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lunes, 11 de octubre de 2021

Redes sociales

 Aunque ya he hablado de algo relacionado con este tema en otros post, creo que lo he visto más incongruente el otro día con la caída de Facebook, Instagram y Whastapp. Me remito a mi alegato a la información que hice aquí y recuerdo a la influencer de moda diciendo que estamos sobreinformados. Pues bien, ahora damos una vuelta de tuerca más y resulta que además, estamos sobreconectados a las redes sociales y lo denunciamos en las propias redes. 

Parece ser que el otro día cuando estuvimos horas sin poder conectarnos, la mayoría de la gente estuvo muy tranquila, paseando, con su familia, con la paz que da no escuchar cómo entran los mensajes ni notificaciones al momento. Y así lo hicieron saber al día siguiente, con la conexión restablecida, en encuestas que leí en Instagram. ¿No es un poco incoherente decir en la misma red social que se cayó lo a gusto que estuviste desconectado de ella? Si así es, ¿por qué tan solo unas horas después estás otra vez enganchado explicando la paz que te da no estarlo? 

El colmo de la incongruencia me parece las propias dueñas de esas cuentas, no sólo las grandes influencer,  que viven -en parte, sé que su trabajo consiste en más tareas- de las redes sociales, hablando de desintoxicarse y apagar el móvil, pero volviendo a conectarse cuando necesitas promoción. Ojo que esto lo veo en muchos ámbitos porque sigo distintas cuentas de moda, scrap, estilo de vida...Al final como audiencia me siento utilizada porque supuestamente desconectan, pero vuelven a publicar cuando quieren enseñarte su último álbum de scrap, colección a la venta, diseño de ropa o producto de publicidad que deben promocionar. 

Para terminar, como conclusión, creo que (casi) todos podemos estar más o menos enganchados a una, a varias o a todas las redes sociales, debemos hacer un uso más responsable, pero no demonizarlas, porque un buen empleo de ellas puede ser muy útil en muchas circunstancias. Y sino, piensa cómo habríamos sobrevivido al confinamiento sin conexión. 




domingo, 21 de julio de 2019

Fotos

¿Te acuerdas cuando con un solo carrete de 24 fotos tenías para todo el verano? ¿Y para todo un viaje? Sí, lo recuerdo. Y también la cara de decepción cuando al revelarlas veías que esos ojos cerrados te estropeaban la foto perfecta, o aquella persona que justo pasó y tapa media Torre Eiffel. Recuerdo también a mi padre tardar un montón en sacar el encuadre adecuado y en apartar cosas de la mesa para llevarnos las menos sorpresas posibles en el momento del revelado.

Así que estoy un poco cansada de todos esos consejos pre-vacaciones que hace la gente de que para desconectar hay que olvidarse del móvil en verano. Está bien relajarse, descansar y leer, conectar con la familia y con la naturaleza, incluso con uno mismo, pero esto no significa dejar el teléfono en un cajón hasta la vuelta porque, por lo menos en mi caso, significaría no hacer fotos de esos viajes que luego me gusta volver a mirar y sonreír. Porque no sé tú, pero yo cuando muevo arriba y abajo la pantalla de mi teléfono y me salen todas esas imágenes, esbozo una sonrisa. Ya hablé aquí del poder de los recuerdos de las fotos.

Y después hago álbumes de cada viaje que me encanta maquetar, poner bonitos y recordar. Por eso soy muy pesada haciendo fotos con el móvil porque también hago un álbum cotidiano cada año que se llama “project life” de scrapbooking -puedes buscarme en instagram-. La gente lo suele hacer a la semana con fotos que rescatas de las miles que hacemos con el móvil. Yo no soy tan estricta y no lo llevo al día, pero cuando lo hago con retraso me parece una terapia brutal de recuerdos, repasar las fotos, ordenarlas, escribir lo que pasó ese día, tanto que incluso llamo a la gente con la que compartí ese momento, concierto, cumpleaños, comida...

Así que una vez más, voy a ir contracorriente, y aunque todo el mundo dé el consejo contrario yo diría: captura los momentos del verano, esos detalles que tiene la vida diaria que en vacaciones parece que son más.


miércoles, 30 de marzo de 2016

La vida rosa

Ya estoy aquí, un poco más tarde de lo habitual pero necesitaba desconectar estas vacaciones. Salir de la rutina, y eso que dicen que ésta es buena porque da orden y estabilidad a tu vida. Pero no siempre es cierto. A veces hay que salir de esa zona de confort para ver que hay más mundo fuera... y si te gusta, luchar por conseguirlo. No hace falta irse al Caribe a pensar, sólo basta con romper con eso que haces todos los días igual, dejar de ver las mismas caras, pasear por las mismas calles, ir a los mismos sitios... ¿No os parece que el coche va solo al trabajo o a casa porque se sabe el camino de memoria?

Lo que bien se dice "cambiar de aires". Otras veces hay que salir y ver otras cosas...para apreciar las tuyas. Es curiosa esta paradoja. Nos pasamos la vida comparándonos con otros, y por qué no decirlo, también envidiándoles, y pocas veces pensamos que alguien pueda estar comparándose con nosotros. Pensamos en otro coche, otro trabajo, vemos su familia, su casa bonita, sus viajes, su vida...y no nos paramos a compararla con nuestra fortuna. Hay que apreciar lo que tenemos antes de que sea tarde y disfrutarlo.

Para eso está muy bien hablar con otra gente, no sólo ver su vida desde fuera. Porque igual que hay que alejarse de los amargados que nos agobian con sus quejas, tampoco son buenos los "super-happy-de-la-vida" que nos cansan con su vida de cuento. Esa gente que no tiene problemas, todo está bien, no se queja de nada, su familia parece de revista y tiene una vida de color de rosa. Ese extremo no es real, parecen un anuncio. La vida es menos rosa por eso hay que disfrutar intensamente los momentos en que es fucsia.