Mostrando entradas con la etiqueta solidaridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta solidaridad. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2020

Día de la solidaridad

Dice mi agenda del community manager que hoy es el día de la solidaridad y me parece que no puede llegar en mejor momento. Falta mucha en estos momentos de rebrotes e incumplimiento de las normas. Mi primer pensamiento es "¡ponte la mascarilla!" Por solidaridad, precisamente. Antes decíamos por nuestros mayores, pero es que ahora ya no es cuestión de edad, póntela por el que está a tu lado porque no sabes si eres asintomático. Y el otro se la pondrá por ti, y entonces empezará a rodar esa cadena de solidaridad tan necesaria.

Otra de las palabras que se me vienen a la mente es la empatía. Tenemos muy poquita y se ve reflejada en multitud de ejemplos. ¿Has pensado en el pobre camarero que lleva no sé cuantas horas trabajando sudando -con-la-mas-ca-ri-lla- puesta mientras tú protestas porque no puedes quitártela al sentarte a la mesa? Ya dije en tiempos del confinamiento que era buen momento para ponerse en los zapatos de otro y entender muchas de sus razones. Si no lo hemos hecho, lamento que hayamos perdido una oportunidad de oro para comprobarlo. 

Hay muchos trabajos que merecen nuestra comprensión en estos tiempos: el hotel que ha estado cerrado y ahora abre con todas las precauciones y preocupaciones pero tú sólo piensas en que te haga una oferta para ir de vacaciones, o el pobre empleado de la agencia de viajes que ha descendido su facturación y tú le gritas tu reclamación como si él tuviera la culpa de la pandemia, el centro de belleza que ha tenido unos gastos añadidos en desechables pero te quejas por la subida de un euro... 

Y no sólo en este verano "especial", siempre creemos que lo nuestro vale más o menospreciamos el trabajo del otro. No me quiero ir por las ramas, quiero pensar en positivo y en la gente que sí ayuda a que la rueda de la solidaridad siga girando, que afortunadamente, no son pocos. A todos ellos, ¡feliz día!

spreadshirt


miércoles, 10 de junio de 2020

En otros zapatos

Parece que las fases se aceleran y vamos desescalando y yo me pregunto si hemos aprendido algo de todo este tiempo, porque si no lo hemos hecho, siento que habremos perdido una oportunidad de oro, ojalá que la única que la vida te vaya a presentar tan claramente para que pares y reflexiones.

Creo que hemos tenido la oportunidad de ponernos en los zapatos de otros, como los actores que pueden interpretar varios papeles. Quizás has entendido el esfuerzo de los profesores con tus hijos, la paciencia de los abuelos o de los canguros, las ansias de los mayores cuando esperan a ver a la familia en la residencia, has podido probar en tus carnes las ventajas e inconvenientes de teletrabajar si normalmente lo haces en una oficina, o lo que supone estar tanto tiempo en casa, organizar las comidas y la limpieza, has sentido la incertidumbre de un erte o el paro, quizás te haya dolido la espalda y has comprendido a quien siempre se aqueja de esa dolencia o has comprobado quién atiende más en casa a los niños...

Un sinfín de ejemplos que nos pueden ayudar a entender la empatía, la solidaridad y la humildad de la que hablaba aquí, el sacrificio de hacerlo por los demás, la sensación de que otros dependan de ti y tú de ellos, entender que juntos salimos de esto, pero no si no estamos unidos. Creo que el camino no es buscar culpables ni crear bandos, ya dije al principio de esto que era "excepcional" y como tal tendríamos que tratarlo. Entiendo que todos lo estamos haciendo lo mejor que sabemos. O así debería ser y no ver en las noticias que al final los malos se vuelven peores. No, deberíamos salir de esta siendo mejores. Ojalá hayamos aprendido a serlo. Porque sino, ya sabes que la vida es tan buena maestra que si no aprendes la lección te la repite.


martes, 5 de mayo de 2020

Lecciones

Espero que esteis aprendido las lecciones que nos deja este confinamiento, a echar el freno de mano, disfrutar del hogar, de la familia, a dar valor a las cosas importantes de verdad. Entender que el destino decide por mucho que tú planifiques y que el tiempo vuela... o pasa lento.... A saborear cada detalle de la slow life.

Cada uno deberá aplicar sus enseñanzas, pero creo que hay dos comunes para todos: solidaridad y humildad. La primera está clara, saldremos todos juntos, nos quedamos en casa para proteger a los demás, paseamos a las horas que nos indican para no mezclar grupos de edades, ayudamos en la compra a los mayores, hacemos un donativo para los necesitados ... Muchos gestos solidarios ha habido estos días y deberían continuar para no desaprender la lección. Y más solidarios tendremos que ser para salir adelante unidos, reflotar la economía, ayudar al pequeño comercio, viajar por nuestro país...pequeños gestos que ayudan.

Y humildad para darnos cuenta de que nadie es más que nadie. Esta enfermedad es como la muerte, que nos iguala a todos. No entiende de edad, ni países, ni razas, ni ricos, ni pobres. No me gustó cuando leí comentarios en las redes de las famosas que por qué ellas estaban preocupadas si tenían mucho dinero. ¿Y? Si aunque sean millonarios, la familia pueden enfermar igual y no hay dinero que lo remedie.

Humildad, cuando de repente la vida te pone delante de esa cajera del supermercado que sigue al pie del cañón como el médico, cuando la señora de la limpieza es igual de importante que la farmacéutica  y la panadera como el científico que investiga la vacuna. Y esto ya es difícil. Lo he visto con mis propios ojos, menospreciar al reponedor desde la altura de un doctorado y mirar por encima del hombro al celador. Pero ahora admiramos al camionero, a quien se desloma trabajando por los demás, las manos encalladas del agricultor que valen igual que quien teclea el ordenador. Respeto se llama.

lunes, 2 de abril de 2018

Ayuda

A veces nos creemos que ayudar consiste en dar dinero para el Tercer Mundo o ir tú mismo a algún país desfavorecido y colaborar en proyectos humanitarios y todo eso está muy bien, pero lo cierto es que además de grandes donaciones se pueden hacer pequeñas cosas por el que está al lado.

Si lo piensas un poco, hay mil actos cotidianos que pueden servir de apoyo a alguien sin ir muy lejos, seguro que están más cerca de lo que crees. Puedes hacer algo de manera desinteresada por alguien y aliviarle de trabajo, ceder el asiento en el autobús a una persona mayor, ayudar a cruzar la calle a una persona ciega, echar un cable a un amigo con algún problema, arrimar el hombro, hacer un favor... Pensé en esto un día que me encontré con una vecina mayor que cargaba con una bolsa de fruta y se la llevé hasta casa. La mujer, agradecida, al llegar me dijo esa típica expresión de "que Dios te lo pague" y me fui sonriendo.

Porque sí, porque echar una mano es sencillo y la satisfacción es grande. El beneficio propio es mayor que el que haces. Ya hablé aquí de acciones de voluntariado, donación de ropa, dar juguetes en Navidad, o cualquiera de las iniciativas solidarias que existen hoy en día como carreras, conciertos, regalos...Creo en la recompensa, en recoger lo que siembras, en la frase que leí una vez de que "todo lo que diste de corazón y con sinceridad regresa a ti en mayor proporción". Y también pienso que hay que colaborar donde nos necesiten, que a veces estamos sordos y nos empeñamos en algo y nos requieren en otro sitio u otra causa que va a valorar más nuestro apoyo.

Cuando ocurrió el fatal accidente de tren en Santiago, me sorprendió cómo todos alabaron a los vecinos del pueblo de Angrois que fueron a socorrer a los heridos, les llevaron agua y mantas, les cogieron de la mano hasta que llegaron las ambulancias...¡Bravo! Pero mi pregunta es: ¿en qué mundo vivimos que esto nos asombra y lo remarcamos? ¿es que ocurre una tragedia en otra localidad y no harían lo mismo? ¿de verdad pasa algo así enfrente de tu casa y no tenderíamos la mano?

No quiero que esto suene aleccionador ni que sea un post demasiado moral, simplemente creo que un pequeño gesto está al alcance de cualquiera. A lo mejor sólo estamos hablando de sonreír, escuchar, dar las gracias, decir cuánto aprecias a alguien, pedir disculpas, hacer una llamada de teléfono... "A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar...pero el mar sería menos si le faltara esa gota". (Teresa de Calcuta).


martes, 29 de noviembre de 2016

Solidaridad

Toneladas de solidaridad es lo que encuentras en la Gran Recogida que el Banco de Alimentos ha realizado ese fin de semana en toda España. Todo el mundo ha pasado malas rachas, más agudizadas desde que llegó la crisis económica a instalarse en nuestras vidas, todos tenemos algún familiar o amigo en el paro, pero no tener para comprar comida debe ser lo peor. Por eso creo que la gente es solidaria con esta causa, porque piensa que puede pasar en cualquier momento, a cualquiera, y tener que tragar la vergüenza e ir a pedir comida con la que alimentar a tu familia.

Cuando vi la película "Techo y comida" me llamó la atención la madre soltera, buscando trabajo, siendo ayudada por una vecina, y poniéndole un bocadillo a su hijo mientras dice que ella no tiene hambre. Cuando consiguen una ayuda y compra hamburguesas y las saborean los dos como si fuera un manjar. Cuando entra en el supermercado, abre un bote de gel y lo huele embelesada  o cuando le quita a su amiga unos bastoncillos de las orejas...Ella puede esa vecina de al lado y no saberlo.
Hace dos años que colaboro con esta entidad como voluntaria en las recogidas de alimentos. Es muy gratificante, sobre todo cuando ves todos los kilos de comida juntos y piensas en las personas que lo van a necesitar -17.000 en Valladolid-. Es bonito cuando ves a un padre decirle a sus hijos que depositen el paquete de cereales para otros niños que no tienen qué comer. También cuando se te acerca una señora mayor con un litro de leche y te asegura que ya donó más por la mañana en otro supermercado. Cuando llega una pareja joven y trae un carro entero de productos, cuando sale alguien despistado y te ve, y vuelve a entrar a coger algo porque se le había olvidado, cuando un señor te da 10 euros y te dice que entres tú a comprar lo que más se necesite...Incluso se aprende del que sale sin darte nada y te mira despectivamente....

Me niego a pensar que esos 22 toneladas que se han recogido - la misma cifra que el año pasado, aunque alimentos de más calidad- es porque hemos tocado techo. Me niego a creer que el viernes fuera peor la recogida porque competíamos con el Black Friday. ¡Esos alimentos sólo durarán un par de meses! Me gustaría pensar positivamente y resaltar que ha habido muchos más voluntarios este año y poner un hilo de esperanza en estas fechas que se acercan y creer que el año que viene nadie saldrá del supermercado sin haber donado antes un paquete de macarrones.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Pro Navidad

Sé que a mucha gente no le gusta la Navidad, como a otros no les gusta la Semana Santa ni a otros el calor del verano. Sé que muchos es porque han perdido a alguien muy cercano y lo echan de menos, más si cabe, en estas fechas y contra eso no tengo argumentos.

Pero a los demás no entiendo que no pueda gustarte ese espíritu navideño que nos invade cuando llega diciembre. Las ciudades iluminadas de colores, la gente comprando con ilusión pequeños detalles -aviso, esto será otro post-, los dulces de Navidad y el champán, las familias reunidas, los amigos brindando, la esperanza de que el próximo año sea mejor, los escaparates adornados con esmero, esa solidaridad que hace que por unos días seamos más buenos, los villancicos y la cena de Nochebuena, esos buenos deseos de paz y amor, la ilusión en los ojos de los niños, abrir los regalos, ver la Cabalgata, bailar en Nochevieja, llamar a amigos que hace tiempo que no hablas o mandar una felicitación, jugar un décimo de lotería y ver el sorteo esperando la suerte, volver a picar y comprar algún adorno más para la casa ...
Uf no sé, ¡se me ocurren tantas cosas!

Pero parece que está moda decir que no te gusta, otra vez los "quejosos", es como luchar contra corriente, que te miren raro por cruzar España para abrazar a tu abuela o por romperte la cabeza pensando un regalo en lugar de hacerlo por compromiso, por poner ilusión en cada paquete, por adornar la mesa con mantel navideño, por dar un beso al de al lado cuando suenan las campanadas, por dar comida a quien no la tiene estos días, por poner el árbol y el Belén en casa, y por qué no, también por la nostalgia de acordarte de los que no están y de otras Navidades pasadas, cuando éramos niños, cuando creíamos en los Reyes, cuando creíamos en la magia de la Navidad. Creo que esto es muy importante para no olvidarnos de esa inocencia ni esa ilusión. Ésa es mi palabra para la Navidad: ilusión.

Así que voy a poner muchas luces y adornos e invitar a mis amigos y poner el árbol y el Belén y estar con la familia y brindar para que sepan que en esta casa nos gusta la Navidad.