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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Decepción

Hace un par de años escribí en facebook la definición que encontré de la palabra decepción tras sufrir una. "Pesar causado por un desengaño sobre un deseo o una persona. Frustración que se da al desengañarse de lo que no satisface nuestras expectativas. Se forma al unir dos emociones primarias, la sorpresa y la pena" y, la definición de desengaño es: "Conocimiento de la verdad que deshace un error o engaño: Pérdida de las esperanzas o ilusiones que se tenían en algo".

Una amiga me escribió en los comentarios que lo que no dice la definición es que es uno de los peores sentimientos que se pueden tener. Y tenía razón. Cuando vuelves a sufrir de nuevo te das cuenta de que, aunque ya conozcas el dolor, eso no lo mitiga. Aunque dicen que "la decepción no mata, enseña", yo digo que a veces se nos olvida la lección. Poner de nuevo las expectativas en alguien y llevarte un chasco. Desilusionarte. Y ya he dicho en otras ocasiones lo importantes que es para mí la ilusión, la magia.

Es como un jarrón que se rompe, lo puedes volver a pegar, pero ya no es igual. Lo puedes mover de sitio pero cuando lo mires te acordarás que está roto. Cuando te acerques, verás sus fisuras. ¿Cuántas veces se puede romper y pegar un jarrón? También se le puede poner flores frescas, siempre he pensado que la amistad era como las flores que había que regarla para que no se marchite. Y aún así, a temporadas, acaban apagándose, hay veces que reviven en primavera y otras, simplemente mueren.

Tras la sorpresa y la pena, llega la culpa. Si esperabas demasiado, si creías en otra reacción, quizás la que tú hubieras tenido, entonces es culpa tuya. Pero en el fondo sabes que alimentarse de esos sentimientos negativos te pudre por dentro, como las flores.

Leí una frase: "las decepciones te hacen abrir los ojos y cerrar el corazón". Aunque creo que en parte es verdad, me niego a cerrarlo, a que los fantasmas de las decepciones me impidan volver a creer y confiar. Porque de repente puede llegar alguien a casa con un jarrón nuevo, no tiene por qué ser más grande ni más bonito, simplemente es nuevo, con flores frescas. Un regalo. Y los regalos se estrenan con ilusión.


lunes, 25 de abril de 2016

Placeres de primavera

Aunque ya hace un mes que llegó la primavera como suele pasar hasta que no llegan los días soleados y se va un poco el frío no parece que estemos estrenando estación. Y como he hecho otras veces, esta también tiene sus placeres.

Para mí el primero, lo que comentaba al principio, más días de sol y mejor tiempo, que a mí me da la vida. Esa luz y calor me transmiten alegría. El segundo, los días son más largos. Aunque nunca he entendido el ahorro ese de las mañanas con el cambio de hora, por la tardes es una gozada tener más horas de luz, ver a la gente paseando, los parques llenos de gente y de vida.

Otro de mis placeres de primavera es obvio por el calendario: se acerca el verano y con él sus placeres. Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo porque prefiere el invierno, pero como yo soy de los meses cálidos, pues para mí estos tres placeres van unidos: el buen tiempo, los días largos y la proximidad del verano. Con más tiempo al aire libre, comienzan los picnics y barbacoas, ir al pinar o al parque o a la piscina. Y comenzar a programar las vacaciones, reservarlas, soñar con ellas que cada vez están más cerca, incluso hacer una escapadita del fin de semana. Otro de mis placeres al aire libre es salir al jardín a leer o a hacer manualidades.


Las flores. Me encantan los árboles en flor, los colores, parece que todo tiene más luz. (Lo siento mucho por los alérgicos). Aquí incluyo una recomendación para quien no haya visitado el Valle del Jerte, con sus cerezos en flor en todo su esplendor.

Las comidas más ligeras.Y la ropa también más ligera. Vuelvo otra vez a que todo es más colorido, la ropa incluida. Esos colores brillantes, amarillos, fucsia, ácidos...Sacar las bailarinas y las sandalias del armario y desterrar las botas. Comer ensalada y zumos de fruta que me encantan y ese primer helado me sabe a gloria.

Tomar el sol. Aunque todavía no se puede tumbar uno en bikini al sol, ya se puede ir cogiendo color con los paseos matutinos con el perro y sentarse en una terraza y sentir los rayos de sol en la cara. Poco a poco, ir quitándose ese blanco nuclear de la piel.

Es la época de las celebraciones: bodas y comuniones, sobre todo. A ponerse guapa y pasarlo bien con la familia y los amigos. Yo, desde luego lo hago, aprovecho para estar más al aire libre, me encanta salir a dar paseos más largos con el perro, leer en el jardín, tomar algo en una terraza, planeo las vacaciones, siento el sol y su energía, y disfruto del buen tiempo. ¡A disfrutar!




domingo, 1 de noviembre de 2015

Celebrando

Es el puente de los Santos o de los difuntos, Halloween, el día del docente, la fiesta de la salchicha en la localidad vallisoletana de Zaratán...Muchas fiestas concentradas en pocos días, una bonita mezcla de calabazas, con flores, huesitos de santo, buñuelos, brujas, vampiros, salchichas... Así lo veo yo, un cóctel de tradiciones.

No me gusta la gente que se opone a Halloween porque sí, sólo porque no sea nuestro o no lo hayamos celebrado antes. Tampoco antes de vivir en Zaratán sabía que tenían esta fiesta tradicional y ahora hay una carrera, talleres de manualidades y degustación de salchichas y voy a ir a celebrarlo. ¿Qué es importada? Sí, como las hamburguesas y la Coca-Cola y no por eso dejamos de ir al McDonald's ni dejamos de comer un buen cocido. Tampoco me gustan los que se olvidan de las flores y buñuelos porque ahora haya invasión de negro y naranja. Está un poco hilado al anterior post de los amargaos, la queja por la queja, esos que protestan en verano por el calor y en invierno por el frío, en Navidad por los villancicos y en Carnavales por los disfraces.

Durante años he celebrado Halloween -cuando no lo hacía nadie- con mi grupo de amigos porque uno de ellos nos invitaba a una fiesta en la que adornaba la casa como un auténtico pasaje del terror. Y nos disfrazábamos y lo pasamos muy bien, porque es excusa como otra cualquiera para juntarnos, reírnos, pasar un buen rato y comer sopas de ajo, buñuelos y dulces de chocolate y calabaza -las excusas gastronómicas merece otro post-. Y ya está, no le veo problema a que los niños pasen un buen día pintándose las caras, pidiendo caramelos y vistiéndose de brujas. Al día siguiente, quien sea religioso irá a la misa de los Santos, quien tenga tradición de ir al cementerio, acompañará a su familia, y habrá quien quiera recordar a los suyos en la intimidad de su corazón. O no hará nada de lo anterior pero sí comerá buñuelos en casa un día de descanso o probará la famosa salchicha de Zaratán.

Lo que veo mal es el lío que tienen en la cabeza los peques que dicen "no hay cole porque es Halloween". No, este puente concentra ese cóctel de fiestas que decía al principio. Y cada uno celebrará lo que quiera con el mismo respeto. Al fin y al cabo dicen las pastelerías, las floristerías y el comercio de disfraces que repuntan las ventas estos días, lo que demuestra que también es una fiesta comercial, como otras que ya se instauraron en su día, y de las que también se quejan los mismos... Y recuerda que cuando dejes la escoba y el buñuelo, empezarán los turrones, las uvas y las luces de Navidad. El caso es celebrar... y disfrutar.