muy bonitos, objetivamente, y si además te gusta la Navidad, este es uno de los destinos "imprescindibles".

Como dije de Viena, son ciudades bonitas en cualquier época del año, pero en Adviento tienen un plus mágico para los que nos gustan estas fechas. Si no es así, abstente de ir porque puedes acabar saturado de luces y empachado de olor a canela. Pero si viajas en diciembre, tienes un montón de mercadillos de Navidad donde volverte loca. No obstante, Estrasburgo se considera la capitale de Noël y es cierto ese derroche de luces y adornos en cada rincón.

De Frankfurt diré que tiene un aeropuerto enorme, del que tardamos hora y media en salir desde que aterrizamos, encontramos dónde estaban las empresas de alquiler de coches, coger el nuestro e irnos. Id con tiempo para no agobiarse sería mi mayor recomendación. Es una ciudad muy europea, financiera, que también tiene su mercado de Navidad, pero nada que ver con el encanto de las otras paradas que hicimos después. Nota mental 1: Eso me pasó también cuando visité Estocolmo, Oslo, los fiordos noruegos y Copenhague. Me pareció que esta última no tenía el encanto de los sitios anteriores. Nota mental 2: Quizás también esto es lo que le pasa a la gente que tras visitar Viena, Praga y Budapest creen que ésta pierde en comparación.

Como digo, alquilamos un coche con el que estuvimos encantados y así pudimos movernos con tranquilidad y libertad de horarios y visitar más pueblos de los que teníamos pensados. Y así, tras pasar un día en Frankfurt, fuimos a Estrasburgo, donde ya empezamos a meternos de lleno en el ambiente navideño. Me gustó mucho -no obstante su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988- sobre todo su catedral y la calles de alrededor como la Carré d'Or, sus puentes Ponts Couverts y sus casitas de madera blancas y el distrito conocido como la Petite-France.

Después, nuestra parada era Colmar, uno de los destinos más famosos para visitar en Navidad. Leí que fue donde se inspiraron para la película de la Bella y La Bestia, una de mis preferidas de Disney, y ahora entiendo por qué. Como os decía en el post anterior, es todo tan de cuento... sobre todo la zona de la Petit Venice. Pero aunque se dice que es la más alsaciana, el resto de pueblos alrededor, todos muy cercanos y que conforman la ruta de los vinos de Alsacia, son si cabe más bonitos. Eguisheim, Kayserberg, Riquewihr y Ribeauvillé fueron nuestras paradas, todos ellos inscritos en una lista de los pueblos más bonitos de Francia. Filas de casas de colores a lo largo de calles empedradas, tiendas pintorescas, puentes de piedra, carreteras con adoquines, campanarios y castillos, ruinas y casas nobles, canales bucólicos, murallas medievales y torres defensivas que le dan ese halo de encanto. Y color, muchas casitas de colores que hacían que quisiera fotografiarme en cada rincón. Nos dejamos alguno más en el tintero, pero todos ellos eran pueblos de postal que cada viajero recomendará uno u otro, pero todos perfectos para un cuento.

Como cuestiones prácticas: son lugares muy turísticos por lo que a algunas horas había mucha gente y si además es el puente de diciembre, eso es sinónimo de muchos españoles. Todos fueron muy amables, se nota que están acostumbrados al turismo y a hablar inglés, incluso chapurrean español. Olvídate de la dieta y no te pierdas un crêpe, las típicas salchichas, la tarté flambeé, los bretzel y toma un chocolate caliente -a nosotros no nos gusta el vino Glühwein- comprando las tazas monísimas de los mercadillos. Lleva el móvil con batería a tope y con suficiente espacio para las mil fotos que vas a querer hacer. Pasea tranquilamente por sus calles y espera a que se haga de noche y enciendan las luces, será como iluminar la magia.

Advertir que es caro, pero no tanto como pensábamos, o quizás es que para mí merece la pena. También es cierto que, como he dicho al principio, cada uno tiene una forma de viajar y nosotros compramos los billetes de avión con mucha antelación y en aerolíneas de bajo coste; encontramos unos hoteles prácticos, sencillos y económicos y nos quedamos también en dos apartamentos pequeños pero céntricos de Airbnb; solemos comer algo rápido en los mercadillos y no sentarnos en restaurantes lujosos a degustar comidas caras de mesa y mantel elegante. A cambio, siempre compro algún adornos para casa, para que cuando los mire pueda transportarme de nuevo a mi cuento de Navidad.