Igual que critiqué al comercio en este post, hoy voy a romper una lanza a favor de las tiendas de proximidad. Son días de mucho trajín, hay mil opciones para comprar, y entiendo que estarán ávidos por que abras la puerta de su local y hagas el gasto en él. Apuesta por el comercio local y los pequeños establecimientos de siempre. Y respeta unos códigos de urbanidad, como por ejemplo no llegar casi a la hora del cierre, sobre todo si eres indecisa.
He tenido la suerte de que la amabilidad ha sido la protagonista de los dueños en las compras que he realizado. Y lo agradezco de verdad, porque no siempre es así. Ya se sabe que el castellano recio no es muy simpático algunas veces. O igual me estoy haciendo mayor y me parezco ya a mi abuela que siempre se quedaba a charlar con los tenderos.
El caso es que entiendo que en estas fechas hay profesiones que conllevan más faena e igual que los clientes debemos comprender que no pueden tener un buen día todas las jornadas -¡ay, la difícil tarea del trabajo de cara al público!- también pido esa afabilidad.
No como me ha pasado estos días con los mensajeros de las empresas de paquetería. Varias discusiones he tenido sobre la hora de estar en casa para recibir los bultos. Bastantes bordes y exigentes con el horario en el que yo no me encontraba en mi hogar, pero basta que te quedes todo la mañana esperándoles para que ese día no vayan. O que les digas que has salido un momento a comprar el pan y vuelves en cinco minutos -la ley de Murphy dice que ése será el momento en el que estará llamando al timbre- para que contesten que tienen más sitios donde ir. ¡5 minutos! Eso ya sin nombrar cuando te dicen que estuvieron en tu casa pero no es cierto o que es usted difícil de encontrar...
Recuerden por favor todos -trabajadores y clientes- cortesía, educación, cordialidad y ya, si me apuras, una vuelta de tuerca más, una sonrisa.
viernes, 20 de diciembre de 2019
jueves, 12 de diciembre de 2019
Conciliación 2
Siguiendo con el tema del post anterior, y manteniendo la idea de que es un asunto complicado, continúo con más anécdotas relacionadas. Sólo chascarrillos significativos de mi propia experiencia.
Todos sabemos que es época de compromisos sociales y cenas navideñas, de empresa, de amigos... Organizando una de ellas, sorprendida por la poca asistencia, la respuesta de algunas de las mujeres fue que sus parejas tenían también cena en esa fecha. Conclusión: ellas se quedaban con los niños en casa para que él pudiera acudir a su cita.
Sin querer organizar la vida de nadie, me decepciona mucho. ¿Es esa la solución? Él sí puede acudir a su evento mientras ella bloquea ese día en el calendario y no puede salir...No sé si llamarlo machismo o simplemente desigualdad.
No es la primera vez que pasa. Recuerdo una vez que en nuestro grupo de parejas de amigos decidimos salir las chicas solas a cenar fuera. Ellos no se quedaron cada uno en su hogar -que podría haber sido una opción válida- sino que se reunieron en una casa y llevaron a los niños para cenar todos juntos (alternativa legítima también).
Lo pasamos bien, aunque obviaré que el tema recurrente fueron los hijos... pero ahora viene lo peor. La pregunta que mucha gente hizo fue "¿Dónde habéis dejado a los niños?". Ya sé que ahora todos diréis que salís por ahí a menudo y dejáis a los retoños con los abuelos, pero ese interrogante me parece muy elocuente y más que sólo quedamos aquella vez.
Todos sabemos que es época de compromisos sociales y cenas navideñas, de empresa, de amigos... Organizando una de ellas, sorprendida por la poca asistencia, la respuesta de algunas de las mujeres fue que sus parejas tenían también cena en esa fecha. Conclusión: ellas se quedaban con los niños en casa para que él pudiera acudir a su cita.
Sin querer organizar la vida de nadie, me decepciona mucho. ¿Es esa la solución? Él sí puede acudir a su evento mientras ella bloquea ese día en el calendario y no puede salir...No sé si llamarlo machismo o simplemente desigualdad.
No es la primera vez que pasa. Recuerdo una vez que en nuestro grupo de parejas de amigos decidimos salir las chicas solas a cenar fuera. Ellos no se quedaron cada uno en su hogar -que podría haber sido una opción válida- sino que se reunieron en una casa y llevaron a los niños para cenar todos juntos (alternativa legítima también).
Lo pasamos bien, aunque obviaré que el tema recurrente fueron los hijos... pero ahora viene lo peor. La pregunta que mucha gente hizo fue "¿Dónde habéis dejado a los niños?". Ya sé que ahora todos diréis que salís por ahí a menudo y dejáis a los retoños con los abuelos, pero ese interrogante me parece muy elocuente y más que sólo quedamos aquella vez.
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