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viernes, 5 de julio de 2019

Burbuja

Este post no va a ser políticamente correcto. Lo advierto por si no quieres seguir leyendo, sobre todo si eres maestro o profesor, pero en mi rincón doy mis opiniones personales. Y esto es algo que me ronda desde hace tiempo.

Reconozco que tenía el post escrito exclusivamente sobre tema el profesores, pero ayer hablando con unas compañeras, me di cuenta de que puede extenderse a más profesiones, así que cambié el título porque algunas personas trabajan en una burbuja, viven en un mundo paralelo sin bajar a la tierra y se quejan de cosas que para el común de los mortales resultan ser un privilegio.

En este mes de finales de curso, cuando todos vamos a tope con las agendas apretadas, junio se hace interminable y todavía ves muy lejos el momento de irte a la playa, parece que los únicos con derecho a estar cansados son los profesores. Estos días he oído bastantes veces que ya era hora de que acabara el curso porque están agotados. Sólo ellos necesitan vacaciones -por cierto, la mayoría (ya sé que no todos) disfrutarán de dos meses-. Porque los niños cansan mucho, sí, pero no más que otros muchos trabajos. En una cosa estoy de acuerdo, tienen mucha vocación y paciencia, eso sí, pero también otras profesiones y creo que les tenemos en menos consideración. O se quejan menos.

Este es el punto al que voy, al de los lamentos, a esa gente que "llora" sus problemas o fatigas delante de las personas menos adecuadas. Esto es extensible a mucha más gente, los que protestan porque este año tienen que trabajar algunos días en julio cuando siempre han tenido vacaciones de verano, a los que se embolsan un sueldo considerable mientras otros rascan el bolsillo... Creo que siempre tendrían que pensar que hay gente peor, que algunos no tienen ni trabajo, ni pueden ir de vacaciones, así que sólo por eso, deberían tener más respeto.


domingo, 19 de mayo de 2019

Personas

Ante todo personas. Independientemente del trabajo que tengas, del equipo de fútbol del que seas socio o del partido político al que votes, primero somos personas, vecinos, compañeros...¿no es así?

Esta reflexión se ha visto intensificada con el susto de Iker Casillas; parecía que llamaba mucho la atención los mensajes de ánimo que le mandaron rivales como Piqué, exentrenadores como Mourinho... y tanta gente anónima en los alrededores del Camp Nou que estaban consternados al enterarse de la noticia. Porque hicimos "noticia" de estas reacciones. No sé por qué nos sorprende algo que debería ser tan natural ¿no?

Me gustó mucho cuando oí en la radio que era como si le hubiera pasado a un pariente de nuestra familia, para algunos sería como un familiar cercano y para otros un primo lejano...pero familia al fin y al cabo. El mismo que un día nos hizo felices a todo un país, unido, un día en el que no había colores ni equipos ni partidos, sin distinciones.

Una vez le dije a un amigo que era mejor persona que deportista porque así lo creía, porque creo siempre que primero somos personas y luego nuestra profesión. Así lo opino de muchos personajes públicos, Casillas entre ellos, y Rafa Nadal es otro de ellos. Independientemente del número que ocupe en el ránking mundial del tenis, para mí siempre es un número 1 como persona.

Lo mismo ha ocurrido con Alfredo Pérez Rubalcaba. Todos los líderes políticos, de distintos signos, que el día anterior se insultaron en campaña electoral, los mismos que tienen ideas tan dispares coincidieron en alabar su trayectoria, su inteligencia, sus debates parlamentarios, lo calificaron de hombre de estado y de todo terreno de la política. Mensajes de apoyo y palabras de admiración, todo envolvía un respeto que otras veces cayó en el olvido.

Y así debería ser siempre, poder reconocer lo bueno del resto de personas, aunque estén lejos de nuestras ideas, sin esperar a sustos o desgracias.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Educación vial

Hay veces que, como ocurre con las faltas de ortografía, a fuerza de ver algo mal, acabas dudando. Eso me pasa algunas veces conduciendo. No hablo de hacer mal las rotondas o los que se olvidan de dar el intermitente, lo que es muy habitual.

Pero un día tuve que preguntar si las bicis pueden cruzar por un paso de peatones y yo, conductora en coche, cederles el paso porque ya me había encontrado varias veces con esta situación y dudaba. Son vehículos y como tal, no pueden actuar como peatones en un paso de cebra. Cuando lo tuve claro fue la vez que a mi lado, parado en un semáforo, había una bicicleta que se cansó de esperar y giró a la izquierda, cruzando por el paso de peatones con el semáforo abierto para las personas.

Todos cometemos errores conduciendo -¡porque mira que hay gente que conduce mal!- pero luego no pueden pedir respeto para los ciclistas ni más kilómetros de carril-bici cuando eres el primero que cuando quieres eres vehículo y cuando no te viene bien, no. Porque las normas de tráfico son igual para todos. Por ejemplo, supongo que estará prohibido para todos conducir hablando con el móvil. Pues bien, es verídico que he ido detrás de una bici, que iba un poco lenta y conduciendo con una mano. Mi sorpresa fue ver que con la otra escribía un mensaje por teléfono.

Y eso que cuando conduzco al lado de una bicicleta soy muy cuidadosa porque creo que son más vulnerables. Creo que además de pregonar, con toda la razón, los beneficios para la salud, el deporte y la ecología, y admirar su gesto porque restan contaminación a las ciudades, no deben olvidarse de la educación vial...y de la otra también.

Al final, como siempre, todo se reduce al respeto hacia los demás. Avisar al coche que tienes detrás de que vas a girar señalizándolo es civismo, conducir más lento en una vía que debes ir más deprisa es una falta de consideración y cruzar por el medio de una carretera siendo peatón y empujando una silla de bebé es falta de sentido común. Porque ése es otro tema, atravesar andando por donde nos da la gana. Como decía mi abuela, pocos accidentes hay la verdad para lo mal que nos comportamos.

No digo nada si hablamos de aparcar, ahí impera la mala educación. Coches ocupando dos espacios en un centro comercial a rebosar, toda una hilera en segunda fila con los warning puestos, lo dejo donde quiero porque "sólo son cinco minutos" y el colmo de la falta de tolerancia es aparcar en zona reservada para minusválidos. Inadmisible. Falta mucho respeto.


martes, 17 de enero de 2017

San Antón

No sé en qué momento se creó esta rivalidad niños y perros que existe, o por lo menos que yo aprecio intensamente donde vivo. No sé por qué si se hace un comentario sobre qué sucio está un parque (donde lo que abundan son bolsas de gusanitos y papeles de caramelos que obviamente no ha tirado un perro), la gente tiene que decir rápidamente que también hay cacas de animales. Sé que esto es muy escatológico, pero a lo que voy con este tema es a mezclar churras con merinas, a la intolerancia de la gente, a que me parece que ya no podemos ni convivir.

No sé por qué si alguien dice que un perro no para de ladrar, alguien contesta que su hijo grita mucho, si otro protesta porque los columpios nuevos ya están rotos, se replica que los perros no pueden entrar al parque, que tu perro no puede ir suelto sin correa, ni tus hijos jugar al balón en medio de la carretera. ¿No podemos vivir juntos? ¿No pueden crecer los niños rodeados de animales y aprender unos de otros? ¿No estaría bien que se tirara el resto del bocadillo de la merienda a la misma papelera que los excrementos del perro? Quizás así enseñamos a los niños el significado de la palabra responsabilidad, educar a un animal y respeto por las cosas públicas.

No sé en qué momento nos volvimos tan intolerantes, tan criticones, tan poco cívicos como para no educar a perros -más bien a dueños- ni a niños, con sus diferencias, pero a vivir juntos. Obviamente no tienen la culpa los animales, sino las personas encargadas de ellos. Es un tema de educación y respeto en todos los sentidos.

Sí, yo debo educar a mi perro para que se comporte cívicamente en la calle, no ladre ni moleste a la gente que está a mi lado porque probablemente no le guste mi mascota, exactamente igual que tú debes educar a tu hijo a que se comporte cívicamente en la calle, no chille ni moleste a la gente que está al lado porque a lo mejor no le gustan los niños -que también puede ser, aunque parezca más extraño-. Y así, los parques estarán limpios, que cuando nos interesa es lo único que preocupa a los vecinos, y se podrá convivir en paz. Y entonces descubriremos el vínculo especial de niños y perros, un lenguaje en el que los perros reclaman cariño y los niños encontrarán en ellos el amigo más fiel. Por cierto, feliz San Antón a todos.




jueves, 20 de octubre de 2016

Malquedas

Últimamente tengo más trato con gente desconocida y, lamentablemente, he notado que la educación brilla por su ausencia. Son los que en un argot coloquial yo llamo malquedas. Son personas que de primeras no conozco, no son amigos, pero contactan contigo por algún interés...pero luego parece que pierden ese interés.

Gente que te dice de quedar a una hora y llega muy tarde, sin excusas, sin avisar, o lo que es peor, no se presenta sin dar ninguna explicación. Mensajes mal escritos con faltas de ortografía, incluso faltas de respeto. Consultas y preguntas que hace alguien, te molestas en contestar largo y tendido y después, si te he visto no me acuerdo.

Y yo, sinceramente, no lo entiendo. Con lo poco que cuesta quedar bien...¿qué necesidad de quedar mal? ¿No puedes poner una simple frase del tipo "ya no me interesa, gracias de todas formas, llego tarde, no puedo ir, he encontrado algo mejor, me ha surgido un imprevisto"....? Bastantes problemas surgen con la gente conocida, la que de verdad importa, como para tenerlos con desconocidos.

Entiendo que cada uno va a lo suyo, todo el mundo está muy liado y tiene muchas cosas en la cabeza, pero hay unos mínimos de educación que hay que respetar. Lo dice muy claro el diccionario: "Adecuación del comportamiento de una persona a las normas de cortesía comúnmente admitidas". Y a mí estas faltas de cortesía sin ton ni son no las acabo de comprender.



jueves, 13 de octubre de 2016

Admiración

Normalmente se siente admiración por un actor, un cantante, un deportista o un escritor. Por alguien que tiene un don, del que tú careces, o que reconoces que lo hace mejor que tú. El diccionario define admiración como "valoración muy positiva de una persona o una cosa por sus extraordinarias cualidades". Así que también se puede sentir entusiasmo por la forma de ser de las personas, sus valores, su personalidad. Así, te puedes fascinar con su fuerza de voluntad, su bondad, su buen hacer, su paciencia, su educación...

Este fin de semana sentí eso, de nuevo en el mismo evento que otros años, volví a admirar ese tesón, esa capacidad de superación de los deportistas y la paciencia de los acompañantes. Pero también admiré la capacidad de trabajo de muchos de los que estaban allí, el altruismo de los voluntarios, el trabajo de médicos y masajistas, el speaker que no paró de animar, los niños que miraban con orgullo a sus padres, los amigos que preparaban sorpresas en meta, el compañerismo y el apoyo que mostraban entre todos. La humildad de los ganadores, la disciplina que habrán tenido todo este tiempo de entrenamiento, la perseverancia y el sacrificio pero también el entusiasmo, el esfuerzo y el compromiso.

El lunes en una reunión de trabajo también admiré algunas de esas cualidades, sobre todo la ilusión, el compañerismo y el respeto. Eran palabras que creía olvidadas en ambientes laborales la verdad. Hay muchas frases motivadoras por internet pero ésta de Steve Jobs creo que es muy real, por lo menos para mí que soy muy "transparente".


miércoles, 25 de mayo de 2016

Equipo

En una de las charlas y cursos a los que he asistido sobre redes sociales dijeron que todos tenemos la necesidad de pertenecer a un grupo, hacer comunidad, y sobre todo, compartir las noticias, las cosas que nos pasan, aunque sean cotidianas. No puedo estar más de acuerdo. No creo que los que compartimos nuestra vida diaria por las redes sociales lo hagamos por ego, como he oído a algunas personas que lo critican, ni tampoco porque no tenga con nadie más con quien hablar físicamente.
 
Pero sí creo fervientemente en la necesidad de pertenencia a un grupo, da igual el carácter que tenga: puede ser una asociación benéfica, tu pandilla de amigos, tus vecinos, el equipo deportivo, una peña, tu clase o incluso la familia. Y cuando no se tiene este sentimiento de integración, uno se siente primero decepcionado, después frustado y por último, perdido. Doy fe de ello.

Ese sentimiento es lo que hay detrás de la frase de "ser la oveja negra de la familia", sentir que no encajas en ese conjunto. Los grupos pueden desaparecer, buscar uno nuevo, entrar a formar parte de uno ya creado, o ampliar el tuyo, pero siempre con ese sensación de ser parte integrante de algo, de ser una pequeña pieza del puzzle.

Y creo que una comunidad funciona cuando se aplican muchos de los valores del deporte de lo que tanto se habla que son beneficiosos para los niños, no sólo para hacer ejercicio y tener una vida saludable, sino por otros añadidos: hacer amigos, el compañerismo, el trabajo en equipo, el compromiso, la dedicación, el esfuerzo, la ilusión, el respeto, la confianza, la ayuda... y, de nuevo, esa sensación de ser un equipo que comparte juntos las victorias y las derrotas. Todos ellos se pueden aplicar a cualquier agrupación en el que hacen falta todas esas patas para que funcione correctamente. Si algo falla, será como una mesa coja. Compartir y juntos son las dos palabras clave.