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sábado, 26 de diciembre de 2020

La vida en colores

Sola, escuchando atenta las palabras de la doctora. Su mente viaja, sale de esa pequeña consulta. Se oyen las teclas del ordenador mientras escribe. Pero ella sólo mira su manicura perfecta. Rosa. 

Como el lazo solidario.

Le animó, no eran tan malas noticias. Le insufló energía como se hace con los globos del poster gigante que había detrás. Rosas. Como el algodón de la feria, dulzura, inocencia, romanticismo.

Días de blanco, limpio, puro, bondad. Ángeles de bata blanca que iluminan a su paso, como las luces de Navidad. Y uno en particular, como un ángel de la guarda que te acompaña. 

Otra vez el pensamiento viaja y se va al Caribe. Al sol, siempre le ha gustado el calor y fuera hace mucho frío estos días. Pero siente la calidez, la energía.

Un rato en verde, esperanza, tranquilidad. Hasta que oye una voz y una sonrisa se dibuja en su cara. Se cierran los ojos. Se abren, ahí sigue, a su lado. Azul confianza, calma, protección. Salud.

Dicen que en la oscuridad aparecen las estrellas y estas han brillado con fuerza, desde muy distintos puntos, cerca o lejos. Resplandecientes. Amarillo luz, alegría, vitalidad. Optimismo.

Ir a casa a brindar. Es Navidad, con su magia e ilusión. Con su espíritu de paz y amor.

Con sus luces. De colores.



sábado, 16 de diciembre de 2017

Cuento de Navidad

Hacía tiempo que no escribía pero tengo una buena razón. He estado en un cuento y no podía ni quería salir de sus páginas. Un viaje de ensueño, un cuento...de Navidad.

He visto tantas casas bonitas, de colores, con sus vigas de madera en las fachadas, que no sabía con cuál quedarme, así que me hacía fotos con todas. He visto la casa de Hansel y Gretel... ¿os acordáis de este cuento de los hermanos Grimm? Con sus ventanas de dulces y gominolas y su chocolate...¡cómo me gustaba! La verdad es que ahora lo miro con otros ojos y era terrorífico, la bruja, los niños que se perdían en el bosque, el hambre...pero creo que yo sólo me fijaba en las golosinas -mi perdición- cuando se lo oía contar a mi abuela.

He visto pueblos medievales, con suelos empedrados, con torres y campanarios, con puentes de piedra, con ríos y canales, poblados de una sola calle y otros como un laberinto circular que le añadían una página más al cuento. 

He visto la ilusión en los escaparates de las tiendas, cuidados con esmero, hasta el mínimo detalle, con ositos de peluche blancos en las ventanas, con marionetas en movimiento y con un teatrillo de la Bella y la Bestia. Gnomos y enanitos con grandes gorros rojos que te daban la bienvenida al comercio. Luces de ángeles y coronas de Adviento en cada iglesia y catedral.

He visto atracciones de feria en forma de árbol de Navidad, con niños subidos a las bolas a modo de asientos. He visto jabones en forma de cupcakes que te daban ganas de hincarles el diente, estrellas que eran lámparas, campanas que se iluminaban con velas, nacimientos hechos con cera, tallados en madera y belenes con estructura de pirámides. Y toooodos los adornos que puedas imaginar para el árbol.

Olor a canela, a castañas y chocolate en cada rincón. Y bastones de caramelo, tiendas enteras de frutas escarchadas y galletas de jengibre en cada mercadillo, hasta comprobar que el muñeco del hombre de jengibre era el protagonista.

Puentes adornados con abetos, piñas y árboles blancos con bolas rojas. Y cabras de verdad en pesebres para deleite de los niños y cisnes en los canales para ponerle el toque de glamour a la foto.

Y luces, muchas luces, que encendían la magia. Luces de colores, luces en cada rincón, luces abundantes, excesivas, un cúmulo de brillos que reflejaban la magia. Derroche de luz y color. Y estrellas y corazones en cada ventana porque si hay que buscar un símbolo para la Navidad quizás sean estos: luz, paz y amor. Comprenderéis que con todo eso en la retina y una sonrisa perenne pegada al rostro, no quisiera regresar de la fábula.


miércoles, 11 de mayo de 2016

Sin luz

El otro día se fue la luz en mi zona por una avería general. y es entonces cuando descubres el mundo actual en el que vivimos que esas horas parecían la hecatombe. Además de la luz, que de momento no importaba porque era de día, fue el wifi y todos los aparatos electrónicos de la casa. Sin internet, sin ordenador, sin televisión, sin microondas... De hecho, me di cuenta de que no había luz en casa porque no tenía conexión wifi en el teléfono.

Será hora de reconocer que estoy enganchada...Confirmé mi adicción hace un par de años con un problema que tuve con un teléfono y cada dos por tres perdía los datos, las fotos, no podía llamar a nadie...en una palabra: estaba desconectada del mundo. Pero también me di cuenta de que no sólo yo estaba enganchada. Como no tenía teléfono, la gente no se comunicaba conmigo de otra forma. Fue como sentirse abandonada.

Lo malo para mí es la gente que piensa que ellos no están enganchados pero en realidad sí. ¿No os ha pasado llamar a una persona, y que no conteste o que comunique en ese momento, e insistir cada dos minutos? O peor aún, cuando consiguen contactar contigo y te preguntan: ¿dónde estabas? ¿Qué hacías que no contestabas? Y además del teléfono, todo lo demás, que a mi alrededor no conozco a nadie que sólo tenga el móvil para uso exclusivo de hablar por teléfono, sin usar la cámara de fotos o las redes sociales. Dicen que consultamos el móvil 150 veces al día, que creo que lo dice todo.

Ahora me pongo en plan "abuela cebolleta" y digo que se ha perdido la educación, ya no respetamos ni los horarios, da igual llamar a la hora de comer que por la noche, cuando antes esto era impensable. O el control. Algo que era muy bueno poder estar siempre localizado y resulta que sirve para ejercer autoridad. Recurren a esto en el control machista que ejercen los jóvenes con sus novias pero no sólo eso, que a mí me han preguntado por cosas que he publicado en las redes sociales con las que me he sentido observada. Pero esto ya sería otro tema...

lunes, 25 de abril de 2016

Placeres de primavera

Aunque ya hace un mes que llegó la primavera como suele pasar hasta que no llegan los días soleados y se va un poco el frío no parece que estemos estrenando estación. Y como he hecho otras veces, esta también tiene sus placeres.

Para mí el primero, lo que comentaba al principio, más días de sol y mejor tiempo, que a mí me da la vida. Esa luz y calor me transmiten alegría. El segundo, los días son más largos. Aunque nunca he entendido el ahorro ese de las mañanas con el cambio de hora, por la tardes es una gozada tener más horas de luz, ver a la gente paseando, los parques llenos de gente y de vida.

Otro de mis placeres de primavera es obvio por el calendario: se acerca el verano y con él sus placeres. Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo porque prefiere el invierno, pero como yo soy de los meses cálidos, pues para mí estos tres placeres van unidos: el buen tiempo, los días largos y la proximidad del verano. Con más tiempo al aire libre, comienzan los picnics y barbacoas, ir al pinar o al parque o a la piscina. Y comenzar a programar las vacaciones, reservarlas, soñar con ellas que cada vez están más cerca, incluso hacer una escapadita del fin de semana. Otro de mis placeres al aire libre es salir al jardín a leer o a hacer manualidades.


Las flores. Me encantan los árboles en flor, los colores, parece que todo tiene más luz. (Lo siento mucho por los alérgicos). Aquí incluyo una recomendación para quien no haya visitado el Valle del Jerte, con sus cerezos en flor en todo su esplendor.

Las comidas más ligeras.Y la ropa también más ligera. Vuelvo otra vez a que todo es más colorido, la ropa incluida. Esos colores brillantes, amarillos, fucsia, ácidos...Sacar las bailarinas y las sandalias del armario y desterrar las botas. Comer ensalada y zumos de fruta que me encantan y ese primer helado me sabe a gloria.

Tomar el sol. Aunque todavía no se puede tumbar uno en bikini al sol, ya se puede ir cogiendo color con los paseos matutinos con el perro y sentarse en una terraza y sentir los rayos de sol en la cara. Poco a poco, ir quitándose ese blanco nuclear de la piel.

Es la época de las celebraciones: bodas y comuniones, sobre todo. A ponerse guapa y pasarlo bien con la familia y los amigos. Yo, desde luego lo hago, aprovecho para estar más al aire libre, me encanta salir a dar paseos más largos con el perro, leer en el jardín, tomar algo en una terraza, planeo las vacaciones, siento el sol y su energía, y disfruto del buen tiempo. ¡A disfrutar!




lunes, 16 de noviembre de 2015

París

Siempre nos quedará París.

Reconozco que tenía otro post pensado pero no me parece que se pueda escribir de otro tema. No voy  a hablar de terrorismo, ni del miedo ni el dolor que sentimos todos a partes iguales, ni de política ni de religión. Ni siquiera de lo cerca que está, de que todos hemos pensado que podríamos haber sido nosotros, cualquiera que hubiera estado pasando el fin de semana de turismo, de Erasmus, trabajando, en un concierto, en un partido...en un tren de Madrid.

Alguien me dijo que todos deberíamos visitar una vez en la vida estas ciudades: Nueva York, Londres, Roma y París. Tengo la suerte de haberlas visto todas, tan distintas entre ellas, ¡todas me gustaron tanto! Pero si hay una que me fascina, casi hasta diría que es mi favorita, es París.

París es la única por la que al viajar me salto mi personal teoría de que "hay tanto mundo por ver, que por qué repetir"...Pues, no sólo he repetido, sino que he estado varias veces e iría una y otra vez. París siempre es una buena opción.

París es encanto, es glamour, es moda, es majestuosidad, es imperial, es esplendor.
París es bohemia, es arte, es cultura, es baile, es un traje de can can, es ópera, es un musical.
París es perfume, es dulce, es un croissant, es crepes de chocolate, es un café en una terraza.
París es la Torre Eiffel, un paseo por los Campos Elíseos, es Notre Dame, un crucero por el Sena, el barrio latino, es el Sacre Couer, el Arco del Triunfo, la Ópera, los Inválidos, el Louvre, Versalles, Montmatre, Disneyland.
París es la Marsellesa. Es libertad, igualdad y fraternidad.
París es la ciudad de la luz.
París es la ciudad del amor.