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miércoles, 1 de abril de 2020

Silencio

Cuando salgo con el perro por la noche, hay veces que no se oye nada en la calle y me gusta esa quietud. Apenas se escuchan voces y miro a las casas, veo si tienen luz en las ventanas y me pongo a imaginar...Pienso lo pequeña que es esa luz en el edificio, en el barrio, para toda la ciudad. Me acuerdo de esa frase tantas veces repetida de que cada casa es un mundo y a saber lo que se está cociendo ahí dentro. Familias, preocupaciones, alegrías, discusiones...Y paro, porque me parece que les estás invadiendo algo muy íntimo.

Ahora, cuando saco a mi perro en el confinamiento, lo pienso mucho más. Se oye el silencio que da miedo. Veo más luces encendidas, gente que toma el aire en un minúsculo balcón, el señor que se asoma a la ventana a respirar y la señora que está hablando a gritos con la vecina. Y pienso, ¿cuántas veces habrán salido hoy? ¿Estarán huyendo del aburrimiento? ¿Se están agobiando encerrados?

A veces se vislumbra un objeto infantil e imagino cuántos hijos tendrán, cómo será su casa de tamaño para sobrellevar esto, a qué estarán jugando, si le estarán leyendo un cuento antes de acostarse, o a lo mejor ya se han dormido porque mañana es uno de esos héroes que tiene que trabajar...

Si algo hemos visto estos días es la casa de la gente, de los famosos e influencers, grandes, ordenadas, bonitas...incluso las de nuestros amigos y familiares cuando hacemos videollamadas, y me parece que entras en la intimidad de los hogares. Como yo cuando me lo imagino mirando a las ventanas. Esos cuadraditos de luz que estos días cobran protagonismo, que es el salvoconducto para mucha gente, la forma de conexión, uno pone una canción, el otro la canta al otro lado, escuchas las conversaciones banales entre vecinos, los mensajes de ánimo, las voces de los niños, el ladrido del perro y ese momento de unión a las 20 horas. Todo en las mismas ventanas que veo cuando saco al perro en el silencio de la noche.


domingo, 20 de marzo de 2016

Tradición

Hoy comienza la Semana Santa y para una ciudad como Valladolid podríamos decir que es el momento cúlmen. Valladolid me gusta en muchos momentos del año, pero si de algo estoy orgullosa es de las procesiones de Semana Santa y de sus pasos. Las tallas de Gregorio Fernández y Juan de Juni, acompañadas del silencio de los cofrades, es algo que tienes que venir a verlo para entenderlo.

Me gusta hacer turismo y que el turista venga a mi ciudad en esta época. No será la primera vez que ayudo a algún despistado a buscar una procesión o le recomiendo cuál es la mejor. Pero también entiendo que vivirlo es algo de tradición. En Valladolid está en el ambiente, en los colegios explican las cofradías, hacen manualidades con los hábitos de los cofrades, te llevan al Museo de Escultura a que veas las tallas, te compran una palma el Domingo de Ramos desde que tienes uso de razón, te sientan en un bordillo y observas los pies descalzos o te ponen una manta en la silla mientras ves pasar la procesión.

Yo lo he vivido de muchas formas, desde fuera, desde dentro, de acompañante, enseñándosela a amigos turistas...pero sobre todo, desde pequeña. Me he despertado con el sonido de las trompetas porque teníamos dos cofradías debajo de casa y ese es un recuerdo imborrable, junto con mi palma y mi ropa nueva porque "si no estrenas en Domingo de Ramos, te cortan las manos". Así que continúa esta tradición, al margen del componente religioso, ven a visitarnos, patea la ciudad viendo procesiones, respeta el silencio, admira a los penitentes, contempla esas tallas que parecen de verdad, entra en las iglesias y pregunta lo que no sepas que seguro que algún buen vallisoletano te explica orgulloso nuestra semana por excelencia.



lunes, 22 de febrero de 2016

Respeto

Dicen que donde fueres haz lo que vieres, y esto sirve para muchas ocasiones en la vida, sobre todo para viajar. Ahí sí que ves las costumbres de otras ciudades, otras culturas, otras comidas, otras religiones. Entonces, puedes ser mero observador o participar, puedes ver la Mezquita azul de Estambul por fuera o entrar, y para ello tendrás que cubrirte con un velo. Puedes admirar la catedral de Milán o verla por dentro, y para ello, no podrás hacerlo en pantalón corto ni tirantes.

Ahora que llega Semana Santa, igual. Puedes planear tus vacaciones en la playa o descansar en casa. Puedes escaparte a esquiar o salir en una procesión. Pero si viajas a un sitio con mucha tradición de Semana Santa, deberás hacerlo con respeto. No reirse de sus trajes ni tradiciones, si es costumbre verlas en silencio, cállate, y si se cantan saetas, escúchalas. Admira los pasos, aunque no los veas con los ojos de la fe, las esculturas, el arte. Huele el incienso, oye los tambores, sorpréndete con los pies descalzos. Pero no cuestiones por qué llevan una cruz a hombros ni por qué visitan siete iglesias en Jueves Santo o no comen carne los viernes de Cuaresma.

Y sobre todo, cuando viajes a una ciudad, ve con la lección aprendida. Quiero decir, viaja sabiendo a lo que vas, a dónde vas. Quizás te encuentres con calles cortadas, o pase una procesión justo por la esquina donde ibas a acortar tu paseo, o toquen una campana a las dos de la mañana o una trompeta se pare a tocar el himno a tu lado. Asómbrate, quizás te desconcierte, pero no protestes. Te aseguro que si te metes en ese ambiente, puede llegar a sobrecogerte. Contémplalo desde el respeto y la tradición.