Normalmente se siente admiración por un actor, un cantante, un deportista o un escritor. Por alguien que tiene un don, del que tú careces, o que reconoces que lo hace mejor que tú. El diccionario define admiración como "valoración muy positiva de una persona o una cosa por sus extraordinarias cualidades". Así que también se puede sentir entusiasmo por la forma de ser de las
personas, sus valores, su personalidad. Así, te puedes fascinar con su
fuerza de voluntad, su bondad, su buen hacer, su paciencia, su
educación...
Este fin de semana sentí eso, de nuevo en el mismo evento que otros años, volví a admirar ese tesón, esa capacidad de superación de los deportistas y la paciencia de los acompañantes. Pero también admiré la capacidad de trabajo de muchos de los que estaban allí, el altruismo de los voluntarios, el trabajo de médicos y masajistas, el speaker que no paró de animar, los niños que miraban con orgullo a sus padres, los amigos que preparaban sorpresas en meta, el compañerismo y el apoyo que mostraban entre todos. La humildad de los ganadores, la disciplina que habrán tenido todo este tiempo de entrenamiento, la perseverancia y el sacrificio pero también el entusiasmo, el esfuerzo y el compromiso.
El lunes en una reunión de trabajo también admiré algunas de esas cualidades, sobre todo la ilusión, el compañerismo y el respeto. Eran palabras que creía olvidadas en ambientes laborales la verdad. Hay muchas frases motivadoras por internet pero ésta de Steve Jobs creo que es muy real, por lo menos para mí que soy muy "transparente".
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jueves, 13 de octubre de 2016
domingo, 20 de diciembre de 2015
Estilo
¿El estilo nace o se hace? Yo creo que se nace con él, aunque todo se puede mejorar. Se puede aprender moda, pero hay que tener personalidad para llevar la ropa. Y hacerlo tuyo, imprimir carácter. La clase, la elegancia es innata. La prueba es el dinero, todos conocemos a famosos ricos que son horteras por mucho que su ropa cueste un dineral. Y, al contrario, gente normal, con poco presupuesto, que encuentra auténticas gangas en mercadillos y lo luce como si fueran de marca.
Y además del dinero y del estilo, hay que saber estar. Quiero decir, no se puede ir al fútbol con tacones ni pisar una alfombra roja en playeros, por la misma razón que no sales a la calle en pijama y zapatillas. Eso es algo que no me gusta de la gente: al estadio se va en chándal, vaqueros, playeros, sudarera y si puede ser con la camiseta del equipo, mejor. Y a una gala se saca del armario tu mejor vestido o traje y te subes a un taconazo, que un día es un día.
No hay que aprender protocolo, simplemente hay que saber unas normas básicas, que son más bien de sentido común. Soy de las que sigo respetando ese código de que a una boda no se va de blanco ni de negro, los tiros largos se dejan para las ceremonias de noche y los tocados para las de mediodía. Es lógico, porque ¿de qué sol te protege una pamela en una boda de tarde? Los hombres de traje o si me apuras, pantalón de vestir y camisa, nada de camisetas en una ceremonia. Tampoco se va con colores estridentes a un funeral, no digo que se tenga que ir de negro riguroso como antaño, pero no me parece dar el pésame a un familiar que está triste vestido con jersey rojo.
E igual que nuestra forma de hablar o de escribir, la de vestir dice mucho de nuestra personalidad. Cada uno con la suya, todas igual de válidas, no voy a entrar en tópicos. Al final, es otra característica más de nosotros que nos distingue y que marca la diferencia. Y el estilo, sin duda, nos define.
Y además del dinero y del estilo, hay que saber estar. Quiero decir, no se puede ir al fútbol con tacones ni pisar una alfombra roja en playeros, por la misma razón que no sales a la calle en pijama y zapatillas. Eso es algo que no me gusta de la gente: al estadio se va en chándal, vaqueros, playeros, sudarera y si puede ser con la camiseta del equipo, mejor. Y a una gala se saca del armario tu mejor vestido o traje y te subes a un taconazo, que un día es un día.
No hay que aprender protocolo, simplemente hay que saber unas normas básicas, que son más bien de sentido común. Soy de las que sigo respetando ese código de que a una boda no se va de blanco ni de negro, los tiros largos se dejan para las ceremonias de noche y los tocados para las de mediodía. Es lógico, porque ¿de qué sol te protege una pamela en una boda de tarde? Los hombres de traje o si me apuras, pantalón de vestir y camisa, nada de camisetas en una ceremonia. Tampoco se va con colores estridentes a un funeral, no digo que se tenga que ir de negro riguroso como antaño, pero no me parece dar el pésame a un familiar que está triste vestido con jersey rojo.
E igual que nuestra forma de hablar o de escribir, la de vestir dice mucho de nuestra personalidad. Cada uno con la suya, todas igual de válidas, no voy a entrar en tópicos. Al final, es otra característica más de nosotros que nos distingue y que marca la diferencia. Y el estilo, sin duda, nos define.
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