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viernes, 20 de diciembre de 2019

Cordialidad

Igual que critiqué al comercio en este post, hoy voy a romper una lanza a favor de las tiendas de proximidad. Son días de mucho trajín, hay mil opciones para comprar, y entiendo que estarán ávidos por que abras la puerta de su local y hagas el gasto en él. Apuesta por el comercio local y los pequeños establecimientos de siempre. Y respeta unos códigos de urbanidad, como por ejemplo no llegar casi a la hora del cierre, sobre todo si eres indecisa.

He tenido la suerte de que la amabilidad ha sido la protagonista de los dueños en las compras que he realizado. Y lo agradezco de verdad, porque no siempre es así. Ya se sabe que el castellano recio no es muy simpático algunas veces. O igual me estoy haciendo mayor y me parezco ya a mi abuela que siempre se quedaba a charlar con los tenderos.

El caso es que entiendo que en estas fechas hay profesiones que conllevan más faena e igual que los clientes debemos comprender que no pueden tener un buen día todas las jornadas -¡ay, la difícil tarea del trabajo de cara al público!- también pido esa afabilidad.

No como me ha pasado estos días con los mensajeros de las empresas de paquetería. Varias discusiones he tenido sobre la hora de estar en casa para recibir los bultos. Bastantes bordes y exigentes con el horario en el que yo no me encontraba en mi hogar, pero basta que te quedes todo la mañana esperándoles para que ese día no vayan. O que les digas que has salido un momento a comprar el pan y vuelves en cinco minutos -la ley de Murphy dice que ése será el momento en el que estará llamando al timbre- para que contesten que tienen más sitios donde ir. ¡5 minutos! Eso ya sin nombrar cuando te dicen que estuvieron en tu casa pero no es cierto o que es usted difícil de encontrar...

Recuerden por favor todos -trabajadores y clientes- cortesía, educación, cordialidad y ya, si me apuras, una vuelta de tuerca más, una sonrisa.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Cuento de Navidad

Hacía tiempo que no escribía pero tengo una buena razón. He estado en un cuento y no podía ni quería salir de sus páginas. Un viaje de ensueño, un cuento...de Navidad.

He visto tantas casas bonitas, de colores, con sus vigas de madera en las fachadas, que no sabía con cuál quedarme, así que me hacía fotos con todas. He visto la casa de Hansel y Gretel... ¿os acordáis de este cuento de los hermanos Grimm? Con sus ventanas de dulces y gominolas y su chocolate...¡cómo me gustaba! La verdad es que ahora lo miro con otros ojos y era terrorífico, la bruja, los niños que se perdían en el bosque, el hambre...pero creo que yo sólo me fijaba en las golosinas -mi perdición- cuando se lo oía contar a mi abuela.

He visto pueblos medievales, con suelos empedrados, con torres y campanarios, con puentes de piedra, con ríos y canales, poblados de una sola calle y otros como un laberinto circular que le añadían una página más al cuento. 

He visto la ilusión en los escaparates de las tiendas, cuidados con esmero, hasta el mínimo detalle, con ositos de peluche blancos en las ventanas, con marionetas en movimiento y con un teatrillo de la Bella y la Bestia. Gnomos y enanitos con grandes gorros rojos que te daban la bienvenida al comercio. Luces de ángeles y coronas de Adviento en cada iglesia y catedral.

He visto atracciones de feria en forma de árbol de Navidad, con niños subidos a las bolas a modo de asientos. He visto jabones en forma de cupcakes que te daban ganas de hincarles el diente, estrellas que eran lámparas, campanas que se iluminaban con velas, nacimientos hechos con cera, tallados en madera y belenes con estructura de pirámides. Y toooodos los adornos que puedas imaginar para el árbol.

Olor a canela, a castañas y chocolate en cada rincón. Y bastones de caramelo, tiendas enteras de frutas escarchadas y galletas de jengibre en cada mercadillo, hasta comprobar que el muñeco del hombre de jengibre era el protagonista.

Puentes adornados con abetos, piñas y árboles blancos con bolas rojas. Y cabras de verdad en pesebres para deleite de los niños y cisnes en los canales para ponerle el toque de glamour a la foto.

Y luces, muchas luces, que encendían la magia. Luces de colores, luces en cada rincón, luces abundantes, excesivas, un cúmulo de brillos que reflejaban la magia. Derroche de luz y color. Y estrellas y corazones en cada ventana porque si hay que buscar un símbolo para la Navidad quizás sean estos: luz, paz y amor. Comprenderéis que con todo eso en la retina y una sonrisa perenne pegada al rostro, no quisiera regresar de la fábula.


jueves, 27 de julio de 2017

Piel

Ahora que me paso el día piscineando, pegándome por unos rayitos de sol, comparando lo morena que está la gente y admirando el bronceado de playa, recuerdo esa frase que se ha puesto tan de moda de que la piel tiene memoria. Si la tiene, entonces se acordará de las horas muertas a la orilla del mar haciendo castillos, cuando parecía que el sol a las 14 horas era menos dañino que ahora. Y cuando nos echábamos crema de zanahoria porque cogía más rápido, y aceite sin protección donde se podía freír un huevo. Y cuando nos quedábamos a comer en la piscina en la parte que llamábamos solarium a pleno sol...

Ahora que todos sabemos mucho de factores de protección y todos estamos muy concienciados -gracias a Dios-, ahora que instagram parece un continuo anuncio de cremas solares, sprays para niños, leches vitaminadas, calmantes de aloe vera, sombreros de ala ancha para cubrir bien la cara...ahora es cuando pienso en mis arrugas alrededor de los ojos.

Ahora que pasamos días disfrutando al sol, sonreímos más, estamos de vacaciones y nos hacemos muchas fotos como ya dije en este post para inmortalizar el momento verano-playa-piscina-helado-montaña, luego vuelvo a casa y cuando voy a sacar las fotos para hacer un álbum veo las imágenes...y también las arrugas. Aquí está la memoria de mi piel. Y si esas marcas en los ojitos reflejan la felicidad, yo he debido de sonreír mucho porque como decía aquel "ya que vamos a tener arrugas que sea de tanto sonreír".

No seré yo quien tire piedras contra el tejado de la industria farmacéutica y cosmética con lo que me gustan a mí estos productos que hay veces que parezco "doña potingues": crema hidratante para la cara, de día, de noche, para los ojos, para el pecho, para los granos, para piernas cansadas, para celulitis, exfoliante, sérum, antiestrías, reafirmantes, antimanchas, protección solar, calmante...¿Verdad o no?

No seré yo quien recomiende unos u otros -que ya me pasó una vez y repito que no soy una "blogger anuncio pagada"-, ni seré yo quien deje de usarlos para intentar retrasarlo y ocultar esos hoyuelos, pero también estoy convencida de este otro consejo: "mejor tener arrugas en la cara que estrías en el corazón". Nunca dejes de sonreír.