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viernes, 20 de diciembre de 2019

Cordialidad

Igual que critiqué al comercio en este post, hoy voy a romper una lanza a favor de las tiendas de proximidad. Son días de mucho trajín, hay mil opciones para comprar, y entiendo que estarán ávidos por que abras la puerta de su local y hagas el gasto en él. Apuesta por el comercio local y los pequeños establecimientos de siempre. Y respeta unos códigos de urbanidad, como por ejemplo no llegar casi a la hora del cierre, sobre todo si eres indecisa.

He tenido la suerte de que la amabilidad ha sido la protagonista de los dueños en las compras que he realizado. Y lo agradezco de verdad, porque no siempre es así. Ya se sabe que el castellano recio no es muy simpático algunas veces. O igual me estoy haciendo mayor y me parezco ya a mi abuela que siempre se quedaba a charlar con los tenderos.

El caso es que entiendo que en estas fechas hay profesiones que conllevan más faena e igual que los clientes debemos comprender que no pueden tener un buen día todas las jornadas -¡ay, la difícil tarea del trabajo de cara al público!- también pido esa afabilidad.

No como me ha pasado estos días con los mensajeros de las empresas de paquetería. Varias discusiones he tenido sobre la hora de estar en casa para recibir los bultos. Bastantes bordes y exigentes con el horario en el que yo no me encontraba en mi hogar, pero basta que te quedes todo la mañana esperándoles para que ese día no vayan. O que les digas que has salido un momento a comprar el pan y vuelves en cinco minutos -la ley de Murphy dice que ése será el momento en el que estará llamando al timbre- para que contesten que tienen más sitios donde ir. ¡5 minutos! Eso ya sin nombrar cuando te dicen que estuvieron en tu casa pero no es cierto o que es usted difícil de encontrar...

Recuerden por favor todos -trabajadores y clientes- cortesía, educación, cordialidad y ya, si me apuras, una vuelta de tuerca más, una sonrisa.

jueves, 8 de marzo de 2018

Rompiendo el silencio

No me considero especialmente reivindicativa con el tema del feminismo, pero sí intento ser objetiva -formación profesional- y vivir en la realidad. Y la realidad es que sí existe esa desigualdad, esas injusticias, esa brecha salarial, ese techo de cristal, esos comentarios machistas, ese ninguneo, esos problemas de conciliación laboral, ese trabajo desigual en casa, ese porcentaje de desempleadas, esa precariedad, ese acoso y por desgracia, esa violencia machista que lleva hasta la muerte.

No hace falta sacar estadísticas ni datos a relucir porque todos los sabemos. Y hoy, esta fecha histórica -8M2018- no creo que sea el momento de explicar los motivos sino, como he oído por ahí, de decir basta, hasta aquí, perder el miedo y romper el silencio. "Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo". 

Cuando leí el manifiesto hubo un punto en el que me detuve especialmente, que me hizo remover las entrañas, destapó mi experiencia y le quitó con dolor la tela de araña a mis recuerdos: el ninguneo y los comentarios machistas que entre bromas soporté en un trabajo.

Ese paternalismo, ese acoso, esos mediocres humillándote para destacar ellos, esos micromachismos, esos otros que ven y consienten sin actuar, que ríen las gracias, ese mirar para otro lado, ese silencio, esa titulitis, esa prepotencia y mirar por encima del hombro, ese no valorar el talento de las mujeres sino mejor calificar cómo va vestida, su sonrisa o sus ojos en vez de sólo su trabajo, ese decir que eres muy maja y muy amable en lugar de buena en tu trabajo, ese trabajar el doble para conseguir la mitad, esas reuniones sólo de hombres con cargo pero con secretarias, ese preguntar en una entrevista de trabajo por tu situación personal y por tus planes de futuro, esos piropos que hacen daño y esos chistes machistas sin gracia... Todo esto y más lo he vivido. No me lo han contado. No son datos ni interpretaciones de otros, son míos, es mi experiencia.

Al final, como siempre, es cuestión de educación, aunque se nos llene la boca al decirlo. No cuenta el cargo que tengas, ni los diplomas, ni el dinero, ni los premios, ni los títulos... Como leí una vez, "Educación es responder cuando te dan los buenos días". Cómo tratas a las personas es lo que define tu formación. Y en cómo se trata a las mujeres queda mucho camino por recorrer. "Si nosotras paramos se para el mundo". 









miércoles, 21 de febrero de 2018

Educación vial

Hay veces que, como ocurre con las faltas de ortografía, a fuerza de ver algo mal, acabas dudando. Eso me pasa algunas veces conduciendo. No hablo de hacer mal las rotondas o los que se olvidan de dar el intermitente, lo que es muy habitual.

Pero un día tuve que preguntar si las bicis pueden cruzar por un paso de peatones y yo, conductora en coche, cederles el paso porque ya me había encontrado varias veces con esta situación y dudaba. Son vehículos y como tal, no pueden actuar como peatones en un paso de cebra. Cuando lo tuve claro fue la vez que a mi lado, parado en un semáforo, había una bicicleta que se cansó de esperar y giró a la izquierda, cruzando por el paso de peatones con el semáforo abierto para las personas.

Todos cometemos errores conduciendo -¡porque mira que hay gente que conduce mal!- pero luego no pueden pedir respeto para los ciclistas ni más kilómetros de carril-bici cuando eres el primero que cuando quieres eres vehículo y cuando no te viene bien, no. Porque las normas de tráfico son igual para todos. Por ejemplo, supongo que estará prohibido para todos conducir hablando con el móvil. Pues bien, es verídico que he ido detrás de una bici, que iba un poco lenta y conduciendo con una mano. Mi sorpresa fue ver que con la otra escribía un mensaje por teléfono.

Y eso que cuando conduzco al lado de una bicicleta soy muy cuidadosa porque creo que son más vulnerables. Creo que además de pregonar, con toda la razón, los beneficios para la salud, el deporte y la ecología, y admirar su gesto porque restan contaminación a las ciudades, no deben olvidarse de la educación vial...y de la otra también.

Al final, como siempre, todo se reduce al respeto hacia los demás. Avisar al coche que tienes detrás de que vas a girar señalizándolo es civismo, conducir más lento en una vía que debes ir más deprisa es una falta de consideración y cruzar por el medio de una carretera siendo peatón y empujando una silla de bebé es falta de sentido común. Porque ése es otro tema, atravesar andando por donde nos da la gana. Como decía mi abuela, pocos accidentes hay la verdad para lo mal que nos comportamos.

No digo nada si hablamos de aparcar, ahí impera la mala educación. Coches ocupando dos espacios en un centro comercial a rebosar, toda una hilera en segunda fila con los warning puestos, lo dejo donde quiero porque "sólo son cinco minutos" y el colmo de la falta de tolerancia es aparcar en zona reservada para minusválidos. Inadmisible. Falta mucho respeto.


martes, 17 de enero de 2017

San Antón

No sé en qué momento se creó esta rivalidad niños y perros que existe, o por lo menos que yo aprecio intensamente donde vivo. No sé por qué si se hace un comentario sobre qué sucio está un parque (donde lo que abundan son bolsas de gusanitos y papeles de caramelos que obviamente no ha tirado un perro), la gente tiene que decir rápidamente que también hay cacas de animales. Sé que esto es muy escatológico, pero a lo que voy con este tema es a mezclar churras con merinas, a la intolerancia de la gente, a que me parece que ya no podemos ni convivir.

No sé por qué si alguien dice que un perro no para de ladrar, alguien contesta que su hijo grita mucho, si otro protesta porque los columpios nuevos ya están rotos, se replica que los perros no pueden entrar al parque, que tu perro no puede ir suelto sin correa, ni tus hijos jugar al balón en medio de la carretera. ¿No podemos vivir juntos? ¿No pueden crecer los niños rodeados de animales y aprender unos de otros? ¿No estaría bien que se tirara el resto del bocadillo de la merienda a la misma papelera que los excrementos del perro? Quizás así enseñamos a los niños el significado de la palabra responsabilidad, educar a un animal y respeto por las cosas públicas.

No sé en qué momento nos volvimos tan intolerantes, tan criticones, tan poco cívicos como para no educar a perros -más bien a dueños- ni a niños, con sus diferencias, pero a vivir juntos. Obviamente no tienen la culpa los animales, sino las personas encargadas de ellos. Es un tema de educación y respeto en todos los sentidos.

Sí, yo debo educar a mi perro para que se comporte cívicamente en la calle, no ladre ni moleste a la gente que está a mi lado porque probablemente no le guste mi mascota, exactamente igual que tú debes educar a tu hijo a que se comporte cívicamente en la calle, no chille ni moleste a la gente que está al lado porque a lo mejor no le gustan los niños -que también puede ser, aunque parezca más extraño-. Y así, los parques estarán limpios, que cuando nos interesa es lo único que preocupa a los vecinos, y se podrá convivir en paz. Y entonces descubriremos el vínculo especial de niños y perros, un lenguaje en el que los perros reclaman cariño y los niños encontrarán en ellos el amigo más fiel. Por cierto, feliz San Antón a todos.




jueves, 20 de octubre de 2016

Malquedas

Últimamente tengo más trato con gente desconocida y, lamentablemente, he notado que la educación brilla por su ausencia. Son los que en un argot coloquial yo llamo malquedas. Son personas que de primeras no conozco, no son amigos, pero contactan contigo por algún interés...pero luego parece que pierden ese interés.

Gente que te dice de quedar a una hora y llega muy tarde, sin excusas, sin avisar, o lo que es peor, no se presenta sin dar ninguna explicación. Mensajes mal escritos con faltas de ortografía, incluso faltas de respeto. Consultas y preguntas que hace alguien, te molestas en contestar largo y tendido y después, si te he visto no me acuerdo.

Y yo, sinceramente, no lo entiendo. Con lo poco que cuesta quedar bien...¿qué necesidad de quedar mal? ¿No puedes poner una simple frase del tipo "ya no me interesa, gracias de todas formas, llego tarde, no puedo ir, he encontrado algo mejor, me ha surgido un imprevisto"....? Bastantes problemas surgen con la gente conocida, la que de verdad importa, como para tenerlos con desconocidos.

Entiendo que cada uno va a lo suyo, todo el mundo está muy liado y tiene muchas cosas en la cabeza, pero hay unos mínimos de educación que hay que respetar. Lo dice muy claro el diccionario: "Adecuación del comportamiento de una persona a las normas de cortesía comúnmente admitidas". Y a mí estas faltas de cortesía sin ton ni son no las acabo de comprender.



miércoles, 11 de mayo de 2016

Sin luz

El otro día se fue la luz en mi zona por una avería general. y es entonces cuando descubres el mundo actual en el que vivimos que esas horas parecían la hecatombe. Además de la luz, que de momento no importaba porque era de día, fue el wifi y todos los aparatos electrónicos de la casa. Sin internet, sin ordenador, sin televisión, sin microondas... De hecho, me di cuenta de que no había luz en casa porque no tenía conexión wifi en el teléfono.

Será hora de reconocer que estoy enganchada...Confirmé mi adicción hace un par de años con un problema que tuve con un teléfono y cada dos por tres perdía los datos, las fotos, no podía llamar a nadie...en una palabra: estaba desconectada del mundo. Pero también me di cuenta de que no sólo yo estaba enganchada. Como no tenía teléfono, la gente no se comunicaba conmigo de otra forma. Fue como sentirse abandonada.

Lo malo para mí es la gente que piensa que ellos no están enganchados pero en realidad sí. ¿No os ha pasado llamar a una persona, y que no conteste o que comunique en ese momento, e insistir cada dos minutos? O peor aún, cuando consiguen contactar contigo y te preguntan: ¿dónde estabas? ¿Qué hacías que no contestabas? Y además del teléfono, todo lo demás, que a mi alrededor no conozco a nadie que sólo tenga el móvil para uso exclusivo de hablar por teléfono, sin usar la cámara de fotos o las redes sociales. Dicen que consultamos el móvil 150 veces al día, que creo que lo dice todo.

Ahora me pongo en plan "abuela cebolleta" y digo que se ha perdido la educación, ya no respetamos ni los horarios, da igual llamar a la hora de comer que por la noche, cuando antes esto era impensable. O el control. Algo que era muy bueno poder estar siempre localizado y resulta que sirve para ejercer autoridad. Recurren a esto en el control machista que ejercen los jóvenes con sus novias pero no sólo eso, que a mí me han preguntado por cosas que he publicado en las redes sociales con las que me he sentido observada. Pero esto ya sería otro tema...