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martes, 24 de enero de 2017

¡Felicidades periodistas!

Hoy es San Francisco de Sales, patrón de los periodistas. Y en este mi rincón quiero reivindicar esta preciosa profesión, la mía, la nuestra, tantas veces infravalorada. Muchos dirán que este sector está podrido, y no diré que no, pero no menos que otros muchos. Lo que sí es seguro es que se aprecia mucho más a un médico o a un profesor que a un periodista.


Cuántas veces he oído eso de "toma, lee/escribe esto porque a ti no te cuesta". Le costará menos porque vale para eso y ha estudiado, pero le costará lo mismo que el cocinero que hace un suculento plato, el albañil que construye una casa o el actor que hace una obra de teatro. Oí una vez a Leo Harlem que le sentaba mal que la gente por la calle le dijera "cuéntame un chiste" porque él no respondía al otro "opérame". Pues aquí es lo mismo, ¡cuántos artículos escritos gratis, entrevistas o presentaciones! mientras yo sí pago la clase a mi profesor, al médico mi consulta y al vendedor mis compras.

Sin duda está infravalorada económicamente. Por ejemplo, en un evento en que se contrata a un presentador que conduzca la gala, unas azafatas, catering, se han encargado unas estatuillas a modo de premio, agua, megafonía, se ha alquilado el salón, luces, flores...creo que no me equivoco si digo que el presentador es el que menos cobra, porque probablemente sea amigo de la organización y si me apuras, hasta lo hace gratis. Me gusta esa frase que dice "no cobro por lo que hago, cobro por lo que sé" y añade: "por lo que invertí y estudié y el cliente no sabe hacer".

Igualmente creo que muchas veces está olvidada. En los días pasados de fiestas navideñas seguro que nos hemos acordado de esos pobres médicos y enfermeras de urgencias que no podían estar con sus familias, o de los comerciantes trabajando a tope hasta las 12 de la noche del día 5 de enero...No creo que mucha gente se dé cuenta cuando abre un periódico en la tranquilidad de un domingo en su casa o da un botón para encender la radio, del trabajo que hay detrás.

Así que en estos tiempos en los que todos se creen periodistas porque todos tienen un móvil para hacer una foto y contar lo que pasa, se creen que es fácil hablar delante de un micrófono y una cámara, todo vale porque "total, sólo se trata de escribir un par de tuits al día", hay tanto intrusimo porque "para eso vale cualquiera", en los que abogados son directores de comunicación y relaciones públicas o los economistas son directores de marketing y publicidad, déjame en este mi rincón tener el recurso de la pataleta, valorar el trabajo de mis compañeros y felicitarles en su día.


martes, 3 de mayo de 2016

Comprar la conciencia

Leo el otro día a un chico, supongo que desesperado, que ha perdido mil euros en un sobre en un centro comercial porque acababa de cobrar un trabajo y pidiendo que si alguien lo encuentra, por favor lo devuelva. Pero lo que más me llamó la atención fueron los cientos de comentarios restantes.

En vez de animarle y confiar en la buena gente que pueda encontrarlo y devolverlo, no, le macharcaron acusándole de torpe por perderlo, de llevarlo en un sobre en vez de en la cartera "porque el dinero no tiene dueño", incluso llegaron a insinuar que a ver qué trapicheaba para llevar ese dinero en metálico. ¿Hemos perdido el juicio? Yo estaba atónita, aunque algunos se retratraban con sus propias palabras.

¿La gente no tiene conciencia? ¿De verdad puedes dormir cuando has robado mil euros? ¿Puedes agacharte al ver un sobre en el suelo, mirar los billetes que hay dentro y metértelo al bolsillo sin más? ¿Puedes comprarte unos zapatos o un móvil con ese dinero y cada vez que te los pongas o lo uses recordar de dónde lo sacaste y quedarte tan a gusto?

El pobre chico tuvo que dar toda clase de explicaciones como justificándose: qué trabajo había realizado y cobrado, dónde lo llevaba, cómo se había caído... No sé, dudar así de alguien que no conoces me demuestra que nos hemos vuelto muy desconfiados y no me gusta. Y por otra parte, que la reacción sea esa de la gente tampoco me gusta. Me entristece. El dinero es muy goloso sí, pero dormir con la conciencia tranquila es la gloria.


martes, 29 de diciembre de 2015

Magia


Cuando dejas de creer, dejan de existir. Eso es lo que creo que ocurre estos días navideños, si le quitas la magia a los Reyes Magos dejan de venir. ¿Para qué, si no crees en ellos? La magia es ilusión, pero no sólo la de los niños. Es cierto que con pequeños en casa todo se vive más intensamente, pero yo no tengo hijos (y hasta hace bien poco, tampoco sobrinos) y para mí el día de Reyes siempre ha sido especial. Lo hacemos especial. No entiendo ni comparto esa idea de sólo regalos para los pequeños ¡a mí también me gustan los regalos! y como dije otra vez, me gusta regalar y que me regalen. No podría entender levantarme el día 6 de enero y tener el árbol vacío. Me deprimiría ya para el resto del año.

Esto también significa que si vas de compras por obligación, sin ilusión, dejas de creer y entonces, dejan de existir. Y eso es una pena. O yo lo veo así. Cuando no piensas lo que le gustaría al otro que le trajeran los Reyes, sino que vas a "quitarte el marrón", sólo ves un centro comercial a rebosar, un montón de gente, prisas, un dineral, se te echa el tiempo encima y no encuentras nada.

Luego la gente es muy libre de comprar la tienda entera o una cosa pequeña. Una sorpresita, como digo yo. Que no hace falta llegar con el paquete más grande, a veces -muchas veces, casi siempre- cuentan más los pequeños detalles. Algo que una vez dijiste, que ni siquiera está apuntado en tu carta a los Reyes, pero que ya sabes que va a gustar.

Por eso no me gusta nada el típico comentario de "no necesito nada" o "no sé qué cogerle porque tiene de todo". Pues sí, gracias a Dios tenemos de todo. Todos tenemos de todo. Por eso cuentan más los detalles, las sorpresas. Porque los Reyes para mí traen caprichos, no cosas que necesites. Y lo que peor me sienta del mundo es que me quiten la ilusión a mí. Esta mañana he ido a hacer de paje real y he escuchado frases como "la verdad que yo porque tengo un sobrino pequeño, que sino..." o "ale, otro listo, qué bien que ya solo me queda uno" o "yo ya vengo a las rebajas y cojo más cosas". Y el último que me han dicho: "vaya líos te buscas". Pues sí, me busco y me encuentro o no lo encuentro, pero lo he buscado con ilusión, con interés, con magia.



domingo, 20 de diciembre de 2015

Estilo

¿El estilo nace o se hace? Yo creo que se nace con él, aunque todo se puede mejorar. Se puede aprender moda, pero hay que tener personalidad para llevar la ropa. Y hacerlo tuyo, imprimir carácter. La clase, la elegancia es innata. La prueba es el dinero, todos conocemos a famosos ricos que son horteras por mucho que su ropa cueste un dineral. Y, al contrario, gente normal, con poco presupuesto, que encuentra auténticas gangas en mercadillos y lo luce como si fueran de marca.

Y además del dinero y del estilo, hay que saber estar. Quiero decir, no se puede ir al fútbol con tacones ni pisar una alfombra roja en playeros, por la misma razón que no sales a la calle en pijama y zapatillas. Eso es algo que no me gusta de la gente: al estadio se va en chándal, vaqueros, playeros, sudarera y si puede ser con la camiseta del equipo, mejor. Y a una gala se saca del armario tu mejor vestido o traje y te subes a un taconazo, que un día es un día.

No hay que aprender protocolo, simplemente hay que saber unas normas básicas, que son más bien de sentido común. Soy de las que sigo respetando ese código de que a una boda no se va de blanco ni de negro, los tiros largos se dejan para las ceremonias de noche y los tocados para las de mediodía. Es lógico, porque ¿de qué sol te protege una pamela en una boda de tarde? Los hombres de traje o si me apuras, pantalón de vestir y camisa, nada de camisetas en una ceremonia. Tampoco se va con colores estridentes a un funeral, no digo que se tenga que ir de negro riguroso como antaño, pero no me parece dar el pésame a un familiar que está triste vestido con jersey rojo.

E igual que nuestra forma de hablar o de escribir, la de vestir dice mucho de nuestra personalidad. Cada uno con la suya, todas igual de válidas, no voy a entrar en tópicos. Al final, es otra característica más de nosotros que nos distingue y que marca la diferencia. Y el estilo, sin duda, nos define.



lunes, 14 de septiembre de 2015

Viajar

Si hay algo que me gusta mucho es viajar. Viajar a la vuelta de la esquina o lejos, hacer excursiones al pueblo de al lado o escapadas un poco más largas o unas vacaciones en toda regla. Me encanta y tengo la suerte de poder hacerlo. Aunque todo con sus condiciones. He tenido la suerte de viajar mucho con mis padres de pequeña y ahora de tener una persona a mi lado que comparte esta misma filosofía.

Tenemos poco tiempo y poco dinero, así que esos son los condicionantes a los viajes. Descartamos destinos por tiempo o por dinero. Normalmente no podemos disponer de 2 semanas seguidas para cruzar el charco -aunque sí lo hemos hecho en un par de ocasiones- ni mucho dinero para dar la vuelta al mundo como me gustaría. ¡Hay tantos sitios por ver!

Estos condicionantes hacen que nuestro momento "planear viaje" sea más largo. Entro mucho en internet para buscar vuelos baratos, hace tiempo que no voy a un buen hotel, sino que nos quedamos en otro tipo de alojamientos -si es en territorio nacional suelo buscar que acepten animales para poder viajar con nuestro perro- y a veces tenemos que cambiar de opción porque sale más barato, o de día o incluso de destino. Pero me da igual, lo importante para mí es disfrutarlo, saborearlo, preparar la maleta, visitar sitios, hacer muchas fotos, aprender y conocer mundo.

Y si hay algo que no me gusta es la típica coletilla de "¡cómo vives!". Como si el que lo está diciendo no hubiera pisado jamás una playa o no hubiera ido en coche a otra ciudad. O a lo mejor es verdad que no pero porque no quiere o porque no le gusta, o porque prefiere el remanso de paz de su casa, o quedarse leyendo en el sofá o bañarse en la piscina o ir a las fiestas de su pueblo. Y me parece fantástico porque todo es lícito, cada uno escoge lo que más le gusta. Eso es para mí lo importante: ¡disfrútalo! Si te gusta más comer y tienes el frigorífico lleno de cosas ricas, o prefieres un bolso caro, o vestir a tu hijo con mucha ropa, o gastarte un bono de la piscina, o salir de copas o comprar el último modelo de teléfono o eliges hacer deporte o vivir en una casa más grande...cada uno disfruta con lo que más le gusta. ¡Vive!

Me gusta ir a sitios que no conozco o si ya he estado ver y hacer cosas que no hice la anterior vez, descubrir momentos. Me gusta hacer turismo, visitar los monumentos, comer lo típico, comprar souvenirs... Dicho esto os escribo desde las fiestas del pueblo de mi suegro, así que a seguir disfrutando!!